Buscar este blog

Mostrando las entradas con la etiqueta PREOCUPACIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta PREOCUPACIONES. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026


 Enero en Guayaquil

Guayaquil no cambia mucho en enero.

Calor espeso, promesas nuevas, las mismas calles con otra esperanza encima.

Se casaron un 28 de enero de 2025.

Clase media, ceremonia cuidada, familias contentas, fotos correctas.

Ella tenía 22.

Él, algunos años más y un hijo de una relación que nunca llegó a matrimonio.

A nadie le sorprendió que él se casara.

A muchos sí les sorprendió con quién.

Él

Ingeniero en sistemas.

Trabajo remoto para una empresa en Estados Unidos.

Buen sueldo, horarios flexibles, laptop abierta hasta la madrugada.

En Guayaquil lo conocían bien:

fiestero, tomador social, enamorador profesional.

Latin lover, conquistador, sonrisa fácil.

No agresivo, no vulgar.

Peor: encantador.

Nunca negó lo que era.

Tampoco lo proclamó.

Simplemente vivía así.

Ella

Analista de sistemas.

Casa de software local.

Inteligente, ordenada, discreta.

No ingenua.

No ciega.

Sabía quién era él.

Pero también sabía otra cosa:

que con ella era distinto.

Más presente.

Más calmo.

Más “hogar”.

Y eso —sin decirlo en voz alta— lo tradujo así:

con amor, él va a cambiar.

El noviazgo

Tres años.

No fue poco.

Fiestas que se negociaban.

Amigas que advertían.

Amigos que sonreían con complicidad masculina.

Él bajó el ritmo.

No dejó de ser quien era.

Ella interpretó la pausa como transformación.

No hubo mentiras claras.

Tampoco verdades completas.

Hubo esperanza.

El matrimonio

Al principio funcionó.

Rutinas nuevas.

Cenas en casa.

Viajes cortos.

Sexo frecuente, intenso, todavía joven.

Ella pensó:

ya está.

Esto era.

Él pensó:

puedo con esto.

Y ambos confundieron adaptación con cambio profundo.

Enero 2026

Un año después, la casa seguía en pie.

La pareja también.

Pero algo ya no encajaba.

Las fiestas volvieron, con excusas laborales.

Los tragos no eran el problema.

Las miradas sí.

Ella empezó a notar que no estaba enojada.

Estaba decepcionada.

No por lo que él hacía,

sino porque no era el hombre que ella había imaginado que sería.

Él, por su parte, se sentía injustamente acusado.

No había prometido nada que no pudiera cumplir.

Solo había aceptado un rol que no era el suyo.

La revelación

No fracasaron por falta de amor.

Fracasaron por romantizar.

Ella no amó al hombre real,

sino al hombre posible.

Él no engañó,

pero permitió que lo imaginaran distinto.

Y cuando la fantasía se agotó,

lo que quedó fue la verdad desnuda.

Epílogo

—Yo pensé que con amor ibas a cambiar.

—Yo pensé que podía.

Se miraron un instante, el reloj marcando la rutina que nunca volvería.

Ella cerró la puerta de la sala, él dejó la llave sobre la mesa.

Los días siguieron, lentos, exactos.

No hubo palabras, ni reproches, ni abrazos.

Solo un hueco donde antes hubo tres años.

El cómo podía ser… quedó en el aire, sin dueño.


FIN

sábado, 10 de enero de 2026

Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro



Mocolí, cuando la violencia toca lo que creíamos seguro

En los últimos meses, la realidad de nuestra sociedad se ha vuelto demasiado evidente y demasiado inquietante para seguir ignorándola. Asesinatos selectivos, hechos de violencia en espacios cotidianos y nombres que antes solo aparecían en las noticias hoy forman parte de una conversación recurrente. No son episodios aislados: son señales.

Durante años nos convencimos de que la violencia estaba “en otro lado”. Que existían territorios ajenos al conflicto y burbujas de protección: urbanizaciones cerradas, garitas, vigilancia privada, estatus social. Creímos que eso nos hacía inalcanzables. Hoy, esa ilusión se desvanece.

La violencia atraviesa muros, rompe geografías simbólicas y deja un mensaje inquietante: no hay persona ni lugar donde no se pueda llegar. No se trata solo de matar; se trata de demostrar poder, de instalar miedo, de recordar que nadie está completamente a salvo.

A esto se suma una impunidad que se disfraza de corrección jurídica. Narcotraficantes y criminales peligrosos recuperan la libertad por “fallas técnicas”, mientras se invoca un discurso elegante sobre derechos humanos. Suena bien en el papel. En la práctica, significa devolver a la calle a quien ya ha demostrado desprecio absoluto por la vida y la ley. Ya no solo es Ecuador, esta semana fué España.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿dónde quedaron la conciencia, el remordimiento, la compasión? Tal vez nunca estuvieron donde quisimos verlas. Tal vez esperamos humanidad donde solo hay vacío, cálculo y violencia como lenguaje.

Cuando el Estado falla en garantizar seguridad y justicia, no solo fracasa una institución: se erosiona la confianza social, se normaliza el miedo y se degrada la vida cotidiana. Cafeterías, canchas, barrios, espacios comunes dejan de ser lugares y se convierten en escenarios posibles de tragedia.

Nombrar esta realidad no es alarmismo; es lucidez. Y la lucidez, aunque incómoda, es necesaria. Porque una sociedad que permite que la violencia se normalice y la impunidad gobierne, no está viviendo: está esperando su próximo cadáver. Y cada día, con cada falla, nos acerca a ese futuro que nadie quiere, pero que estamos construyendo sin oposición.

Las soluciones fáciles —más armas, más cárceles, garitas reforzadas— funcionan solo como parches temporales. Contienen el reclamo, pero no rompen el ciclo. La violencia no se detiene con miedo ni fuerza; se detiene construyendo justicia real, oportunidades, educación y una ética colectiva que vuelva a colocar la vida en el centro.

