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lunes, 7 de abril de 2025

Habitación 502: La Historia no contada

Etiqueta de Origen: Composición del Relato


Esta historia contiene una mezcla indeterminada de verdad y fantasía. Algunos pasajes podrían haber sucedido… o tal vez no. Pero si algo arde al leerla, no es casualidad: la imaginación del autor está desatada y sin censura. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia—es pura provocación. Usted decide si lo que va a leer se lo cree… o se lo vive.

Advertencia



Se recomienda leer esta historia con un extintor a la mano y suficiente hielo, porque lo que está a punto de suceder arde... y no es metáfora. El autor deslinda toda responsabilidad por los efectos secundarios que pueda causar su lectura: suspiros incontrolables, aceleración del pulso, pensamientos indebidos o cualquier tentación peligrosa. Lo que pase durante o después de leer es exclusivamente problema tuyo. Yo solo escribo… tú decides qué hacer con el incendio.

Si miente, miente rico

¿Será verdad todo lo que me ha contado? ¿Que es pura pasión, piel sin límites, deseo que no se disfraza ni se esconde? Con lo poco que la conozco… y con lo mucho que me cuenta, me cuesta dudarlo. Cada palabra suya arde, vibra, me arrastra. Y aunque una parte de mí quisiera pensar que exagera, hay algo en su voz, en sus silencios, en la forma en que narra lo vivido, que me hace rendirme ante su verdad. Le creo… le creo. Porque si está mintiendo, entonces el deseo también sabe mentir… y yo prefiero dejarme engañar.

 La otra cara de la historia



Algunas historias merecen ser contadas dos veces.

Hace unos días, recibí un mensaje inesperado. Era de ella. Sí, la mujer que protagonizó aquella historia fugaz y ardiente que una vez narré desde una perspectiva masculina "Habitación 502". Me pidió contarla de nuevo, pero esta vez con su voz, con su verdad de mujer.

"Quiero que el mundo sepa lo que sentí, lo que viví. No dejaré nada sin decir", me escribió.

Y aquí estoy, abriendo espacio a su versión. Porque toda historia tiene dos caras, y esta vez es ella quien toma la palabra.

Ella montó todo un intrincado para mantener a salvo su identidad. Parecía salida de una de esas películas de espías: cada llamada venía de un número diferente, nunca duraban lo mismo, y podían llegar a cualquier hora, cualquier día, sin previo aviso. Era impredecible, inalcanzable, y eso la hacía aún más fascinante. Construir una historia con piezas tan dispersas no fue fácil, pero lo logramos. Como siempre, comencé por el "por qué". Porque toda historia intensa, secreta y peligrosa, empieza con una razón que arde.

El deseo dormido

Nunca pensé que sucedería. Siempre fui de las que piensan demasiado antes de actuar, de las que pesan las consecuencias antes de lanzarse al vacío. Pero con él… con él fue diferente.

Nos conocimos en un entorno donde las reglas estaban claras, donde los límites parecían firmes. Pero el deseo es un animal indomable, y el nuestro llevaba demasiado tiempo dormido, esperando la chispa adecuada.

Su invitación me tomó por sorpresa. No hubo promesas, ni palabras dulces, ni rodeos innecesarios. Solo una pregunta directa, sin adornos:

—¿Vienes?

Y yo, sin pensarlo demasiado, respondí:

—Sí.

No fue el “sí” de una mujer ingenua, sino el de alguien que conoce el juego y está dispuesta a jugarlo sin miedo a quemarse, ni excusas, sabía que no sería para una partida de 40 ni para una ronda de cachos, cuando menos para un karaoke pero del mero mero, ustedes ya saben a que me refiero y para jugar al teto como dicen los hombres.

Placer sin rodeos






Soy una mujer sin límites, aunque sé dónde trazar la línea. No me ando con rodeos ni falsas inhibiciones, pero hay territorios que no exploro. El bi, el lesbianismo, el intercambio de parejas… No, eso no. De ahí en adelante, todo sin barreras. Plenamente hetero, me sumerjo sin miedo en las fosas hadales del deseo y escalo hasta las cimas más vertiginosas del placer. ¿Por qué no? El cuerpo es un mapa por recorrer, y yo no le temo a ningún camino… siempre que sea el que yo elija.

