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viernes, 16 de enero de 2026

Las 07h00 en la Perimetral



Nota aclaratoria

Esta historia está inspirada en hechos reales. El accidente que se menciona ocurrió; sin embargo, las circunstancias, pensamientos, motivaciones y consecuencias emocionales que rodean el hecho forman parte de una construcción narrativa de mi autoría. El objetivo no es establecer culpables ni emitir juicios, sino explorar el drama humano que suele quedar oculto detrás de un accidente y reflexionar sobre la fragilidad de la vida en medio de la rutina cotidiana.

La Historia

A las siete de la mañana la Perimetral no despierta: ruge.

Cuatro carriles tensos, tráileres cargados de madrugada, buses que ya llegan tarde, motos que se filtran como pensamientos apurados. El aire huele a diésel y a prisa.

Él iba por el carril izquierdo.

Casco puesto. Chaqueta gastada.

Un motociclista más, anónimo para todos, imprescindible para alguien.

No corría. Tampoco dudaba.

Hasta que algo —mínimo, brutal— lo atravesó por dentro.

¿Por qué se detuvo?

No fue una falla mecánica.

Fue un recuerdo.

En el tablero vibró el celular. No sonó, pero vibró lo suficiente para sentirse en el pecho. Un nombre apareció, apenas un segundo antes de que él soltara el acelerador:

“Mamá”

No contestó. No podía.

Pero algo se rompió ahí.

Habían discutido la noche anterior.

Nada grave. De esas discusiones que se dejan para “mañana hablamos”.

Mañana siempre parece un derecho adquirido.

Pensó en detenerse solo un segundo.

Respirar.

Orillarse después.

Pero el cuerpo a veces obedece antes que la razón.

Y en medio del carril izquierdo, en la vía más cruel para el error, detuvo la marcha.

Tal vez quiso llorar.

Tal vez solo cerrar los ojos un instante.

Tal vez pensó: “solo un segundo”.

Lo que pasó por su cabeza

No vio el tráiler.

Pensó en su hija —siempre en su hija—

en que no había llevado el cuaderno azul a la escuela,

en que el sueldo no alcanzaba,

en que debía cambiar la llanta trasera de la moto.

Pensó, absurdamente, que todavía estaba a tiempo de enderezar muchas cosas.

No hubo miedo.

No hubo dolor.

El impacto fue seco. Definitivo.

La muerte fue inmediata.

No sufrió.

Eso dicen. Y esta vez es verdad.

El tráiler

El chofer no venía distraído.

Venía cansado.

Había salido de madrugada.

Horas sin dormir bien.

Un peso imposible detrás y una distancia de frenado que no perdona.

Vio la moto detenerse.

Pisó frenos.

El mundo se le vino encima.

No pudo hacer nada.

El ruido lo perseguirá toda la vida.

No escapó.

Se bajó temblando.

Gritó por ayuda.

Se sentó en el asfalto, con la cabeza entre las manos, repitiendo una frase inútil:

—No lo vi parar… no lo vi parar…

¿Homicidio involuntario?

La ley hará lo suyo.

Habrá un parte.

Habrá titulares pequeños, sin rostro.

“Motociclista fallece en la Perimetral.”

Investigaràn.

Peritajes.

Distancias.

Frenos.

¿Lo acusarán?

Probablemente sí.

Porque alguien debe cargar con la palabra responsable, aunque nadie haya querido matar a nadie.

¿Lo dejarán libre?

Tal vez, después.

Pero antes vendrán noches en vela, declaraciones, el miedo de perderlo todo por un segundo ajeno.

Si lo encarcelan, su familia también caerá.

Una esposa que no entiende cómo un accidente puede convertirse en condena.

Hijos que preguntarán por qué papá no llega.

Dos familias destrozadas.

Ningún culpable verdadero.

La familia del motociclista

A las 08h15 alguien golpea una puerta.

Una madre siente el frío antes de escuchar la noticia.

Una hija deja de ser niña sin saberlo.

Una silla queda vacía para siempre.

Nadie les explicará que él no sufrió.

Eso no consuela.

Nunca consuela.

Solo quedará la pregunta que no tiene respuesta:

—¿Por qué se detuvo?

Y la culpa inútil:

—Si hubiera salido cinco minutos después…

—Si no hubiera discutido…

—Si hubiera contestado el teléfono…

Epílogo

La Perimetral seguirá rugiendo mañana.

Los tráileres pasarán.

Las motos se filtrarán.

El asfalto no recordará nada.

Pero dos hogares sí.

Porque a veces la tragedia no nace de la imprudencia ni del crimen,

sino de algo mucho más humano y peligroso:

un segundo de quiebre en medio de un mundo que no sabe detenerse.

sábado, 10 de enero de 2026

Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro



Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro

En los últimos meses, la realidad de nuestra sociedad se ha vuelto demasiado evidente y demasiado inquietante para seguir ignorándola. Asesinatos selectivos, hechos de violencia en espacios cotidianos y nombres que antes solo aparecían en las noticias hoy forman parte de una conversación recurrente. No son episodios aislados: son señales.

Durante años nos convencimos de que la violencia estaba “en otro lado”. Que existían territorios ajenos al conflicto y burbujas de protección: urbanizaciones cerradas, garitas, vigilancia privada, estatus social. Creímos que eso nos hacía inalcanzables. Hoy, esa ilusión se desvanece.

La violencia atraviesa muros, rompe geografías simbólicas y deja un mensaje inquietante: no hay persona ni lugar donde no se pueda llegar. No se trata solo de matar; se trata de demostrar poder, de instalar miedo, de recordar que nadie está completamente a salvo.

A esto se suma una impunidad que se disfraza de corrección jurídica. Narcotraficantes y criminales peligrosos recuperan la libertad por “fallas técnicas”, mientras se invoca un discurso elegante sobre derechos humanos. Suena bien en el papel. En la práctica, significa devolver a la calle a quien ya ha demostrado desprecio absoluto por la vida y la ley. Ya no solo es Ecuador, esta semana fué España.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿dónde quedaron la conciencia, el remordimiento, la compasión? Tal vez nunca estuvieron donde quisimos verlas. Tal vez esperamos humanidad donde solo hay vacío, cálculo y violencia como lenguaje.

Cuando el Estado falla en garantizar seguridad y justicia, no solo fracasa una institución: se erosiona la confianza social, se normaliza el miedo y se degrada la vida cotidiana. Cafeterías, canchas, barrios, espacios comunes dejan de ser lugares y se convierten en escenarios posibles de tragedia.

Nombrar esta realidad no es alarmismo; es lucidez. Y la lucidez, aunque incómoda, es necesaria. Porque una sociedad que permite que la violencia se normalice y la impunidad gobierne, no está viviendo: está esperando su próximo cadáver. Y cada día, con cada falla, nos acerca a ese futuro que nadie quiere, pero que estamos construyendo sin oposición.

Las soluciones fáciles —más armas, más cárceles, garitas reforzadas— funcionan solo como parches temporales. Contienen el reclamo, pero no rompen el ciclo. La violencia no se detiene con miedo ni fuerza; se detiene construyendo justicia real, oportunidades, educación y una ética colectiva que vuelva a colocar la vida en el centro.

Mientras tanto, seguimos caminando por calles que antes eran seguras, entre luces que parpadean como advertencias silenciosas. Cada sombra, cada silencio, nos recuerda que no basta sobrevivir: debemos despertar y exigir, antes de que el vacío se haga dueño de todo lo que amamos.


Mientras tanto, seguiremos comentando desde la comodidad de nuestros celulares, protegidos por pantallas y burbujas que creemos seguras, desplazando la violencia con el dedo como si fuera una noticia más. Rogaremos, en silencio, que ese día no nos toque, que el nombre sea otro, que el lugar sea ajeno. Así, entre la indiferencia y el miedo, no cambiamos nada: solo esperamos. Y esperar, en un país donde la violencia avanza y la conciencia retrocede, no es neutralidad; es una forma lenta y elegante de rendirse.




domingo, 30 de noviembre de 2025

CLAUDIA: LA VERDAD DESNUDA

 


Claudia no llegó a Suiza buscando amor.

Llegó huyendo del caos.

Creía que un país ordenado, limpio, exacto, también ordenaría su vida.

Pero la violencia no necesita barrios pobres ni calles peligrosas.

A veces solo necesita un hombre educado, con buen sueldo y cero alma.


Éric entró en su vida como entran los depredadores más eficientes:

sin levantar sospechas.

Era encantador, puntual, atento, culto.

Ese tipo de hombre que toda amiga envidiaría y toda suegra adoraría.

Ese tipo de hombre que se te mete en la vida sin avisar…

y luego se la come desde adentro.


Los primeros meses fueron un espectáculo perfecto.

Regalos.

Cenas.

Mensajes.

Mi amor latino”, le decía.

Una frase que Claudia al comienzo encontraba romántica

y que con el tiempo entendería como lo que realmente era:

una advertencia.

Para él, ella era una cosa exótica.

Algo para exhibir.

Algo que podía moldear.

Algo que podía quebrar cuando le diera la gana.


Porque el quiebre comenzó antes de los golpes.

Siempre es así.

Primero te rompen por dentro


—Esa amiga tuya habla demasiado.

—No entiendo por qué necesitas tanto a tu familia.

—Ese vestido te queda vulgar.

—¿Y tú por qué tardas tanto en responder?


Pequeñas frases.

Pequeños roces.

Pequeñas grietas.

Hasta que un día, sin darte cuenta, ya estás caminando sobre vidrio.


El primer empujón llegó como un reflejo:

Éric estaba molesto, ella defendió su punto de vista, y él la agarró del brazo como si apagaba un cigarrillo.

Ella cayó.

Él lloró.

Y Claudia pensó que cuando un hombre llora, es porque hay esperanza.


No, Claudia.

Cuando un hombre te empuja y llora después,

lo único que llora es la máscara.


Los golpes siguientes fueron más precisos.

Éric no era torpe.

Sabía dónde pegar para no dejar morados visibles.

Sabía cuándo: siempre cuando no había testigos.

Sabía cómo manipularla para que sintiera culpa.

El tipo era un artista de la violencia.

Y Claudia, atrapada entre miedo y vergüenza, dejó de resistirse.

Porque resistirse significaba empeorarlo.

Porque denunciarlo significaba perderlo todo.

Porque admitirlo significaba aceptar que su vida perfecta era una mentira.


La soledad hace el resto.

Te encierra.

Te silencia.

Te mata de a poquitos.


La noche en que Claudia tocó fondo, Zúrich brillaba con luces navideñas.

Las calles olían a vino caliente.

La ciudad estaba hermosa.

Y Claudia estaba en el baño, sangrando por la boca, con una mejilla hinchada y las manos temblorosas.


Éric había salido después de golpearla.

No por remordimiento:

para dejarla sintiendo que podía matarla cuando quisiera.


Ella abrió el cajón.

Sacó un frasco de pastillas.

