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viernes, 16 de enero de 2026

Las 07h00 en la Perimetral



Nota aclaratoria

Esta historia está inspirada en hechos reales. El accidente que se menciona ocurrió; sin embargo, las circunstancias, pensamientos, motivaciones y consecuencias emocionales que rodean el hecho forman parte de una construcción narrativa de mi autoría. El objetivo no es establecer culpables ni emitir juicios, sino explorar el drama humano que suele quedar oculto detrás de un accidente y reflexionar sobre la fragilidad de la vida en medio de la rutina cotidiana.

La Historia

A las siete de la mañana la Perimetral no despierta: ruge.

Cuatro carriles tensos, tráileres cargados de madrugada, buses que ya llegan tarde, motos que se filtran como pensamientos apurados. El aire huele a diésel y a prisa.

Él iba por el carril izquierdo.

Casco puesto. Chaqueta gastada.

Un motociclista más, anónimo para todos, imprescindible para alguien.

No corría. Tampoco dudaba.

Hasta que algo —mínimo, brutal— lo atravesó por dentro.

¿Por qué se detuvo?

No fue una falla mecánica.

Fue un recuerdo.

En el tablero vibró el celular. No sonó, pero vibró lo suficiente para sentirse en el pecho. Un nombre apareció, apenas un segundo antes de que él soltara el acelerador:

“Mamá”

No contestó. No podía.

Pero algo se rompió ahí.

Habían discutido la noche anterior.

Nada grave. De esas discusiones que se dejan para “mañana hablamos”.

Mañana siempre parece un derecho adquirido.

Pensó en detenerse solo un segundo.

Respirar.

Orillarse después.

Pero el cuerpo a veces obedece antes que la razón.

Y en medio del carril izquierdo, en la vía más cruel para el error, detuvo la marcha.

Tal vez quiso llorar.

Tal vez solo cerrar los ojos un instante.

Tal vez pensó: “solo un segundo”.

Lo que pasó por su cabeza

No vio el tráiler.

Pensó en su hija —siempre en su hija—

en que no había llevado el cuaderno azul a la escuela,

en que el sueldo no alcanzaba,

en que debía cambiar la llanta trasera de la moto.

Pensó, absurdamente, que todavía estaba a tiempo de enderezar muchas cosas.

No hubo miedo.

No hubo dolor.

El impacto fue seco. Definitivo.

La muerte fue inmediata.

No sufrió.

Eso dicen. Y esta vez es verdad.

El tráiler

El chofer no venía distraído.

Venía cansado.

Había salido de madrugada.

Horas sin dormir bien.

Un peso imposible detrás y una distancia de frenado que no perdona.

Vio la moto detenerse.

Pisó frenos.

El mundo se le vino encima.

No pudo hacer nada.

El ruido lo perseguirá toda la vida.

No escapó.

Se bajó temblando.

Gritó por ayuda.

Se sentó en el asfalto, con la cabeza entre las manos, repitiendo una frase inútil:

—No lo vi parar… no lo vi parar…

¿Homicidio involuntario?

La ley hará lo suyo.

Habrá un parte.

Habrá titulares pequeños, sin rostro.

“Motociclista fallece en la Perimetral.”

Investigaràn.

Peritajes.

Distancias.

Frenos.

¿Lo acusarán?

Probablemente sí.

Porque alguien debe cargar con la palabra responsable, aunque nadie haya querido matar a nadie.

¿Lo dejarán libre?

Tal vez, después.

Pero antes vendrán noches en vela, declaraciones, el miedo de perderlo todo por un segundo ajeno.

Si lo encarcelan, su familia también caerá.

Una esposa que no entiende cómo un accidente puede convertirse en condena.

Hijos que preguntarán por qué papá no llega.

Dos familias destrozadas.

Ningún culpable verdadero.

La familia del motociclista

A las 08h15 alguien golpea una puerta.

Una madre siente el frío antes de escuchar la noticia.

Una hija deja de ser niña sin saberlo.

Una silla queda vacía para siempre.

Nadie les explicará que él no sufrió.

Eso no consuela.

Nunca consuela.

Solo quedará la pregunta que no tiene respuesta:

—¿Por qué se detuvo?

Y la culpa inútil:

—Si hubiera salido cinco minutos después…

—Si no hubiera discutido…

—Si hubiera contestado el teléfono…

Epílogo

La Perimetral seguirá rugiendo mañana.

Los tráileres pasarán.

Las motos se filtrarán.

El asfalto no recordará nada.

Pero dos hogares sí.

Porque a veces la tragedia no nace de la imprudencia ni del crimen,

sino de algo mucho más humano y peligroso:

un segundo de quiebre en medio de un mundo que no sabe detenerse.

sábado, 10 de enero de 2026

Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro



Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro

En los últimos meses, la realidad de nuestra sociedad se ha vuelto demasiado evidente y demasiado inquietante para seguir ignorándola. Asesinatos selectivos, hechos de violencia en espacios cotidianos y nombres que antes solo aparecían en las noticias hoy forman parte de una conversación recurrente. No son episodios aislados: son señales.

Durante años nos convencimos de que la violencia estaba “en otro lado”. Que existían territorios ajenos al conflicto y burbujas de protección: urbanizaciones cerradas, garitas, vigilancia privada, estatus social. Creímos que eso nos hacía inalcanzables. Hoy, esa ilusión se desvanece.

La violencia atraviesa muros, rompe geografías simbólicas y deja un mensaje inquietante: no hay persona ni lugar donde no se pueda llegar. No se trata solo de matar; se trata de demostrar poder, de instalar miedo, de recordar que nadie está completamente a salvo.

A esto se suma una impunidad que se disfraza de corrección jurídica. Narcotraficantes y criminales peligrosos recuperan la libertad por “fallas técnicas”, mientras se invoca un discurso elegante sobre derechos humanos. Suena bien en el papel. En la práctica, significa devolver a la calle a quien ya ha demostrado desprecio absoluto por la vida y la ley. Ya no solo es Ecuador, esta semana fué España.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿dónde quedaron la conciencia, el remordimiento, la compasión? Tal vez nunca estuvieron donde quisimos verlas. Tal vez esperamos humanidad donde solo hay vacío, cálculo y violencia como lenguaje.

Cuando el Estado falla en garantizar seguridad y justicia, no solo fracasa una institución: se erosiona la confianza social, se normaliza el miedo y se degrada la vida cotidiana. Cafeterías, canchas, barrios, espacios comunes dejan de ser lugares y se convierten en escenarios posibles de tragedia.

Nombrar esta realidad no es alarmismo; es lucidez. Y la lucidez, aunque incómoda, es necesaria. Porque una sociedad que permite que la violencia se normalice y la impunidad gobierne, no está viviendo: está esperando su próximo cadáver. Y cada día, con cada falla, nos acerca a ese futuro que nadie quiere, pero que estamos construyendo sin oposición.

Las soluciones fáciles —más armas, más cárceles, garitas reforzadas— funcionan solo como parches temporales. Contienen el reclamo, pero no rompen el ciclo. La violencia no se detiene con miedo ni fuerza; se detiene construyendo justicia real, oportunidades, educación y una ética colectiva que vuelva a colocar la vida en el centro.

Mientras tanto, seguimos caminando por calles que antes eran seguras, entre luces que parpadean como advertencias silenciosas. Cada sombra, cada silencio, nos recuerda que no basta sobrevivir: debemos despertar y exigir, antes de que el vacío se haga dueño de todo lo que amamos.