Mientras tanto, seguimos caminando por calles que antes eran seguras, entre luces que parpadean como advertencias silenciosas. Cada sombra, cada silencio, nos recuerda que no basta sobrevivir: debemos despertar y exigir, antes de que el vacío se haga dueño de todo lo que amamos.


Mientras tanto, seguiremos comentando desde la comodidad de nuestros celulares, protegidos por pantallas y burbujas que creemos seguras, desplazando la violencia con el dedo como si fuera una noticia más. Rogaremos, en silencio, que ese día no nos toque, que el nombre sea otro, que el lugar sea ajeno. Así, entre la indiferencia y el miedo, no cambiamos nada: solo esperamos. Y esperar, en un país donde la violencia avanza y la conciencia retrocede, no es neutralidad; es una forma lenta y elegante de rendirse.




domingo, 7 de diciembre de 2025

LA PALABRA QUE DESVIÓ EL CAMINO


Historia verdadera. Los nombres han sido cambiados por respeto.

Sábado 22 de noviembre, 03h30.

Aurora recibió una llamada que le partió el alma: era Sofía, sobrina de la señora Nora.

Pero esa madrugada no fue el primer aviso.

La noche anterior, alrededor de las 22h30, Sofía ya le había llamado para decirle, con la voz quebrada, que su tía estaba agonizando.

Aurora —creyente profunda, devota, sensible— no pudo hacer otra cosa más que llorar y orar.

Oró toda la noche.

Lloró toda la noche.

Esperó toda la noche.

Y cuando el teléfono volvió a sonar a las 03h30, ya sabía, aunque no quería saber.

Sabía que la noticia que estaba por escuchar era la que uno nunca quiere oír.

Nora… amiga querida, alma vieja y luminosa, 80 y tantos años.

Apenas un mes antes había cumplido un sueño que guardó durante décadas: viajar a Portugal a ver a su hija Daniela y a su yerno Julián.

Paseó, comió, rió.

Y aunque lo contó con alegría, también dijo —casi al pasar, casi como quien no le da importancia— que se había sentido más cansada de lo normal.

Quizás su cuerpo ya presentía algo.

Quizás el alma quiso despedirse viajando.

Vivía en New Jersey con su hija Daniela, casada, con vida estable, y con su nieta —también ya casada— cerca.

Antes de viajar, madre e hija habían vivido toda una vida alquilando.

Y por fin, después de años de esfuerzo, Daniela compró una casa.

Una casa no nueva, pero propia.

Una casa que se suponía debía ser un nuevo comienzo, no un final.

Después del viaje, al regresar a ese hogar9 recién estrenado, una noche cualquiera, una noche inocente como todas, Nora empezó a sentirse mal.

Apenas tuvo tiempo de avisarle a Daniela.

Un suspiro entrecortado.

Una palabra.

Un gesto.

Y el cuerpo se rindió: coma diabético.

La ambulancia llegó rápido.

Rápido… pero cuando se sufre, hasta los segundos son cuchillos.

Fueron minutos eternos: Daniela llamando al 911, temblándole la voz, contando los latidos que no sabía si eran de su madre o de ella misma.

La familia al borde del abismo, rogando que llegue el sonido de las sirenas.

Y cuando finalmente llegaron, la esperanza se mezcló con un miedo tan grande que parecía llenar la casa nueva entera.

La trasladaron a un hospital especializado en enfermedades del corazón.

La estabilizaron.

Nos alegramos.

Sí, nos alegramos.

Porque nos dijeron “está mejor”.

Porque queríamos creer.

Pero había un detalle… un detalle pequeño y enorme a la vez.

Nora había visto —en la televisión o en su celular, nadie recuerda bien— una advertencia:

que la medicina para la diabetes que tomaba estaba siendo cuestionada, asociada a muertes.

Y entonces, por miedo…

por duda…

por el poder devastador de la palabra…

dejó de tomarla.

Y recién ahí supimos que era diabética.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que dejó su tratamiento?

¿Fue esa decisión lo que la llevó al coma?

¿Fue el miedo provocado por una frase, un titular, un rumor?

Nunca salió del coma.

Nora murió en silencio, como se apagan ciertas velas: sin lucha, sin estridencias, sin aviso.

Una muerte dulce, doblemente dulce:

la causó el dulce…

y tal vez fue dulce porque no sintió su llegada.

Una ironía brutal.

Una ironía que muchos, en lo más hondo, desearían para su propia partida.

Y aunque su final fue silencioso, lo que dejó atrás hizo mucho ruido en nosotros.

Dolió.

Duele.

Nos sigue doliendo.

Porque había vivido un sueño un mes antes.

Porque estaba empezando una vida nueva en una casa nueva.

Porque una palabra —solo una palabra— puede iluminar o destruir.

Puede salvar o condenar.

Puede sanar… o detener un corazón.

El poder de la palabra.

A veces cura.

A veces mata.

Y a veces deja en los vivos una herida que no cierra.

Reflexión final

La historia de Nora —como la de tantos seres amados— es un recordatorio profundo:

una palabra puede salvarnos o perdernos.

La fuerza de lo que creemos puede alterar decisiones, latidos, destinos.

Y aunque su partida fue silenciosa, su memoria no lo es: sigue moviendo, sigue doliendo, sigue enseñando.

Mientras alguien la recuerde, mientras alguien la cuente,

Nora no se ha ido.

domingo, 20 de julio de 2025

Inseguridades a la carta: el lucrativo negocio de hacernos sentir insuficientes

Introducción

Vivimos rodeados de mensajes que nos invitan a cambiar, mejorar, corregir. Desde la publicidad hasta las redes sociales, parece que siempre hay algo en nosotros que necesita arreglarse. Pero ¿y si te dijera que muchas de esas “necesidades” fueron sembradas a propósito? Que detrás de cada inseguridad hay una industria dispuesta a lucrar con tu duda. En este artículo quiero invitarte a mirar de frente esa maquinaria que transforma la insatisfacción personal en un negocio multimillonario.

