Advertencia al lectorEste texto no es para los devotos del confort espiritual.
No es una homilía, ni una oración disfrazada.
Es una provocación. Un espejo sin filtro.
Un salto al vacío.
Si usted, amable lector, no está dispuesto a cuestionar
lo que le enseñaron como sagrado,
le recomiendo cerrar esta página de inmediato
y odiarme si así lo prefiere. Está en su derecho.
Pero si, en cambio, tiene el valor de adentrarse
en abismos abisales de los que quizás no se regrese intacto,
entonces… bienvenido, pero lea todo, llegue hasta el final y ahí encontrará la respuesta a su pregunta: entonces, usted no cree en Dios?
REFLEXION
Dicen que Dios es perfecto.
Omnipotente. Omnisciente. Amor infinito.
Pero, curiosamente, no soporta que lo contradigan.
Necesita que lo adoren día y noche,
que lo alaben, que lo glorifiquen,
como si tuviera una autoestima frágil.
Exige sacrificios. Ofrendas. Genuflexiones.
Y si no se le da lo que quiere, castiga.
Envía plagas, diluvios, rayos y enfermedades.
¿Y todo eso siendo perfecto?
Me dicen que me conoce desde antes de nacer.
Aquí es cuando llega este hombre—con Biblia en mano y libreto en la boca—
a explicar por qué Dios no te respondió.
No con hechos, sino con frases…
esas frases gastadas, pero eficaces,
que sirven lo mismo para consolar que para controlar.
"Los tiempos de Dios son perfectos."
Y si nunca llega, es que el tiempo perfecto… era nunca.
"Dios te está procesando."
Porque al parecer, el Creador necesita quebrarte primero
para luego mostrarte su amor.
"No es lo que quieres, es lo que necesitas."
Conveniente forma de justificar cualquier ausencia con un acto de sabiduría celestial.
"Dios está probando tu fe."
Y tú, con tu dolor, eres el experimento.
"No sabes orar."
Claro, Él es omnisciente, pero exige una fórmula exacta para escucharte.
¿Será que necesita que le hablen en código o debo tomar el Curso Avanzado de Oratoria y Súplica Divina?
"Dios te tiene algo mejor."
Palabras bellas que a menudo son solo eso: palabras para justificar lo que no te llegó.
"Todavía no estás listo."
Pero no te dirán cuándo sí lo estarás… ni qué tienes que hacer para estarlo.
"El enemigo está impidiendo tu bendición."
Porque si Dios no actuó, seguro es culpa del diablo, esta sí que es buena.
Y si actuó, fue gracias al pastor.
"Tienes pecado oculto."
Aunque ni tú lo sepas, algo estás haciendo mal. Tienes que revisar tu pasado, hay una sombra, hay algo oscuro, debes revisar bien.
La culpa siempre es útil.
"Tu milagro viene en camino."
Un paquete celestial con envío diferido…
sin guía de rastreo de Correos del Ecuador, seguramente ahí te lo perdieron.
"Estás siendo moldeado como el barro."
O triturado. Es lo mismo, pero suena más bíblico.
"Estás sembrando en el espíritu."
Eso sí: no dejes de sembrar en efectivo también.
"Dios a veces dice ‘sí’, otras ‘no’, y otras ‘espera’."
Una frase a prueba de balas, perfecta para explicar lo inexplicable… o no explicar nada.
"Estás siendo atacado porque eres una amenaza para el diablo."
Un halago con disfraz de calamidad.
"Es que no has dado pasos de fé"
Esta frase, es una de las que mas me encanta.
Pero la explicación nunca falta.
Quizás no es que Dios no quiera responder,
sino que el sistema religioso necesita que no responda.
Porque mientras esperas en fe, diezmas con fe,
y obedeces… también con fe.
Y si te atreves a cuestionar, te acusan de falta de fe.
Y si te alejas, te tachan de rebelde.
Y si piensas, te llaman orgulloso. Solo debes creer, aquí no hay ni lógica ni razón.
Te hicieron creer que Dios es tu mandadero, que està para cumplir con lo que pidas.
Tal vez el problema no es Dios.
Entonces me quedo así:
viendo cómo el corrupto prospera,
el narco bendice a su madre con una iglesia propia,
y el honesto ayuna con fe… pero con hambre.
Y no puedo evitar pensar:
¿No será que ese Dios tan contradictorio,
tan necesitado, tan selectivo,
es simplemente una creación nuestra?
¿Un reflejo de nuestras culpas,
nuestro miedo a no tener el control,
nuestro deseo de que alguien ponga orden…
cuando ni nosotros sabemos qué hacer?