Lo sostuvo como quien sostiene una despedida.


No lloró.

No gritó.

No pidió ayuda.

El dolor la había vaciado tanto que no quedaba energía ni para el drama.

Solo una calma fría, práctica, como una mujer que dobla ropa antes de mudarse.


Pensó:

“Si me voy, por fin se acaba.”


Y ahí estuvo:

el momento exacto donde una vida se parte en dos.

O te matas, o vives.

No hay discurso motivador.

No hay ángel.

No hay milagro.

Hay un segundo.

Uno.

Donde decides si te apagas o si regresas del infierno arrastrándote con lo poco que queda de ti.


Claudia no soltó las pastillas por esperanza.

Las soltó por rabia.

Porque se dio cuenta de algo brutal:


No iba a morir para que Éric siguiera respirando tranquilo


Guardó el frasco.

Se limpió la sangre con papel higiénico.

Se puso un abrigo.

Y salió.


Caminó horas.

Hasta que encontró un centro de ayuda para mujeres.

Entró.

Habló.

Se quebró.

Y por primera vez en un año, alguien la miró sin juzgarla.


—No vuelvas a esa casa —le dijeron—. No vuelvas a él.


Con ayuda de la policía, recuperó sus cosas.

Éric lloró.

Suplicó.

Prometió cambiar.

Hizo todo el teatro.


Claudia lo miró fijo.

Por primera vez sin miedo.

Y entendió algo simple y devastador:


Éric nunca fue un monstruo oculto.

Fue exactamente quien siempre fue.

Ella solo dejó de negarlo.


Hoy vive en un departamento pequeño, lejos del lago, lejos del lujo, lejos del miedo.

No tiene pareja.

No quiere.

Está reconstruyendo su cabeza, su cuerpo, su vida.

Sin prisa.

Sin permiso.

Sin vergüenza.


Entendió que la violencia no tiene pasaporte.

Que no es un problema de clase, país o cultura.

Es un problema de almas rotas que buscan romper a otros.

Y de personas que, por amor o por heridas viejas, no ven la trampa hasta que casi pierden la vida.


Claudia no habla de su historia para que la admiren.

La cuenta para que otra mujer —o un hombre— entienda algo antes de que sea tarde:


El primer golpe nunca es el primero.

El primer golpe fue la palabra dulce que te hizo bajar la guardia.

Y el último no existe,

porque el último siempre te mata.


viernes, 3 de octubre de 2025

CRONICA DEL 2060

 

Algunos de la generación del siglo XX habrán llegado vivos hasta el 2060, sostenidos por la medicina genética, los nanobots y los trasplantes impresos en laboratorio. Pero lo que encontrarán será un mundo tan distinto, que quizás se pregunten si valió la pena vivir tanto para ver tanto.

La tecnología nos habrá superado. Las máquinas pensarán, decidirán, crearán. El ser humano, desnudo de su alma, quedará reducido a un cuerpo intervenido, modificado, reciclado. La mezquindad, sin embargo, seguirá intacta: la codicia y el egoísmo no se habrán extinguido, sino refinado con herramientas nuevas.

En ese escenario, los géneros se multiplicarán, las identidades serán fluidas hasta lo inabarcable. Pero más allá del cuerpo, la gran pregunta seguirá siendo si todavía habrá un espíritu, una esencia, un “alma” que dé sentido a tanta mutación.

💭 ¿Y dónde queda el amor en el  2060?

En un mundo saturado de pantallas, algoritmos y cuerpos intervenidos, el amor corre el riesgo de ser la gran víctima invisible del progreso. En el 2060, quizás muchos ya no lo busquen como vínculo del alma, sino como un servicio más en la vitrina digital.

El amor físico quedará reducido a contratos temporales, encuentros programados por aplicaciones que garantizan compatibilidad biológica o placer inmediato. Será un intercambio eficiente, sin misterio, sin fragilidad, sin esa chispa de lo imprevisto que antes hacía latir el corazón.

En el plano virtual, proliferarán relaciones donde dos seres no se toquen nunca. Avatares perfectos reemplazarán la imperfección humana, simulando ternura, pasión o compañía con una fidelidad engañosa. Miles creerán amar, pero en realidad estarán acariciando un espejismo diseñado por software.

La pregunta es si el amor, como lo entendimos en siglos pasados —esa entrega total, esa locura que hace que alguien renuncie a sí mismo por otro— podrá sobrevivir en un tiempo donde todo se calcula, todo se programa, todo se controla.

Tal vez quede reducido a un recuerdo, a una nostalgia heredada de abuelos y bisabuelos que se atrevieron a creer en lo imposible. O quizás, en medio de tanta frialdad digital, resurja como un acto de rebeldía: amar de verdad, sin algoritmos, sin contratos, sin pantallas.

Porque en 2060, tal vez la mayor revolución no sea tecnológica, sino emocional: atreverse a sentir de manera auténtica en un mundo que ya no cree en sentimientos.

Un mundo nuevo y distinto, sí. Pero también un espejo de lo mismo de siempre: la lucha por sobrevivir, por dominar, por no ceder lo poco que tenemos.

FIN

domingo, 20 de abril de 2025

"El Gran Reparto: Manual para Premiar a los Leales"

 Introducción

Con la reciente posesión del nuevo gobierno, arranca también una noble tradición nacional: la repartición de puestos inútiles para los leales de la campaña. Empresarios que aportaron “sin esperar nada a cambio”, tías que prestaron el patio para las reuniones, influencers que retuitearon sin parar, y hasta el primo que consiguió 500 votos con promesas de techos de zinc. Todos exigen su retribución, y el Estado, siempre creativo, responde con lo que mejor sabe hacer: inventar cargos. Nacen así direcciones, secretarías, subsecretarías y observatorios de funciones tan vagas como innecesarias, con títulos rimbombantes, sueldos generosos, y descripciones que suenan a algo pero no hacen nada. Este documento recoge esas joyas del absurdo administrativo, donde el único mérito es haber estado cerca del poder cuando había pancarta, tarrinas, $20 para viáticos y un tour a algún pueblo donde se necesitaba esa demostración voluntaria y espontánea de apoyo al candidato.

Alocución del Presidente Entrante

Cadena nacional. Transmitido en todos los medios. Aplausos grabados de fondo.

“Queridos compatriotas:

Hoy iniciamos una nueva era de transformación, esperanza y gratitud bien remunerada. Porque un gobierno que no honra sus compromisos de campaña, ¿qué clase de gobierno sería? Por eso, con profundo respeto por la democracia participativa (y recíproca), hemos decidido crear cargos estratégicos, fundamentales para el desarrollo simbólico de nuestra nación. Estos héroes anónimos que, en su momento, donaron empanadas, pusieron su camioneta, o repostearon nuestras promesas 48 veces al día, hoy reciben el lugar que se merecen: con escritorio, aire acondicionado y viáticos.

A ellos —los verdaderos patriotas del merchandising electoral— les decimos: gracias. Ustedes no solo creyeron en nuestro proyecto, lo financiaron sin saberlo con su tiempo, su wifi, y en muchos casos, su billetera. Y ahora, el pueblo les responde con dignidad presupuestaria.

¡Viva la lealtad organizada! ¡Viva la Gran República Revolucionaria de la Libertad”

Gran República Revolucionaria de la Libertad

Ministerio de Compromisos Asumidos y Favores Mutuos

DECRETO EJECUTIVO N.º 0001-B/200X?

"Por cuanto el pueblo así lo ha decidido, y por cuanto no podemos dejar colgados a los que pusieron el alma, el villegas, el sudor y el toldo para la campaña..."

EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA GRAN  REPUBLICA REVOLUCIONARIA DE LA LIBERTAD

En uso de sus atribuciones, considerando:

Que la Patria es agradecida cuando hay presupuesto,

Que ningún toldo se arma solo, ni se reparte volantes sin ampollas,

Que la democracia se fortalece no solo con votos, sino con tarimas y micrófonos prestados,

Que es de justicia elemental premiar al compadrazgo leal, al cuñado comprometido y al influencer convencido,

DECRETA:

Artículo Único.-

Se decreta la creación de los siguientes cargos de alto interés estratégico nacional, concebidos con el noble propósito de reconocer el compromiso, sacrificio y profunda entrega de aquellos ciudadanos patriotas que, con generosidad sin límites (y bolsillos también), contribuyeron al triunfo del actual proyecto de gobierno. Los cargos que a continuación se detallan constituyen pilares fundamentales para el desarrollo horizontal de la patria, la estabilidad emocional del aparato estatal, y la justa redistribución de la riqueza ajena.

1. Viceministerio de Coordinación Estratégica de Encuentros Casuales con la Ciudadanía

Descripción: Diseña y ejecuta saludos improvisados del presidente en mercados, peluquerías y estaciones de bus. Se asegura de que haya cámaras y niños pequeños disponibles para ser abrazados.

Beneficiado: Gumersindo Tapia, primo del cuñado del jefe de campaña. Donó 1.000 gorras con el logo del partido y 2 parlantes con bluetooth.

2. Dirección Nacional para la Preservación de la Memoria Emocional del Voto

Descripción: Lleva registro no verificable de las “buenas intenciones” de los votantes. Organiza actos conmemorativos del "día en que votaste con esperanza".

Beneficiada: Lic. Cleotilde Campoverde, psicóloga sin título pero con amplia experiencia en TikTok político, experta en desinformación.

3. Subsecretaría de Supervisión Transversal de Protocolos Duplicados y Papelería Innecesaria

Descripción: Se encarga de verificar que todos los formularios creados por otras instituciones sean impresos en papel opaco y tengan al menos cinco sellos.

Beneficiado: Alfredo Patiño, financista de tercera línea, dueño de la imprenta que ganó la licitación… antes de que se colgara el pliego en el portal de "Compras Púbicas".

4. Observatorio Binacional de la Ética en las Reuniones de Café Institucional

Descripción: Vigila que durante los descansos con café en los ministerios se hable de temas éticos, aunque nadie sepa qué significan. Publica boletines con frases inspiradoras bajadas de Pinterest.

Beneficiada: Marianela Roldán, coach de energía femenina, madrina del perro del ministro de Cultura, no confundir con que el Ministro de Cultura sea un perro aunque de verdad lo fuese, yo no lo sé, a mí no me metan en ese lío.

5. Coordinación General de Inclusión de Especies Endémicas en la Narrativa Patriótica Escolar

Descripción: Redacta cuentos para escuelas públicas donde héroes nacionales luchan junto a iguanas, colibríes y anfibios amenazados. Aún no ha producido nada, pero ya ha viajado a tres congresos de adoctrinamiento en alguna isla de las Antillas Mayores donde se fuman habanos. Se dice que tiene maestrias, algunas  en adiestramiento de la niñez, juventud y lavado de cerebro en textos escolares. Azúca. 

Beneficiado: Tito Loor, exprofesor de guitarra del vicepresidente. Le enseñó “Hasta la Victoria Siempre” del insigne poeta Dn Eloy Alfaro quien murió en 1912 pero que en 1965, desafiando las leyes de la mortalidad, compuso este, en narco-corrido, como debe de ser.