La raíz de la inseguridad: ¿nacemos con ella o nos la siembran?

La inseguridad es parte de la experiencia humana, pero no nace sola. Aunque todos enfrentamos dudas internas, gran parte de nuestras inseguridades se alimentan desde fuera: en casa, en la escuela, en los medios. Desde niños se nos compara, se nos señala lo que “falta”, lo que “sobra”, lo que “debería ser”.

> “Ningún niño nace odiándose a sí mismo. Eso se aprende.” – Brené Brown

Publicidad emocional: vendiéndonos carencias disfrazadas de soluciones

Las marcas ya no venden productos; venden emociones. No te ofrecen una crema, sino juventud. No te venden un coche, sino estatus. A través de la publicidad emocional, nos recuerdan nuestras carencias y nos presentan su producto como la salida.

 “La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos.” – El club de la pelea

El cuerpo perfecto, la vida perfecta, el éxito perfecto: el espejismo aspiracional

Vivimos rodeados de modelos que parecen tenerlo todo. Es una narrativa cuidadosamente construida para hacernos sentir que debemos alcanzar ese ideal —y para lograrlo, hay que consumir.

> “Compararse con los demás es robarse a uno mismo la alegría.” – Theodore Roosevelt

Industria de la belleza, moda y fitness: promesas que cuestan millones

Estos sectores han perfeccionado el arte de vender inseguridad. El mensaje es claro: no estás bien como estás. Y muchas veces, quienes más invierten en estas industrias no lo hacen por vanidad, sino por miedo a no ser aceptados.

> “Nos convencen de que algo está roto en nosotros, para vendernos la cura.” – Naomi Wolf

Tecnología y redes sociales: el espejo que deforma nuestra autoestima

Las redes sociales han amplificado todo. La comparación ya no es solo con los cercanos, sino con millones de personas cuidadosamente editadas y filtradas. La vida ajena parece siempre mejor, y la nuestra, siempre insuficiente.

> “No compares tu tras cámaras con el montaje final de los demás.” – Steven Furtick

El ciclo del consumo: comprar para llenar vacíos que no se llenan

La industria sabe que la inseguridad no se cura con una compra, sino que se alivia momentáneamente. Y eso garantiza un consumidor constante.

> “El consumismo es el opio moderno: alivia el malestar sin curarlo.” – Anónimo

Romper el hechizo: conciencia, autoestima y consumo responsable

Salir de este juego no es fácil, pero sí posible. Todo empieza con la conciencia: identificar cuándo un deseo es auténtico y cuándo es inducido. Fortalecer nuestra autoestima no con productos, sino con vínculos, conocimiento y autocuidado real.

> “Tú no eres una gota en el océano. Eres el océano en una gota.” – Rumi

Conclusión: el poder de mirarnos con otros ojos

Nos han enseñado a vernos con los ojos de la escasez, del “no soy suficiente”. Pero cada vez que decidimos consumir desde la conciencia y no desde la carencia, recuperamos un poco de nuestra libertad.

> “Cuando dejamos de buscar aprobación afuera, empezamos a encontrar paz por dentro.” – Anónimo

Si dejamos de medirnos con reglas impuestas y comenzamos a construir nuestra propia idea de bienestar, seremos consumidores más libres… y personas más íntegras.

¿Y tú?

¿Alguna vez compraste algo pensando que te haría sentir mejor contigo mismo? ¿Lo logró? Te leo en los comentarios. Compartamos experiencias y aprendamos a vernos con otros ojos.

FIN

José Fun Sang

Wen Si Yuan

聞思源


sábado, 7 de junio de 2025

El Laberinto del Sicariato Infantil en Ecuador: Cuando las Balas Reemplazan a los Juguetes

            

 

            Introducción

El fenómeno del sicariato perpetrado por menores de edad en Ecuador no es un crimen aislado; es un síntoma agudo de un sistema social fracturado. Adolescentes que deberían estar en aulas o canchas deportivas empuñan armas con frialdad, ejecutan órdenes de muerte y exhiben un cinismo perturbador ante la justicia. Este ensayo expone las complejas causas —familiares, sociales, estatales y económicas— que arrastran a estos jóvenes hacia el abismo, y las perversas dinámicas que normalizan su brutalidad.

I. El Vacío que Precisa el Crimen: Factores de Reclutamiento

  • Familias Rotas o Ausentes: Muchos de estos menores provienen de hogares disfuncionales: padres encarcelados, desaparecidos, o sumidos en adicciones. La ausencia de figuras de autoridad y afecto establece un vacío que llenan los líderes de pandillas, ofreciendo falsa pertenencia y "respeto" mediante la violencia.

  • Pobreza Extrema y Exclusión: En barrios marginales con servicios básicos inexistentes y oportunidades nulas, el crimen organizado se presenta como el único "empleador" visible. La promesa de dinero rápido ("plata"), ropa de marca, drogas y estatus es un imán poderoso.

  • Fracaso del Sistema Educativo y Social: Escuelas colapsadas, sin capacidad de retención ni proyectos de vida alternativos, expulsan a los jóvenes. La sociedad les ha fallado primero, negándoles educación de calidad, espacios seguros de recreación y esperanza en el futuro.

II. La Psicología del Desapego: Asesinar sin Remordimiento

  • Deshumanización del "Enemigo": Las pandillas adoctrinan a los menores, presentando a sus víctimas (rivales, "sapos", civiles en zonas disputadas) como obstáculos o amenazas, no como seres humanos. Matar se convierte en un "trabajo" necesario para la supervivencia del grupo.

  • Cultura del Poder Instantáneo: El arma en la mano transforma al adolescente marginado en alguien temido y "respetado". Este poder ilusorio —la capacidad de decidir sobre la vida y muerte de otros— genera una sensación adictiva de control e impunidad que suple su profunda inseguridad.

  • Anestesia Emocional por Trauma y Adicción: Muchos menores sicarios son víctimas previas de violencia extrema o abuso, desarrollando mecanismos de disociación. El consumo constante de drogas como la pasta base (altamente adictiva y barata) o el alcohol adormece aún más la conciencia y la empatía.

