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lunes, 5 de agosto de 2024

MATA MAS QUE LOS SICARIOS




LA INDULGENCIA

José era un hombre de 60 años que siempre había llevado una vida bastante activa. No tenía sobrepeso y disfrutaba de largas caminatas diarias por su vecindario en Ceibos Norte. Su empresa de catering en Guayaquil le mantenía ocupado, pero también le daba acceso a una variedad de alimentos y bebidas.

Una de sus pequeñas indulgencias era una botella de cola negra de 375 cc que tomaba casi todos los días para refrescarse y darle un impulso de energía durante las largas horas de trabajo. José nunca se había preocupado demasiado por leer las etiquetas nutricionales. Creía que mientras se mantuviera activo, no tenía que preocuparse por su dieta.

LA IGNORANCIA ES ATREVIDA

Lo que José no sabía era que esa pequeña botella contenía alrededor de 40 gramos de azúcar, una cantidad que excedía las recomendaciones diarias de ingesta de azúcar para su edad y estilo de vida. Al consumir una botella diaria, José estaba ingiriendo más del doble del azúcar recomendado, sin contar el azúcar presente en otros alimentos que consumía durante el día.

LAS CONSECUENCIAS

Con el tiempo, José empezó a notar algunos cambios en su salud. Se sentía constantemente cansado, tenía una sed insaciable y comenzó a perder peso sin razón aparente. Al principio, atribuyó estos síntomas al estrés del trabajo y al envejecimiento, pero cuando empezaron a afectar su capacidad para manejar su negocio, decidió visitar al médico.

EL DIAGNOSTICO


Después de varios análisis, el diagnóstico fue claro: diabetes tipo 2. José estaba sorprendido y confundido. Siempre había pensado que la diabetes era una enfermedad que afectaba a personas con sobrepeso o que llevaban una vida sedentaria. No entendía cómo le había sucedido a él.

Su médico le explicó que el consumo excesivo de azúcar, incluso sin ser consciente de ello, había sobrecargado su sistema y llevado a su cuerpo a no poder regular adecuadamente los niveles de glucosa en la sangre. La cola negra que tanto disfrutaba era una de las principales culpables.


José decidió tomar el control de su salud. Comenzó a educarse sobre nutrición y a leer las etiquetas de los productos. Se dio cuenta de que muchas de las cosas que consumía a diario contenían altas cantidades de azúcar añadido. Cambió su dieta, eliminando las bebidas azucaradas y optando por alternativas más saludables. Aumentó su consumo de frutas, verduras y proteínas magras.

Con el tiempo y mucho esfuerzo, José logró estabilizar sus niveles de glucosa y mantener su diabetes bajo control. Aunque lamentaba no haber sido más consciente antes, estaba agradecido por la segunda oportunidad de cuidar mejor de su salud. Y siempre que veía una botella de cola negra, recordaba la lección que había aprendido y se aseguraba de compartir su historia con otros para que no cometieran el mismo error.

FIN

Si te gustó este artículo, dímelo y compártelo con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices.

Si no te gustó, da igual, ojalá que la próxima historia sí te guste, siempre hay oportunidad de mejorar y te lo agradezco. 

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago, mueve tu dedito. Ya sabes, tal vez no te conozca, pero sí te quiero. Un gran abrazo y que estés muy bien. Y RECUERDA QUE SI QUIERES TENER UNA BUENA CALIDAD DE VIDA Y DISFRUTAR CON TU FAMILIA, VALE LA PENA CUIDARSE.


martes, 29 de agosto de 2023

Y SE MURIO EL CHINITO MALCRIADITO

 ADVERTENCIA

Este es un cuento que no termina porque tendrá añadidos a medida que vayan o surgiendo anécdotas o aflorando recuerdos no incluidos en las primeras versiones, así que el cuento se irá alargando, digamos que el chinito malcriadito cada vez que resucita, se pone a escribir nuevas líneas. Los recuerdos afloran sin ningún orden cronológico y por eso se escriben en ese mismo desorden, así que no deben de esperarse más que las historias, las anécdotas a medida que surgen de ese vorágine que es la memoria de este chinito que ya se murió. No quiero resentidos, ya los iré incluyendo a todos.

jueves, 20 de julio de 2023

FUI AL CINE CON UNA NENA

 

GUAYAQUIL, SABADO 15 DE JULIO DEL 2023

Este sábado fue realmente memorable, fui al cine con una nena a la que le llevo muchos años de diferencia, hasta su madre y su abuela me animaron a salir con ella y hasta ellas nos acompañaron, sí señores, qué dicha, vimos una película, ella estuvo un poco inquieta, fue como tres veces al baño, tomó el té, comió canguil, como se debe de hacer en un cine, en fin, pasamos bonito aunque al final se aburrió y quiso salir del cine.

Esta memorable ocasión, también lo fue para ella ya que era la primera vez que iba a una sala de cine aquí en Guayaquil y no es que en otras partes ya lo hubiera hecho, pero creí imprescindible hacerlo, me imagino que algunos estarán muy intrigados en conocer quién es la nena, pero antes permítaseme contarles que la peladita me hace mucha gracia con sus ocurrencias, es por demás cariñosa, juguetona, cuando me ve, se alegra y una inmensa sonrisa se dibuja en su rostro y me contagia, me llena de besos, de abrazos, me hace participar en sus juegos.

Hoy en día se exhibe una sola película en las salas, a nosotros nos tocó la sala 3, contigua al bar. Habíamos llegado al cine con unos 15 minutos de anticipación, por lo que tuvimos tiempo de ir al baño y de comprar en el bar. La recepción del cine es amplia, las taquillas en la pared lateral derecha, en cambio de frente está lo que es el bar y del lado izquierdo la sala VIP a la que aún no he entrado en ninguno de los cines las pocas veces que he ido. 

El color del piso y de la pared es azul y me pregunto por qué habrían escogido este color y por eso mismo me puse a investigar acerca del mismo, y una de las respuestas, que me pareció muy interesante es que las marcas conservadoras lo utilizan mucho para promover la confianza en sus productos, por ejemplo, lo que vendo a precios exorbitantes en el bar, es algo con lo que te puedes atragantar, si, atiborrar tu cuerpo con azúcares, grasas y carbohidratos, en cantidades que al igual que los precios, pueden ser exorbitantes, específicamente en lo que se refiere a bebidas gaseosas y canguil, dos productos estrellas que estrellan tu bolsillo, pero el color azul te dice, consume, consume, paga, paga, confía en mí, esto que yo te vendo, es bueno, muy bueno…. para mi bolsillo, no para el tuyo.

Desde hace años que se puede reservar por internet, la asistencia y hasta pagar con tarjeta de crédito, de manera tal que uno asegura su asiento, acude el día reservado y entra directamente a gastarse la plata en el bar. Bebidas gaseosas, agua, té, canguil, nachos con queso fundido, chocolates, etc, un fin de sabores y colores que te invitan a meter la mano en el bolsillo y sacar el efectivo, la tarjeta de crédito y/o débito para pagar el consumo. Ya la gente se resignó y dejó de ingresar furtivamente nachos, papas fritas, botellas de refrescos individuales y ahora paga porque la vergüenza, la afrenta es mayor, más aún, si para coincidencias, uno se sienta al lado de alguna persona conocida.