El primer encuentro: la tentación contenida

Cuando llegué al hotel, sentí un leve temblor en las manos. No era miedo ni duda, sino esa anticipación deliciosa que se apodera del cuerpo cuando se está a punto de cruzar un umbral sin retorno.

Él abrió la puerta y su mirada me recorrió con la intensidad de quien ha esperado demasiado. Sentí su deseo como una corriente eléctrica que encendió mi piel. Pero aquella primera vez no pasó nada.

No por falta de ganas, sino porque el destino quiso jugar con nosotros. Una visita inoportuna —Andrés, como algunas lo llaman— pospuso lo inevitable.

Le vi sonreír con resignación y decir:

—Después lo haremos.

Me marché con la certeza de que ese “después” llegaría muy pronto.

Quiero que me tomen, no que me pidan

Por supuesto que sabía que era casado. Claro que sabía que nos separaban casi veinte años. Pero, ¿y qué? Ninguna de esas razones pesaba lo suficiente para detener el deseo abrasador que me recorrió desde el primer instante en que me miró con esa mezcla de seguridad y hambre contenida.

Él tenía autoridad sobre mí en el trabajo, pero eso nunca me hizo sentir pequeña. Al contrario, me fascinaba esa diferencia de poder, la manera en que su voz firme podía ordenar sin necesidad de levantar el tono. No andaba buscando nada que no se me hubiera perdido, pero él llegó en el momento preciso, justito,  es que si llega un minuto mas tarde, de seguro que nada de lo que cuento hubiese pasado.

Siempre me han intrigado los hombres mayores. No juegan, no titubean. Saben lo que quieren y lo toman sin pedir permiso. Y a mí me encanta que me tomen. Que me descubran sin prisa, pero con la certeza de que todo lo que ven les pertenece en ese instante. Que me guíen, me enseñen… pero sin intentar domarme.

Me enciende sentir unas manos fuertes recorriéndome, explorándome como si fuera un territorio virgen y a la vez un campo de batalla donde ambos queremos ganar y rendirnos a la vez. Que me hagan suya sin temores, sin miedos, sin tabúes. Que mi entrega no amenace su virilidad, sino que la exalte. Que no se acobarden ante mi fuego, sino que lo alimenten hasta hacerlo arder sin control.

Yo no quiero ternura contenida ni promesas vacías. Quiero deseo desnudo, miradas que incendien, caricias que dominen y una pasión tan intensa que nos haga olvidar que allá afuera existe un mundo al que, por un instante, ya no pertenecemos.

La noche en que todo ardió




Cuando volví a verlo, todo se sintió distinto. Como si el tiempo hubiese decidido compensarnos por la espera.

Nos miramos. Nos sonreímos. Sabíamos lo que iba a pasar.

Su primer beso fue lento, casi tierno, como si quisiera memorizar cada sensación. Luego, la suavidad se convirtió en urgencia. Sus labios se volvieron más demandantes, su lengua exploró la mía con hambre.

Las manos hicieron lo suyo. La blusa cayó al suelo, el sostén la siguió. Sentí el aire frío sobre mis pezones erguidos y un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando su boca los cubrió.

Su aliento bajó por mi vientre, sus dedos desabrocharon mi pantalón. No hubo prisa, solo una deliciosa tortura que me dejó jadeante antes de que la última prenda desapareciera.

Entonces, me entregué.

No como quien cede, sino como quien reclama su propio placer. Me dejé explorar, sentir, descubrir. Y en cada caricia, en cada susurro, supe que jamás volvería a ser la misma después de aquella noche.

Cuando fui suya… y él fue mío

Mi piel ardía bajo sus caricias. Sus labios bajaron, su lengua dibujó un sendero que me encendió como nunca antes. Sentí su aliento en la parte más sensible de mi cuerpo, en el mismo centro de mi universo y, cuando su boca lo encontró, un gemido escapó de mis labios sin que pudiera contenerlo.

No tenía caso resistirme. No quería.

Me aferré a las sábanas mientras él me devoraba con la paciencia de un hombre que sabe exactamente lo que hace. Lo sentí disfrutar de mi entrega, deleitándose con mis suspiros, con la forma en que mi espalda se arqueaba buscando más.

—No te detengas… —murmuré con la voz entrecortada.

Y no lo hizo.

Me llevó al borde una y otra vez, hasta que no pude más. Mi cuerpo se tensó, mis piernas temblaron y el placer me envolvió como una ola imparable. Lo oí susurrar algo contra mi piel, pero estaba demasiado perdida en mi propio éxtasis para entenderlo.