  • Cínica Aceptación del Destino: La exposición constante a la muerte (ajena y propia) genera una fatalidad distorsionada. La prisión o la muerte violenta ("morir joven es una gloria" en cierta jerga pandillera) se perciben como desenlaces inevitables y hasta "honrosos" dentro de su código de guerra. El cinismo ante los interrogatorios es una máscara de desafío y desesperanza.

III. El Estado y la Sociedad: Entre la Impotencia y la Complicidad

  • Policía y Justicia: Impunidad y Desbordamiento:

    • Las fuerzas policiales, a menudo desbordadas, infiltradas o carentes de recursos, luchan por investigar eficazmente. La captura de un menor sicario rara vez desmantela la red que lo opera.

    • El Dilema Legal: El sistema penal juvenil, diseñado para la reinserción, se ve pervertido. La Ley suele interpretarse de forma que favorece la impunidad:

      • El Mito del "Narcodependiente en Tratamiento": Es cierto que existe la figura jurídica. Algunos menores capturados (o sus defensores) alegan adicción para acceder a medidas socioeducativas o tratamiento en lugar de privación de libertad, argumentando que el delito fue cometido bajo influencia. Esto, en la práctica, puede ser explotado como una vía rápida de salida, especialmente si no hay un seguimiento estricto y prolongado.

      • Penas Bajas y Reincidencia: Las sanciones para menores son significativamente mas leves que las impuestas a los adultos, incluso por homicidio. Esto, sumado a la falta de programas efectivos de rehabilitación dentro de los centros, facilita la reincidencia.

  • Sociedad: Entre el Miedo y la Estigmatización: La ciudadanía vive aterrorizada. Esta violencia genera rechazo y estigmatización masiva hacia todos los jóvenes de barrios marginales, alimentando un ciclo de exclusión y resentimiento. Sin embargo, también hay sectores que, por miedo o complicidad silenciosa, optan por no denunciar.

  • La Siniestra Explotación por Actores Políticos y "DDHH":

    • Partidos Políticos: Es real que ciertos grupos políticos, locales o nacionales, han buscado cooptar o pactar con estructuras pandilleras para obtener votos, control territorial o usar su brazo armado contra rivales. Esto les otorga a las pandillas un escudo político y sensación de invulnerabilidad.

    • La Distorsión de los DDHH: Algunas organizaciones, con discursos rígidos o agendas cuestionables, pueden caer en la trampa de defender solo los derechos del menor victimario, minimizando el horror de sus actos y el derecho a la justicia de las víctimas y la sociedad. Esto genera profunda indignación ciudadana y debilita la credibilidad de la defensa genuina de los DDHH.

IV. El Negocio Macabro: La Economía de la Violencia

  • Secuestro y Explotación de Menores: Es cierto y documentado por investigaciones periodísticas y organismos que las pandillas secuestran adolescentes para forzarlos a trabajar como sicarios o "halcones". Sí, en muchos casos se paga a familias empobrecidas o amenazadas a cambio de "prestar" a sus hijos, un negocio perverso donde la vida juvenil es una mercancía. Las pandillas los ven como herramientas desechables y rentables: reciben castigos menores si son capturados, generan terror y producen ingresos mediante extorsión y narcotráfico.

Conclusión: Romper el Círculo, una Imperiosa Necesidad Ética
El sicariato infantil en Ecuador es un espejo deformante que refleja el colapso de múltiples estructuras: familias desintegradas, un Estado incapaz de garantizar seguridad y oportunidades básicas, un sistema judicial permeable a la manipulación, una sociedad fragmentada entre el miedo y la indiferencia, y actores políticos y pseudo-defensores que instrumentalizan el dolor.

La frialdad con la que estos menores matan no es monstruosidad innata; es el producto final de una cadena de deshumanización, que comienza con la desesperanza, pasa por la adoctrinación violenta y se consolida con la impunidad y la falsa promesa de poder.

La reflexión obligada es amarga: ¿Qué futuro se construye cuando la niñez se arma? La solución no radica solo en endurecer penas (necesario, pero insuficiente), sino en un compromiso integral y urgente: atacar la pobreza extrema, fortalecer familias y comunidades, reformar radicalmente la educación y el sistema de justicia juvenil (con rehabilitación real y supervisión estricta), desmantelar las redes criminales y su financiamiento, y erradicar la corrupción política que las protege. Exigir justicia para las víctimas es también prevenir que otros niños se conviertan en victimarios. El precio de la inacción es una generación perdida y un país sumido en el caos. El momento de actuar es ahora, antes de que el laberinto devore todo futuro.

Qué opina usted?


lunes, 27 de enero de 2025

EL VOTO NULO Y EL PESO (PRECIO) DE DECIDIR

 


Es un tema importante y muy relevante, especialmente en el contexto actual de Ecuador. El voto nulo suele ser un recurso que los ciudadanos emplean como una forma de protesta, para expresar su descontento o desaprobación hacia todos los candidatos. Sin embargo, no existe un "candidato nulo" que pueda asumir el poder. Por lo tanto, esta decisión tiene implicaciones significativas para la gobernabilidad del país.

Por qué el voto nulo puede no ser una buena opción:

  1. Alguien asumirá el poder de todas formas: Incluso si una parte significativa de la población vota nulo, esto no afecta el resultado final, ya que el ganador será elegido entre los votos válidos. Dejar que otros decidan sin tu participación activa puede ser peligroso si el resultado final no representa tus intereses o valores.

  2. El voto nulo no genera cambios inmediatos: Aunque puede ser una expresión de inconformidad, no lleva a una reforma electoral ni a la aparición de mejores candidatos en el futuro. Es una protesta simbólica sin consecuencias prácticas en el corto plazo.

  3. La inacción también es una decisión: Al votar nulo, se pierde la oportunidad de inclinar la balanza hacia el "menos pior" o hacia el candidato que, aunque no perfecto, puede hacer un trabajo menos dañino o más alineado con lo que necesita el país.