6. Oficina de Implementación Lenta de Iniciativas que Parecen Importantes

Descripción: Se especializa en demorar proyectos de impacto inexistente para que parezcan complejos. Reuniones semanales con PowerPoint, sin decisiones ni plazos.

Beneficiada: Jenny Ávila, influencer de maquillaje patriótico. Se viralizó pintándose la cara con los colores del partido. Qué aporte!! Tremenda heroína.

7. Secretaría Técnica de Evaluación del Impacto Sonoro del Himno Nacional en Zonas Rurales

Descripción: Encargada de realizar estudios cualitativos sobre cómo afecta emocionalmente el himno a comunidades agrícolas, usando grabaciones con drones, entrevistas a gallinas y hasta a gallos de medianoche.

Beneficiado: Rodolfo Quesada, dueño del dron. Cobró como si fuera satélite y de la NASA.

8. Unidad de Asesoría Estratégica Innecesaria de la Vicepresidencia de la República



Compuesta por 200 cargos de Asesor(a) Especial de Confianza Desmedida, con el objetivo de brindar acompañamiento, respaldo, y justificación estética a las labores del segundo mandatario. Estos asesores podrán especializarse en materias tales como Geopolítica de la Seducción Institucional, Manejo de Redes Afectivas, Interpretación de Silencios Presidenciales, Análisis de Miradas Cruzadas, Gestión de Sombras en Fotografías Oficiales, Evaluación de Climas de Hostilidad en Recepciones de Embajadas, entre otros campos estrambóticos que se consideren inútiles o simplemente decorativos.

Cada asesor tendrá derecho a:

-Estadía continua en hotel de tres estrellas en la capital (con desayuno incluido);

-Vehículo oficial con chofer entrenado en maniobras evasivas frente a periodistas;

-Ocho pasajes aéreos mensuales ida y vuelta a la capital (clase económica con posibilidad de upgrade si se porta bien) en la única aerolínea estatal de su preferencia;

-Viáticos generosos;

-Y toda otra prebenda que el Vicepresidente, en uso de su discrecionalidad emocional, considere pertinente, como viajes internacionales, ropa de diseñador, joyas, caprichitos, comida gourmet en restaurante de lujo, ocupación en habitación presidencial en hotel de siete estrellas, etc.

Estos cargos podrán ser ocupados por personas con perfiles variados, incluyendo pero no limitándose a: compadres, excompañeros de colegio, ahijados sin rumbo, entenados aplicados, exnovias políticamente alineadas, mozas, amantes o cualquier ciudadano o ciudadana que haya demostrado fidelidad al proyecto de vida del Vicepresidente.

9. Nómbrase al ciudadano Peter Slim, primo del suscrito, como Presidente Supremo No Reconocido del Banco Central


Cargo de naturaleza espiritual, ornamental y estratégicamente necesario, para el cual ha presentado los documentos habilitantes requeridos, incluyendo un título universitario expedido por la renombrada Universidad Virtual “San Online de Connecticut del Sur”, acompañado de sellos en alta resolución y firma escaneada. Este cargo gozará de las siguientes prebendas: oficina con vista al parqueadero, escritorio de caoba con compartimiento secreto para escapadas discretas, asistente personal con manejo básico de la tabla del 1, guardaespaldas con sentido del humor, teléfono satelital con saldo ilimitado de la operadora del estado, viáticos sin tope ni necesidad de justificativo alguno, membresía vitalicia al club de golf del Banco del Estado, y acceso prioritario al bufé ejecutivo, incluso los viernes por la noche con trago incluido, pudiendo invitar a cuantas personas considere necesario. En caso de que la oposición, el periodismo corrupto o cualquier gordita horrosa con sed de protagonismo pongan en tela de duda este noble nombramiento, se autoriza desde ya su salida del país con destino a Miami, donde deberá cumplir con un compromiso familiar impostergable: la bendición de un jacuzzi. Yo pongo las manos en el fuego por él, porque como lo dice la canción: volveré, volveré… aunque sea por Zoom o cuando ya haya prescrito la causa por la cual se lo buscare, si fuere el caso.

10. Créase el Ministerio de la Felicidad Plena, Alegría Sostenible y Sonrisas Intermitentes



Con rango constitucional, presupuesto ilimitado y competencias difusas, su misión será garantizar que todos los ciudadanos aparenten estar felices, incluso en circunstancias adversas. Este Ministerio tendrá la facultad de medir el nivel de felicidad por decibelios de carcajada, regular el uso obligatorio del emoji sonriente en toda correspondencia oficial, y organizar festivales de optimismo con artistas reciclados. Su sede principal estará ubicada en una zona turística con vista al mar (para inspirar), y contará con subsecretarías como “Gestión de la Risa Espontánea”, “Control de la Melancolía Tóxica” y “Monitoreo de Caras Largas en Espacios Públicos”.

Todos los funcionarios del Ministerio deberán vestir su uniforme oficial de payaso de gala, con moño fosforescente, zapatos número 62 y sonrisa fija reglamentaria. Además, todas las instituciones del Estado estarán obligadas a contar con al menos un árbol, aunque sea artificial, el cual deberá ser abrazado diariamente por los funcionarios en señal de conexión espiritual, gratitud ecológica y cumplimiento con el KPI de ternura. En caso de que el árbol manifieste molestia por tanto contacto innecesario, se le concederá vacaciones pagadas en un vivero de su elección.

Para garantizar la felicidad del Ministro, y en virtud de lo estresante que resulta lidiar con tanto optimismo forzado, se le otorgará un estipendio anual de un millón de dólares, libre de impuestos, para cubrir terapias de risoterapia, retiros espirituales en Bali, y la reposición de sonrisas desgastadas por el uso excesivo.

11. Créase la Secretaría Nacional para la Promoción, Difusión, Aplicación y Reaplicación Interseccional de la Teoría de Género con Enfoque Descentralizado, Inclusivo, Multicolor y Fluido



Entidad adscrita al Ministerio del Discurso Elevado. Esta secretaría tendrá por misión garantizar que todos los organismos del Estado, desde la Presidencia hasta el Registro Civil de Anfibios Domésticos, adopten un lenguaje y enfoque que contemple las más de 178 identidades de género reconocidas (y las que se reconozcan en el futuro, conforme se sientan).

Entre sus funciones está:

-Redactar manuales de etiqueta inclusiva para ascensores públicos.

-Vigilar que los baños estatales ofrezcan opciones para todos los espectros del alma.

-Dictar talleres de deconstrucción emocional obligatoria a choferes del Estado.

-Reemplazar todos los letreros de “Hombres” y “Mujeres” por “En constante búsqueda”.

-Auditar cuentos infantiles para eliminar toda narrativa que sugiera que una princesa no puede ser herrera, dragón o licuadora si así lo siente.

El personal de esta Secretaría será seleccionado exclusivamente por su nivel de sensibilidad emocional, número de pronombres autopercibidos, y experiencia escribiendo tuits reflexivos. Cada funcionario recibirá un kit de bienvenida que incluye pañuelo no-binario, espejo para autoafirmación diaria, y un silbato para alertar sobre micromachismos flotantes.

Se autoriza un presupuesto anual de cifras tan fluidas como su enfoque, y se declara feriado nacional el Día de la Autopercepción Ilimitada.

12.Créase la figura del Gestor Estratégico de Paz Popular, Participativa, Preventiva y Permanente (GE4P)



Su misión es salvaguardar la armonía nacional mediante la presencia pasiva-agresiva en esquinas, ferias patrióticas, colas del gas y comentarios de redes sociales. Este cargo será ocupado exclusivamente por ciudadanos con un sólido historial en agitación “no violenta” y gran capacidad para gritar “¡que viva la revolución!” sin importar el contexto ni la hora.

Los GE4P estarán debidamente uniformados con chalecos reflectivos que dicen “Estoy en paz, pero armado de razones” y llevarán consigo silbatos de convivencia, pancartas enrollables con frases motivacionales del Ejecutivo, y una libreta para apuntari, “actitudes sospechosas de neoliberalismo”.

Sus funciones incluirán:

-Mediar conflictos entre vecinos mediante cantos colectivos de consignas.

-Detectar signos de descontento individual y reconducirlos hacia el entusiasmo obligatorio.

-Dar abrazos ideológicos en puntos estratégicos⅚ (previa autorización del Comité de Contacto Corporal) o uno que otro porrazo para que se vayan acostumbrando a lo que se les vendrá mas adelante.

-Documentar todo lo que huela a saboteo, sarcasmo o a pastel de carne pero sin carne.

Tendrán derecho a viáticos, dos desayunos diarios (ideológicos), acceso ilimitado a fotocopiadoras comunitarias, y un bono mensual en papel moneda coleccionable (ecuadólares).

El rol de los GE4P será vital para asegurar que todos los ciudadanos vivan en paz, o al menos que finjan lo suficiente como para que parezca que sí y en lineamiento con lo determinado por el Ministerio de la (In)Felicidad.

13. Créase la Secretaría Nacional de Armonización del Discurso Único y Propaganda Popular Ilustrada (SENADUPPI)

Ente rector y exclusivo para canalizar, aprobar, modificar, censurar, reencuadrar, suavizar, musicalizar y eventualmente inventar toda comunicación institucional, sea esta en radio, prensa, TV, redes sociales, palomas mensajeras o grafitis espontáneos.

La SENADUPPI se encargará de velar porque cada afiche de obra pública tenga el rostro del Presidente al menos tres veces: una de frente, otra en gesto pensativo, y una más abrazando simbólicamente al pueblo. Su logotipo será obligatorio hasta en los sobres de azúcar en las cafeterías estatales, y toda frase oficial deberá contener al menos una de estas palabras: “caminamos”, honestidad”, “respeto”, “transparencia” y cualquier otra lindura de esas que se dicen por decir pero que a la primera se atropellan.

El presupuesto de la Secretaría será discrecional, patriótico y proporcional al ego colectivo de sus directivos. Se prevé un gasto inicial de mas de mil millones de dólares, desglosado en honorarios profesionales, comisiones de inspiración, gastos de “creatividad subjetiva” y un ítem misterioso denominado “conceptualización transrevolucionaria”, cuyo destino es incierto.

Sus campañas más emblemáticas incluirán:

“El Gobierno eres tú, pero más bonito.”

“La libertad es peligrosa, déjala en nuestras manos.”

“Sin nosotros, tú no existirías (y lo sabes).”

El o la titular de la SENADUPPI será elegido/a mediante casting cerrado, con puntaje adicional si tiene experiencia actuando en cuñas patrióticas, leyendo teleprompters sin pestañear, o llorando al ver la bandera. El cargo incluye vehículo blindado con karaoke revolucionario, acceso ilimitado a tintes para cabello (según el color institucional), y una línea directa con el Presidente para recibir instrucciones de última hora, eslóganes místicos o poemas en rima consonante.