Mientras tanto, seguiremos comentando desde la comodidad de nuestros celulares, protegidos por pantallas y burbujas que creemos seguras, desplazando la violencia con el dedo como si fuera una noticia más. Rogaremos, en silencio, que ese día no nos toque, que el nombre sea otro, que el lugar sea ajeno. Así, entre la indiferencia y el miedo, no cambiamos nada: solo esperamos. Y esperar, en un país donde la violencia avanza y la conciencia retrocede, no es neutralidad; es una forma lenta y elegante de rendirse.




domingo, 7 de diciembre de 2025

LA PALABRA QUE DESVIÓ EL CAMINO


Historia verdadera. Los nombres han sido cambiados por respeto.

Sábado 22 de noviembre, 03h30.

Aurora recibió una llamada que le partió el alma: era Sofía, sobrina de la señora Nora.

Pero esa madrugada no fue el primer aviso.

La noche anterior, alrededor de las 22h30, Sofía ya le había llamado para decirle, con la voz quebrada, que su tía estaba agonizando.

Aurora —creyente profunda, devota, sensible— no pudo hacer otra cosa más que llorar y orar.

Oró toda la noche.

Lloró toda la noche.

Esperó toda la noche.

Y cuando el teléfono volvió a sonar a las 03h30, ya sabía, aunque no quería saber.

Sabía que la noticia que estaba por escuchar era la que uno nunca quiere oír.

Nora… amiga querida, alma vieja y luminosa, 80 y tantos años.

Apenas un mes antes había cumplido un sueño que guardó durante décadas: viajar a Portugal a ver a su hija Daniela y a su yerno Julián.

Paseó, comió, rió.

Y aunque lo contó con alegría, también dijo —casi al pasar, casi como quien no le da importancia— que se había sentido más cansada de lo normal.

Quizás su cuerpo ya presentía algo.

Quizás el alma quiso despedirse viajando.

Vivía en New Jersey con su hija Daniela, casada, con vida estable, y con su nieta —también ya casada— cerca.

Antes de viajar, madre e hija habían vivido toda una vida alquilando.

Y por fin, después de años de esfuerzo, Daniela compró una casa.

Una casa no nueva, pero propia.

Una casa que se suponía debía ser un nuevo comienzo, no un final.

Después del viaje, al regresar a ese hogar9 recién estrenado, una noche cualquiera, una noche inocente como todas, Nora empezó a sentirse mal.

Apenas tuvo tiempo de avisarle a Daniela.

Un suspiro entrecortado.

Una palabra.

Un gesto.

Y el cuerpo se rindió: coma diabético.

La ambulancia llegó rápido.

Rápido… pero cuando se sufre, hasta los segundos son cuchillos.

Fueron minutos eternos: Daniela llamando al 911, temblándole la voz, contando los latidos que no sabía si eran de su madre o de ella misma.

La familia al borde del abismo, rogando que llegue el sonido de las sirenas.

Y cuando finalmente llegaron, la esperanza se mezcló con un miedo tan grande que parecía llenar la casa nueva entera.

La trasladaron a un hospital especializado en enfermedades del corazón.

La estabilizaron.

Nos alegramos.

Sí, nos alegramos.

Porque nos dijeron “está mejor”.

Porque queríamos creer.

Pero había un detalle… un detalle pequeño y enorme a la vez.

Nora había visto —en la televisión o en su celular, nadie recuerda bien— una advertencia:

que la medicina para la diabetes que tomaba estaba siendo cuestionada, asociada a muertes.

Y entonces, por miedo…

por duda…

por el poder devastador de la palabra…

dejó de tomarla.

Y recién ahí supimos que era diabética.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que dejó su tratamiento?

¿Fue esa decisión lo que la llevó al coma?

¿Fue el miedo provocado por una frase, un titular, un rumor?

Nunca salió del coma.

Nora murió en silencio, como se apagan ciertas velas: sin lucha, sin estridencias, sin aviso.

Una muerte dulce, doblemente dulce:

la causó el dulce…

y tal vez fue dulce porque no sintió su llegada.

Una ironía brutal.

Una ironía que muchos, en lo más hondo, desearían para su propia partida.

Y aunque su final fue silencioso, lo que dejó atrás hizo mucho ruido en nosotros.

Dolió.

Duele.

Nos sigue doliendo.

Porque había vivido un sueño un mes antes.

Porque estaba empezando una vida nueva en una casa nueva.

Porque una palabra —solo una palabra— puede iluminar o destruir.

Puede salvar o condenar.

Puede sanar… o detener un corazón.

El poder de la palabra.

A veces cura.

A veces mata.

Y a veces deja en los vivos una herida que no cierra.

Reflexión final

La historia de Nora —como la de tantos seres amados— es un recordatorio profundo:

una palabra puede salvarnos o perdernos.

La fuerza de lo que creemos puede alterar decisiones, latidos, destinos.

Y aunque su partida fue silenciosa, su memoria no lo es: sigue moviendo, sigue doliendo, sigue enseñando.

Mientras alguien la recuerde, mientras alguien la cuente,

Nora no se ha ido.

domingo, 13 de abril de 2025

El precio invisible

Algunas casas se levantan sobre cadáveres. Otras, sobre papeles firmados en oficinas sombrías, donde un hombre estampa su rúbrica sabiendo que con eso firma también el deterioro de un hospital, el silencio de una escuela, la desesperanza de un barrio entero. Una muerte lenta. Una ruina elegante.

Decían que don Emilio regalaba viviendas con el dinero de la droga. Pero también estaba el señor Honorio, político intachable en apariencia, que inauguraba canchas con cámaras y cintas coloridas, mientras desviaba millones a cuentas invisibles. Dos hombres diferentes. Un mismo crimen vestido con distinto traje.

Uno mataba con plomo. El otro, con papeleo.

Y en ambos casos, las víctimas se multiplicaban sin rostro. El niño que murió porque no había incubadora. La madre que caminó kilómetros para parir en un centro sin médicos. El adolescente que abandonó la escuela y encontró una pistola más accesible que un libro. Cada coima, cada sobreprecio, cada cargamento, era una sentencia.

La señora Marta vive en un departamento que le fue “asignado” por un organismo estatal manchado de corrupción. Le encanta el piso reluciente, el balcón con vista al río. Pero en las madrugadas, oye golpes secos en las paredes. Como si alguien reclamara.

Siente —no sabe por qué— que sus sueños son visitados por niños flacos, por enfermos sin medicina, por rostros de rabia que la observan desde los azulejos.

“No puede ser”, piensa, “yo no he hecho nada malo”. Y es cierto. Pero se beneficia de un sistema donde el crimen se disfraza de progreso. Y las almas, como en las casas de la colina, regresan. No para culpar, sino para recordarnos lo que no debe repetirse.

Reflexión final:

El dinero que se obtiene a costa del sufrimiento ajeno, sea por la vía del narcotráfico o la corrupción, deja huellas invisibles. Las víctimas no siempre caen bajo las balas. A veces mueren esperando. A veces crecen sin futuro. A veces se convierten en victimarios.

Ni el crimen ni la injusticia se lavan con limosnas ni con discursos. Lo malo, aunque venga envuelto en papel de regalo, sigue siendo malo. Y tarde o temprano, nos toca, nos ronda, nos susurra desde los rincones.