Cómo enfrentar esta situación:

  1. Investigar a fondo a los candidatos: Aunque ninguno satisfaga completamente tus expectativas, probablemente haya uno con propuestas o antecedentes que se acerquen más a lo que consideras prioritario para el país. Evalúa su plan de gobierno, su equipo de trabajo y su trayectoria.

  2. Priorizar las necesidades del país: En un contexto de crisis como el de Ecuador, puede ser útil analizar qué candidato tiene mayor capacidad para manejar los problemas más urgentes, como la inseguridad, la economía o la educación.

  3. Elegir al "menos pior": Aunque no es una idea inspiradora, en ocasiones es mejor apoyar a un candidato con ciertas deficiencias, pero que pueda garantizar estabilidad, en lugar de quedarse fuera del proceso.

  4. Promover el voto informado: Hablar con familiares, amigos o vecinos sobre la importancia de votar, incluso si no se siente entusiasmo por los candidatos. Cada voto cuenta para evitar que una minoría decida por todos.


Reflexión final

Es natural sentirse decepcionado por las opciones disponibles, pero la democracia se construye participando, incluso en momentos difíciles. Optar por el voto nulo puede dar la sensación de mantenerse neutral o coherente con el descontento, pero en la práctica, es ceder el poder de decisión a otros. En última instancia, alguien gobernará el país, y es mejor tener un rol activo en esa elección, aunque implique un sacrificio en términos de ideales. Como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de pensar no solo en nuestro presente, sino en el futuro que queremos para las próximas generaciones.

FIN

Si te gustó esta historia, compártela con tus amigos, con tu familia. 

Me encantaría escribir tu historia.  Cuando te hayas decidido, me avisas, pero si no me avisas, yo te la invento lo cual es mas peligroso para tí, porque así no tendrás control de nada y estarás a mi merced.

Recuerda que el Candidato NULO no existe. Tampoco vayas a votar por ....

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo, no seas perezoso, mueve el dedo. Sabes, me encanta que leas mis historias.


lunes, 2 de diciembre de 2024

El viaje y la estación final

 

La muerte, José, no es más que una estación más en el viaje, y aunque su llegada nos estremezca, también nos recuerda la belleza y fragilidad de la vida. Somos viajeros, integrantes de una promoción (XVI) que no solo compartió aulas, sino sueños, anécdotas, y lazos que el tiempo no ha podido romper.

A lo largo del trayecto, aprendimos que la verdadera riqueza no está en lo material, sino en los momentos compartidos: en esa carcajada que dejó eco, en el abrazo que sanó, en la palabra oportuna que dio fuerzas. Por eso, más que temerle a la muerte, deberíamos enfocarnos en la vida que aún tenemos por delante, por breve que sea, y en todo lo que aún podemos entregar y recibir.

Es tiempo de agradecer. Agradecer las mañanas que vimos nacer, los atardeceres que colorearon el cielo, las conversaciones bajo la luna. Agradecer a los amigos que han sido familia, a los hijos que nos dieron lecciones inesperadas, y hasta a las adversidades, porque nos hicieron fuertes.

Que nuestra despedida, cuando llegue, no sea un lamento, sino un reflejo de lo vivido. Dejemos las cuentas en orden, sí, pero también el corazón: sin rencores, sin pendientes emocionales, sin sonrisas guardadas. Digamos "te quiero" hoy, pidamos perdón si hace falta, y celebremos lo simple: un café, una llamada, un paseo bajo la lluvia.


La muerte no debe asustarnos si la hemos preparado no solo con papeles firmados, sino con abrazos dados y memorias construidas. Porque cuando partamos, lo que quedará no serán las cosas materiales, sino el rastro de amor y amistad que dejamos en quienes nos conocieron. Vivamos así, con esa esperanza, y el día que cerremos los ojos por última vez, será con la tranquilidad de que la vida, aunque breve, fue hermosa.

FIN

Tema muy delicado, se requiere criterio, mucho criterio.

Si te gustó esta historia, compártela con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema en particular, dímelo también porque seguro tienes mil y una historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que sepas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así me avisas.

Si no te gustó no importa, el tema es por demás para pensar, el destino inexorable de todos, sin importar raza, color o condición, no es para que te deprimas, al contrario, es una invitación a la buena vida, a la vida con sentido, con propósito, no a la vida vacía.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo, no seas perezoso, mueve el dedo. Sabes, me encanta que leas mis historias.



martes, 5 de noviembre de 2024

. "Inundaciones en Valencia: Más Allá de la Superstición, el Llamado a la Responsabilidad"

 


La reciente inundación en Valencia, España, a finales de octubre de 2024, es un claro recordatorio de la fuerza implacable de la naturaleza y de lo frágiles que somos ante ella. Este desastre natural ha dejado un rastro de destrucción, cobrando vidas y dejando a muchas personas sin hogar, devastadas emocional y financieramente. Ante una tragedia de esta magnitud, no es raro ver que algunos sectores más tradicionales o supersticiosos recurran a la idea del castigo divino como explicación, asociando el desastre a un juicio por los "pecados" de la humanidad.

Sin embargo, este enfoque de interpretar los desastres naturales como un acto de "ira divina" parece hoy inadecuado y limitado. Sabemos que estos fenómenos responden a fenómenos meteorológicos extremos, muchos de los cuales se ven exacerbados por el cambio climático. Las lluvias torrenciales, el aumento del nivel del mar y otros factores ambientales se han agravado con el tiempo debido a la intervención humana en el planeta. Las inundaciones en Valencia son el resultado de una combinación de elementos climáticos y cambios en el medio ambiente, no de un juicio o castigo moral.