Lo atraje hacia mí y lo besé con ansias. Quería sentirlo dentro, quería hacerlo mío tanto como él me estaba tomando a mí.

Me deslicé sobre él, guiándolo con mis propias manos hasta que lo sentí llenarme por completo. Ahogué un gemido y comencé a moverme.

Lento al principio.

Luego, más rápido, más profundo.

Me agarró de las caderas, marcando el ritmo con la firmeza de quien sabe lo que quiere. Nuestros cuerpos chocaban, se buscaban, se encontraban en una danza tan antigua como el tiempo mismo.

Él susurraba mi nombre, me decía lo hermosa que me veía así, montándolo con la desesperación de quien no quiere que el momento termine nunca.

Pero el final llegó.

Explosivo. Incontrolable.

Nos desmoronamos juntos, jadeantes, empapados en sudor, con los corazones latiendo al mismo compás.

Por un instante, solo hubo silencio.

Silencio y el eco de un placer que nos había consumido por completo.

Tus ojos han brillado así?

"Hay un instante en medio del éxtasis donde todo se detiene, donde el mundo entero desaparece y solo quedan dos pares de ojos buscándose, encontrándose. Es un brillo único, ese que nace cuando el deseo se mezcla con la entrega total, cuando ya no queda nada por ocultar, cuando cada rincón ha sido explorado, cada secreto descubierto. Es el lenguaje silencioso de los cuerpos, la confesión más sincera de la piel."

Éxtasis sin retorno

No hay placer más embriagador que ese dulce abandono, esa entrega absoluta en la que el deseo se impone sin titubeos. No se trata de pedir permiso, sino de ser tomada con hambre, con urgencia, con la certeza de que cada rincón del cuerpo será explorado hasta el delirio. Es ahí, en ese instante de entrega sin reservas, cuando los suspiros se vuelven jadeos, cuando los gemidos ya no bastan y el cuerpo grita su propio lenguaje. Y si el clímax los encuentra juntos, fundidos en el mismo incendio, entonces han cruzado la frontera del placer absoluto… para morir y renacer en el mismo instante. Qué ironía. Qué maravilla. 

"Ser Mujer: Fuego, Magia y Placer"

Los hombres jamás imaginarán lo que se siente ser mujer…

Ser un cuerpo que arde con solo una caricia, que se estremece bajo el roce de unos labios hambrientos. Ser piel que vibra, que se abre al deseo sin reservas, que se abandona en un vaivén de sensaciones que lo consumen todo.

No saben lo que es sentir cómo el fuego recorre cada rincón, cómo el placer se despliega en oleadas imparables hasta alcanzar ese instante sublime en el que no hay más mundo, más tiempo, más nada… Solo un latido, un temblor, una entrega absoluta.

Ser mujer es un arte. Es fuego. Es magia. Es perderse para encontrarse en el placer de ser tomada… y renacer en cada gemido.

Las confesiones de una noche inolvidable



Le quería decir algunas cosas… Al principio dudé, pero luego, ¿para qué callar? Se las solté de una, con la misma naturalidad con la que su boca había encontrado la mía.

Le confesé que había llegado en el momento justo, cuando más yo necesitaba. Que su beso… su beso no era cualquier beso. Que sabía besar, que besaba delicioso.

Él sonrió, confiado, y entonces hizo la pregunta inevitable, esa que todos los hombres hacen tarde o temprano.

—¿Lo disfrutaste?

Me mordí el labio, juguetona, y en lugar de responder, incliné la cabeza y lo miré con picardía.

—¿No fue obvio?

Su respiración se entrecortó. Yo ya tenía mi respuesta… y él también.

El último instante


Después, el agua caliente nos envolvió en la ducha. No hubo palabras, solo caricias lentas y miradas que decían más de lo que cualquier frase podría expresar.

Cuando salimos, él me miró como si quisiera retenerme. Como si supiera que después de esa noche, algo cambiaría para siempre.

Y cambió.

No volví a mirarlo igual. No porque me arrepintiera, sino porque entendí algo en ese momento: algunas pasiones no están hechas para durar.

Si me permitía recordar demasiado, el destino podría tentarnos a seguir un camino sin retorno. Y eso no debía ocurrir, el debía seguir con su vida y yo con la mía, como debía de ser.