Antes de comenzar la película, pasan publicidad sugestiva de lo que se puede adquirir en el bar y avances, trailers de los próximos estrenos, preparándonos para lo que se viene en un futuro cercano.

Ahora hay tantas películas, tantas salas, tanto horario, terror, acción, espías, romance, comedia, infantiles, serias, cine independiente, películas que se han convertido en tal éxito que se han constituido en franquicias, como aquella de los autos que ya va por la número diez creo yo.

La madre de la nena  paga todo con su tarjeta de crédito Hoy no hay descuento, no hay 2 x 1 porque aún es película de estreno, ELEMENTS, cuyo argumento es bueno creo yo, pero también creo que no es tanto para niños, ya que el trasfondo es interesante. Valiéndose de los cuatro elementos conocidos, AIRE, FUEGO, TIERRA y AGUA, se proyectan las diferencias que aún persisten en nosotros cuando alguien se presenta de otra forma a la que no estamos acostumbrados, hasta que poco a poco, con la cotidianidad, vamos acostumbrándonos y ni tanto porque pese a todo, un color de raza diferente, costumbre diferentes, idiomas diferentes, nacionalidades diferentes, aún nos conducen al rechazo, a la intolerancia, a creernos superiores por apellido, color, dinero, estrato socio económico, poder, etc. Interesante para mí fue el planteamiento presentado en la película, bueno, esa es mi percepción hasta aquí.

La sala muy bonita como siempre, es un formato estándar a nivel mundial, eso te brinda confianza porque sabes que lo que encuentras aquí, vas  a encontrarlo en otros lados y si tu experiencia fue satisfactoria, cuando quieras ver una película, la sala que tú escojas será aquella de esa empresa. Una sola columna de asientos, con alfombras a ambos lados, cada fila enumerada y debidamente iluminada para poder ubicar su puesto, aire acondicionado por supuesto, identificados los lugares de salida. El sonido envolvente, con picos de volumen que varían de acuerdo a la escena que hacen que la película se vuelva mas interesante por este motivo.  Los asientos mullidos, muy cómodos, con suficiente espacio para sentarse sin tropezar el respaldar del asiento de la siguiente fila. A ambos lados, porta vasos o porta bandeja para colocar disfrutar de los refrescos y bocaditos adquiridos en el bar.

Los baños muy bien iluminados y muy limpios, todo se ve muy aseado, que hasta dan ganas, dan ganas o por lo menos inspiran confianza, suficientes en número, con aroma de ambientadores, papel higiénico en cada cubículo. Cada  lavabo con su respectivo surtidor de jabón líquido y cerca secadores de aire o toallas de papel. En fin, todo bonito.

QUEVEDO, CUALQUIER DÍA DEL AÑO 1978


Los cines

Uf, la máquina de regresar al pasado sí que funciona y esa máquina se llama memoria y dispara recuerdos, sí, recuerdos de cuando me tocó vivir en Quevedo por un año. En ese entonces en Quevedo existían tres salas de cine a las que los dueños les daban el nombre rimbombante de teatro, aunque escasamente se los utilizaba con ese propósito. De las tres salas, una quedaba contigua al Municipio, justo frente al parque, la otra, solamente a dos cuadras de distancia, frente al parque, la iglesia y en la siguiente cuadra, por la mitad, quedaba la otra sala. La tercera sala quedaba, déjenme recordar como a unas 6 o 7 cuadras de distancia. Estas dos últimas salas eran de propiedad de una paisana china quien además tenía salas en el cantón El Empalme y creo que otra en Balzar, de la cual no estoy muy seguro. Eran aquellos felices tiempos donde una moto iba llevando los rollos de película de un cantón a otro. A
 veces se quemaban los rollos y pronto se comenzaban a escuchar los chiflidos, la rechifla y cuando se demoraban en continuar la exhibición, los reclamos de mejor devuelvan el dinero, etc.

El teatro que quedaba justo frente al parque, al lado del municipio tenía un bar que atendía tanto a los espectadores como a aquel que pasaba por las afueras, ya que tenía una ventanilla de atención a la calle. Ahí se vendía la resbaladera, esa bebida clásica, muy rica, elaborada a partir del arroz, creo que también vendían unos cupcakes como se llaman hoy en día, con un poco de crema pastelera dentro, sí, esa crema de panadería de barrio, esa crema barata pero bien rica. También vendían refrescos en tamaño personal.

La cartelera

Siempre se exhibían dos películas las cuales se promocionaban fuera del cine en una cartelera de unos dos por dos metros, con una pata de unos 50 centímetros aproximadamente. En esta cartelera se pegaban los afiches que enviaban las empresas cinematográficas, con fotos a todo color de los protagonistas y el nombre de la película. El pintor destacaba el horario, si era vermouth, tarde o noches, era la única forma de saber qué películas se exhibían, es decir que había que acudir físicamente a las afueras del cine para enterarse. Suerte la mía que me quedaban ambos apenas a dos cuadras de distancia tanto el primero del cual he hablado largamente, como el segundo.

Por aquellos tiempos en Quevedo, eran escasas las películas interesantes, predominaban aún las del oeste, las de acción de ladrones y policías y las de kung fu. En realidad había escasa oferta de dramas y comedias, ya habían pasado los tiempos de Viruta y Capulina, los del Santo el Enmascarado de Plata, las musicales de México y las picarescas. Películas para niños, prácticamente ninguna. La censura era escasa, aunque si se controlaba la entrada de menores en películas violentas o cuando la autoridad así lo decidía.

En las afueras de los cines, la gente se congregaba a ver la cartelera, a comentar con los otros potenciales espectadores acerca de si prometía ser una buena película o no, si alguien ya la había visto y le había gustado y si ninguna de las dos películas le convencía, se dirigía al otro cine, sito a dos cuadras, a ver si encontraba algo interesante. Caminar de noche no era problema, por suerte en aquellos tiempos como se acostumbra a decir en las misas católicas, la delincuencia a pesar de que sí se daba, no era tan violenta ni tan a diario como hoy en día.

Para ingresar al cine, había que pagar en efectivo en la taquilla, que era una sola, el hombre recibía el dinero, devolvía el cambio y las entradas respectivas que consistían en un papel que identificaba el cine, creo que el día y la ubicación porque para ese entonces existían dos clases, digamos, luneta y galería, galería era más barata y si la luneta era  incómoda, no quiero imaginarme cómo era la galería a la que nunca fui.

Primera llamada

El asunto era simpático, habían tres llamadas antes de empezar la función, primera llamada, primera llamada, luego, creo pasados los cinco minutos iba la segunda llamada, segunda llamada y por último la tercera llamada. Cosa curiosa que en este cine, previo al comienzo de la función, se escuchaba siempre una marcha militar americana de esas viejas, cosas del dueño a quien mi padre conocía, no recuerdo bien su ascendencia si sirio, turco o de por ahí. Siempre me pregunté el porqué de esa marcha y creo que moriré con el deseo de saberlo, no sé si será más fácil entender cómo fue creado el universo. Los anuncios se hacían por parlante, de esos clásicos tipo corneta que también servían para llamar a alguien voceando;  al señor fulanito de tal lo buscan en la puerta y si no acudía, volvían a repetir el mensaje.