14. Crease la Secretaría Nacional de Proyectos Monumentales, Milenarios, Visionarios y Absolutamente Inútiles (SENAPROMIVI)



Resumen de funciones:

La SENAPROMIVI será la institución encargada de diseñar, promover y jamás concluir los más grandiosos, costosos e innecesarios proyectos de infraestructura del país. Entre sus funciones destacan: conceptualizar represas donde no hay ríos, hospitales con alas enteras que permanecerán cerradas por ¿falta de personal nacional?, aunque para las otras alas se contraten médicos foraneos de paises amigos, universidades futuristas en mitad del monte con estudiantes pero sin infraestructura ni profesores, autopistas que no conectan a ningún destino útil, y refinerías que refinan excusas en vez de petróleo. También gestionará satélites de papel maché y expropiaciones creativas de empresas funcionales, para entregarlas a patriotas sin experiencia gerencial, pero con camisetas del partido y muy pero muy duchos en hacer fiesta con plata ajena.

Objetivos estratégicos:

-Gastar un mínimo de algunos millones de dólares por idea.

-Usar palabras como “revolución”, “cambio estructural” y “soberanía tecnológica” en toda presentación.

-Asegurar que el 70% del presupuesto se vaya en consultorías y estudios que terminen archivados por inútiles, los estudios, no los que lo archivaron, bueno, ellos también.⁶5⁵²

-Otorgar los contratos de obra a empresas del primo del cuñado del exministro.

-Inaugurar maquetas con banda y cortina tricolor cada trimestre.

Prebendas:

El titular de la SENAPROMIVI tendrá a su disposición un helicóptero para sobrevolar terrenos baldíos donde se "proyectan" las obras. Su salario incluirá un bono de “visión estratégica”, pasajes internacionales para visitar obras similares que tampoco sirvieron en otros países, y derecho a una mansión estatal con jacuzzi ecológico.

15. Zubsecretaría Nacional de Optimización de Megaproyectos Innecesarios (ZUNOMIN)


Se aclara que el uso de la Z se justifica por ser una "Zubsecretaría Hinqlucybababa" 

Misión institucional: Respaldar, justificar y maquillar técnica y financieramente cualquier obra pública que haya costado 10 veces más de lo necesario, que no funcione o que simplemente no tenga sentido. Entre sus atribuciones está garantizar que jamás falte una cinta tricolor para cortar, un dron para grabar desde el aire, y un presentador entusiasta que diga que “esto cambiará la historia del país”.

Funciones resumidas:

-Emitir informes con gráficos coloridos que validen represas sin agua, escuelas sin alumnos, obras inauguradas jamás iniciadas y hospitales sin médicos locales pero con médicos de paises amigos.

-Crear narrativas que vinculen la construcción de monumentos absurdos con la soberanía, la justicia social o el “cambio de matriz productiva o energética con cocinas eólicas”.

-Organizar visitas guiadas para la prensa amiga, donde no se puede preguntar nada, pero se entrega una “mochila institucional” con galletitas, tarrina con encebollado y USBs llenos de renderizaciones.

-Sugerir nuevos nombres inspiradores para obras fracasadas, tales como “Ciudad Futuro”, “Hospital Esperanza Eterna” o “Satélite del Pueblo II (ahora sí funcionará)”.

-Coordinar con la Secretaría de Armonización de Mensajes (SAM) para que ningún ciudadano tenga tiempo de preguntarse “¿Y esto para qué sirve?”

Personal clave: Contará con un plantel de asesores especialistas en ingeniería retórica, arquitectura de la apariencia, planificación simbólica y economía de la fe.

Remuneraciones y Prebendas:

El Subsecretario General gozará de una remuneración mensual de $18,000 USD, más un bono vitalicio por “lealtad a la causa”, equivalente al 15% de toda obra mal hecha pero bien justificada.

Cada asesor principal recibirá $9,999 USD mensuales, para evitar redondeos sospechosos.

Todos los funcionarios de la ZUNOMIN tendrán derecho a:

-Vehículo de alta gama blindado, con chofer entrenado para evadir preguntas de periodistas.

-Estancia perpetua en suites de hoteles cinco estrellas durante visitas a obras inconclusas.

-Bono trimestral de “optimismo institucional” por mantenerse positivos ante auditorías.

-Viáticos internacionales para estudiar modelos de megafracaso en países hermanos.

-Fondo discrecional de maquillaje técnico-contable.

En Navidad, recibirán una canasta valorada en $2,500 USD, que incluye una réplica en miniatura de un elefante blanco firmada por el Subsecretario.

16. Créase el Ministerio de la Verdad Verdadera y la Unidad Fragmentada


Este ministerio tiene como misión principal garantizar que la información oficial sea la única verdad posible. Entre sus funciones se incluye reinterpretar los hechos según convenga al relato del momento, promover la división entre clases para proteger al pueblo de sí mismo, fomentar la desconfianza intergeneracional como acto de emancipación y diseñar campañas de odio selectivo para fortalecer la cohesión emocional del régimen. Además, vigilará redes sociales, tertulias familiares y conversaciones entre vecinos, para asegurar que el pensamiento único florezca con libertad condicionada.

Prebendas del cargo:

El Ministro de la Verdad Verdadera contará con inmunidad cuántica (no está ni culpable ni inocente hasta que se le vea), avión presidencial para recorridos internos, bono de sinceridad narrativa por cada falsedad viralizada, derecho a cancelar personas sin juicio previo, y un fondo discrecional para contratar trolls premium y bots con doctorado. Además, cada subsecretario recibirá un estipendio emocional y un busto suyo en la entrada del ministerio por cada fake news exitosa.

17. Créase el logo de La Gran República Revolucionaria de la Libertad


Patria de promesas eternas y verdades escasas, luce un escudo gigantesco sostenido por dos burócratas sonrientes que se pisan la manguera entre sí. Al centro, un árbol de papel simboliza el ecologismo de escritorio y la felicidad ciudadana manifiesta, flanqueado por una paloma que porta una orden de captura y un cóndor que vuela en círculos porque no encuentra futuro. En la parte inferior, una cinta tricolor lleva el lema nacional, con letras doradas y presupuesto millonario: “SI NO FUNCIONA, LO HACEMOS MÁS GRANDE”. Un logo que, como el país que representa, no funciona… pero deslumbra a los incautos y a los fanáticos.

Dado y firmado en el Palacio de La Gran República Revolucionaria de la Libertad, a los 24 días del mes de Mayo del año 200X?.

Publíquese, cúmplase, y sírvase el café por favor.

EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA GRAN REPÚBLICA REVOLUCIONARIA DE LA LIBERTAD 

(Firma ilegible, pero con estilo)

EL MINISTRO DE ABSORCIÓN DE TALENTOS POLÍTICOS

(Con firma delegada y viáticos aprobados)

Ya saben Slogan Institucional: “Si no sirve, ¡lo hacemos más grande.

REFLEXION FINAL

La reflexión seria, al final de este desfile de sarcasmo y cargos ridículos, es que el uso del aparato estatal para pagar favores políticos no es exclusivo de una sola nación. Es una práctica extendida —aunque en distintas escalas y formas— en muchos países del mundo. Desde democracias establecidas hasta regímenes autoritarios, el clientelismo, el nepotismo y el amiguismo se filtran por las rendijas del poder. Lo que diferencia a unos de otros no es tanto su existencia, sino el nivel de tolerancia social, la eficacia de los controles institucionales y la reacción ciudadana ante el abuso. Hay países donde este tipo de prácticas es investigado y castigado, y otros donde se ha naturalizado al punto de convertirse en parte del paisaje político. Lo alarmante no es que ocurra, sino que nos acostumbremos a que así sea, y que incluso lo aplaudamos, disfrazándolo de lealtad, mérito o sacrificio. Ahí es donde muere la república y nace la farsa.

FIN

Tal vez esta historia te suena a algo conocido, será? Ná, puro cuento chino, cualquier coincidencia es purutitito invento.

No olvides que podemos compartir un café en cualquier momento, tú me avisas.

Me encanta que leas mis historias y por eso te doy un sincero GRACIAS.

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domingo, 13 de abril de 2025

El precio invisible

Algunas casas se levantan sobre cadáveres. Otras, sobre papeles firmados en oficinas sombrías, donde un hombre estampa su rúbrica sabiendo que con eso firma también el deterioro de un hospital, el silencio de una escuela, la desesperanza de un barrio entero. Una muerte lenta. Una ruina elegante.

Decían que don Emilio regalaba viviendas con el dinero de la droga. Pero también estaba el señor Honorio, político intachable en apariencia, que inauguraba canchas con cámaras y cintas coloridas, mientras desviaba millones a cuentas invisibles. Dos hombres diferentes. Un mismo crimen vestido con distinto traje.

Uno mataba con plomo. El otro, con papeleo.

Y en ambos casos, las víctimas se multiplicaban sin rostro. El niño que murió porque no había incubadora. La madre que caminó kilómetros para parir en un centro sin médicos. El adolescente que abandonó la escuela y encontró una pistola más accesible que un libro. Cada coima, cada sobreprecio, cada cargamento, era una sentencia.

La señora Marta vive en un departamento que le fue “asignado” por un organismo estatal manchado de corrupción. Le encanta el piso reluciente, el balcón con vista al río. Pero en las madrugadas, oye golpes secos en las paredes. Como si alguien reclamara.

Siente —no sabe por qué— que sus sueños son visitados por niños flacos, por enfermos sin medicina, por rostros de rabia que la observan desde los azulejos.

“No puede ser”, piensa, “yo no he hecho nada malo”. Y es cierto. Pero se beneficia de un sistema donde el crimen se disfraza de progreso. Y las almas, como en las casas de la colina, regresan. No para culpar, sino para recordarnos lo que no debe repetirse.

Reflexión final:

El dinero que se obtiene a costa del sufrimiento ajeno, sea por la vía del narcotráfico o la corrupción, deja huellas invisibles. Las víctimas no siempre caen bajo las balas. A veces mueren esperando. A veces crecen sin futuro. A veces se convierten en victimarios.

Ni el crimen ni la injusticia se lavan con limosnas ni con discursos. Lo malo, aunque venga envuelto en papel de regalo, sigue siendo malo. Y tarde o temprano, nos toca, nos ronda, nos susurra desde los rincones.

Porque la ética no es negociable. Y el alma, lo sepa o no, siempre sabe cuándo habita en una casa que no le pertenece.

FIN

Se disimula con perfume pero hiede a muerte

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Hasta la próxima, chaito



lunes, 18 de noviembre de 2024

LAS HUELLAS DEL ABUELO EMILIO

  EMILIO YONG O LI WEI?