—Fue lindo —le dije, con una sonrisa suave. 

Al día siguiente, me comporté como si nada hubiera pasado. Lo vi y le sonreí con la misma tranquilidad de siempre.

Pero dentro de mí…

Dentro de mí, aún ardía.

Aún ardemos.

Esa mañana desperté medio desbaratada, maltrecha, adolorida, con el cuerpo aún vibrando por el frenesí de la noche anterior. Amanecí oliendo a él, con su aroma de hombre, su esencia impregnada en mi interior, en el mismo cielo como yo le llamo y en cada pliegue de las sábanas. Sentía un leve ardor en la piel y una punzada placentera en ciertos rincones de mi cuerpo, sí, ahí, donde la protagonista de la noche de anoche. Un poquito lastimada, sí, pero sarna con gusto no pica. Y como dicen los venezolanos en el joropo:

"Esto parece un guayabo eterno
mas que un infierno,
esto es un capricho
y como vivo de su recuerdo,
el dolor es sabrocito"


Dos versiones, un mismo incendio

Como escritor, la curiosidad me carcome. No pude evitar notar la diferencia en la extensión de ambas versiones. Su historia brilla, se expande, se desliza entre momentos que ella misma avivó con detalles tan vívidos que casi puedo sentirlos en mi piel. ¿Por qué la suya resalta más? ¿Por qué cada escena parece una llama que no se apaga? Su respuesta llegó sin titubeos, como si ya la hubiera anticipado:

—Él es hombre, yo soy mujer. Cada uno cuenta lo suyo, lo que más lo marcó. No es que algunos detalles se le hayan pasado o que no fueran de su interés… Es solo que vemos, sentimos y narramos distinto. Y en esa diferencia está el verdadero encanto.

Dos formas de vivirlo. Dos maneras de recordarlo. Pero al final, un solo incendio que nos consumió a los dos.

FIN

Tal vez esta historia sea también la tuya, aquella que quedó atrapada en la Habitación 502, donde casi hubo un incendio… porque ahí no solo ardió el deseo, sino que se encendió una hoguera que, en lugar de extinguirse, crecía con cada beso, con cada caricia, con cada jadeo entrecortado.

Si alguna vez viviste una pasión así, atrévete a compartirla conmigo. Me encantaría escribir sobre esa verdad tan tuya, esa que aún arde en tu piel y en tu memoria.

Y mientras llega ese momento, déjame decirte algo desde el fondo de mi alma: gracias por estar aquí, por leerme, por sentir conmigo.

INVITACION

¡Te invito a sumergirte en este viaje de historias!

Si haces clic más abajo donde dice Página Principal, podrás disfrutar de todas las historias anteriores, desde la primera hasta la más reciente.

Gracias a la gran acogida de los lectores, este blog ya cuenta con más de 100 relatos, y a partir de este año, publicamos una nueva historia cada semana.

Cada texto es una ventana a emociones, recuerdos y reflexiones que no te puedes perder. ¡Empieza desde el principio y acompáñanos en esta aventura!









lunes, 10 de marzo de 2025

DILUVIO MANABA, QUE SE ACABE EL MANI, PERO NO LA SAL PRIETA

Aviso de Respeto y Contexto

Esta historia está escrita con un tono humorístico y sarcástico, inspirado en la rica cultura manabita y su inconfundible manera de ver la vida. No pretende, en ningún caso, cuestionar ni cambiar las creencias religiosas de nadie. Comprendo y respeto profundamente la fe de cada persona, así como su derecho a interpretar los relatos sagrados de acuerdo con sus convicciones. Si bien el texto juega con elementos bíblicos desde una perspectiva cultural y gastronómica, lo hace con el ánimo de celebrar el ingenio y el espíritu de quienes encuentran en el humor una forma de enfrentar la vida.

Repasemos la historia.

LEYENDAS DEL DILUVIO ANTERIORES A LAS DE NOE

Antes de adentrarnos en el tema, aquí tienes un resumen breve de las leyendas, con fechas aproximadas:

  1. Epopeya de Gilgamesh (circa 2100 a.C.): Utnapishtim es advertido de un diluvio por el dios Ea, construye una barca para salvar a su familia y animales, y sobrevive al desastre.

  2. Mitología hindú (Satapatha Brahmana, circa 1500 a.C.): El rey Manu, avisado por el dios Vishnu en forma de pez, construye una embarcación para sobrevivir a un diluvio y salvar especies y sabios.