El bar

Al ingresar a la sala había que adquirir previamente los refrescos y los bocaditos. Dentro de la sala solo había ventiladores. En la parte de la galería se podía observar gente que se había quitado la camisa para paliar en algo el calor. La galería quedaba en la parte superior que llegaba hasta como un tercio del espacio que en la planta baja ocupaba la luneta.

Esos baños, Dios mío

Los baños, ah, los baños, no habían urinarios individuales, sólo el clásico urinario general hecho de cemento y en la pared como a un metro aproximado de altura, una tubería colocada horizontalmente, con varios perforaciones equidistantes para chorrear agua por la pared para que el orine escurra por la rejilla o trampa, no hay nada que preserve la intimidad de cada persona, ya que no existe ningún tabique de separación, creo que apenas una o dos tasas de servicio higiénico que creo que nunca tenían papel higiénico, porque eso sí que nunca iba a hacer uso de ellas así que me imagino que no lo tenían, uno o dos lavamanos y sécate en tu ropa o en lo que puedas porque aquí no hay toallas ni de papel ni secadores. El olor a naftalina impregnaba el ambiente indicando que muy cercano a los asientos se encontraba el baño. El olor era tan fuerte que no había para que preguntar dónde quedaba el baño. Era clásica la naftalina cuyo olor era tan fuerte que superaba el de la orina y el de las heces, así que cumplía bien con su propósito. Del tocador para damas, por ser elegante en el lenguaje, no puedo comentar absolutamente nada, ya que como dijo alguien por ahí, desconozco del particular.

¿Butacas reclinables?

Los asientos eran muy cómodos, sí, con toda la comodidad que pueden darte los asientos metálicos cuya pintura ya había desaparecido de tanta nalga que se había sobado en ellos. Estaban pintados de un color café horrible y la parte decolorada brillaba con ese brillo del sobajeo de tanta nalga. Había unos asientos ubicados apenas a unos dos metros de la pantalla, cosa que si llegabas tarde y todos los demás asientos estaban ya ocupados, de seguro salías con tortícolis que para qué te cuento. No había donde colocar los sanduches o las bebidas, solo tus manos servían y de ahí lo que sobraba, al piso. En ese tiempo no se ponían siquiera tachos de basura. El piso del cine era cemento pulido, nada de las exquisiteces de hoy en día. Me imagino que siempre se barría la sala, recogiendo cuanto desperdicio y basura habían dejado los espectadores  y de vez en cuando se la lavaba con creolina, dato que había olvidado incluir pero que gracias a una colaboración del Dr. Roberto HIdalgo, aquí lo pongo. La creolina aniquilaba literalmente todo lo que se le enfrentaba, se utilizaba comúnmente para desinfectar y matar bacterias, eso sí, dejaba un fuerte olor pero en nuestra generación estábamos acostumbrados a eso, lo que desinfectaba no olía rico, sólo desinfectaba, se la utilizaba hasta en los hogares. Curioso como soy, me puse a investigar un poco acerca de la creolina y recién me doy cuenta de que su manejo requería mucho pero mucho cuidado, su ingestión podía causar vómito, colapso respiratorio, confusión, coma y hasta muerte. Riesgo de edema faríngeo, glotis y laringe, mientras que la excesiva inhalación de sus vapores tóxicos puede causar irritación bronquial, tos, respiración dificultosa, nausea, mareos y dolores de cabeza, además de que los efectos influye colapso el sistema circulatorio, confusión, delirio y coma. También entre los síntomas se incluyen, debido al contacto, irritación de la piel y de los ojos. Ignorancia por que no habían medios para socializar noticias o debido a una buena manipulación de la creolina, lo cierto es que  nunca me enteré de muertes por mal uso. 

Ricos sanduches de chancho

En las afueras de este teatro o cine, había una carreta. Un hombre moreno, de supongo unos 50 años de edad, la atendía, me imagino que era también su propietario, moreno, un poco grueso, brazos velludos, bigote, usaba lentes y medio calvo. Ahí vendía solo sanduches de chancho, preparados con pan enrollado, lechuga picada y juguito, sí, ese juguito lleno de grasa, un poquito saladito pero que mojaba el pan y le daba un sabor exquisito, también tenía ají para darle un picor.Si uno quería comprar fuera del cine el sanduche de chancho, tenía que pedir permiso al hombre que controlaba la entrada y creo que le daban un pequeño ticket que era un trozo de cartulina con un sello. Lo simpático del asunto es que en las afueras del otro cine, apenas a una cuadra de distancia, había otro vendedor que pregonaba, ey, ey, perro caliente, así que no estaba  difícil el adivinar que vendía este hombre. Lamentablemente no he podido encontrar en internet alguna historia de esta persona, pero les prometo que si llego a conseguir información, actualizaré este escrito.

Ey, Ey, perro caliente

Esta es la historia de Don Lorenzo  quien vendía sus hot-dogs o perros calientes, afuera del otro cine. En su carreta,  las salchichas bastante rosadas por el colorante, colocadas una tras otra en una bandeja plana que se mantenía caliente, a un costado, la cebolla cortada en juliana sumergida en una salsa de tomate, creo que con un tanto de vinagre para darle un mejor sabor. El pan, típico pan de hot dog. Había recipiente con mostaza para el que quería darle más sabor a su hot dog. El grito de batalla de don Lorenzo para atraer a su clientela era ey, ey, perro caliente para llamar la atención y a continuación, él mismo se contestaba diciendo Oiga, me llamó, ah?¨



Hoy al escribir estas líneas, investigando, recién me entero por el Diario Digital Al Día, que este honrado y trabajador ciudadano se llamaba Lorenzo Obdulio Bravo Jaramillo, nació en la ciudad de Macará, provincia de Loja un martes 1 de octubre del año 1929. A sus 31 años en 1960, llegó a la ciudad de Quevedo, donde años después se hico popular. El aroma de la cebolla frita con la salsa de tomate y las salchichas, flotaba en el aire e invitaban a comprar, a degustar, a probar si aún no lo habías hecho.

A sus 88 años fue entrevistado para una revista dominical, donde contó un poco de su vida, anécdotas y más. La idea de venir a esta ciudad de la provincia fluminense, fue de un amigo quien le propuso trabajar en una bananera.

“Me vine aquí a Quevedo, estaban las bananeras llenas, pasé 15 días a base de maduro, en el parque dormía yo, no tenía a nadie”, contó mientras varias personas trataban de llamar su atención.

En un lugar desconocido, tuvo que encontrar la forma de subsistir, ganar dinero para llevar el alimento diario a su casa. Inició vendiendo naranjas y 3 años después empezó su popular negocio de venta de hotdog.

A pesar de sus problemas a la columna, sus ganas de trabajar nunca desmayaron. Con una carreta y unos banquitos, vendía sus perros calientes, sencillos, pero deliciosos, pan, chorizo, cebolla frita y dependiendo el gusto del cliente, mayonesa o salsa de tomate.

Don Lorenzo falleció a los 91 años de edad. Hasta aquí la reseña tomada del diario Digital.

No había mucho contra qué comparar, sólo decir que ambos eran buenos, no había ningún recelo ni reclamo en ingresar nuevamente con un sanduche de chancho o un hot dog.