(El abuelo que no conoci)


(aproximación a cómo me imagino que era mi abuelo)

ACLARACION

He decidido construir la historia de mi abuelo materno, un hombre de origen chino del que sé muy poco, con base en los fragmentos que mi madre me compartió. Aunque esta narrativa es una mezcla de hechos, suposiciones e imaginación, no la considero una mentira, sino un intento de dar forma a una vida que, aunque en gran parte desconocida, forma parte de mis raíces. Es una manera de honrar su memoria y de conectar con ese legado que, aunque incompleto, vive en mí.

SIXTO AYON NEIRA 

(El abuelo que sí conocí)

(imagen construida en base a recuerdos)

Digamos que mi abuelo Sixto era mi abuelastro por diferenciarlo de alguna manera con mi abuelo biológico, Li Wei. Muy querido el abuelo Sixto, era un hombre de baja estatura y de contextura un poco gruesa, de tez mas bien trigueña por no decir morena. Usaba el hombre esas camisas blancas de talla americana que eran mas largas que el promedio ecuatoriano y que por aquellos tiempos la llamaban cotonas, me imagino porque la tela era de algodón y cotton en inglés ustedes ya saben lo que significa. Como eran tallas americanas como les he contado, al abuelo o le sobraban mangas o le faltaban brazos, lo cierto es que utilizaba esas ligas rojas que se vendían ambulatoriamente o en  bazares y que servían para arremangarse las mangas lo cual es un pleonasmo, como todos ustedes, gente culta.

El abuelo regentaba una pensión, cuyo nombre no me acuerdo, me refiero al nombre de la pensión, no al nombre del abuelo,  pero supongo que lo tenía, la pensión, el abuelo por supuesto que sí tenia nombre.

Esta pensión quedaba en la calle Sexta, conocida como la calle del Convento porque frente a ella, había una puerta que daba ingreso a un convento de monjas, así nomás, no sé a qué orden, desorden l o congregación pertenecían y para serles sinceros, a esa edad, digamos 4 o 5 años, me daba igual, para lo que me importaba en esos tiempos, porque a un niño, particularmente a mí, me valía madre como dicen en México.

La casa era una de aquellas típicas de esa época, con sus ventanas que tenían unas cortinas de madera que dejaban pasar la luz y el viento, de un piso alto donde estaba la residencia del abuelo.

En la pensión lo ayudaba  al abuelo Sixto, un hombre mayor llamado Digno, pariente no se si de él o de mi abuela, quien atendía a los huéspedes que en algunos casos, como me enteré por curiosidad propia de los niños, eran parejas que iban a tener un amor casual, pasajero, comercial, transaccional, en resumen, una prostituta con su cliente.

La figura clásica del abuelo  al llegar a la casa/pensión, era la de un hombre mayor sentado en una butaca, quien casi siempre estaba escuchando una pequeña radio, no sé si era una radio PHILIPS de esas que se publicitaban diciendo “Tarde o temprano, su radio será un Philips”. La cabeza siempre gacha, adormitado, asi siempre lo encontraba al abuelo.

Sixto Hallón era un hombre de pocas palabras, digamos mas callado que hosco, serio, siempre se alegraba cuando yo llegaba, yo le dirigía un saludo corto al abuelo y en seguida corría a la parte de arriba, a la casa.

La pensión que coma les he contado,  tenía una puerta central que daba paso a las habitaciones, digamos que todo el counter o recibidor lo constituía el abuelo en su butaca, cuánto tiempo va a usar la habitación, día u horas? y pague por adelantado, no sea que después de haber hecho sus cochinadas, sus tareas o a lo que vino, se me vayan sin pagar, todo en efectivo porque por aquellos tiempos, digamos que 1964 o por ahí, no se utilizaban tarjetas de crédito aquí en Ecuador o por lo menos en Quevedo. No habían  baños privados en la pensión, me imagino que les decía que no se aceptaban ni griteríos ni malos comportamientos, ni relajos que después se le quejaban las monjitas del convento del frente.

Para acceder al piso de arriba, digamos que a la residencia, había una escalera en el lado derecho de la casa la misma que era de construcción mixta, no, creo estar faltando a la verdad, era de madera, solo madera, lo único de cemento era una pared a medio construir que colindaba con el terreno vecino, que no estaba ocupado ni tenía construcción alguna, y en cuyo filo, la abuela Ana aprovechaba para adornarlo con una planta o con una lengua de suegra, diferente a la  sábila o Aloe Vera, que no es de Chone ni pariente de mi esposa por si acaso.  A falta de maceteros o para aprovechar eficientemente las cosas que ya no se utilizan, la abuela usaba esas bacinillas de hierro enlozado, esas que terminan despostillándose a un lado por los golpes y que dejan de ser útiles cuando la orina comienza a fugarse por huecos o goteras, dando paso a un espectáculo desagradable, cochino y mal oliente por decir lo poco.

Al llegar al piso de arriba uno se encontraba con un gran fogón, de unos 80 cm x 150 cm, siempre connuna o dos ollas al rescoldo y tiras de mamdarina, cabezas de ajo y carne ahumándose, cogiendo ese gustito del humito del carbón. También había un guardafrio, antecesor de la refrigeradora donde se guardaban alimentos como el queso y otros perecibles, protegiendolos tanto de roedores, insectos y un poco de una rápida descomposición.

Creo nunca haber entrado a las habitaciones de arriba, menos aún al dormitorio de los abuelos, lo que sí me acuerdo es que la sala comedor era huérfana de muebles, ausente de muebles, una que otra butaca pero eso sí, una linda hamaca en medio la cual me encantaba usar, mecerme con gran impulso subiendo a casi dos metros de altura, era el juego de esos tiempos, no había más que hacer, solo quedaba ingeniárselas y divertirse meciéndose hasta lo alto del techo, cuidando de no caerse en el intento porque luego del.dolor de la caída, seguro que vendría el dolor de un palazo o latigazo por ser demasiado juguetón o descuidado.

La casa estaba siempre visitada por algunos parientes por el lado de la abuela ya que no recuerdo haber conocido parientes por el lado del abuelo Sixto. Ahí conocí a mis primas por el lado de mi tía Eusebia, hermana de mi Abuela Ana, madre de mi madre. Tracalada de hijos de la tía Eusebia: las mayores Vilma, Marieta, Nancy, Mireya, contemporánea mia era Angela y las menores, Nieves quien luego pasó a mi casa después de la muerte de la abuela Ana y  Cherry, la última de las mujeres. Los varones, el mayor Gilberto, contemporáneo de mi hermano Félix y los menores, contemooráneos míos eran Walter, Levy quien falleció adulto pero a temprana edad y Chano. La tía Eusebia parecía artista de cine con cuatro matrimonios a cuesta.Pero ahí también conocí a otras primas como Elsa, Meche, Dionisio, Marcos, Felipe y otros parientes cuyo nombre no recuerdo por lo que me disculpo de antemano. Me cuenta Nieves que junto con Angela, su hermana, jugaban al avión en la hamaca y se imaginaban que volaban.

El abuelo Sixto murió en febrero 14 de 1969 y la  abuela Ana murió el 18 de marzo de 1972. en casa de mis padres, rodeada del cariño de mi madre y de Nieves, mi hermana de crianza. Creo que al abuelo le dio un derrame mientras se estaba bañando y se cayó. No recuerdo cuánto tiempo pasó entre la caída y su muerte.

En ese año estaban de moda las canciones de Favio, Sandro, las de Piero. Por aquel tiempo, mi hermano Félix se había llevado a una quinceañera, Alexandra, nieta de un amigo de mi padre, el Ingeniero don  Santiago M, que solo le faltaba el título porque todos los conocimientos académicos y la experiencia los tenía. El Ingeniero le construyó algunas casas a mi padre y luego lo hizo su hijo, el Arquitecto Milton, quien fuera mi padrino de confirmación en la Iglesia de Quevedo y que me regalara un corte de tela para pantalón por ese motivo.


Aquí dn Jacinto con su familia

Antes de llegar a la pensión del abuelo, había un estudio fotográfico del paisano chino don Jacinto Chang,  el fotógrafo oficial de la realeza de Quevedo, personaje infaltable en toda fiesta y evento público y que muchas fotos tomase de la familia y de los amigos, en toda ocasión uno se tropezaba con don Jacinto. Chino de lentes redondos, medio calvo, gran sonrisa, amplia, transparente, sincera, don Jacinto, era un ilustre y digno miembro de la gran comunidad china de Quevedo, donde ya no era el fotógrafo sino un coterráneo más.

Pasando la pensión del abuelo, justo al lado, había un como taller de esos que reparan refrigeradoras, donde había un niño italiano, creo que se llamaba Lupo, la verdad es que no recuerdo bien su nombre. El chiquillo  a veces jugaba ahí a la pelota y yo lo veía, me acuerdo como que no hablaba bien el  español, el chiquillo no yo. Lupo entonces jugaba solo porque no tenía amigos ni familiares de su misma edad, digo yo, pero a mí no me crean ni pío, yo me especializo en el cuento y la mentira.

A mi bisabuela Glafira, madre de mi abuela Ana, también la conocí, todavia está vivo el recuerdo de aquella vez que le hice de la mano, ella contestando el saludo desde su casa de campo en Montoya. En aquella ocasión tal vez yo tenía unos 4 años y pasé por ahí, con Jaime, el chofer del camioncito de reparto de los productos de La Universal ya que mi padrecera distribuidor autorizado para Quevedo y su área de influencia.

Hasta aquí toda la historia es real, nada es inventado excepto lo que viene a continuación y ya se enterarán ustedes el por qué.

Ahora me voy a permitirme a mí mismo, cambiar el chip y empezar algo totalmente diferente.

LA FAMILIA DE LI WEI


Li Wei, un joven de 25 años nacido en Cantón, una región en el sur de China,  en el año 1905 decidió migrar a América del Sur, específicamente a Palenque, en la provincia de Los Ríos, Ecuador, buscando una vida mejor.

El provenía de una familia de campesinos. Sus padres y abuelos vivían juntos en una pequeña casa de adobe con techo de tejas, rodeada de campos de arroz y hortalizas. Li Wei era el mayor de tres hermanos. Su padre, Li Chang, trabajaba extensas jornadas en los campos junto con su abuelo, mientras que su madre, Mei, se encargaba de la casa y el cuidado de los hijos, además de ayudar en la siembra y cosecha de vez en cuando.

La educación de Li Wei había sido mínima. A sus 10 años, su padre lo había retirado de la escuela para que pudiera trabajar en los campos y aportar a la economía familiar. Sus hermanos más pequeños, de 18 y 12 años, asistían a la escuela del pueblo en días alternos cuando no había labores urgentes en la agricultura. Los abuelos de Li Wei, a pesar de no haber tenido educación formal, poseían un profundo conocimiento de las prácticas agrícolas, transmitido de generación en generación. Esto era considerado parte esencial de la identidad y el saber familiar.

En Cantón, la vida era dura y la pobreza era una constante. La familia dependía casi por completo de lo que lograban cosechar para comer y, en menor medida, de lo que podían vender en el mercado local. Las malas cosechas debido a las inclemencias del tiempo o las plagas significaban meses de escasez, por lo que Li Wei se enfrentaba a un futuro sin muchas esperanzas de mejorar.