Porque la ética no es negociable. Y el alma, lo sepa o no, siempre sabe cuándo habita en una casa que no le pertenece.

FIN

Se disimula con perfume pero hiede a muerte

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INVITACION

¡Te invito a sumergirte en este viaje de historias!

Si haces clic más abajo donde dice Página Principal, podrás disfrutar de todas las historias anteriores, desde la primera hasta la más reciente.

Gracias a la gran acogida de los lectores, este blog ya cuenta con más de 100 relatos, y a partir de este año, publicamos una nueva historia cada semana.

Cada texto es una ventana a emociones, recuerdos y reflexiones que no te puedes perder. ¡Empieza desde el principio y acompáñanos en esta aventura!

Hasta la próxima, chaito



lunes, 10 de febrero de 2025

Los Caminos del Silencio


LA FE DE ANA

Ana se arrodillaba cada noche frente a su pequeña cruz de madera. Era un ritual constante, una súplica cargada de lágrimas. Su madre, quien había sido su pilar, su amiga y su guía, enfrentaba un cáncer que avanzaba con la fuerza implacable de una tormenta. Pero Ana no perdía la fe.

DIOS SANA

“Dios tiene el poder de sanar,” repetía con convicción en cada reunión de oración. Su grupo, un círculo de mujeres devotas, se unía a su fe inquebrantable y levantaba las manos al cielo. Habían decretado, con autoridad espiritual, que el cáncer sería eliminado. “Donde hay fe, hay milagros,” decían entre cánticos y lágrimas, seguras de que la sanación estaba asegurada.

El día llegó. La madre de Ana cerró los ojos para siempre, dejando a Ana en un mar de preguntas.

En el funeral, mientras los asistentes ofrecían consuelo con palabras convencionales, Ana miró el rostro sereno de su madre. Su dolor era un nudo apretado en el pecho, pero no permitió que la desesperación la consumiera.

DIOS ASÍ LO QUISO?

“Dios así lo quiso,” susurró, más para sí misma que para los demás. “Sus caminos son misteriosos, y quizás sabía que esto era lo mejor. Ahora mi madre descansa en el cielo, libre del dolor.”

Pero esa noche, en la soledad de su habitación, una voz pareció emerger del rincón más profundo de su ser. Una voz que no era más que su propia conciencia enfrentándola:

EL PLAN DIVINO EXISTE?

“¿De verdad crees que esto era lo mejor? ¿O simplemente buscas consuelo en un plan divino que tal vez no existe?”

Ana dudó por un momento. Si Dios era omnisciente, si sabía todo, entonces también sabía que su decreto no cambiaría el resultado. ¿Había sido inútil su fe? ¿Había sido su madre víctima de un destino inalterable?

El amanecer trajo claridad. Ana recordó las palabras de su madre, dichas tiempo atrás:“Hija, la fe no siempre es obtener lo que pedimos. A veces es aceptar lo que viene, con amor y con paz.”

Desde ese día, Ana decidió vivir abrazando la paradoja de su fe. No tenía todas las respuestas, y quizás nunca las tendría. Pero aprendió que su oración no había sido en vano; había sido un acto de amor, un puente entre ella y su madre.

El determinismo de la vida y la omnisciencia de Dios eran misterios insondables, pero Ana encontró consuelo en una verdad simple: el amor trasciende cualquier lógica, cualquier destino, cualquier pregunta sin respuesta.

FIN

Tratar el tema de la fé es complicado, mucho creyente se siente atacado ante los cuestionamientos de un pensar diferente, pero recuerda que soy irreverente y que no intento cambiar tu manera de pensar, no te apresures en juzgarme.

Si te gustó esta historia, compártela con tus amigos, con tu familia. Si no te gustó, eres libre de creer lo que quieras, al igual que yo.

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lunes, 2 de diciembre de 2024

El viaje y la estación final

 

La muerte, José, no es más que una estación más en el viaje, y aunque su llegada nos estremezca, también nos recuerda la belleza y fragilidad de la vida. Somos viajeros, integrantes de una promoción (XVI) que no solo compartió aulas, sino sueños, anécdotas, y lazos que el tiempo no ha podido romper.

A lo largo del trayecto, aprendimos que la verdadera riqueza no está en lo material, sino en los momentos compartidos: en esa carcajada que dejó eco, en el abrazo que sanó, en la palabra oportuna que dio fuerzas. Por eso, más que temerle a la muerte, deberíamos enfocarnos en la vida que aún tenemos por delante, por breve que sea, y en todo lo que aún podemos entregar y recibir.

Es tiempo de agradecer. Agradecer las mañanas que vimos nacer, los atardeceres que colorearon el cielo, las conversaciones bajo la luna. Agradecer a los amigos que han sido familia, a los hijos que nos dieron lecciones inesperadas, y hasta a las adversidades, porque nos hicieron fuertes.

Que nuestra despedida, cuando llegue, no sea un lamento, sino un reflejo de lo vivido. Dejemos las cuentas en orden, sí, pero también el corazón: sin rencores, sin pendientes emocionales, sin sonrisas guardadas. Digamos "te quiero" hoy, pidamos perdón si hace falta, y celebremos lo simple: un café, una llamada, un paseo bajo la lluvia.


La muerte no debe asustarnos si la hemos preparado no solo con papeles firmados, sino con abrazos dados y memorias construidas. Porque cuando partamos, lo que quedará no serán las cosas materiales, sino el rastro de amor y amistad que dejamos en quienes nos conocieron. Vivamos así, con esa esperanza, y el día que cerremos los ojos por última vez, será con la tranquilidad de que la vida, aunque breve, fue hermosa.

FIN

Tema muy delicado, se requiere criterio, mucho criterio.

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Si quieres que escriba sobre algún tema en particular, dímelo también porque seguro tienes mil y una historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que sepas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así me avisas.

Si no te gustó no importa, el tema es por demás para pensar, el destino inexorable de todos, sin importar raza, color o condición, no es para que te deprimas, al contrario, es una invitación a la buena vida, a la vida con sentido, con propósito, no a la vida vacía.

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martes, 29 de agosto de 2023

Y SE MURIO EL CHINITO MALCRIADITO

 ADVERTENCIA

Este es un cuento que no termina porque tendrá añadidos a medida que vayan o surgiendo anécdotas o aflorando recuerdos no incluidos en las primeras versiones, así que el cuento se irá alargando, digamos que el chinito malcriadito cada vez que resucita, se pone a escribir nuevas líneas. Los recuerdos afloran sin ningún orden cronológico y por eso se escriben en ese mismo desorden, así que no deben de esperarse más que las historias, las anécdotas a medida que surgen de ese vorágine que es la memoria de este chinito que ya se murió. No quiero resentidos, ya los iré incluyendo a todos.

martes, 4 de abril de 2023

MI MADRE Y EL COVID

 

LA MOTIVACION

No, no es una nueva variante del COVID 2019, lo que sucede es que esta historia es del 2020 y creo que hace dos días, me llegó la inspiración de escribirla, porque merece la pena, al menos para mí y aunque se que mi madre ya no podrá leerlo, el propósito es dar a conocer sus últimas horas y parte de su ser. Después de algunas selecciones y muchas dudas, decidí poner esta canción de Roberto Carlos, dedicada a su madre Lady Laura, yo se la dedico a la mía: Doña Fanny, como todos la conocían. Luego la saqué porque quise, por hacer mejor, incluir este pasillo titulado el Aguacate, que a mi madre le gustaba, tal vez sería porque preparaba ricas ensaladas con aguacate, ah y nos enseñó de pequeños a comer el aguacate con azúcar.