En cuanto a la figura de Dios, resulta difícil imaginar que un ser perfecto y amoroso castigara indiscriminadamente, sin distinguir entre justos e injustos. Si tal Dios perfecto existiera, no estaría gobernado por la necesidad de adoración o represalia, porque un ser perfecto sería indiferente al ego o al resentimiento. Además, los desastres naturales no discriminan; no castigan a unos y perdonan a otros. De hecho, en estas tragedias, muchas veces los más vulnerables son los que sufren las mayores consecuencias, como los ancianos, los niños y las personas con menos recursos. Atribuir el dolor de estos inocentes a una voluntad divina vengativa reduce más bien la verdadera esencia de Dios y menosprecia la capacidad de comprensión que ha desarrollado la humanidad.

La superstición surge a menudo en situaciones de incertidumbre y miedo, y tratar de encontrar una causa en los "pecados" de las personas es una forma de intentar darle sentido a lo incomprensible. Sin embargo, en lugar de recurrir a explicaciones basadas en el castigo, hoy podemos y debemos adoptar un enfoque más solidario y científico. El cambio climático, la urbanización excesiva y la falta de infraestructura adecuada en zonas vulnerables son causas concretas y prácticas que explican, en parte, por qué estos fenómenos son cada vez más devastadores. Esto no se soluciona con castigos ni culpabilizando a la moral de una sociedad; se afronta desde la responsabilidad ambiental, la preparación y la solidaridad.

En definitiva, el caso de Valencia nos recuerda que las respuestas simplistas ya no nos ayudan a avanzar. Necesitamos entender que la naturaleza sigue su curso y que, si queremos reducir el impacto de estos desastres, la acción está en nuestras manos. En lugar de caer en explicaciones de "ira divina", podemos optar por ver a Dios como una fuente de esperanza o como un impulso hacia la compasión y la acción humanitaria que inspira a las personas a ayudar a reconstruir y proteger a quienes han perdido ambas cosas en este desastre.


FIN

Si te gustó esta historia, compártela con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema en particular, dímelo también porque seguro tienes mil y una historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que sepas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así agradecería tu ayuda, me avisas, me dices, me contradices, me maldices, tú, tú.

Si no te gustó no importa, espero que te guste mi próxima historia, siempre hay una oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado y sepas cuando quieras puedes invitarme un ratito. cafe y voy con galletas o algun pastel, no te preocupes

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo, no seas perezoso, mueve el dedo. Sabes, puede que no te conozca, pero te amo. Un fuerte abrazo y espero que estéis bien.  RECUERDA QUE DEBES UTILIZAR SABIAMENTE ESTE REGALO QUE ES LA TIERRA, CUIDARLA, CONSERVARLA. SABES, DIOS NO ES VENGATIVO O PEOR CRUEL.

Chaito, que te encuentres bien y cuides este hermoso planeta, que de momento no queda otro.


jueves, 17 de octubre de 2024

Carta a Nuestros Hijos: Entre Recuerdos y Gratitud

 


Queridos hijos:

Tal vez ya no quede mucho tiempo para que nos sentemos todos juntos como antes, cuando la mesa era pequeña pero el corazón grande, lleno de historias, de risas, de preocupaciones que compartíamos sin darnos cuenta. Hoy las fuerzas nos fallan, las manos tiemblan, y los días pasan lentos, pero no sin dejar huella.

No escribimos esta carta para reprocharles nada. Al contrario, queremos agradecerles por habernos permitido ser parte de sus vidas, por las travesuras que alguna vez nos sacaron una sonrisa cuando intentábamos poner orden, por esos momentos de alegría que, aunque ya no volvemos a vivir en carne propia, quedan grabados en nuestra memoria.

Recordamos cuando apenas caminaban y nos miraban con esos ojitos llenos de confianza, de cariño, como si fuéramos los únicos capaces de protegerles del mundo. Nos hicimos viejos mientras ustedes crecían. Nos hicimos viejos esperando las visitas, las llamadas, cualquier señal de que no estamos tan solos como a veces creemos.

No es fácil llegar a esta etapa, en la que los papeles se invierten, y ahora somos nosotros quienes dependemos de ustedes. No lo hacemos por ser una carga, créannos, lo que más queremos es que vivan, que amen, que rían como alguna vez lo hicimos nosotros, a su lado.

Pero si en algún rincón de sus recuerdos queda un espacio para nosotros, no lo dejen empolvarse. Abrácennos como lo hacían de niños, cuando sentían que todo lo malo desaparecía entre nuestros brazos. Ahora somos nosotros quienes necesitamos de ese abrazo, aunque sea el último.

Gracias, hijos, por ser nuestra razón de ser, por darnos el regalo de ser sus padres. No les pedimos mucho, solo que no se olviden de que aún estamos aquí, esperando con el mismo amor con el que alguna vez ustedes nos esperaron.

Con todo nuestro amor.

Sus viejos.

FIN

Y ahí, en medio del vacío, nos golpea la verdad: no era mucho lo que nos pedían. Solo un poco de tiempo, de nuestra presencia, de ese amor que tanto nos dieron sin condición. Ahora el eco de sus voces vive en nosotros, y el silencio que dejaron no se llena con nada.

Así que, si aún los tienes contigo, si aún puedes, no esperes más. Abrázalos. Diles cuánto los amas. Porque el amor que no damos en vida se convierte en un peso que el alma lleva para siempre.

Si te gustó esta historia, compartela con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema en especial, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices.

Si no te gustó, da igual, ojalá que mi próxima historia sí te guste, siempre hay oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado, por eso es importante que me lo hagas saber.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago, mueve tu dedito. Ya sabes, tal vez no te conozca, pero sí te quiero. Un gran abrazo y que estés muy bien.


lunes, 5 de agosto de 2024

MATA MAS QUE LOS SICARIOS




LA INDULGENCIA

José era un hombre de 60 años que siempre había llevado una vida bastante activa. No tenía sobrepeso y disfrutaba de largas caminatas diarias por su vecindario en Ceibos Norte. Su empresa de catering en Guayaquil le mantenía ocupado, pero también le daba acceso a una variedad de alimentos y bebidas.