Como eran dos películas que se exhibían, se aprovechaba del intermedio para volver a comprar refrescos y antojos, ir al baño, etc.

Momento para un beso

Cuando íbamos con las enamoradas o con algún proyecto, buscábamos los asientos más reservados que brindaran cierta intimidad para poder ensayar o estrenar un beso y algo adicional si se daba la oportunidad, rogando que no nos viera la clásica persona chismosa que nunca falta.

La otra sala a la que nunca fuí

Creo no equivocarme en decir que a la tercera sala de cine nunca acudí a una exhibición como que era más, como decirles popular. Alguna vez sí estuve ahí porque se celebró el cumpleaños de la hija de un comerciante, conocido de mi padre. El hombre le había regalado a su hija un auto y había metido el auto a la sala y lo adornaba con un gran pompón.

Los charoles de cigarrillos y caramelos

A las afueras de los cines, como era obligatorio, el típico charol atiborrado de menta glacial de la Universal, Manicho, Osito, Tango, Manicris, barritas de chocolate, caramelos de diversos sabores, chocolate huevito con su rico relleno de malvavisco, chiclets de menta básicamente, y cigarrillos, el clásico Lark, Marlboro, Camel, Lucky Strike, Kool (mentolados), no sé si Full Speed, creo que se veía feo fumar Full Speed, eso era para la gente baja, como dirían algunos agrandados y creídos.

Medio Pollo

Hoy siendo un miércoles 9 de Agosto, me viene a la memoria un negocio que había en Quevedo en tiempos de mi niñez, eran dos hermanas jóvenes las propietarias, oriundas de la sierra, y traigo a colación esta anécdota porque nunca me olvido el nombre del almacén "MEDIO POLLO", y claro que con ese nombre cualquiera se imagina que vendían pollo a la brasa, o al estilo KFC aunque ese negocio no existía en ese entonces (década de los setenta) en Ecuador, lo cierto y para saciar la curiosidad de mi querido lector, aquí les revelo que se trataba de un almacén popular de venta de calzado. Vaya viendo dijo mi suegra.

REVELACION

Algunas veces he ido a ver a la nena al centro educativo donde se está formando y bien llegado el momento de la verdad,  ahora sí les revelaré quién es ella, la que alegra mi alma cuando la veo. Ella es mi nieta Agustina que apenas tiene 4 añitos de edad, cumplidos el 30 de Abril, misma fecha en que cumple Aurelia, su abuela, mi esposa, quien la adora y a quien le hace falta tanto el verla, que es como si le faltara el aire cada día que no puede visitarla. Ah, cuánto hubiese disfrutado mi padre de tenerla, de mimarla, de consentirla y de seguro cuánto hubiese ella adorado a mi padre, el  bisabuelo que no conoció. La ida al cine con mi nieta, fue un buen pretexto para este escrito, somos solo recuerdos.

FIN

Un buen amigo me dijo que debería de poner siempre la moraleja, la conclusión, la enseñanza y yo le respondí que eso se lo dejaba al lector quien debe de arribar a lo que quiera arribar al concluir la lectura, le decía que sería un insulto de mi parte el pensar que yo tendría que decirle que el sol es amarillo, que calienta la Tierra, que sin el sol no habría vida, etc, así que, querido lector, la conclusión, por respeto, te la dejo de tarea, en todo caso, escríbeme para que me participes acerca de tus conclusiones, a ver si coincidimos o has llegado a ver aquello que yo no vi, te lo agradeceré.

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lunes, 27 de marzo de 2023

LA PALA

 

LA PALA



La pala, conocen ustedes que es una pala, claro que sí, según la Real Academia Española de la Lengua, una pala es: “una herramienta de mano utilizada para excavar o mover materiales con cohesión relativamente pequeña. Consta, básicamente, de una lámina con una ligera curvatura y de un mango con el que se maneja. La tabla o plancha suele ser metálica y el mango remata generalmente en un asidero que puede ser recto o curvo, para poder ejercer mayor fuerza con una de las manos. ​ La pala se ha empleado desde la más remota antigüedad en labores agrícolas y de construcción. Pero pasa y sucede que esta pala no es cualquier pala, es una pala para cacao, es diferente, es de madera, y no es hecha industrialmente, es tallada a pura mano, de un solo trozo de madera, de madera seleccionada, de árbol cortado en la fase correcta de la luna, dejada secar por el tiempo necesario para luego con el amor de nuestros artesanos, ir dándole forma poco a poco, con herramientas rudimentarias, acariciando como se acaricia a la mujer amada, como cuando se ama, se va sacando lo mejor de esa persona porque se conversa con la madera, se le dicen cositas, se le hacen promesas, escucha pala hermosa,  a ti nadie te conocerá, pero sabes que? En ese chocolate que se hace con el cacao fino de aroma, con el mejor cacao del mundo, hay una parte de tí, ignorada, pero apreciada y saboreada, porque tú llevarás contento y alegría a mucha gente, al niño, al viejo, al de la patisserie y harás que ese momento sea inolvidable, tú estarás presente en esa taza de buen chocolate, de sabor profundo, de gran aroma, chocolate que como el buen beso, no se olvida fácilmente, más bien se recuerda, se rememora y se ansía el repetirlo, ves pala que no eres una insignificante herramienta, no, para nada, tú estarás en las mejores ciudades del mundo, en esos gratos momentos, sí, ahí tu estarás.  Y yo te vi,  yo te ví pala, cuando me dirigía a ver a mi hijo, y un muchacho, bueno que a mi edad, alguien de 25 aún es un muchacho y él te llevaba de la mano, si parecían una pareja de enamorados, porque él, no te llevaba como se lleva cualquier cosa, su mano acariciaba tu talle, con paso firme y decidido se dirigía quién sabe a qué lugar, pero tú pala, ibas a ese lugar con un propósito, el de apalear cacao, es decir sacarlo del saco de yute, para ser regado en el tendal, para broncearte con los rayos del sol y darte ese color tan bonito, luego de algún tiempo de secado, para luego en el momento preciso, acogerte cacao en tu regazo, suavemente, delicadamente, porque para eso eres de madera para acariciar, no para lastimar, como lo haría una pala metálica.

Me quedé en la adivinanza de hacia dónde te dirigías, pero oh, pala, rápidamente me trasladaste en el tiempo, qué mentira tan grande esa de decir que los viajes en el tiempo no existen, claro que existen, por supuesto que sí, y tú me trasladaste 54 años atrás, pero donde el protagonista no eras tú, oh pala, tú fuiste el pretexto del viaje.