Si quieres escuchar la canción, favor haz clic en el video

MARTES ABRIL 4, 2023

Hoy se cumplen tres años del fallecimiento de mi madre, Fanny Ventura Yong Olivo de Fun Sang y muere a la edad de 91 años coincidiendo con la edad de la muerte de mi padre, don Jorge Alfonso Fun Sang Segura, ambos rio-enses y también coincidentemente, ambos de padres chinos de Cantón y madres ecuatorianas. Siempre recuerdo que mi querida madre anhelaba que alguna de sus hijas se casara con un chino, pero esto no ocurrió y bueno, no siempre se tiene lo que se anhela y lo que uno desea no es necesariamente lo que la otra persona tiene en mente.

domingo, 23 de octubre de 2022

SICARIATO

 


INTRODUCCION

Como todo en la vida, no hay acción sin reacción, y el sicariato responde a situaciones varias aunque con frentes comunes que traspasan barreras geográficas, porque el ser humano es el mismo dondequiera que esté y responde de igual manera frente a estímulos similares. Este trabajo pretende mas que todo presentar la visión mía sobre el tema, subjetiva o no, distorsionada o no, afectada sí, porque no hay individuo neutro o amorfo que no opine, independientemente de que tenga o no la razón; no apunta a ser un trabajo antropológico, psicológico o cosa parecida, simplemente una visión, preocupada por supuesto, de este fenómeno que ya está presente en la cotidianidad ecuatoriana, asociado a diversas formas de criminalidad y afectando a la sociedad como un todo, desde la parte ideológica hasta lo conductual.

Pareciera que hablar de sicarios es hablar de violencia, tortura, sangre, asesinatos, decapitaciones, policías y soldados en las calles combatiéndolos dispuestos a matar o morir, en donde la sociedad es un invitado de piedra, pero no es así, hablar de sicarios no solo conlleva los adjetivos antes mencionados, es ir más allá, encontrar su posible origen, entender su forma de actuar, dar respuesta al porque dedicarse a esta actividad.

NOTA: tanto la narrativa como las fotos pueden evidenciar violencia extrema, lo cual podría afectar la sensibilidad de algunas personas.

EL SICARIATO NO ES UN FENOMENO RECIENTE

El fenómeno no es de data reciente en el mundo. El término proviene del latín sicarius, asesino pagado. "Aparece en Roma, en época de Julio César; reaparece en el Renacimiento, vinculado a los crímenes de la época de los Borgia, en esa Florencia deslumbrante y maquiavélica; se reproduce en los bajos fondos de la novela del siglo XIX.

SICARIATO: SUS PRIMERAS MANIFESTACIONES

Según LAQUEUR, una de las primeras manifestaciones terroristas es la de los sicarii, "una secta religiosa muy bien organizada, formada por hombres de las clases bajas y activa durante la rebelión de los celotes en la Palestina (66-73 d. de C.)"2. Este movimiento se caracterizó por ejecutar acciones contra sus enemigos a plena luz del día, de preferencia durante las festividades en Jerusalén. "Los sicarii destruyeron la casa de Ananías, el sumo sacerdote, así como los palacios de los gobernantes herodianos"3; quemaron los archivos públicos, los graneros y sabotearon las reservas de agua de Jerusalén. Visto con esta perspectiva histórica, el sicario de hoy no es más que el renacimiento de viejas formas de violencia utilizadas previamente en muchas partes del mundo.

EL SICARIATO EN ESTADOS UNIDOS

El asesinato por contrato (sicariato) es una forma de asesinato o asesinato en el que una parte contrata a otra parte para matar a una persona o personas objetivo. Se trata de un acuerdo ilegal que incluye alguna forma de pago, monetaria o de otro tipo. Cualquiera de las partes puede ser una persona, grupo u organización. El asesinato por contrato se ha asociado con el crimen organizado, conspiraciones gubernamentales, dictaduras y vendettas. Por ejemplo, en los Estados Unidos, la pandilla del crimen organizado judío-estadounidense Murder, Inc. cometió cientos de asesinatos en nombre del Sindicato Nacional del Crimen durante las décadas de 1930 y 1940.

 El sicariato o asesinato por encargo brinda a la parte contratante la ventaja de no tener que llevar a cabo el asesinato real, lo que dificulta que las fuerzas del orden vinculen al arrendatario con el asesinato. La probabilidad de que las autoridades establezcan la culpabilidad de esa parte por el delito cometido, especialmente por falta de pruebas forenses vinculadas a la parte contratante, hace que el caso sea más difícil de atribuir a la parte contratante.

 Los sicarios (asesinos a sueldo) pueden exhibir rasgos de asesinos en serie, pero generalmente no se clasifican como tales debido a los objetivos de asesinato de terceros y los incentivos financieros y emocionales independientes. Sin embargo, ocasionalmente hay individuos que son etiquetados como asesinos a sueldo y asesinos en serie.

 Un asesino a sueldo se conoce coloquialmente como un sicario Los asesinos a sueldo que trabajan para organizaciones criminales a menudo se conocen como ejecutores.



LA YAKUZA, LA CÉLEBRE MAFIA JAPONESA

(TOMADO DEL TRABAJO DE RODRIGO AYALA 14 ABRIL, 2022)


La historia de la mafia yakuza se remonta al shogunato Tokugawa, periodo en el cual existieron dos grupos distintos de marginados.

Cineastas como el nipón Takashi Miike se han encargado de hacer de ella un mito viviente con sus sangrientas historias de acción. Pero lo cierto es que la Yakuza, la mafia japonesa más célebre de todos los tiempos, tiene una historia mucho más antigua y datos fascinantes para los amantes de la historia. ¿Qué es la Yakuza, cómo surgió y qué es de ella en la actualidad? De todo ello hablaremos a continuación.

En Japón, a la Yakuza se le conoce como Gokudō. El término Yakuza se refiere a una mala mano en un juego de naipes, algo así como ‘el perdedor’. Sin embargo, en el oeste de Japón, las bandas se refieren a sí mismas como gokudo, que quiere decir ‘el camino definitivo’.

Sus miembros se asumen como descendientes espirituales de los rōnin (samuráis que no tenían amo) del siglo XVII. Para entender la historia de la yakuza primero debemos hablar de los dos grupos que le dieron origen.

LOS TEKIYA

La historia de la mafia yakuza se remonta al shogunato Tokugawa (1603 – 1868), periodo en el cual existieron dos grupos distintos de marginados. El primero eran los tekiyavendedores ambulantes que viajaban por diversos pueblos para ofrecer productos de baja calidad en mercados y otros lugares públicos.

Muchos de ellos pertenecían a la burakumin, una clase social que en realidad estaba por debajo de la estructura social feudal japonesa de cuatro niveles. A principios del siglo XVII, los tekiya comenzaron a formar clanes y grupos bien organizados que eran liderados por diversos jefes y subjefes.

Así comenzaron a ganarse la vida en actividades del crimen organizado y ofreciendo protección (la famosa vacuna) en festivales sintoístas. Los jefes de los diversos grupos o familias de tekiya se llamaban Oyabun, y se les distinguía porque portaban una espada como las de los samurái.