Cuando Li Wei escuchó que algunos vecinos estaban emigrando a América del Sur, donde había demanda de mano de obra para el trabajo agrícola, decidió aventurarse. La despedida fue dolorosa: sus padres y abuelos, aunque tristes, confiaban en que esta oportunidad le permitiría enviar dinero a casa y, quizás, algún día regresar con una vida mejor para todos.

UN VIAJE RIESGOSO


A principios del siglo XX, las condiciones de viaje para los migrantes chinos que llegaban a América del Sur eran, en muchos casos, extremadamente duras y peligrosas. Estos viajes, realizados en su mayoría en barcos de carga, eran una experiencia traumática y devastadora para los pasajeros.

Los migrantes chinos eran usualmente transportados en las bodegas, espacios cerrados, oscuros, y diseñados para mercancías, no para personas. El hacinamiento era extremo: cientos de personas compartían espacios diminutos sin ventilación adecuada. No había camas ni lugares cómodos para descansar; en su lugar, cada migrante recibía un espacio en el suelo o una hamaca compartida. La falta de higiene era abrumadora. Los migrantes tenían acceso limitado a baños y agua para asearse, lo que hacía que las enfermedades contagiosas se propagaran rápidamente.

La alimentación durante el trayecto era escasa y de mala calidad. Muchas veces se les daban raciones de arroz y algo de agua, sin posibilidad de acceso a alimentos frescos, lo que provocaba deficiencias nutricionales. La mala alimentación y la falta de agua potable favorecían el desarrollo de enfermedades como el escorbuto, una afección causada por la falta de vitamina C. Las infecciones y parásitos intestinales también eran comunes debido a las condiciones insalubres.

Una situación documentada describe cómo, en uno de estos barcos, se desató un brote de fiebre tifoidea que afectó a decenas de migrantes. Sin atención médica ni acceso a medicamentos, muchos enfermos eran abandonados en sus lugares o, en el peor de los casos, lanzados al mar para evitar que el contagio se expandiera aún más. Los sobrevivientes relataron que el olor dentro de la bodega se volvía insoportable, y que el calor y la humedad creaban una atmósfera asfixiante.

LI WEI NO VIAJA EN PRIMERA CLASE

Es completamente plausible que Li Wei hubiera estado al borde de la muerte debido a la disentería durante la travesía. Las condiciones insalubres en los barcos que transportaban migrantes chinos a América del Sur a principios del siglo XX eran propicias para la propagación de enfermedades infecciosas, incluyendo la disentería, que era una de las más comunes y mortales en ese contexto. Habían tantas razones por las cuales, uno podía morirse durante el viaje, cosa que no era poco común, ni tan extrañas, ah…., habían tantas historias que circulaban por el Cantón de aquellos días, con tanta gente migrando. Aquí les cito algunas:

·  Higiene deficiente: Los migrantes viajaban en bodegas abarrotadas, sin acceso a instalaciones sanitarias adecuadas. Los desechos humanos a menudo se acumulaban cerca de las áreas donde dormían y comían, contaminando el ambiente y facilitando la transmisión de bacterias como Shigella o amebas, causantes de la disentería.

·  Agua contaminada: El agua potable era limitada y, en muchos casos, se almacenaba en barriles que se contaminaban durante el viaje. Beber esta agua era una de las principales vías de infección.

·  Alimentación insuficiente: Las raciones de comida eran escasas y carecían de nutrientes esenciales, lo que debilitaba el sistema inmunológico de los migrantes y los hacía más vulnerables a las infecciones.

·  Propagación rápida de enfermedades: El hacinamiento y la falta de ventilación creaban un ambiente ideal para que las enfermedades se propagaran rápidamente entre los pasajeros.

La experiencia de Li Wei

Durante la travesía, Li Wei comenzó a sentir los primeros síntomas: dolor abdominal intenso, diarrea severa con sangre, fiebre alta y una debilidad extrema. Sin acceso a medicamentos ni atención médica adecuada, su estado habría empeorado rápidamente. Podría haber perdido mucho líquido y electrolitos, poniéndolo en riesgo de deshidratación severa, que era una de las principales causas de muerte por disentería en ese entonces.

Si logró sobrevivir, probablemente fue gracias a un golpe de suerte y a la ayuda de otros migrantes que compartieron sus escasas raciones de agua o alimentos con él. En algunos casos, la recuperación se debía a remedios improvisados, como hervir el agua para evitar más infecciones o consumir alimentos secos si estaban disponibles.

La experiencia de Li Wei habría dejado una marca indeleble en su memoria, tanto física como emocional, recordándole las adversidades extremas que tuvo que enfrentar para llegar a Palenque  y buscar un futuro mejor.

En la bodega del barco el aire se enrareció al poco tiempo, se hizo insoportable el olor a miseria humana, heces, orina, sudor, vómito, hasta se olía a muerte porque algunos enfermaron entre ancianos e infantes y rápidamente sus cuerpos se descomponían, no quedaba mas que echarlos al mar, ya que los barcos carecían de bodegas de frío, como ya les habia indicado en algún párrafo anterior. Total para lo que les importaba a los traficantes de principios del siglo XX, mas preocupados en maximizar sus ganancias que en las condiciones de los migrantes, total ellos saben en lo que se meten.

HACIA DÓNDE SE DIRIGÍAN LOS CHINOS EN ESE TIEMPO?

Los migrantes chinos que llegaron a América del Sur durante el siglo XIX y principios del XX desembarcaban en diversos puertos estratégicos desde Estados Unidos hasta Perú. Su elección de destino estaba influenciada por factores como oportunidades laborales, redes migratorias ya establecidas, y la demanda de mano de obra en ciertos países. A continuación, un breve análisis de los principales lugares de desembarco y las razones detrás de sus preferencias:

1. Estados Unidos (California, San Francisco):

Motivo:

  • Fiebre del oro (1848-1855): Muchos chinos llegaron para trabajar en la minería durante este auge económico.
  • Construcción de ferrocarriles (década de 1860): Se necesitaba mano de obra barata y resistente para construir el ferrocarril transcontinental.

Sin embargo, la creciente hostilidad, leyes racistas como la Ley de Exclusión China (1882), y los altos costos de vida llevaron a muchos a buscar otros destinos en América Latina.


2. México (Ensenada, Mazatlán, Acapulco, Veracruz):

Motivo:

  • México se convirtió en un destino alternativo para chinos que huían de la discriminación en EE. UU.
  • Las oportunidades laborales en agricultura y comercio, así como la relativa facilidad para establecerse, atrajeron a los migrantes.
  • Comunidades chinas florecieron en estados como Baja California y Sinaloa.

3. Guatemala y El Salvador:

Motivo:

  • Aunque pocos migrantes chinos se establecieron en Centroamérica, algunos llegaron para trabajar en la construcción de ferrocarriles y en plantaciones de café y banano.
  • Sin embargo, la inestabilidad política y económica en estos países limitó su atractivo.

4. Panamá (Ciudad de Panamá y Colón):

Motivo:

  • La construcción del Canal de Panamá (1880-1914) atrajo a chinos como trabajadores contratados.
  • Sin embargo, las duras condiciones laborales, los altos índices de mortalidad y el racismo limitaron su permanencia a largo plazo.

5. Ecuador (Guayaquil):

Motivo:

  • Cacao: En la región de la Costa ecuatoriana, especialmente en Guayaquil y Los Ríos, había una gran demanda de mano de obra para las haciendas cacaoteras.
  • La creciente economía agrícola y los relatos de compatriotas ya establecidos atrajeron a migrantes chinos.
  • Guayaquil, como puerto principal, era un punto estratégico para el comercio y la entrada de nuevos migrantes.

6. Perú (Callao):

Motivo:

  • Trabajo en haciendas de azúcar y algodón: Desde la década de 1840, los chinos fueron contratados como "culíes" para reemplazar la mano de obra esclava.
  • El puerto de Callao era un importante punto de entrada para los migrantes debido a su proximidad a Lima y las grandes haciendas costeras.
  • Perú tenía una de las mayores poblaciones chinas de América del Sur gracias a estas primeras oleadas.

Colombia (poco atractivo):

Razones por las cuales Colombia no era popular:

  1. Inestabilidad política: Durante finales del siglo XIX y principios del XX, Colombia sufrió conflictos internos constantes, como la Guerra de los Mil Días (1899-1902).
  2. Economía limitada: Aunque existía la industria del café, no había un desarrollo agrícola o comercial que demandara mano de obra china en gran escala.
  3. Falta de redes migratorias: A diferencia de Perú o Ecuador, Colombia no tenía comunidades chinas significativas que atrajeran a nuevos migrantes.
  4. Geografía desafiante: El acceso desde los puertos a las zonas de trabajo en el interior era difícil debido a la falta de infraestructura.

Los migrantes chinos preferían destinos con estabilidad relativa, demanda laboral en plantaciones agrícolas o ferrocarriles, y la posibilidad de establecerse en comunidades ya formadas. Esto explica su presencia significativa en países como Perú, México, y Ecuador, y la casi ausencia en Colombia.

El sueño de Li Wei


Li Wei había arribado al puerto de Guayaquil, Había llegado a Ecuador con el sueño de construir una vida nueva, lejos de la pobreza y las dificultades que enfrentaba en su aldea de Cantón. Después de su arduo y doloroso viaje, de sobrevivir a la enfermedad, el hacinamiento y las condiciones insalubres durante la travesía, había llegado al puerto de Guayaquil y luego se trasladó hacia Palenque, en la provincia de Los Ríos, donde, como muchos de los migrantes chinos de la época, había comenzado a trabajar en la agricultura y el comercio.

En Ecuador, al igual que en muchos países de América Latina, los migrantes chinos no siempre eran bien recibidos, y la barrera del idioma y las diferencias culturales los aislaban aún más. Sin embargo, algunos de ellos lograron integrarse y formar familias, pero el proceso legal de adaptación a su nueva vida era complicado. Para los chinos, el registro de su presencia en el país no era algo sencillo, especialmente cuando se trataba de registrar su nombre.

Su vida en Palenque


Es probable que Li Wei hubiera tenido algún conocido o pariente que ya hubiese emigrado a Palenque, en la provincia de Los Ríos, antes de su partida. A principios del siglo XX, las redes de migración china comenzaron a formarse de manera espontánea a través de conocidos, familiares, y paisanos que compartían noticias de oportunidades en el extranjero.

Es posible que algún tío o primo de Li Wei hubiera migrado previamente a América del Sur, estableciéndose en Ecuador. Muchos de los primeros migrantes enviaban cartas a sus familias en Cantón, donde relataban las oportunidades laborales en los cultivos de cacao y otros productos de exportación en los campos ecuatorianos. Estos relatos alentaban a más personas a seguir sus pasos, formando una especie de "cadena migratoria" en la que los primeros migrantes ayudaban a otros a establecerse y encontrar trabajo.