LA CUADRILLA


Quien maneja la pala, o mejor dicho quien manejaba la pala, era el cuadrillero y se le decía así, porque formaban una cuadrilla con un jefe y quienes compraban cacao en Quevedo contaban con su cuadrilla de confianza, gente que trabaja con ellos desde hace muchos años y que conocían del oficio. Era gente humilde, casi siempre realizaban su oficio sin siquiera una camiseta, porque había que ahorrar para mejores cosas, un trapo viejo amarrado en la cabeza para soportar el sol inclemente, un pantalón negro para que no se notase la suciedad ni lo descolorido, una soga haciendo de cinturón para evitar que el pantalón se escurriera de esa cintura estrecha a fuer de cargar de todo y comer de nada, lo mismo daba echarse una saca de arroz con cáscara con peso de casi doscientas libras, que arroz pilado, cacao y café en grano. Y siempre sin zapatos. La gente de la cuadrilla era más joven de lo que parecía, eran viejos, pero de aquella vejez no ocasionada por la edad, sino por la precariedad, por largas horas de exposición al sol, por largas noches de trabajo. En sus rostros y en sus ojos no se denotaba la tristeza, dentro de sus limitaciones eran felices, porque para ser feliz no se precisan de muchas cosas. Mikino era el jefe de la cuadrilla, él se entendía con don Pedro Martinetti, compadre de mi padre, Alfonso Fun Sang, vecinos de toda la vida y compadres desde antes de nacer. Mikino dirigía la cuadrilla, asignaba la cantidad de personal, supervisaba el trabajo, recibía la paga de manos de don Pedro y pagaba a cada cuadrillero según el trabajo realizado.

Me hacía mucha gracia ver el trabajo de la cuadrilla, una vez que el cacao se sacaba de las sacas, quedaba amontonado, y poco a poco, caminando sin alzar los pies, como quien hace un bailecito, se iba formando una línea de cacao de aproximadamente 10 centímetros correspondiente al espacio natural entre los dos pies, al llegar a la pared del otro extremo, se giraba en U y se continuaba, así el tendal quedaba con el cacao “tendido” y se secaba al sol. Este tendal lo tenía don Pedro en la parte alta de su negocio “La Casa del Cacao” ubicada en la calle Bolívar entre la Séptima y la Octava”, justo al lado del negocio de mi padre, “Almacén Fiesta 59”, que luego se quedó solo en “Almacén Fiesta”.

A eso de las 5 de la tarde o antes, cuando el día amenazaba lluvia, entraba en juego la “pala” para recogerlo, se lo volvía a ensacar y el trabajo se repetía los días que fueran necesarios para lograr un buen secado, un buen fermentado, aroma y sabor al transformar el cacao en un delicioso chocolate.

Así que el cacao lleva amor, cariño, humildad, trabajo tesonero, sacrificio, arte, conocimientos ancestrales y ya le paro aquí, sino voy a ponerme a llorar de tanta palabrería.

Como que me estaba olvidando que mi padre también contrataba a la cuadrilla para cuando llegaba el camión de la fábrica La Universal, trayendo galletas, chocolates, pastas. Había que depositar en la bodega los productos, debidamente ordenados. Unos dentro del camión, preparaban la carga y otros la llevaban a la bodega donde alguien más la recibía y apilaba en orden, cuidando que los productos como el fideo, no se quebraran por demasiado peso, ya que por aquellos tiempos, éste se empacaba en fundas de papel kraft, de 6 libras y la presentación como el fideo cabello, era muy susceptible de quebrarse por ser de una masa muy ligera.

LOS CAMAREROS


La gente de la cuadrilla era multifacética en su trabajo, ya que los ingresos por el trabajo de cuadrillero eran pocos, así que había que darle a otros oficios, y qué se puede hacer cuando se carece de educación formal e informal, cuando la vida ya te señaló, te marcó, o como se dice hoy en día, ya te etiquetó? Entonces los cuadrilleros hacían de saloneros. Una humilde camisa blanca manga corta, seguramente lavada y planchada por su esposa, en plancha de carbón, de esas que tenían un gallito de madera para poder alzar la tapa, alimentar el carbón a fuego vivo y sin quemarse, un pantalón negro, el mejor de todos que por cierto eran muy escasos, por no decir el único, que se guardaba para las mejores ocasiones, los velorios y el trabajo de salonero, un corbata negra de lazo, zapatos viejos pero eso sí, bien lustrados, brillantes en su humildad y lo que no podía faltar era una franela roja para limpiar las mesas. Cada cuadrillero tenía su área delimitada de trabajo lo cual evitaba peleas o celos laborales. Se ganaban una propina cuya generosidad dependía de la voluntad del ordenante que en muchos casos eran personas conocidas de Quevedo, que los empleaban como cuadrilleros. Recibían los pedidos de los clientes y lo atendían, cobraban y de las propinas algo quedaba para llevar a la casa, para la señora, para los hijos, para matar las penas con una cerveza que en medio de esa precariedad, procuraba una alegría, una sonrisa, una distracción, aunque siempre se conversaba de lo mismo, del trabajo, de la lluvia, del sol, de la familia, de las enfermedades, del cansancio, de la pobreza y por supuesto de los sueños e ilusiones, de cómo dar a los hijos una educación formal que ellos nunca tuvieron, para sacarlos adelante en la vida, para que sean gente decente, de bien, para que sean el orgullo de sus padres de manos callosas, cansadas de tanto lavar ropa ajena y plancharla y de tanto apalear cacao y cargar al hombro sacas pesadas que teniendo el mismo peso, cada vez, se sentían más pesadas porque el hombre de acero solo existía en las revistas que el Chinito Malcriadito o sea yo mismo, leía en las afueras de la Compañía Wong, ahí sentado en una banca, donde alquilaban revistas. No, el cuadrillero era un ser humano, pero con más temple, no podía darse el lujo de enfermarse porque no había plata para el doctor, peor para la medicina y luego cómo iba a mantener su hogar si hogar se le podía llamar a esas cuatro paredes de caña, de cocina americana es decir abierta porque sólo tenía una pequeña cocineta a kerex, una sola sartén y una sola olla, una tetera, renegrida y sucia porque se lavaba a punta de agua y sin jabón.

Acá en esa faceta de camarero o salonero, la figura de Mikino no existía, me imagino que el organizador de la fiesta, del baile, los contrataba directamente, no sé como era la paga, si a punto de la pura propina, o algo le daba como un básico, son de esos temas de los cuales siendo niño, luego joven y adulto, nunca preocupé.

A casi todos los saloneros los conocía por su faceta anterior de cuadrilleros, ya que por ser mi padre vecino con don Pedro, yo los veía casi a diario, siempre humildes, nunca belicosos, tampoco los ví tomados, respetuosos con su patrón también con mi padre, donde don Pedro, los cuadrilleros pasaban casi a diario porque había cacao, arroz, café, maíz, etc, que recoger mientras que en el negocio de mi padre, los camiones de La Universal bajaban desde Guayaquil  casi siempre en una frecuencia semanal.