LOS BAKUTO

El otro grupo que dio origen a la poderosa mafia yakuza fue los bakuto, quienes se ganaban la vida apostando o estafando en los juegos de azar a los incautos que se cruzaban por su camino. El rasgo más característico de los bakuto eran sus cuerpos tatuados, algo que después se transmitió al resto de los miembros Yakuza.

Tanto los tekiya como los bakuto son vitales para entender el nacimiento y expansión de la Yakuza. Cuando hicieron alianzas, se formó el grupo criminal más famoso de Japón.

En el presente, los yakuza se distinguen todavía entre uno u otro: todo depende de la forma en que se ganen la vida.

EL ANTECEDENTE DE LOS SICARIOS EN COLOMBIA

Para algunos autores, el antecedente inmediato de los sicarios puede encontrarse en los llamados "pájaros", de la violencia de los años cincuenta.  A pesar de las diferencias existentes, el común denominador es la modalidad del asesinato por delegación, es decir, por encargo.

EL SICARIATO EN COLOMBIA


En 1984 caía asesinado el ministro de Justicia de la época, Rodrigo Lara Bonilla. Según las autoridades, uno de los autores materiales del crimen fue Bayron Velásquez, joven de 16 años de edad. Desde entonces se hizo cotidiana la figura del sicario en diarios y revistas de Colombia. Contract killer, contract murder, hitman son algunos de los términos utilizados para describir al sicario.

MEXICO  Y LOS CARTELES FEMENINOS


(Las Marucheras)

Son jóvenes, en algunas casos atractivas y sobre todo peligrosas. Hablamos de 'LasMarucheras' un escuadrón femenino armado del Cartel del Noreste que en repetidas ocasiones se han dejado ver ostentando armas de grueso calibre y haciendo muestras de lo que son capaces: matar a integrantes de otros grupos de la delincuencia organizada. 




(Verónica Mireya Moreno Carreón, Cartel de las Flacas)

El Cártel de Las Flacas está conformado en su mayoría por sicarias con cuerpos esbeltos, caras de inocencia y manos frágiles pero capaces de disparar un rifle, se convirtieron en un sanguinario grupo criminal y en unas mercenarias, quienes han logrado poner en apuros a varios cárteles mexicanos.

Las mujeres ya no son esposas o figuras importantes en las estructuras de los cárteles, ahora también aumentan su presencia en tareas como el sicariato, una actividad en la que su tarea es levantar, degollar o asesinar al rival de quien las contrata, incluso han llegado al liderato de algunos cárteles. Su aparición se remonta a antes del 2011 cuando una de ellas, Verónica Mireya Moreno Carreon, ex policía condecorada, fue arrestada cuando ya era miembro del Cartel de los Zetas.

EL SICARIATO COMO FENOMENO SOCIAL RECIENTE EN ECUADOR



Enfrentados a esta realidad histórica, surgen recientemente en nuestro medio, diversas interpretaciones, cuyo fin es ofrecer algún tipo de explicación válido. El sicariato se ha convertido en tema de conversación diario, motivo de alarma social y objeto de estudio por parte de médicos, psiquiatras, sociólogos, violentólogos, antropólogos, defensores de los derechos humanos, etc. Los diarios comentan, la opinión pública se manifiesta, los especialistas inician investigaciones. Así, progresivamente vemos tejerse una telaraña de perspectivas y visiones diferentes que se cruzan y van construyendo y reconstruyendo la realidad social del sicariato. El discurso mezclado con la realidad, se hace realidad. De esta manera, el acercamiento y el conocimiento que tenemos del fenómeno, nos viene dado a través de ese proceso comunicativo complejo.

PERFIL DE LOS SICARIOS EN GENERAL

¿Cuál es el perfil de los sicarios en particular? Para “poder ser” un sicario se deben tener las características de un psicópata, es decir, en la gran mayoría de estas personas, al realizarles estudios psicológicos y criminológicos, cuando son detenidos, se encuentran las siguientes características, todas ellas correspondientes al perfil de psicópatas: 

1. Encanto con la gente, seductores, especial aparente amabilidad. 

2. Calma y facilidad verbal.

3. Falta de fiabilidad, no se puede confiar en ellos. 

4. Descuido de obligaciones, ningún sentido de la responsabilidad. 

5. Poca sinceridad. 

6. Sin sentimientos de culpa, sin remordimientos, ni vergüenza por lo que hace. Y esto es lo que los hace sumamente peligrosos, no existe el más mínimo remordimientos por sus actos. 

7. Conducta antisocial inadecuadamente motivada, impulsividad inexplicable. 

8. Juicio pobre, incapacidad para aprender de las experiencias, lo que los hace caer y volver a caer en los mismos errores. 

9. Egocentrismo patológico, se sienten los dueños del mundo, pobre capacidad para amar. 

10. Pobreza general de emociones profundas y verdaderas. 

11. Incapacidad de verse a sí mismo desde el punto de vista de los demás. 

12. Ingratitud. 

13. Conducta fantástica después de beber o drogarse. 

14. Vulgaridad, rudeza, cambio de estado de ánimo muy brusco. 

15. Vida sexual impersonal, trivial y pobremente integrada

Ahora, una vez analizado el perfil del sicario en general, pasamos a una discriminación basada en cuatro principales factores.

El sicario marginal



Carlos es un joven de 27 años, sobreviviente a la narcoguerra que se libra en las calles. Nacido en una provincia central, lugar fértil para encontrar sicarios o desarrollarlos, debido a su situación de abandono por parte del gobierno central y la escasa oferta educativa y laboral. Creció en los suburbios de Guayaquil después de que su padre dejara a su madre y hermana desde muy pequeños. Carlos asumió la figura paterna de proveedor y dejó la secundaria para trabajar para un grupo criminal. Desde entonces, por más de 12 años ha trabajado en diferentes jerarquías de lo que llama la “organización” para poder ganarse la vida. Carlos es un joven fornido, tuqueado como se diría en el argot popular, blanquito,  atlético y de personalidad fuerte y decidido, osado. Nunca ha estado preso y dejó el sicariato cuando creció en la organización, de modo que se asume como exitoso y triunfador en el narcotráfico.

“Yo no nací para estar de obrero” es el lema de Carlos.

Este tipo de sicario se origina en zonas con marginación extrema en los ámbitos socioculturales, académicos y económicos. En consecuencia, a su carencia de educación y a las pocas esperanzas de trabajo en sus lugares de origen, son personas altamente manipulables.

En su ámbito familiar, de igual forma cuentan con una escasa o nula formación académica y con empleos que no les proporcionan los ingresos suficientes para vivir de una manera digna. Es por eso por lo que comienzan a entrar en trabajos aún ilegales que les permiten tener más ingresos económicos, a los cuales involucran posteriormente a los hijos, quienes después van a incursionarse en otras actividades dentro del ámbito criminal, los cuales poco a poco van siendo desensibilizados hasta cometer actos que les permitan convertirse en sicarios.

Por ende, su motivación criminal primaria es la necesidad económica y la falta de oportunidades de trabajo legales. Y como mencionaba anteriormente, la motivación psicológica sería el tener poder, reconocimiento, el ser visto por la sociedad.