De haber tenido un pariente en Palenque, Li Wei habría recibido recomendaciones y consejos sobre cómo emprender el viaje y, quizá, incluso ayuda económica para costear el pasaje en barco. Al llegar, este pariente habría sido una fuente de apoyo crucial, permitiéndole hospedarse temporalmente, orientarse en la nueva tierra y ayudarle a encontrar trabajo en las haciendas cacaoteras. También es probable que le hubiera presentado a otros migrantes chinos de la región, lo cual le habría facilitado integrarse en la pequeña comunidad de inmigrantes chinos que comenzaba a formarse en esa parte de Ecuador.

Este apoyo era vital, pues los migrantes solían enfrentarse a una sociedad y un idioma completamente distintos, así como a condiciones de trabajo difíciles. Tener un pariente o conocido en Palenque habría sido de gran ayuda para que Li Wei se adaptara y se sintiera menos solo en su nueva vida.

El Registro Civil y el cambio de nombre

AhoraLi Wei se encontraba en la oficina del Registro Civil del pueblo, donde varios de sus compatriotas se habían reunido para regularizar su situación legal y obtener sus documentos. El funcionario que atendía los casos tenía pocas nociones del idioma chino y no entendía bien la pronunciación ni el significado de los nombres. Li Wei, como muchos otros, no sabía cómo responder cuando le preguntaron su nombre en español.

El funcionario, con paciencia pero también con algo de frustración, empezó a escribir lo que creía escuchar: "Li" no se entendía bien, y al intentar escribir su apellido, "Wei", se confundió. Intentó hacer una pronunciación aproximada, pero su español era limitado, y al no entender las diferencias tonales que marcan el significado de las palabras en mandarín, terminó escribiendo "Yong" en lugar de "Wei".

Además, el empleado pensó que "Li Wei" podría sonar demasiado "extranjero" o difícil de pronunciar para los locales, y, siguiendo una práctica común en la época, decidió dar un nombre más “latino” que pudiera ser más fácilmente asimilado. "Emilio" era un nombre común en Ecuador, fácil de recordar y pronunciar. Lo escribió sin pensarlo demasiado.

Li Wei, que no sabía mucho español, no entendió completamente lo que estaba sucediendo, pero cuando vio el nombre "Emilio Yong" en el documento, pensó que era una formalidad necesaria para poder continuar con su vida en este nuevo país. Aceptó el cambio, ya que necesitaba ese papel para poder trabajar, comprar tierras y asegurar su lugar en la sociedad ecuatoriana.

En la misma oficina, varios de sus compatriotas pasaron por situaciones similares. Muchos terminaron con nombres que no tenían nada que ver con su verdadero apellido o con los que usaban en su tierra natal. Algunos eran llamados "Carlos" o "Pedro", otros fueron bautizados con apellidos inventados o alterados, como "Zhang" transformado en "Sánchez" o "Wu" en "Vega". De esta manera, la migración de los chinos hacia América Latina, y particularmente hacia Ecuador, dejó una huella en la identidad de aquellos que llegaron en busca de un futuro mejor, pero que fueron forzados a renunciar, al menos legalmente, a su nombre y su cultura para ser aceptados en la sociedad local.

Un nuevo comienzo

Emilio Yong, como lo llamaban ahora, se integró en la comunidad de Palenque. A medida que pasaron los años, su nombre se fue adoptando en el día a día, y la gente lo reconocía más por Emilio que por su nombre original Li Wei. En el mercado, en la iglesia y entre sus vecinos, se fue construyendo su nueva identidad. No obstante, dentro de él, siempre existió una pequeña lucha interna con la dualidad de ser Emilio en un país extranjero y Li Wei en su corazón, recordando a su familia y su tierra natal.

Así, al igual que muchos migrantes chinos en América Latina, el cambio de nombre fue una estrategia de adaptación, impuesta por las circunstancias y el contexto social de la época. A lo largo de los años, se dio cuenta de que su historia, su identidad y su verdadero nombre seguían siendo parte de él, aunque el mundo lo conociera como Emilio Yong.

Emilio Yong (Li Wei), viaja a Quevedo

El traslado de Emilio Yong (anteriormente Li Wei) de Palenque a Quevedo podría haber sido impulsado por varias razones, muchas de las cuales eran comunes entre los migrantes chinos en Ecuador y América Latina en general. A continuación, algunas posibles motivaciones que podrían haber influido en su decisión de mudarse:

1. Oportunidades económicas:

Quevedo, en la provincia de Los Ríos, se encontraba en una región agrícola de gran relevancia, especialmente para la producción de caña de azúcar, cacao, arroz y frutas tropicales. Si Emilio ya estaba trabajando en la agricultura, el movimiento hacia Quevedo podría haber sido motivado por la búsqueda de mejores oportunidades laborales o tierras para cultivar. En aquella época, muchas familias migrantes, especialmente los chinos, se dedicaban a trabajos relacionados con la agricultura y la producción de alimentos.

2. Desarrollo de redes comerciales:

Quevedo era un centro de comercio en la región, lo que le brindaba a Emilio la oportunidad de expandir su negocio de productos agrícolas o de comercio minorista. A medida que los migrantes chinos se asentaban en ciertas áreas, establecían redes comerciales y tiendas que les ayudaban a prosperar económicamente. Si Emilio ya tenía experiencia en el comercio, mudarse a Quevedo le permitiría abrir una tienda o involucrarse más activamente en el intercambio de productos con los locales y otros migrantes.

3. Búsqueda de una vida más estable:

Palenque, siendo una población más pequeña, podría no haber ofrecido todas las comodidades o estabilidad que Emilio deseaba para su familia. Si ya había comenzado a establecerse en el país, es posible que buscara un lugar con mejores servicios (educación, salud, infraestructura), o una comunidad más grande de inmigrantes chinos y otras nacionalidades con quienes pudiera interactuar más fácilmente. Quevedo, al ser una ciudad más grande y más desarrollada, habría proporcionado una mayor seguridad y estabilidad a nivel social y económico.

4. Condiciones de vida en Palenque:

Si Emilio experimentó dificultades en Palenque, como un entorno poco favorable o una falta de recursos para desarrollarse, como tierras fértiles para cultivar o una escasez de compradores para sus productos, la migración hacia Quevedo podría haber sido una estrategia de supervivencia. Muchos migrantes cambiaban de ubicación buscando zonas más prósperas para establecerse, principalmente debido a la competencia o la falta de apoyo institucional para su integración.

5. Relaciones familiares o con otros migrantes:

Es posible que Emilio tuviera familia o amigos en Quevedo que lo invitaron a mudarse o que le ofrecieron oportunidades de negocio. A menudo, los migrantes chinos se ayudaban entre sí, creando comunidades de apoyo que les permitían prosperar. Tal vez algún pariente que ya se había establecido en Quevedo le ofreció trabajo o le facilitó la integración a la comunidad.⁹ĺ

6. Mejores oportunidades para su familia:

Emilio podría haber decidido mudarse para brindar un mejor futuro a su familia, especialmente si ya tenía hijos o planeaba tenerlos. Quevedo podría haber ofrecido mejores oportunidades educativas o una vida más cómoda en comparación con Palenque, permitiendo que su familia tuviera acceso a una mejor calidad de vida.

7. Cambio de ubicación por presiones sociales o raciales:

A lo largo de la historia, los migrantes chinos enfrentaron dificultades de integración en algunas regiones, y a veces se veían forzados a mudarse por la intolerancia racial o la discriminación. Si Emilio enfrentaba dificultades para ser aceptado en Palenque debido a su origen chino, mudarse a Quevedo podría haber sido una forma de encontrar un entorno más amigable o menos hostil.

8. Cambio en las dinámicas laborales:

Si Emilio había trabajado inicialmente en las plantaciones de caña o en la agricultura en Palenque, y la situación en esa región cambió —por ejemplo, si las plantaciones fueron compradas por nuevos dueños, si los cultivos fracasaron, o si hubo una recesión en el sector agrícola— él podría haber buscado nuevas oportunidades laborales en Quevedo, que era un centro agrícola y comercial.


En resumen, Emilio Yong probablemente se mudó a Quevedo buscando mejores oportunidades económicas y sociales, ya sea a través del comercio, la agricultura, o por la proximidad a una comunidad más grande de migrantes chinos o de otras nacionalidades. Las razones podrían haber sido una combinación de factores personales, familiares y laborales, siempre buscando un lugar donde pudiera mejorar su calidad de vida y la de su familia en Ecuador.

Un nuevo comienzo

Emilio Yong, como lo llamaban ahora, se integró en la comunidad de Palenque. A medida que pasaron los años, su nombre se fue adoptando en el día a día, y la gente lo reconocía más por Emilio que por su nombre original Li Wei. En el mercado, en la iglesia y entre sus vecinos, se fue construyendo su nueva identidad. No obstante, dentro de él, siempre existió una pequeña lucha interna con la dualidad de ser Emilio en un país extranjero y Li Wei en su corazón, recordando a su familia y su tierra natal.

Así, al igual que muchos migrantes chinos en América Latina, el cambio de nombre fue una estrategia de adaptación, impuesta por las circunstancias y el contexto social de la época. A lo largo de los años, se dio cuenta de que su historia, su identidad y su verdadero nombre seguían siendo parte de él, aunque el mundo lo conociera como Emilio Yong.

La historia de Emilio Yong y Ana Olivo es una de esas que, aunque parezca salida de una novela, refleja las realidades de la época y las circunstancias de vida de muchos migrantes que buscaban un lugar al que finalmente pudieran llamar hogar.

El Encuentro con Ana Olivo


Emilio Yong, después de haber dejado atrás su vida en Palenque, se asentó en Quevedo, donde las oportunidades parecían más favorables. Durante los primeros años de su estancia, trabajó en la agricultura y en el comercio minorista, pero la soledad aún lo acompañaba. Había dejado atrás a su familia en China, había cambiado su nombre, su identidad, y sentía que no tenía nada que lo atara completamente a su pasado.

Un día, en el mercado local, Emilio vio a Ana Olivo, una joven quevedeña de unos 18 años, que con su belleza y dulzura cautivó inmediatamente su atención. Ana era hija de una familia trabajadora, conocida en el pueblo, que vivía modestamente, pero con dignidad. Desde su llegada a Quevedo, Emilio había oído hablar de ella, pero fue en ese encuentro fortuito que sus destinos se cruzaron.

Ana era una joven de espíritu libre, alegre y llena de esperanza. En su familia no había muchos recursos, pero su madre le enseñó que la humildad y el trabajo duro eran la clave para vivir con dignidad. Cuando Emilio la vio por primera vez, algo en su mirada reflejaba una mezcla de inocencia y fortaleza que lo atrapó. No pasó mucho tiempo antes de que ambos empezaran a hablar, a compartir historias y, eventualmente, a enamorarse. Aunque Emilio no hablaba perfectamente el español y Ana no tenía conocimiento del chino, se hicieron entender a través de la mirada y la calidez que transmitían sus gestos.