MIKINO Y SU BANDA



En la faceta de cuadrilleros, Mikino era el líder, el que se entendía con los patrones, pero había una faceta adicional en la que Mikino hacía de líder, o por así decirlo, de Director Musical. Sucede que además de su trabajo de cuadrilleros y saloneros, esta linda gente, gente humilde, pero generosa, maravillosa, eran músicos innatos, no de aquellos que fueron a un Conservatorio de Música, sino de aquellos que asistieron a la Academia de la Vida, si, a esa Academia que enseña a golpes y que transforma esas tristezas en música, claro, música popular, de aquella que se baila con alegría en las fiestas del pueblo. No recuerdo mucho los nombres, aparte de Mikino, había un Alciviades y otros, me perdonan la mala memoria. Lo que sí me acuerdo que tocaban el bombo por supuesto, un trombón, trompetas creo que habían dos, el que tocaba los platillos ya que la banda era ambulante, de esas que van como desfilando en fiestas patronales, así que el del bombo no podía tocar el platillo al mismo tiempo, saxo no creo o no me acuerdo, lo que no olvido es que era algo bonito, lo que le daba el tono alegre a la vida sencilla de los pueblos. La banda también tocaba en las fiestas de aniversario de La Casa del Cacao, de don Pedro, quien aprovechaba la ocasión para homenajear a clientes, amigos y a los cuadrilleros, con quienes compartía cerveza sin límites, porque en esas fiestas lo único que no podía faltar era el respeto, el resto, lo que fuese, pero nunca ví, por lo menos no presencié de ningún desafuero, cosa que creo que nunca ocurrió porque hubiese escuchado a mis padres, o hubiese sido el comentario infaltable en días posteriores a la fiesta. Si, allí en el tendal de don Pedro, se celebraban estas fiestas, donde se arreglaba el lugar lo mejor que se podía, se ponían esas guirnaldas de papel en colores pasteles, también habían focos porque la fiesta se prolongaba hasta la noche, comenzando desde el mediodía, fiestas donde no faltaba la pierna de chancho, servida con chifle, mote y la infaltable salsa de cebolla con tomate, donde los cuadrilleros-músicos-saloneros conversaban de tú a tú con don Pedro, pero siempre manteniendo la distancia del respeto. Era bonito, verlos alegres, tomando, comiendo, bailando, conversando, gente linda.

Como la vida tiene esos caminos, pronto nos separamos, fui a estudiar a Guayaquil desde temprana edad y regresaba solo en fines de semana y vacaciones y para fechas como las fiestas patronales, finados, Navidad y fin de año. Ahora en retrospectiva, me imagino que casi todos estarán fallecidos, pero siempre presentes en mi memoria porque formaron parte de mi vida, porque crecí viéndolos trabajar fuerte, sin quejarse, gente de esa madera noble y templada que resiste el paso del tiempo, que no se quiebra ante los avatares de la vida, cuyo norte fue siempre mejores días para su familia.


DON AQUILES ALVAREZ LERTORA


Ahora me río porque más de uno, al leer estas líneas se preguntará que qué tiene que ver don Aquiles con los cuadrilleros, pues mucho. Sucede que don Pedro le vendía su cacao a don Aquiles Alvarez Lértora, quien bajaba en sus camiones Scania Vabis, primero en un trompudo y luego en un ñato, siempre de color anaranjado, característico de la marca por ese entonces, de cajón de madera, abiertos, se protegían de la lluvia con una tolda gruesa de lona, ya que de mojarse el cacao se echaría a perder todo el trabajo previo y el producto no tendría salida en el exterior. El cacao seleccionado se envasaba en sacos de yute que se cerraban a mano con una agujeta utilizando cabuya, todo natural, antes de cerrarlos, se los pesaba para que todos fueran con el peso correcto, ni más ni menos. Los sacos eran identificados utilizando una plantilla y pintura, lo cual también se hacía a mano. Una tabla gruesa hacía de rampa para que los cuadrilleros subieran hasta el cajón de camión donde alguien recibía los sacos y los iba ordenando, creo que don Aquiles contaba las sacas de cacao que entraban a su camión,  ya que con esa información se procedía a hacer el pago el cual desconozco si se lo hacía en ese instante o luego, con depósito o cheque, total, no viene al caso.  Fue por esa circunstancia que conocía a Don Aquiles Alvarez, de quien recién conocí que su segundo apellido era Lértora porque me puse a preguntarle a la chismosa, a la que se da de que lo sabe todo, LA INTERNET y claro que siendo su segundo apellido no tan común, lo llamé a Lorenzo Lértora, ex – compañero del Colegio Javier de Guayaquil quien me dijo que su padre era primo en segundo grado con don Aquiles.

Alguna vez don Aquiles bajó a Quevedo con sus hijos, no sé cuántos tuvo, pero esa ocasión andaba con dos, colorados como el padre y creo que esa fue la única ocasión que los ví.

1995



Ya para ese año, yo estaba trabajando en Chiquita y viajaba anualmente a Miami, a veces en Mayo y otras en Junio, a atender la conferencia para contralores del Trópico como nos llamaban (Tropical Controllers) y yo aprovechaba la ocasión para viajar con mi familia, luego de concluir con la conferencia. Para ese entonces, había viajado con mis dos hijas, Saskya la mayor y Yara, la segunda, para esa ocasión aproveché para visitar a María William, en Cristal Spring cerca de Ocala. María me había conocido desde niño, fué compañera de Colegio de mi hermana Montserrate, muy querida, me recibió con los brazos abiertos y me presentó a sus hijos y a Yeyo, su esposo, pensar que conmigo no tenía compromiso alguno más que el ser hermano de Montse, pero así es el cariño de la gente que derrocha amor.  En el viaje de regreso a Ecuador, ya en la terminal de American, me encontré con Jimmy Salazar, ex – compañero del Instituto Particular Abdón Calderón y del Colegio Javier, con quien no me había visto desde que salí del Colegio para estudiar en Canadá, nos saludamos efusivamente y nos despedimos, cada cual pues hacia sus asientos, creo que Jimmy, al igual que yo también viajaba con su familia. Pero ocurrió una cosa curiosa, ví a una persona cuya cara me pareció conocida y noté que esa persona también me miraba, luego de un tiempo, se me acercó alguien de mi edad, digo yo, aunque no soy buen fisonomista, y me dijo que su padre le comentó como que me conocía y claro que le pregunté que como se llamaba su padre y me dijo su nombre: Aquiles Alvarez y por supuesto que la memoria enseguida funcionó, Quevedo-cacao-cuadrilla-Pedro Martinetti. Don Aquiles tenía un cuello ortopédico, me comentó que se había caído en el hotel en Nueva York, que eso había arruinado el viaje, pero en fin, conversamos un poco más y luego nos despedimos porque él viajaba en clase de lujo y yo en turista.

Pocos meses después de regresar a Ecuador, don Aquiles falleció.

Después me enteré que había sido Presidente del Barcelona SC y que bajo su liderazgo el equipo había alcanzado el primer bicampeonato en la historia del fútbol nacional. Bien por él.

2023


Aquiles Alvarez Henríquez, nieto de don Aquiles Alvarez Lértora, es electo Alcalde de Guayaquil. Esperamos todos que la ciudad siga creciendo ofreciendo oportunidades para todos. Felicitaciones.

VIAJEROS EN EL TIEMPO (corte a Abril 20, 2023)

Lo bonito de escribir estas historias es que luego me llaman para comentarme sobre la misma si les ha parecido interesante o de experiencias similares y en este caso, me permito contarles 3 "regresiones" cuánticas gracias a "LA PALA"

Vielka Vila

Vielka Vila es el seudónimo de una querida y guapa prima mía quien me contó que estando en Quevedo en casa de mis padres, asistió junto con ellos a una fiesta donde estaba don Aquiles y un hermano de él, dn Arturo Alvarez Lértora, de quien no sé nada más, salvo esta mención que hace mi prima, supongo que acompañaba a Dn. Aquiles en sus viajes a Quevedo y que tal vez la fiesta fué en casa de Dn. Pedro Martinetti, compadre de mis padres. 