El sicario antisocial



José, tenía 15 años en el 2013, ya en el 2012 había sido detenido, juzgado y sentenciado por homicidio con una pena de 11 años y esto es, por haber sido juzgado como menor de edad. Parte de su familia, como tíos y primos, trabajan para un grupo delictivo asentado en ese sector de la ciudad desde la década de los ochenta. Su padre abandonó a él y a su hermana cuando eran pequeños y su madre fue quien los crio, además de su abuela materna. José nunca prestó atención a la secundaria y fue expulsado, al mismo tiempo fue invitado para trabajar para el cartel. Las tareas simples, la ejecutó con éxito por lo que fue ascendiendo y así pudo comenzar sus labores como sicario. Confiesa haber matado a cerca de cincuenta personas, su sentencia fue por un homicidio calificado para permanecer preso en la Correccional porque era menor de edad. Para probar su lealtad, su iniciación fue matar a su padre porque querían saber si estaba dispuesto a seguir las órdenes estrictamente y además el que no sintiera remordimiento alguno por lo que hiciera, así que lo buscó, hasta que lo encontró y lo mató.

Éste tipo de sicarios se desarrollan generalmente en ambientes donde es común el crimen, las pandillas y el abuso de drogas. Se ve comúnmente un fracaso escolar, abuso de drogas y poco respeto a las normas sociales. Dentro de este entorno, la violencia es la forma de aprender a “sobrevivir” y el cometer delitos es una forma de vida normal.

En este caso, comienzan a introducirse a ese medio a través de las pandillas y a la realización de delitos menores. Por lo que es común que este tipo cuente con un historial delictivo. En cuanto a su entorno familiar, como el anterior tipo, familiares ya inmersos en este ámbito comienzan a recluirlos, esto desde edades tempranas y que son más moldeables y menos conscientes de los riesgos y consecuencias de los actos.

Hablando más centradamente sobre la personalidad de este tipo de sicarios, suelen ser personas que desde muy temprana edad presentan rasgos oposicionistas y desafiantes, reflejado en expulsiones escolares, agresiones y conflictos con figuras autoritarias. Ya en edad adolescente pueden presentarse indicadores de trastorno disocial, vistos en las faltas sociales cometidas, como el pandillerismo, robo, peleas y uso de drogas. En la edad adulta se comienzan a presentar las conductas antisociales, cometiendo delitos mayores, como secuestros y ejecuciones. Con el tiempo se van desensibilizando ante sus actos y comienzan un incremento de agresividad en sus actos. Un asesinato es simplemente un encargo por el cual, le pagan.

El sicario psicopático

Raúl  tiene 23 años y es un sobreviviente a la última narcoguerra desatada en las cárceles del país. Nacido en Ambato, padre de tres hijos y hermano de cuatro, dos hombres y dos mujeres. Creció en una zona vulnerable antes del mayor crecimiento industrial de la tierra de las flores y las frutas.

Raúl casi terminó su carrera en la Universidad Técnica, aunque arrastró dos materias, lo que significa que no pudo obtener el título. Desde la secundaria se sintió atraído por el dinero. Sus padres, dos comerciantes, le dieron todos los recursos necesarios para que estudiara, pero decidió no continuarlos. Corpulento, de barba cerrada, afligido en todo momento por la muerte de su esposa. Durante dos ocasiones ha estado preso, pero por el apoyo de las personas para las que trabaja, pudo salir y aún sigue «activo», como le llama a la continuidad en la actividad que realiza, como que si se tratara de un trabajo normal y corriente, pero así es como él lo ve.

En este caso puede o no desarrollarse en un ámbito donde los actos criminales son normales y sus familias pueden mostrar una aparente normalidad social. Existen ciertos indicadores, como la disfuncionalidad de los apegos, baja estimulación afectiva, negligencia, falta de límites y algún padecimiento psiquiátrico dentro de la familia. Cuentan con habilidades cognoscitivas que les ayudan con la planeación y ejecución de sus actos.

Su inicio en lo criminal comienza al igual que el sicario antisocial, a una edad temprana, con conducta antisocial y cometiendo delitos menores. Pero después comienzan a relacionarse con personas con puestos más altos dentro del ámbito de la delincuencia organizada, donde les ven un futuro prometedor, ya que cuentan con rasgos psicóticos como tener un encanto superficial, frialdad emocional, una gran capacidad de manipulación. Incluso este tipo de sicarios pude llegar a liderar organismos o realizar trabajos por grandes sumas de dinero. Sobre todo por su falta de empatía y culpa, pueden llegar a cometer cualquier tipo de delito, viendo sus acciones como simple trabajo. Just business. 

Este tipo de sicarios presentan la llamada tríada oscura de la personalidad, donde se ven rasgos muy marcados de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Para estos sicarios no importan los medios con los que se llega a realizar el delito, viéndolo de manera fácil por su egoísmo, falta afectiva y su facilidad para utilizar a las personas para su conveniencia sin importarle el bienestar de los demás.

El sicario sádico



Francisco

A Francisco no solo le gustaba robar, sino que sentía placer amedrentando a sus víctimas. Con un arma en la mano, de cualquier tipo, arma blanca o de fuego, se sentía poderoso. Increpaba a sus víctimas y les decía y ahora, y ahora, me temes o no me temes. Cuenta la leyenda que una vez, alguien, no quiso dejarse asaltar y le respondió que no le temía y Francisco lo mató. No bastó una certera puñalada. El forense contó más de cuarenta heridas de arma blanca, principalmente en la región abdominal.

El sadismo de Francisco se hizo leyenda y pronto lo llamaron. La Mafia albanesa, afincada en Guayaquil, atraída por su forma de asesinar despiadada y sanguinaria, lo llamó.

-Francisco, le dijo el albanés, quiero que trabajes para mí.

-Seguro, cuánto hay, a quién hay que dar de baja?

-Pronto lo sabrás y fue muy pronto.

Se necesitaba que se diera de baja a un abogado que había realizado algunos trabajos legales para la organización.

-Escucha Francisco, el trabajo tiene que ser realizado en lugar público, a plena luz del día. Quiero enviar un mensaje, que aquí la traición no es aceptada, es mas bien castigada y que el castigo, dependiendo de la gravedad o consecuencias graves de la traición, puede llegar a ser, hasta matar a tu mujer y a tus hijos, pero eso sí, delante de ti para que te duela.

-Francisco, quiero que te ensañes, que lo hagas bien, que no cometas errores. Por este trabajito voy a pagarte $5,000.

Francisco se sintió halagado, hacer un trabajo así, a plena luz del día, en lugar público y hasta ser bien recompensado le producía una excitación tremenda.

Le hizo inteligencia a su víctima por más de tres meses. Conoció al detalle su rutina, las placas de sus vehículos, sus clientes, su familia, mujer e hijos y hasta a las  prepagos que llevaba cada semana al motel. Y así, llegado el día, a la salida de un hotel frente a un centro comercial, lo abatió. Fueron 12 disparos, tanto en el cuerpo los 10 primeros, como en la cara, los dos últimos, como que si los primeros no hubiesen bastado para acabar con la vida del abogado.