Ana le dio a Emilio un sentido de pertenencia que no había encontrado en ningún otro lugar. Él se sintió aceptado por ella, y su amor floreció rápidamente. En poco tiempo, Emilio y Ana se unieron y procrearon una hija, Fanny Yong Olivo, una niña que heredó los ojos rasgados de su padre y la calidez de su madre. La vida parecía haberles dado un respiro.

La Tragedia de la Separación

Sin embargo, el amor de Emilio y Ana no duró para siempre. La vida en Quevedo, aunque prometedora, estaba llena de desafíos. Emilio había acumulado algunas deudas, y aunque se esforzaba por mantener su pequeño comercio, no siempre podía cubrir los gastos. Los problemas económicos, la presión de criar a Fanny, y algunas tensiones familiares comenzaron a hacer mella en su relación.

Una tarde, Emilio le dijo a Ana que iría a comprar cigarrillos, algo que en ese momento parecía trivial, pero que marcaría el inicio de una larga separación. Le prometió regresar pronto, pero, como tantas veces ocurre en historias como la suya, nunca volvió.

Ana, esperanzada y preocupada, pasó días esperando que Emilio regresara, pero los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Nadie sabía nada de Emilio, aunque los rumores empezaron a circular. Algunos decían que había encontrado a otra mujer, otros murmuraban que se había metido en problemas con gente equivocada, pero lo cierto era que Emilio nunca regresó.

Ana, destrozada, tuvo que hacerse cargo de Fanny sola. La vida le presentó nuevos desafíos, pero logró sacar adelante a su hija. Con el tiempo, dejó de esperar a Emilio, y aunque el amor por él nunca desapareció completamente, aprendió a seguir adelante, centrándose en su hija y en la vida que aún podía construir.

Esta ruptura me impidió conocer al abuelo; no sé si de parte de los hermanos de padre de mi madre, hubo nayor conocimiento de la vida del abuelo y de su familia en  Cantón, China. Nunca le escuché nada a mi querido tío Severo, el mas allegado de todos mis tíos y de quien aún guardo muy gratos recuerdos. 

EL ENCUENTRO CON LA SEÑORA CHAVEZ

Por otro lado, Emilio, conoció a Catalina Chávez, una mujer de carácter fuerte y de corazón cálido, con quien estableció una nueva vida. La relación con Catalina fue diferente a la que tuvo con Ana, pero también fue intensa. La señora Chávez le dio estabilidad y Emilio, buscando reconstruir su vida después de la separación con Ana, se unió a ella.

Con Catalina, Emilio tuvo una familia numerosa, 13 hijos, dicen por ahí, lo cierto es que yo tan solo conocí a los tíos Remigio, Segundo, Severo y ls tía Delia, siendo el mas allegado de todos, el tío Severo. De niño me encantaba visitar la casa del tío. en la finca la Silvia María como la conocíamos. El tio Severo quien cada vez que llegabamos, sin pestañear en lo mas mínimo, ordenaba que mataran un cerdo para Fanny para que  prepararan caldo de salchicha y fritada y yo, como un gran comelón, bravo me ponía y disfrutaba mucho del banquetazo.

La historia del abuelo Emilio no es tan sencilla como parece. Los años pasaron y, aunque algunos lo veían como un hombre sin corazón, los recuerdos de su primer amor y de su hija nunca desaparecieron de su mente. El silencio y la distancia entre él y mi abuela Ana se convirtieron en un peso que lo acompañó durante el resto de sus días, como una sombra que nunca se desvaneció.

AQUI TERMINA LA HISTORIA

A lo largo de los años, se tejieron historias y leyendas sobre Emilio Yong. Algunos decían que siempre había sido un hombre marcado por sus decisiones, otros afirmaban que había sido una víctima de las circunstancias, un hombre que había huido de su pasado por miedo a enfrentarlo. Lo cierto es que Emilio Yong, el hombre que alguna vez fue Li Wei, vivió una vida llena de rupturas, decisiones equivocadas y una búsqueda constante de pertenencia, mientras que Ana Olivo y Fanny siguieron adelante, pero sin olvidar nunca al hombre que alguna vez fue parte de sus vidas.

Así termina la historia del abuelo Emilio, un hombre que se fue en busca de algo, y en su camino dejó atrás lo más importante: a su familia. Como tantas veces sucede en la vida, se quedó con el recuerdo de lo que pudo haber sido, pero sin la posibilidad de corregir lo que ya no tenía solución.

LA VERDADERA HISTORIA DE LI WEI

Después de contarles todo esto sobe Li Wei, luego Emilio Yong, quiero decirles que en verdad todo esto es ficción, lo único cierto es que él es mi abuelo, a quien nunca tuve el gusto de conocer. Mi madre, Fanny Yong Olivo, nunca tuvo palabras de rencor o resentimiento para con su padre, nunca se lo escuché, ni de niño ni ya de adulto, tan solo unas cortas historias de las pocas veces que mi abuelo, su papá fue a su casa a verla. Me contó mi madre que su papá, como que había tenido una tienda por acá por Guayaquil. Pocos recuerdos tenía de su padre, como que me dijo  que la última vez que el la visitó, ella tenía apenas 8 años. Tampoco le escuché nada decir a mi abuela Ana Olivo respecto de Emilio Yong, claro está que en esos tiempos las abuelas no conversaban de estas cosas con sus nietos y que además, yo era muy pequeño. Si alguien alguna vez tomó una foto del abuelo, de seguro fué don Jacinto Chang, el fotógrafo oficial de Quevedo, es que las fotos de aquellos tiempos eran escasas y las fotos de niños eran montados en un caballito del fotógrafo del parque.

LA NOSTALGIA

José miraba al horizonte con la mirada fija, como si buscara algo en el espacio infinito, algo que nunca podría alcanzar. Un vacío le atravesaba el pecho, una sensación de falta, de ausencia, como si su vida estuviera incompleta. Había escuchado tantas historias de su abuelo, Emilio Yong, el hombre al que debía su existencia, pero nunca lo había conocido. Lo único que le quedaba de él eran los relatos dispersos, fragmentos de recuerdos que le llegaban de boca de otros, y el inexplicable lazo que sentía con un hombre del que no tenía ni siquiera una foto.

Li Wei. Ese era el nombre verdadero de su abuelo, el que llevaba en su tierra natal de Cantón, China. Había llegado a Ecuador a comienzos del siglo XX, buscando oportunidades, huyendo de un pasado complicado y un presente incierto. Se había establecido en Palenque, en la provincia de Los Ríos y luego se afincó en Quevedo, donde, con los años, forjó una familia, un futuro, pero sin jamás dejar atrás su tierra y su cultura. Cuando José pensaba en él, no podía evitar sentirse envuelto en una mezcla de curiosidad y melancolía.

Era un hombre que había dejado huella sin saberlo, que, al cruzar océanos, se había convertido en parte de la historia de una familia que ahora él apenas alcanzaba a comprender. Las historias de Emilio, o Li Wei, a él a través de pocos fragmentos: su carácter, sus ojos oscuros como la madera de los muebles antiguos, su risa grave, la forma en que se sentaba en la esqouina del comedor a hablar de la vida en su idioma natal, aunque nadie lo entendiera. Esas historias formaban parte de una leyenda familiar, pero no había rastro tangible, no había fotos, ni cartas, ni algo que lo acercara realmente a él. Sólo recuerdos distorsionados, palabras sueltas que se desvanecían con el paso de los años.

José, a menudo, se encontraba mirando el álbum de fotos de la familia, buscando algo, aunque sabía que nunca encontraría lo que le faltaba. A veces, su madre, con voz temblorosa, le contaba cómo su abuelo había sido un hombre callado, fuerte, pero también sensible, un hombre que, aunque se adaptó a la vida ecuatoriana, nunca dejó de sentir la nostalgia por su hogar, por su gente, por los campos de arroz y las montañas de Cantón. Pero José nunca lo vió. No pudo compartir esos pequeños momentos que construyen la memoria de un abuelo: un consejo sabio, una sonrisa cómplice, el abrazo firme que sólo un abuelo sabe dar. Todo eso se quedó en la distancia, como un sueño inalcanzable.

A veces, José se preguntaba cómo habría sido la vida si su abuelo aún estuviera allí. Quizás, pensaba, él podría haberle contado sobre los días en que vivió en Palenque, cómo se sintió cuando por fin pudo hablar un poco de español, cómo había visto crecer a sus hijos entre el frío del invierno chino y el calor tropical de Ecuador. Tal vez le habría hablado de las luchas, de los sacrificios, de la soledad en medio de la multitud. Y sin embargo, la historia de Emilio Yong siempre parecía escaparse, como agua entre los dedos, tan cercana y tan lejana a la vez.

José también sentía la tristeza de no conocer ese otro lado de su herencia. Sabía que, por más que tratara de imaginarlo, no podía. No tenía el rostro de su abuelo, ni el brillo en los ojos de aquel hombre que construyó su futuro desde la nada. Todo lo que le quedaba era la certeza de que su vida debía mucho a alguien que nunca vió, pero cuya presencia sentía en cada paso que daba. Era como si Li Wei, Emilio Yong, estuviera viviendo en él, en su deseo constante de entender más, de buscar sus raíces en un lugar donde las respuestas siempre se desvanecían.

La nostalgia era un peso constante. No era doloroso, pero sí pesado, una sensación de vacío que nunca desaparecía por completo. José pensaba que, tal vez, su abuelo había sido un hombre de pocas palabras, que las emociones profundas las guardaba para sí mismo, como si cada sentimiento fuera un trozo de tierra que sólo él conocía. Pero lo que no sabía José, lo que aún no entendía por completo, era que el simple hecho de haber sido nieto de ese hombre, de llevar su apellido, era suficiente para que una parte de él siempre estuviera conectada a su legado, a esa historia que, aunque callada, no moría.

No había rencores, no había resentimientos. Había, en cambio, una tristeza suave, casi melancólica, por no haber tenido la oportunidad de conocerlo, por no haber podido mirarlo a los ojos, por no haber podido entender su mirada llena de historias no contadas. Li Wei había partido, pero en algún lugar del alma de José, él seguía vivo, presente, como una sombra que o nunca desaparece, que siempre acompaña.

La herencia de Emilio Yong, de Li Wei, el abuelo, no estaba en los recuerdos materiales, en los retratos o en los objetos que pasan de generación en generación. Estaba, en cambio, en el caso de José, su nieto, en esa búsqueda constante, en la curiosidad que le carcomía por conocer más, o por entender el pasado de un hombre que, aunque lejano, había marcado su destino. Y aunque nunca llegara a conocerlo,  lo llevaría con él, como una parte invisible pero sólida de su ser.

FIN

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Si no te gustó no importa, espero que te guste mi próxima historia, siempre hay una oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado y sepas cuando quieras puedes invitarme un ratito y compartimos un  café y muchas historias.

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