Tal vez el verdadero Dios no pide nada,
no promete premios ni castigos,
ni necesita que lo defiendan ni lo alaben, ni glorias ni hosannas.
Tal vez solo espera —si acaso—
que seamos mejores humanos,
no mejores religiosos.
Y ese “pueblo elegido”...
quizás solo fue el primero que se lo inventó
y redactó su propia bendición.
Y entonces
¿por qué un ser perfecto exigiría sacrificios?
¿Para qué necesita sangre el que es eterno? Corderos o platita, será que tiene hambre o que va a comprarse algo?
¿Se alimenta acaso del dolor humano?
¿O fue el hombre quien, al no entender otra forma de poder,
proyectó su sed de control en los cielos?
La Biblia, lejos de ocultarlo, lo confirma:
– A Abraham se le pidió matar a su hijo (Génesis 22)
– Jefté sacrificó a su hija por una promesa a Dios (Jueces 11)
– Dios mató a todos los primogénitos de Egipto (Éxodo 12:29)
– David entregó siete descendientes de Saúl y la lluvia volvió (2 Samuel 21)
– Y Jesús… el sacrificio humano más célebre (Juan 3:16
Eso no suena a perfección divina.
Suena a costumbre de reyes antiguos.
A dioses con hambre de obediencia y miedo.
Y es que si el ser humano solo conocía en los reyes el poder a través del castigo,
¿cómo iba a imaginar un Dios distinto?
Lo hizo a su imagen y semejanza, porque no tenía otro referente.
Y si algún día hubiésemos sido visitados por seres de otro planeta,
seguramente los habríamos puesto en ese mismo altar.
Quizás no fue Dios quien nos hizo a su imagen…
sino nosotros quienes lo construimos con las sobras de nuestros miedos.
EPILOGO
Pero no en ese Dios de trono y látigo, de listas negras y cielos con cupo: los 144.000, el rapto, el pueblo elegido, de los apartados, de los que ya no son de este mundo, de los que creen que ellos nomás son los salvos, de los que dejan a sus familias porque algunas religiones así se los manda.
No en el que reparte culpas como castigos escolares,
ni en el que necesita incienso, himnos y cheques para ser adorado.
Creo en un Dios que no necesita que lo defiendan,
porque quien ama de verdad no exige reverencias.
"No creo en un Dios sordo. Un Dios que no escucha cuando, con todo el corazón, suplicas que no muera ese ser que amas. No creo en un Dios que calla justo cuando más necesitas una señal, una respuesta, una esperanza."
Creo en un Dios que no pide cuentas
por lo que hicieron otros antes que yo, porque yo? ni interado, a mí que ni me busquen si la culpa dicen que es de un tal Adán, pero ni siquiera tenía mi apellido.
Ni por lo que yo fui antes de entender quién era.
Ese Dios —el mío, el que imagino, el que presiento—
no cobra con enfermedades, ni premia con loterías.
No te hunde en la miseria para enseñarte humildad,
ni te manda a terapia emocional cada domingo vestido de culto.
Dios, si es perfecto, no necesita nada.
Y si me ama, me deja elegir.
Me dio vida… y luego el segundo regalo más grande:
la libertad de caminar a donde me dé la gana,
aunque me equivoque de puerta.
Y si al final del camino me espera,
no será con un tribunal ni con balanzas de fuego,
sino con una sola pregunta:
¿Fuiste tú, o solo una copia con miedo?
Porque si algo tengo claro,
es que el hombre nunca entenderá a Dios.
Y eso lo sé no porque me falte fe,
sino porque me sobra honestidad.
Tú verás qué haces con esto:
seguir creyendo como si nada
o excomulgarme con gusto,
y desear que arda por toda la eternidad en ese "infierno aterrador" por no creer,
por el simple crimen de pensar.
La decisión es tuya.
Yo ya hice la mía:
no me arrodillo ante el miedo,
ni ante dioses que necesitan sacrificios para sentirse divinos.
"Dios no es tu empleado. No está a tu servicio para cumplir cada deseo, por justo o urgente que parezca. Si hiciera todo lo que pedimos, el mundo sería un caos: unos piden lluvia, otros sol; unos quieren justicia, otros venganza. Lo que para ti es vital, para otro es tragedia. Por eso, más que pedir que Dios haga tu voluntad, quizá el desafío está en entender la suya —o aprender a vivir sin entenderla del todo."
Pero a pesar de todo y aunque nunca alcance a entenderlo
YO SI CREO
Pero te dejo con este interrogante