Un compinche en una moto esperaba a Francisco, escaparon a toda velocidad, todo había tomado solamente dos minutos, tiempo en el cual, no alcanzaba a llegar la policía, todo estaba fríamente calculado. Fueron directamente a una calle tranquila, ingresaron a un garaje. Francisco, se cambió de ropa, se puso un terno, unas gafas y fue directamente a una casa de seguridad y se enfrió por tres meses, hasta que lo llamaron para decirle que las aguas habían retornado a su cauce y que ya podía salir a la calle. Por este trabajo, recibió un bono de $ 1,000 el cual no era necesario. Suficiente con ser noticia diaria, en donde se comentaba del sadismo extremo. Y grabó los noticieros y cuando llamaba a las prepagos para tener sexo, repetía la noticia una y otra vez hasta que llegaba a su clímax y aunque les pagaba bien, pronto dejaron de acudir so pretexto de que estaban ya con un cliente o fuera de ciudad o se habían retirado del negocio, es que les daba mucho miedo estar con este loco que además, quería tenerlas esposadas y causarles dolor con un látigo y hacerlas llorar.

-Este sicario es similar en cuanto a su historia y ámbito en que se desarrolla que el sicario psicopático. Pero a diferencia de ése, el sicario sádico, tal cual lo indica su nombre, tiene un sadismo inminente al realzar sus torturas y ejecuciones. Destaca por su frialdad, crueldad y placer en su realización.

En este caso su principal motivación es de carácter psicológico, saciar su sed  de odio y venganza al provocar el mayor sufrimiento a sus víctimas, incluso llega a revivirlas para seguir causándoles más sufrimiento. Esta característica es la que los hace destacar. A pesar de ello, las ganancias monetarias pasan a segunda instancia como un simple reforzador de estas conductas.

En cambio a Antonio, le comenzaron a llamar el químico porque gustaba de dejar heridas a sus víctimas y sumergirlas poco a poco en ácido. Las encadenaba y con la ayuda de un tecle eléctrico, de esos usados por los mecánicos para sacar el motor de los carros, iba poco a poco introduciendo a sus víctimas en el tanque para escucharlas gritar una y otra vez. Y lo hacía lentamente porque no quería que murieran de una sola ya que esto le quitaba el gusto a su fiesta. Antonio había trabajado en una empresa comercializadora de productos químicos, donde vendían ácido a las industrias y conocía a la perfección el daño que ocasionaban al ser humano, bien sea por inhalación, por exposición de las mucosas o por contacto con la piel. Un día fue contactado por un sicario, quie le dijo que tenía que presentarse puesto que su jefe, un alto cargo dentro de la organización quería hablar con él. Se renunió en un lugar que áun no sabe donde queda puesto que lo llevaron vendado y le dieron vueltas y vueltas para que perdiera la noción. El jefe, como lo apodaban, nunca decían su nombre real, le indicó que necesitaba algunos tanques de acetona, la cual se usa como precursor para la producción de coca. Se volvió famoso porque un cierto día, le preguntó el jefe si podía deshacerse de un paquete y Antonio le dijo que sí. Su fama trascendió dentro de la organización, por lo despiadado y frío, por la crueldad con que desollaba a las víctimas, los gritos que a los demás los aterrorizaban a Antonio sólo le producían placer.

El caso de Roy Albert Demeo

 Roy Albert DeMeo, nacido en septiembre 7 de 1940 y fallecido en enero 10 de 1983 (supuestamente asesinado por un miembro de la propia familia Gambino) fue un mafioso italo-estadounidense de la familia criminal Gambino de la ciudad de Nueva York. Dirigió un grupo conocido como el "equipo DeMeo", que se hizo famoso por la gran cantidad de asesinatos que cometieron y por la forma espeluznante en que se deshicieron de los cuerpos, lo que se conoció como "el Método Gemini" que consistía en descuartizar los cadáveres para poder deshacerse más fácilmente de ellos. El “equipo” fue responsable de una gran cantidad de asesinatos, posiblemente hasta 200, y se dice que siquiera unos 70 asesinatos fueron cometidos por el propio DeMeo, quien disfrutaba del asesinato y posterior desmembramiento de sus víctimas.

TU VIDA NO VALE NADA


La práctica que llevan a cabo estos sicarios trae como consecuencia una desvalorización de la vida y una mercantilización de la muerte. A pesar de la gravedad de este tema, no existen muchos estudios en el país debido a la poca importancia que se le brinda, no se puede abarcar de alguna manera, pese a estar tipificado en el Articulo 143 del COIP. Es importante ver las cosas como son, de manera real, como hechos donde se vive un grado de violencia grande, el enfocarnos en el abandono social que se tiene, y enfocarnos en estrategias adecuadas para su tratamiento y prevención.

EL SICARIATO, UNA ALTERNATIVA FRENTE A LA REALIDAD

La cultura del éxito rápido.

Por otro lado, el impacto que ha tenido este tipo de “trabajo” y que cada vez se está viendo como una opción viable ante la falta oportunidades que tienen los jóvenes en este país. La desesperanza que tienen por un futuro digno es lo que los hace buscar estas opciones, ya que obtienen resultados de manera inmediata y es un trabajo que no exige un esfuerzo grande, así como tampoco un conocimiento de algún oficio específico. Pero este tema no sólo se puede explicar únicamente por las carencias dentro del ámbito familiar o el entorno violento y criminal donde se desenvuelven o características del individuo, sino a la suma de todos estos factores que son los que permiten el surgimiento del sicario.

NIÑOS Y JOVENES SICARIOS, LA GENERACION DESECHABLE



Sí, son desechables y ellos, los sicarios, son conscientes de esto, saben que el menor error y la traición se pagan con la muerte y a veces ni esto, porque tanto Antonio como Francisco han tenido que matar a sicarios que salieron a cometer asesinatos por encargo de sus jefes para que no quedase rastro ni pudieran ser capturados y peor aún, cantar. Su vida, cual la vida de las mariposas, es efímera.

COMIENZAN DESDE TEMPRANO



El sicariato comienza a temprana edad, ya a los 10 años, son ingresados a las filas, la estrategia siempre es la misma, algo de dinero, comida y sentido de pertenencia. Se asignan tareas meniales como ser halcones, es decir, estar alertas para avisar en caso de que se acerquen otros que pueden ser periodistas, extraños, curiosos, extraviados, gente de otro cartel, la policia o el ejercito, luego se continúa con el microtráfico en escuelas y barrios y por último, el bautizo con matar a alguien, familiar, policia o alguien del mismo cartel o de un cartel rival.

VIVIR LA VIDA LOCA



Mientras tanto, aún a sabiendas que sus días están contados, bien sea que los dé de baja la policía, la víctima les gane o la organización misma se deshaga de ellos, hay un placer momentáneo de sexo, drogas, alcohol, desenfreno, lujuria, dinero. Fiestas, modelos de televisión, chicas prepagos, carros de gama alta, hoteles de lujo, tragos caros,  mansiones en vía a la Costa o en Sambo, en ciudadelas caras, son parte de los atractivos de estar en una organización y escalar dentro de ellas.

EL CASO DE ALIAS CARA SUCIA

CARA SUCIA



Jesús M. A., alias 'Cara Sucia', de apenas 16 años, fue baleado el 26 de noviembre en los exteriores de su domicilio en Calceta. Desde un vehículo ocupado por dos personas habrían disparado en varias ocasiones contra él, según información pública. Al parecer, Cara Sucia, estuvo involucrado en algunos hechos delictivos, “incluso hay la posibilidad de que él haya participado en el ataque de un policía motorizado”, se dice, aunque esta información aún no ha sido confirmada ya que la investigaciones se encuentran en curso.