Una de sus pequeñas indulgencias era una botella de cola negra de 375 cc que tomaba casi todos los días para refrescarse y darle un impulso de energía durante las largas horas de trabajo. José nunca se había preocupado demasiado por leer las etiquetas nutricionales. Creía que mientras se mantuviera activo, no tenía que preocuparse por su dieta.

LA IGNORANCIA ES ATREVIDA

Lo que José no sabía era que esa pequeña botella contenía alrededor de 40 gramos de azúcar, una cantidad que excedía las recomendaciones diarias de ingesta de azúcar para su edad y estilo de vida. Al consumir una botella diaria, José estaba ingiriendo más del doble del azúcar recomendado, sin contar el azúcar presente en otros alimentos que consumía durante el día.

LAS CONSECUENCIAS

Con el tiempo, José empezó a notar algunos cambios en su salud. Se sentía constantemente cansado, tenía una sed insaciable y comenzó a perder peso sin razón aparente. Al principio, atribuyó estos síntomas al estrés del trabajo y al envejecimiento, pero cuando empezaron a afectar su capacidad para manejar su negocio, decidió visitar al médico.

EL DIAGNOSTICO


Después de varios análisis, el diagnóstico fue claro: diabetes tipo 2. José estaba sorprendido y confundido. Siempre había pensado que la diabetes era una enfermedad que afectaba a personas con sobrepeso o que llevaban una vida sedentaria. No entendía cómo le había sucedido a él.

Su médico le explicó que el consumo excesivo de azúcar, incluso sin ser consciente de ello, había sobrecargado su sistema y llevado a su cuerpo a no poder regular adecuadamente los niveles de glucosa en la sangre. La cola negra que tanto disfrutaba era una de las principales culpables.


José decidió tomar el control de su salud. Comenzó a educarse sobre nutrición y a leer las etiquetas de los productos. Se dio cuenta de que muchas de las cosas que consumía a diario contenían altas cantidades de azúcar añadido. Cambió su dieta, eliminando las bebidas azucaradas y optando por alternativas más saludables. Aumentó su consumo de frutas, verduras y proteínas magras.

Con el tiempo y mucho esfuerzo, José logró estabilizar sus niveles de glucosa y mantener su diabetes bajo control. Aunque lamentaba no haber sido más consciente antes, estaba agradecido por la segunda oportunidad de cuidar mejor de su salud. Y siempre que veía una botella de cola negra, recordaba la lección que había aprendido y se aseguraba de compartir su historia con otros para que no cometieran el mismo error.

FIN

Si te gustó este artículo, dímelo y compártelo con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices.

Si no te gustó, da igual, ojalá que la próxima historia sí te guste, siempre hay oportunidad de mejorar y te lo agradezco. 

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago, mueve tu dedito. Ya sabes, tal vez no te conozca, pero sí te quiero. Un gran abrazo y que estés muy bien. Y RECUERDA QUE SI QUIERES TENER UNA BUENA CALIDAD DE VIDA Y DISFRUTAR CON TU FAMILIA, VALE LA PENA CUIDARSE.


martes, 30 de julio de 2024

APROVECHA CASIMIRO QUE LA VIDA ES UN SUSPIRO

 

A  PROPOSITO DE...

Será el remedio peor que la enfermedad? Esta historia surge a propósito de las nuevas sanciones que impondrá en Quito, la Agencia Metropolitana de Tránsito y también en Guayaquil la ATM, me pregunto si habrán suficientes celdas para los infractores, reunirán las condiciones mínimas o veremos la desigualdad de un ciudadano común sin dinero y un sicario o un político corrupto que sí puede pagar por una suite y por protección. Pobre del ciudadano afuereño que es encarcelado en Quito o en Guayaquil, no quiero imaginarme el horror de la experiencia, donde uno dice " fué peor que el averno". Y no puedo siquiera imaginar si esto le pasa a una mujer. Me imagino que esto va a ser pavo por anticipado para los malos elementos de la autoridad de tránsito ahora en manos de muchos GADS. Y saben que? Los controles están en avenidas concurridas, donde se corre y donde hay capacidad adquisitiva para pagar el chantaje y no ir a la cárcel. Yo creo que con la multa era suficiente, quizás los puntos pero lo de la prisión por 3 días es excesivo y dará lugar a los abusos. Una buena alternativa a la prisión puede ser la suspensión de la licencia de conducir por un período de tiempo como se hace en otros países.

LA HISTORIA DE CARLOS

Carlos, un ciudadano común, viajaba por una avenida concurrida de Quito o de Guayaquil en un día laborable. En un descuido, sobrepasó el límite de velocidad permitido de 60 km/h, alcanzando los 65 km/h. No pasó mucho tiempo antes de que un agente de tránsito lo detuviera.

El agente, con una actitud intimidante, le explicó a Carlos que había violado el límite de velocidad y le enumeró las sanciones: tres días de cárcel, una multa de $460 y la pérdida de 10 puntos en su licencia. Carlos, un empleado responsable, sabía que pasar tres días en la cárcel pondría en riesgo su empleo debido al ausentismo.

El agente, notando la preocupación en el rostro de Carlos, le ofreció una "solución": evitar todas las sanciones a cambio de $500 en efectivo. Carlos, desesperado y sintiendo que no tenía otra opción, accedió a la extorsión y pagó la suma solicitada, esperando que su problema se resolviera.

Al día siguiente, Carlos no pudo evitar sentir una profunda injusticia y miedo al pensar en cuántos otros ciudadanos podrían estar en la misma situación. Decidió que era necesario tomar medidas para evitar que otros sufrieran lo mismo. Así, comenzó a investigar y proponer soluciones.

**Acciones Complementarias:**

1. **Transparencia y Supervisión:**

   - **Establecer mecanismos de supervisión independientes:** Implementar una oficina de ética y supervisión que monitoree y audite las acciones de los agentes de tránsito. Esta oficina debería estar compuesta por miembros de la comunidad, funcionarios públicos y expertos en ética.

   - **Uso de cámaras corporales:** Equipar a los agentes de tránsito con cámaras corporales que registren todas las interacciones con los conductores, asegurando así que las acciones de los agentes sean transparentes y revisables.