  3. Mitología griega (circa 800 a.C.): Deucalión y Pirra sobreviven a un diluvio enviado por Zeus, repoblando la tierra al lanzar piedras que se transforman en seres humanos.

  4. Mitología nórdica (circa 1000 a.C.): El diluvio forma parte del Ragnarök, la destrucción del mundo, tras la cual se inicia una nueva era.

Todas estas leyendas cuentan con un diluvio que destruye la humanidad, pero unas pocas personas se salvan para repoblar la tierra.

VEAMOS LAS PRUEBAS CIENTIFICAS

No hay evidencia arqueológica de un barco como el de Noé o Utnapishtim. Algunas expediciones han afirmado encontrar restos en el Monte Ararat, pero ninguna ha sido verificada científicamente. Además, la idea de que un solo barco pudiera contener todas las especies de animales es biológicamente inviable.

Desde  perspectiva científica, la historia del Arca de Noé es imposible tal como se cuenta. Sin embargo, como mito, transmite enseñanzas sobre la fe, la obediencia y el renacimiento después de la catástrofe. Es probable que su origen esté basado en antiguas inundaciones locales (las que ya revisamos), que fueron transformadas en un relato simbólico con el paso del tiempo.

LAS ENSEÑANZAS

Sin embargo de lo cual, las enseñanzas de las leyendas del diluvio incluyen:

  1. Preparación y obediencia: Escuchar advertencias sabias y estar preparado ante lo inesperado puede salvarnos de grandes catástrofes.
  2. Resiliencia: La capacidad de superar la adversidad y comenzar de nuevo es fundamental en tiempos difíciles.
  3. Renovación: Las crisis pueden ser oportunidades para purificar y reconstruir lo que ha sido destruido.
  4. Respeto por la naturaleza y la moralidad: Vivir en armonía con el entorno y los principios éticos puede evitar consecuencias negativas.
  5. Cooperación: El trabajo conjunto y la solidaridad son esenciales para superar desafíos grandes.
Ahora sí, a lo que vinimos. La historia de un pueblo admirable, mis respetos, mil respetos.



EL DILUVIO MANABITA

Dicen que cuando el gran aguacero comenzó a caer sobre la tierra, Noé Zambrano no se inmutó. Mientras los primeros charcos se formaban y los ríos desbordaban, él seguía sentado en su mecedora de mimbre, rascándose la barriga con una tranquilidad que solo un manaba con el estómago lleno puede tener.

—Zambrano,  apura hombre, que el agua ya nos llega a los tobillos —le dijo su mujer, la señora Vera, con la voz de mando que solo una chonera puede tener cuando se trata de evitar desgracias.

—Tranquila, mujer. Peor es cuando uno se atraganta con queso chicloso sin  café pa’ bajarlo —respondió él, metiéndose otro pedazo en la boca.

Pero la cosa se puso seria cuando la corriente empezó a llevarse los fogones. Ahí sí Zambrano se preocupó, porque una cosa era mojarse y otra muy distinta era quedarse sin cómo freír una longaniza o preparar una buena natilla. Así que, con la ayuda de su cuñado Filomeno, carpintero del barrio y bebedor consagrado, construyó un bongo. Bueno, más bien un “bongototote” tamaño familiar, hecho con tablas recicladas de una casa vieja de Bahía de Caráquez y calafateado con brea.

—Zambrano, y los animales, ¿cómo hacemos con eso? —preguntó la señora Vera mientras revisaba la bodega.

—Mande, respondió Zambrano. ¿Animales? ¡Si para animales con nosotros nomás ya basta y sobra! Pero bueno, sube las gallinas criollas mujer, que sin huevos de gallo y gallina no se puede empezar el día.

Así fue como, mientras el agua cubría los cerros y las calles de Portoviejo, Zambrano y su familia embarcaron lo esencial para la supervivencia:

  • Troliches bien amarrados en funda doble.
  • Lustrados y pastelillos manabitas, bien guardados en latas para que no se humedecieran.
  • Un quintal de maní quebrado para la sal prieta.
  • Medio saco de harina de maiz para la natilla.
  • Verde asado, porque ¿qué clase de apocalipsis es este sin un verde asado con sal prieta?
  • Y, por supuesto, dos bidones de corrinche, porque si iban a pasar cuarenta días a la deriva, al menos que fueran cuarenta días felices.