Al tratarse de un reconocido gatillero que estaría detrás de varios atentados en esa región, la Policía ordenó que dos uniformados vigilaran su traslado al hospital de Chone, y luego lo custodiaran en su habitación del hospital.

Los gatilleros, son los que salen a cobrar la vacuna, a matar alguna persona fuera del barrio. Son los que tienen que ganar méritos para avanzar dentro de la estructura de la pandilla, asesinando en territorios rivales.

Cara Sucia, según información preliminar, habría quedado cuadripléjico, razón por la cual los pistoleros decidieron conformar un comando armado, seguirlo hasta Chone y cumplir con el encargo de asesinarlo.

 Cara Sucia estaba siendo buscado por la policía desde hace dos años atrás por delitos de sicariato y tráfico de drogas, fuentes oficiales indican que sería miembro de la banda ‘Los Cornejos’, una fracción de Los Choneros que se desprendió tras la muerte de alias ‘Rasquiña’ y la orden de asesinarlo respondería a una disputa territorial por tráfico de droga entre ‘Los Cornejos’ y otra banda liderada por un sujeto que guarda prisión en la cárcel Regional del Guayas.

EL SEGUNDO INTENTO



Sujetos fuertemente armados ingresaron al Hospital Dr. Napoleón Dávila de Chone, provincia de Manabí, el pasado domingo 27 de noviembre del 2022, alrededor de las 19:00, con un solo objetivo: matar a alias ‘Cara Sucia’, quien había ingresado un día antes tras ser baleado en Calceta. Había que  terminar el encargo.

La Policía recibió la alerta de que siete individuos habían entrado al Hospital para rematar a Cara Sucia, quien se encontraba en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos).

Al no encontrarlo, se desesperaron y comenzaron a disparar para luego tomar como rehenes a cuatro personas, entre ellas una enfermera. Mientras tanto, fuera del hospital, la Policía Nacional formaba un cerco alrededor para evitar la fuga de los criminales.

En un intento por huir, salen por una puerta, usando como escudo a l enfermera, pero al ver que estaban cercados por la Policia, reingresaron al hospital. Luego, avanzan al segundo piso, habiéndose escuchado varias detonaciones sin bajas que lamentar.



Agentes especiales lograron entrar al hospital y controlaron la situación, previo a esto los delincuentes amenazaron con disparar, y la Policía también respondió con varios disparos. Finalmente, al verse cercados y en desventaja, los delincuentes bajaron sus armas y se rindieron, gracias a la rápida reacción de la Policía.

Como resultado 7 personas fueron detenidas. Se incautaron 2 fusiles calibre 5.56, 3 escopetas calibre 12, una subametralladora calibre 9 milímetros, un revólver calibre 38.2 y chalecos balísticos.



 Entre los detenidos no hay menores de edad y excepto por un Venezolano, todos son Ecuatorianos y algunos cuentan con antecedentes penales por tenencia de sustancias ilícitas.


APLICANDO LA LEY DE PARETO

Cuando nuestro actual presidente ascendió al poder, aplicando la distribución de Pareto, el problema, madre de todos los problemas que afrontaba el país, era el COVID-19, y lo enfrentó y digamos que salimos victoriosos de esta terrible pandemia, eso era lo que había que hacer, era eso lo que tocaba hacer y luego vino la reactivación económica, pero sin seguridad ciudadana no hay reactivación, de nada sirve dar préstamos grandes o pequeños, capacitar a la gente, fomentar las exportaciones, mejorar la calidad de nuestros productos, si las extorsiones, llámense vacunas, si los secuestros, si los robos, si los asesinatos por encargo son el pan de cada día, este es el gran problema que afecta al país hoy en día y si no lo resolvemos o por lo menos lo reducimos a un mínimo tolerable ya que pensar que vamos a desaparecerlo por completo es una utopía, no hay país que se reactive y lo que es peor perdemos al Ecuador y lo perdemos para que siempre.

QUE HACER?

El planteamiento de propuestas se encuentra implícito en los perfiles de los cuatro tipologías principales del sicario. Toca al gobierno realizar acciones de contención y reducción, de lo contrario, la sociedad ecuatoriana se destruye por la inacción del gobierno y de la sociedad civil que contempla desde lejos pensando que la solución a tan grave problema solo compete al gobierno. Es dable que los criminales estén amparados y la ciudadanía se encuentre en la más completa indefensión? Lamentablemente va a llegar el momento en que la sociedad civil comience a administrar justicia de su propia mano, por cuenta propia. Por qué no? Si a los indígenas se les permite la justicia indígena, por qué no al resto de la sociedad? Qué los privilegia o los hace diferentes a los demás?

Un abrazo cordial y pidamos a Dios por nuestro país para que este grave problema vaya siendo solucionado porque de lo contrario nos iremos cual TITANIC a pique.

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APENDICE I

IDEA DE SEGURIDAD Y PARTICIPACIÓN DE LOS ESTADOS

por Nina Lulushca Aguiar Mariño

Pontificia Universidad Católica del Perú, 2014

1 Ponencia presentada al Grupo de Interés (GI2) Comunicación y cultura en medio de la violencia: poderes contra-hegemónicos, del XII Congreso ALAIC, Lima 6,7 y 8 de agosto de 2014 2 Universidad Politécnica Salesiana de Quito Ecuador. lulushca @ hotmail.com

Copia Textual

Según Fernando Carrión, el sicariato es un fenómeno en crecimiento que tiene un alto grado de violencia, que genera un fuerte impacto social y que es desconocido por las autoridades. Crece en un contexto de legitimidad de las propuestas de “mano dura”, porque la población reivindica con fuerza la pena de muerte y en muchos casos la asume: allí crecen el linchamiento y el sicariato, como dos formas donde la cultura de la reciprocidad o la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) tienden a legitimarse y a producir una causación circular difícil de romperse. Es una venganza social sin mediaciones estatales, ejecutada directamente por medio de un vengador social que cobra por su servicio. (cf. Carrión: 2008)

Las sociedades de frontera en Ecuador, son en su mayoría poblaciones sin recursos y de zonas rurales; al parecer mientras más cerca está la frontera las leyes tienden a tener menos fuerza y las personas su propio código de leyes. En estas zonas parecería servir la frase que Fernando Carrión utiliza, ojo por ojo y diente por diente. Es de alguna manera común escuchar en las zonas rurales de la región, en las áreas campesinas y distantes, que las personas conciben de manera distinta la muerte y la justifican hasta aplicar la ley con mano propia. En los espacios donde se desarrolla el sicariato, se puede constatar un alto índice de violencia, en muchos casos, la delincuencia es confundida con la idea de un tipo de justicia personal y ¨social¨, involucrando a los pobladores de las áreas en riesgo y llevándolos a asumir la violencia como normal.

El proceso de desvirtualización de la idea del sicario, se ha convertido en una especie de moda, donde ¨todo el mundo¨ puede ser sicario por negocio; ahora es tan común el problema del sicariato en nuestro país que ya se ha convertido en un hecho común, al punto de encontrarse personas que venden sus servicios de sicariato por internet o con publicidad.

Peter..

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 No sólo los poderosos del narco, o en determinadas circunstancias los detentores del poder político, los capos de la mafia, serían los que pueden contratar a los sicarios, ahora ¨cualquiera¨ la señora de la esquina o el vecino puede recurrir a los servicios de un sicario, basta con dar un clic, y tener xx dólares para pactar con un sicario.

FIN

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