2. **Denuncias y Protección:**

   - **Facilitar y proteger las denuncias de corrupción:** Crear una línea telefónica y un portal en línea anónimos para que los ciudadanos puedan denunciar extorsiones y corrupción sin temor a represalias. Además, establecer leyes que protejan a los denunciantes de cualquier tipo de represalia.

3. **Educación y Concientización:**

   - **Campañas educativas:** Lanzar campañas educativas a través de medios de comunicación y redes sociales para informar a los conductores sobre sus derechos y las sanciones reales. Estas campañas también deberían enfocarse en la importancia de respetar las normas de tránsito para la seguridad de todos.8

4. **Tecnología y Automatización:**

   - **Implementar sistemas automáticos de monitoreo de velocidad:** Utilizar cámaras y radares automáticos en zonas urbanas para detectar infracciones de velocidad. Esto reduciría la interacción directa entre agentes y conductores, disminuyendo así las oportunidades de extorsión.

   - **Multas electrónicas:** Enviar las multas directamente a través de correo electrónico o mensaje de texto, con la opción de pagar en línea, lo que reduciría la necesidad de interacciones físicas con los agentes de tránsito.

5. **Formación y Remuneración:**

   - **Mejorar la formación de los agentes de tránsito:** Proporcionar formación continua en ética, derechos humanos y procedimientos adecuados a todos los agentes de tránsito.

   - **Mejorar las condiciones laborales y salariales:** Aumentar los salarios y mejorar las condiciones laborales de los agentes de tránsito para reducir los incentivos a la corrupción.

**Conclusión:**

La experiencia de Carlos demuestra la necesidad de implementar medidas integrales para combatir la corrupción en las fuerzas de tránsito. A través de la transparencia, la supervisión, la educación, la tecnología y la mejora de las condiciones laborales, es posible crear un sistema más justo y eficiente, asegurando que las sanciones se apliquen de manera equitativa y sin abusos.

jueves, 22 de febrero de 2024

NIÑOS VIVIENDO EN TIEMPOS DIFICILES


Para los niños, escuchar noticias sobre extorsiones (vacunas) o casos de violencia puede ser muy perturbador y generar una serie de respuestas emocionales y psicológicas negativas, como las que a continuación te describo:

Miedo e inseguridad: Los niños pueden sentir miedo e inseguridad al enterarse de casos de extorsión o violencia, especialmente si afectan a personas cercanas como amigos o familiares. Pueden preocuparse por su propia seguridad y la de sus seres queridos

Confusión: La exposición a noticias sobre extorsiones puede generar confusión en los niños, especialmente si no comprenden completamente el alcance o la gravedad de la situación. Pueden tener dificultades para entender por qué estas cosas suceden o cómo pueden protegerse.

Ansiedad: La constante exposición a noticias negativas puede aumentar la ansiedad en los niños, haciéndolos sentir vulnerables e impotentes frente a situaciones que están fuera de su control.

Impacto en el comportamiento: Los niños pueden manifestar cambios en su comportamiento como resultado del estrés emocional causado por la exposición a noticias de extorsión. Esto podría incluir cambios en el sueño, la alimentación, la concentración o el rendimiento escolar.

Es importante que los adultos, seamos padres, maestros o cuidadores, brindemos apoyo emocional a los niños y les proporcionemos información adecuada y tranquilizadora para ayudarles a procesar y comprender lo que están experimentando. Además, limitemos la exposición de los niños a noticias violentas y fomentemos un entorno seguro y de apoyo que puede ayudar a mitigar el impacto emocional negativo.

Que hacer?

Para los niños, es especialmente importante que les brindemos un entorno seguro y estable donde puedan sentirse protegidos y apoyados emocionalmente. Es fundamental hablar con ellos de manera honesta y comprensiva sobre la situación actual, proporcionándoles información adecuada a su edad y asegurándoles que están seguros y que hay adultos que están trabajando para protegerlos. 

Un ejemplo inspirador es el trabajo de organizaciones locales que ofrecen programas de apoyo emocional y actividades recreativas para niños afectados por la violencia y la extorsión que brindan un espacio seguro donde los niños pueden expresar sus emociones, conectarse con otros niños que están pasando por experiencias similares y aprender habilidades para hacer frente al estrés y la ansiedad. Además, es importante fomentar un ambiente de resiliencia y esperanza, enseñándoles a los niños que, a pesar de los desafíos que enfrentamos, siempre hay oportunidades para crecer, aprender y hacer una diferencia en el mundo que los rodea. 

Por supuesto que no es fácil, si nosotros los adultos tememos, nuestros niños mucho más, pero lo peor que puede sucedernos es inmovilizarnos, paralizarnos, enclaustrarnos y dejar de tener una vida normal, volvernos paranoicos, por lo que debemos de ser el caso, buscar ayuda profesional de terapeutas y consejeros que puedan proporcionarnos apoyo emocional y herramientas para hace frente al estrés y la ansedad d manera saludable.

En resumen, aunque la situación actual pueda generar sentimientos de miedo y desconfianza, es importante resistir la tentacion de aislarnos y mantener nuestra conexión con la vida normal y con los demás. Al mantenernos conectados, buscar ayuda cuando sea necesario y enfrentar el miedo con acción, podemos superar estos desafíos y construir un futuro más seguro y esperanzador para nuestros hijos y para todos.

FIN

Si te gustó este artículo, hazmelo saber y compártelo en tus redes.

Si quieres que escriba sobre algún tema, también házmelo saber.

Si no te gustó, que te digo, eres loco? No, también házmelo saber, siempre hay oportunidad de mejorar y te lo agradezco.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago.

👇



 





ENTRADAS DESTACADAS

AQUI TAMBIEN ES AMERICA

  El sol todavía no había salido cuando Rogelio abrió la puerta de la casa. El aire olía a polvo húmedo y a café recién hervido. La vivie...

ENTRADAS MAS POPULARES