El viaje no fue fácil. El bongo tenía goteras, las gallinas ponían huevos donde no debían y Filomeno, en un descuido, se bebió el corrinche de la reserva. Pero cuando el agua comenzó a bajar y el bongo encalló en lo alto del  cerro de hojas,  Noé supo que la vida continuaba.

—Mujer, alista el fogón. ¡Vamos a celebrar que sobrevivimos!

Y así, con un buen sancocho de gallina criolla y un brindis con lo que quedaba del corrinche gran reserva, la humanidad manabita renació una vez más.7

El Legado del Diluvio: El Lorrego

Pero claro, tanto tiempo encerrados en el bongo trajo consecuencias inesperadas. Entre los cruces de animales que ocurrieron durante la travesía, el más insólito fue el de una lora y un borrego. Cuando la criatura finalmente nació, Zambrano, con su infalible lógica manabita, no encontró mejor nombre que "Lorrego". Un espécimen peculiar que, para desgracia de la humanidad, no solo repite todo sin entender, sino que sigue sin cuestionar. Y así, mientras el agua retrocedía y la vida resurgía en Manabí, el "Lorrego" se convirtió en la verdadera prueba de que algunas especies, por más diluvios que pasen, siempre encuentran la forma de multiplicarse.

Las Lecciones del Diluvio Manabita

Por supuesto que, a pesar del tono sarcástico, la historia deja algunas lecciones importantes (y otras simplemente divertidas) sobre la vida, la cultura y la resiliencia manabita:

1. La verdadera supervivencia no es solo física, sino cultural

Zambrano y su familia no solo se preocuparon por salvarse del diluvio, sino por preservar lo que realmente les daba identidad: su comida. En la vida real, las tradiciones, la gastronomía y la cultura son lo que nos mantiene conectados a nuestra esencia, incluso en tiempos difíciles.

2. La improvisación y la creatividad son clave para salir adelante

Ante la crisis, Zambrano no se quedó lamentándose; construyó un bongo con lo que tenía a la mano. Esto refleja una verdad universal: en la vida, muchas veces no contamos con los recursos ideales, pero la creatividad y la capacidad de improvisación pueden salvarnos en los momentos más difíciles.

3. La familia y la comunidad son el verdadero refugio

Más allá de la comida y el bongo, lo que realmente permite la supervivencia es la unidad familiar y la cooperación. Zambrano no estaba solo, y gracias a su familia, lograron organizarse y enfrentar la tormenta. En la vida real, el apoyo de los seres queridos es lo que nos permite superar las dificultades.

4. La comida es mucho más que alimento, es identidad y felicidad

El arca bíblica hablaba de salvar especies animales; el bongo de Noé Zambrano se enfocó en salvar la gastronomía. Esto nos recuerda que la comida no es solo una necesidad biológica, sino un símbolo de identidad, cultura y hasta felicidad. Un buen plato de comida puede hacer llevadero cualquier desastre.

5. La importancia del humor en tiempos difíciles

A pesar de la crisis, la historia resalta el buen humor como una herramienta para sobrellevar los momentos difíciles. Si bien el diluvio era serio, Zambrano y su familia nunca perdieron la chispa ni el espíritu festivo. En la vida, mantener el sentido del humor puede hacer que los problemas sean más llevaderos.

6. La prevención es importante, pero nunca subestimes los imprevistos

Zambrano pensó en todo: la comida, el bongo, los huevos de gallo y gallina... pero nunca en que su compa Filomeno se bebería el corrinche gran reserva, añejado en bidones plásticos reusados. Esto nos enseña que, por más que planifiquemos, siempre habrá imprevistos. La clave está en adaptarse y seguir adelante.

7. Que se acabe el mundo, pero nunca la sal prieta

En resumen, la historia nos deja una gran enseñanza: podemos perder muchas cosas, pero nunca debemos perder aquello que nos hace quienes somos. Para los manabitas, eso significa mantener vivas sus costumbres, su comida y su buen humor, sin importar las tormentas que vengan.

Moraleja final: Puede caer el diluvio, pero mientras haya verde asado, queso chicloso, sal prieta, maní quebrado, troliche, longaniza, corrinche y una buena natilla, ¡el manaba sigue firme!