Mi queridisima prima, también menciona que Mikino, estuvo casado con María Hallón, hermana de mi abuelo por parte de mi madre y aquí vale la pena una aclaración, yo nunca conocí  a mi abuelo chino Emilio Yong, padre de mi madre y a quien conocí fué a Dn. Sixto Hallón quien se casó con mi Doña abuela Ana Olivo Miranda y a quien cariñosamente le decíamos el abuelo, porque él era el abuelo que estaba, no el abuelo invisible a quien nunca conocí. De corta estatura, moreno, siempre usaba unas camisas blancas, mangas largas, la cotona como le decían, bajo como era, las mangas largas alcanzaban a cubrir sus manos por lo que usaba de esas ligas rojas que servían para "arremangarlas" y ajustarlas de manera tal que no se viera como muñeco de fin de año con ropa prestada. Lentes redondos, siempre sentado en su butaca, decían que el abuelo era peruano, de allá por
Sullana, pero esta historia me la contaba mi hermano Félix y no sé si necesariamente era verdad. Que interesante conocer de ésto porque nunca me imaginé estar emparentado políticamente con Mikino, que chévere.

Vielka, mi prima, quien como les expliqué, no se llama así, se acordó de los cuadrilleros que extendían el cacao en el tendal de don Pedro y que niña traviesa que era, también se sacaba los zapatos y se ponía a hacer el caminito de cacao con sus pies, y que mi madre, su querida tía Fanny le decía que era una machona, que no hiciera eso, menos aún, en presencia de los cuadrilleros, que ya para esa fecha eran adultos y hasta viejos, no sea que le faltasen al respeto, pero dicha cosa nunca sucedió porque ya me lo hubiese contado.

ORLY

Orly es un ex-compañero quien vive en La Florida y que me comentaba que "LA PALA" lo trasladó a la época de niñez,  a las haciendas cacaoteras en Vinces, de sus familiares.

JOSE B

Mi tocayo está ahora casado con una chica colombiana y juntos manejan un emprendimiento de agroturismo en una finca de su propiedad allá en la ruralidad colombiana y me decía que estas prácticas las había visto por allá.

SEGURO, SEGURO

Seguro, seguro que tú, querido y amable lector has tenido regresiones cuánticas con "LA PALA" y si quieres compartirla, te invito a que me la cuentes, me llames y con gusto, la plasmo en este escrito.

FIN

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lunes, 27 de diciembre de 2021

DICIEMBRE 23, 2021 MI VIRGINIDAD PERDIDA (solo para gente de criterio formado)


DE ESTO NI SE HABLA

 Mucho se habla sobre la pérdida de virginidad femenina, mientras que poco, muy poco o casi nada, se habla sobre la pérdida de virginidad masculina, como si este fuera un hecho no trascendental, no lleno de curiosidad, de expectativa, como que si todo lo que vaya a pasar sea bonito, indudablemente que no está acompañado de ese sentimiento de pesar, culpa y pecado que se encuentra arraigado en las mujeres, ese temor al dolor, a que me pasará, que impide que se lo disfrute desde un principio porque es algo aún lleno de misterio, algo que tal vez no se converse bien entre la mamá y las hijas y peor aún entre papá y sus hijas.



DE DONDE SURGE LA MOTIVACION PARA ESCRIBIR

El tema surge hoy al conversar con Marco Raúl V., ex compañero de la promoción XVI del Colegio Javier de Guayaquil

-Oye José, sabes que a mí me ocurrió algo similar.

Ahí no dimos cuenta de que en ese tiempo, los padres de uno creían que para hacerse hombre, uno tenía que ir con una prostituta,. Cuando esta historia ocurrió, yo tenía 13 años si mal no me acuerdo..



NO FUE ALGO BONITO

Perder la virginidad en esa circunstancia no es realmente nada bonito ya que en ese entonces era un acto comercial y de lo mas grotesco, cosa que aún sigue en los actuales momentos, tal vez ahora haya mas marcas de cerveza, la música sea diferente, pero el acto en sí, sigue siendo el mismo.


LA FAMOSA 18 DE GUAYAQUIL

Acá en Guayaquil, al barrio de tolerancia, se le llama la 18 porque queda en la calle 18 mientras que en Quevedo, al barrio de tolerancia se le llamaba simplemente El Barrio, creo que por economía de saliva o por ser mas discreto en las conversaciones. Mi primo Carlos Luis, visitaba la 18 de vez en cuando.



EL ENCARGO DE MI PADRE

Mi primo por parte de padre, Carlos Luis Y., quien ahora reside en España, fue quien me llevó, por encargo de mi señor padre, al Barrio. Carlos Luis, mayor que mí, ya era canchero, ya era corrido. El ya me había explicado algo de lo que pasaría en ese momento, pero las palabras sobran. Era una circunstancia muy seria eso de iniciarme como hombre, el asunto muy grave.

-Sobrino

-Si, tio Tito

-Mira, como tú sabes, tu primo Pepe ya tiene 13 años y quiero encargarte algo

-Usted digame Tio, que puedo hacer por mi primo Pepe

-Bueno, ya es tiempo de que se convierta en hombre y entonces como tú ya eres corrido sobrino y el te estima mucho, quiero que tu lo lleves, ya tú sabes, al barrio

-Claro tío, a mí me pasó igual y fué mi hermano quien me llevó a la 18 en Guayaquil, así que no se preocupe tío, yo cumplo su encargo.

-Si, querido sobrino, cuando ya lo hayas convencido a tu primo Pepe, me lo dices para darte el dinero necesario, ya sabes, lo que hay que pagarles, tú aprovecha también la visita para que hagas lo tuyo, yo te doy para eso y también para que tomen el taxi de ida y regreso al barrio.

-Correcto Tio Tito, así lo haré, tan pronto lo tenga convencido a mi primo Pepe, yo le aviso.


EL BARRIO EN QUEVEDO

-Tio Tito, ya estamos listos

-Que bueno sobrino, antes que no te demoraste mucho en convencerlo, apenas dos semanas.

-Je je tío, es que al principio no sabía como abordarlo al primo Pepe, hasta que encontré la oportunidad, al principio como que no quería, pero al final, dijo que bueno.

-Bien sobrino, aquí tienes el dinero para tu primo y para tí, también lo del taxi de ida y regreso y te doy a tí, algo extra por ayudarme con esto.

-Gracias tío, no era necesario nada extra, pero gracias de todos modos.

El Barrio de tolerancia quedaba en ese entonces por la loma, es decir por la subida de la vía Quevedo-El Empalme, cuyo verdadero nombre es Cantón Velasco Ibarra, me imagino que se le llamaba El Empalme, porque además de conectar con la provincia del Guayas, lo hacía con Manabí. Revisando internet, parece que el barrio de tolerancia de Quevedo, aún permanece en el mismo lugar que yo conocí.

-Primo Pepe ya vamos

-Espérame que ya me alisto, fuí al baño a lavarme ya ustedes saben qué y a los pocos minutos ya estaba con Carlos Luis, que me estaba esperando fuera.

-Coincidentemente, apenas salimos, pasó un taxi que nos llevó al Barrio.

Mientras iba viajando, pensaba en lo que estaba por hacer, me iba a hacer hombre, iba a conocer cómo son las mujeres, lo prohibido, aquello que se oculta.