LAS ULTIMAS DE LAS ULTIMAS

Los más recientes estudios de la prestigiosa Universidad Científico-Gastronómica del Producto 100% Chonero han demostrado lo que los manabitas siempre supieron en el fondo de su corazón: el verdadero maná del cielo no era otra cosa que sal prieta, ese polvo sagrado de maní que transforma cualquier verde asado en un bocado celestial. Además, según los mismos estudios, el humedal de la Segua no es más que la última evidencia del diluvio universal, y las choneras—esas mujeres de belleza legendaria—fueron, sin duda, las responsables de que los ángeles dejaran el cielo por un buen plato de viche y una mirada encantadora.

No te pierdas de hacer CLIC para que disfrutes de este videoclip 

Si te gustó esta historia de Noé Zambrano y su señora (mandarina chonera), compártela con tus amigos, con tu familia. 

Me encantaría escribir la tuya y para cuando te hayas decidido, me avisas.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo. Sabes, me encanta que leas mis historias y por eso te doy un sincero MUCHISISIMAS GRACIAS y ya sabes, si conoces de antemano que se va a producir una catástrofe, pasa primero por esas tiendas que dicen PRODUCTOS MANABITAS, 100% CHONERO.

Te anticipo el título de un trabajo futuro: Dónde quedaba el Edén".














lunes, 10 de febrero de 2025

Los Caminos del Silencio


LA FE DE ANA

Ana se arrodillaba cada noche frente a su pequeña cruz de madera. Era un ritual constante, una súplica cargada de lágrimas. Su madre, quien había sido su pilar, su amiga y su guía, enfrentaba un cáncer que avanzaba con la fuerza implacable de una tormenta. Pero Ana no perdía la fe.

DIOS SANA

“Dios tiene el poder de sanar,” repetía con convicción en cada reunión de oración. Su grupo, un círculo de mujeres devotas, se unía a su fe inquebrantable y levantaba las manos al cielo. Habían decretado, con autoridad espiritual, que el cáncer sería eliminado. “Donde hay fe, hay milagros,” decían entre cánticos y lágrimas, seguras de que la sanación estaba asegurada.

El día llegó. La madre de Ana cerró los ojos para siempre, dejando a Ana en un mar de preguntas.

En el funeral, mientras los asistentes ofrecían consuelo con palabras convencionales, Ana miró el rostro sereno de su madre. Su dolor era un nudo apretado en el pecho, pero no permitió que la desesperación la consumiera.

DIOS ASÍ LO QUISO?

“Dios así lo quiso,” susurró, más para sí misma que para los demás. “Sus caminos son misteriosos, y quizás sabía que esto era lo mejor. Ahora mi madre descansa en el cielo, libre del dolor.”

Pero esa noche, en la soledad de su habitación, una voz pareció emerger del rincón más profundo de su ser. Una voz que no era más que su propia conciencia enfrentándola:

EL PLAN DIVINO EXISTE?

“¿De verdad crees que esto era lo mejor? ¿O simplemente buscas consuelo en un plan divino que tal vez no existe?”

Ana dudó por un momento. Si Dios era omnisciente, si sabía todo, entonces también sabía que su decreto no cambiaría el resultado. ¿Había sido inútil su fe? ¿Había sido su madre víctima de un destino inalterable?

El amanecer trajo claridad. Ana recordó las palabras de su madre, dichas tiempo atrás:“Hija, la fe no siempre es obtener lo que pedimos. A veces es aceptar lo que viene, con amor y con paz.”

Desde ese día, Ana decidió vivir abrazando la paradoja de su fe. No tenía todas las respuestas, y quizás nunca las tendría. Pero aprendió que su oración no había sido en vano; había sido un acto de amor, un puente entre ella y su madre.

El determinismo de la vida y la omnisciencia de Dios eran misterios insondables, pero Ana encontró consuelo en una verdad simple: el amor trasciende cualquier lógica, cualquier destino, cualquier pregunta sin respuesta.

FIN

Tratar el tema de la fé es complicado, mucho creyente se siente atacado ante los cuestionamientos de un pensar diferente, pero recuerda que soy irreverente y que no intento cambiar tu manera de pensar, no te apresures en juzgarme.

Si te gustó esta historia, compártela con tus amigos, con tu familia. Si no te gustó, eres libre de creer lo que quieras, al igual que yo.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo, no seas perezoso, mueve el dedo. Sabes, me encanta que leas mis historias.






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