Hasta que llegamos. ahora si me puse nervioso.

Muchos hombres fuera, esperando ver que mujer se desocupaba, cual era la mas bonita, por decir algo, o cual era la de su preferencia, cualquiera que fuese esta. Gente tomando cerveza, las mujeres cuando se desocupaban sacaban una lavacara con agua sucia que lanzaban a la calle, que poco a poco se hacía lodosa. 

El barrio arquitectónicamente era un chorizo largo, creo que iba pintado de azul no muy oscuro, el techo de zinc, galvanizado, pero oxidado, después de tantas lluvias; a una sola agua, cayendo hacia atrás. El conjunto estaba compuesto de cuartitos muy pequeños, tal vez de dos metros por dos metros, sin ser mezquino en las medidas. De un cuarto sale un hombre y luego detrás de el una mujer que mira para ambos lados y con una lavacara en mano, lanza el agua sucia a la calle, cuidando de no mojar a los pasantes. Era de noche y la chinita, no esa es una canción, sí era de noche, las luces y el espectáculo no eran de lo mas bonito, mucho miedo en mí, mucha expectativa.


COBARDIA, MIEDO, CURIOSIDAD, TEMOR?

--Primo Pepe, ya es tu turno.

-Espérame un poquito primo, que ya entro.primito le dije, sin confesarle que tenía no sé si miedo, pero de que tenía algo, tenía.

--Bueno, mi tío Alfonso me encargó esta misión de que de su casa saliera con un niño pero que regresara con un hombre.

-Ya primazo, aguántate un poco, ya estamos aquí y sí lo voy a hacer, te lo prometo.

-Bueno, pero que no te tome mucho, vas a ver que te va a gustar, vas a conocer como son las mujeres, para que cuando tengas una enamorada o una novia y tengas que hacerlo con ellas, ya seas experimentado.

Yo había identificado una mujer para realizar este acto. Era una jovencita, apenas unos años mayor que yo, pero supongo ya con mucha experiencia, creo que no pasaba de los veintitrés. Le dije entonces a mi primo Carlos Luis, mira, esa de la puerta de la derecha, esa me gusta, se la ve bonita, jovencita, está rebuena, guapa la bandida, con ella si me gustaría estar. 

Al ingresar a la habitación, veo lo efímero del mobiliario, una cama angosta de una plaza, es decir de 90 cm por 190 cm, una mesa, una lavacara, una jarra para recoger el agua, porque creo que no había lavamanos, un rollo de papel higiénico. En ese entonces no había SIDA y si lo había nadie lo sabía, así que el condón no era algo utilizado. 

-A ver chinito, págame primero.

Chuta no me dejo ni respirar la chica.

-Aquí tienes le dije, sacando el dinero que el primo Carlos Luis me había dado Estaba un tanto nervioso y creo que le dí mas de lo que me había pedido.

La chica toma la jarra de la mesita y llena la lavacara.

-Chinito, bájate los pantalones y también el calzoncillo.

-Todo?

-Si, todo, entonces cómo piensas hacerlo, con ropa?

-Nervioso me quedó desnudo de la cintura para abajo.

-La chica saca mi miembro, al que lo comienza a lavar, me estimula un poco hasta lograr una erección y luego me lo seca, me nota nervioso por supuesto ya que es mi primera vez.

 -La erección tardó un poco en llegar ya que no estaba acostumbrado a algo tan directo. Por supuesto que ya había tenido mis enamoraditas y con algunas de ellas había tenido una erección producto de besos y caricias, pero aquí el asunto era directo, sin previas, totalmente diferente. 

-Ven chinito, me lleva a la cama, viste una falda corta y una blusita, una licra creo, no tiene interiores, después el primo Carlos me dijo que normalmente no usan calzón,  total para qué, mas tiempo va tomar en ponérselo que en sacárselo y aquí en este negocio, el tiempo es oro.


NO FUE NADA BONITO

Se acuesta y abre sus piernas, me muestra su sexo, sus labios internos sobresalidos. La chica en verdad es joven y simpática, pero ya se muestran arrugas en su frente, más de la vejez, del vejamen, del cansancio, de las enfermedades de transmisión sexual.  

-Apúrate chinito que tienes cinco minutos porque ya hay otros clientes fuera esperándome.

El espectáculo no es para nada bonito, ver una vagina abierta, así, sin más ni más,  como en mueca, como burlándose de mi.

-Ven chinito, agarra mi miembro, me estimula un poco con su mano, haciendo un movimiento como cuando uno se masturba.

-Métemela chinito, métemela.

Yo la penetro, un poco temblando.

-Ya chinito, muévete, pareces estatua, ah, ya sé, eres virgo verdad, ésta es tu primera experiencia. Tranquilo que ella no muerde. Si no te va a doler.

Yo comienzo a moverme, rítmicamente, ella me agarra de las nalgas y me empuja.

-Que fué chinito, ya vas a acabar, apúrate que no tenemos todo el día.

-Bueno le digo y me sigo moviendo.

La habitación está separada de la contigua por una pared que no llega hasta el techo, lo cual permite escuchar lo que ocurre en el cuarto de al lado; la mujer me dice que me apure e inmediatamente inicia conversación con la de al lado que imagino estará haciendo lo mismo. Le grita a su compañera, 

-Oye Cecilia, sabes que hoy estoy de suerte, me estoy comiendo un virgo, lo estoy haciendo hombre a este chinito y está bien guapo, si vieras cómo temblaba por los nervios, sí hasta tuve que decirle que la cosa no muerde.

-Francisca, así ha sabido llamarse esta chica, tu sí que tienes suerte, a tí siempre te llegan los virgos y en cambio a mí me llegan puros viejos decrépitos, que vienen acá por que sus mujeres ya no quieren nada con ellos en sus casas. 

Y así termina la conversación.

Llegado al clímax, eyaculo.

-Francisca me dice que ya está, se te acabó el tiempo chinito, viste que no te mordió.

-Que tal, rico? Te gustó?

-Toma el papel higiénico chinito para que te asees.

Me lo seco y salgo algo apresurado de la habitación, ya que Francisca un poco más que me estaba botando.

-Estos virguitos, como son inexpertos, se toman más tiempo de lo usual y me hacen perder a los clientes, tenía que haberle cobrado algo más.

Al ratito veo que sale Francisca y la escena común se repite, la escena de ver a las mujeres salir con lavacara en mano, mirando para ambos lados para no mojar a ningún marchante y entonces proceder a lanzar el agua a la calle.


Cabe aclarar que yo no soy el de la foto. Soy mas guapo, ja ja.

YA SOY UN HOMBRE

Mi primo Carlos Luis me espera frente al cuarto de Francisca.

-Cómo te fué primazo? Te felicito, ya eres todo un hombre.

-Dime, te gustó? La hembra se veía buena, jovencita, buen ojo tienes, qué tal?

-Claro que me gustó mucho primito, estuvo rico, lo disfruté mucho.

,Por supuesto que no había otra respuesta, los machos no vamos a decir otra cosa, tenía puesta una cara de triunfo, de victoria, YA ERA TODO UN HOMBRE.

-Primo, ahora te toca, esperarme a mí, que yo voy a hacer lo mismo con esa misma hembra con la que tú estuviste, la verdad es que está buena.

FIN

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