Buscar este blog

lunes, 9 de febrero de 2026

El proceso de Wen Si Yuan contra Satanás

No hubo trompetas.

No hubo fuego.
No hubo coros.

El recinto era sobrio, casi incómodamente humano: una sala desnuda, sin símbolos, sin cruces, sin estrellas invertidas. Solo una mesa larga. Dos sillas. Y una tercera, vacía.

Wen Si Yuan no llevaba toga.
No hacía falta.
La autoridad no estaba en su ropa, sino en la pregunta que sostenía.

Frente a él, Satanás.
No monstruoso.
No seductor.
Cansado.


La acusación

—Te acusan —dijo Wen Si Yuan— de haber corrompido la creación.
De tentar al hombre.
De introducir el mal en un sistema que, según se afirma, fue creado perfecto.

Satanás sonrió apenas. No con ironía, sino con algo más peligroso: lucidez.

—Eso dice el expediente —respondió—. Siempre lo ha dicho.

—Pero el expediente tiene huecos —continuó Wen Si Yuan—.
Y hoy no juzgamos mitos, sino coherencias.

Hizo una pausa.

—Explícame —dijo— cómo pasaste de acusador a enemigo.
De instrumento a chivo expiatorio.
De parte del orden a explicación del desastre.


La defensa

Satanás se reclinó en la silla.

—No cambié —dijo—.
Me cambiaron.

Al principio, yo no tentaba. Observaba.
Señalaba. Preguntaba.
Era incómodo, pero útil.

—¿Útil para quién? —interrumpió Wen Si Yuan.

—Para el sistema —respondió Satanás—.
Un sistema que necesitaba alguien que señalara fallas… sin tocar al diseñador.

Cuando el mundo empezó a doler, alguien tenía que cargar con la culpa.
Y no podía ser quien lo había hecho todo.


Dios no cambió. Cambió la coartada.

—Se dice que Dios pasó de cruel a amoroso —dijo Wen Si Yuan—.
¿Eso ocurrió?

—No —respondió Satanás—.
Lo que ocurrió fue algo más sutil: el relato se volvió defensivo.

Un Dios que arrasa pueblos no necesita explicaciones.
Un Dios que ama en un mundo que sangra… sí.

Ahí entré yo.

—Como tentador.

—Como válvula de escape.

Si Dios es bueno, alguien tiene que ser malo.
Si Dios crea bien, alguien tiene que corromper.
Si el diseño es perfecto, el error debe ser externo.

Y yo era perfecto para eso.


El traslado de la culpa

Wen Si Yuan apoyó los dedos sobre la mesa.

—Entonces el esquema quedó así —dijo—:
Dios crea bien.
Tú tientas.
El hombre falla.

Satanás asintió.

—Brillante, ¿no?
Dios queda intacto.
El sistema no se cuestiona.
Y la culpa se instala dentro del creyente.

Ya no se pregunta por el diseño,
sino por la obediencia.


El sacrificio

—¿Y el Hijo? —preguntó Wen Si Yuan—.
El sacrificio.

Satanás exhaló lentamente.

—El golpe maestro.

No resolvió el mal.
No lo explicó.
No lo eliminó.

Pero hizo algo mucho más eficaz:
cerró la boca del que pregunta.

Después de eso, toda crítica se volvió obscena.
“¿Cómo acusas a quien se sacrificó?”

Caso cerrado.
Silencio eterno.


La culpa debía volver

—Pero si todos quedaban absueltos… —dijo Wen Si Yuan—
el control se perdía.

—Exacto —respondió Satanás—.

Un creyente sin culpa no necesita templos.
No necesita sacerdotes.
No necesita mediadores.

Así que la culpa regresó:

  • pecado original,
  • tentación constante,
  • salvación siempre diferida.

Nunca estás limpio del todo.
Siempre debes algo.
Y mientras debas… obedeces.


La herejía verdadera

Wen Si Yuan se inclinó hacia adelante.

—Entonces la verdadera herejía…

—…no es dudar de Dios —completó Satanás—.
Es dudar del sistema.

Porque si el mal no viene solo de mí,
si no viene solo del hombre,
entonces hay que mirar el diseño.

Y eso… eso sí es intolerable.


Libre albedrío

—Última cuestión —dijo Wen Si Yuan—.
El libre albedrío.

Satanás sonrió, esta vez con cansancio antiguo.

—Un regalo envenenado.

Si eliges mal, eres culpable.
Si eliges bien, obedeces.

Pero nadie pregunta por qué el mal era una opción necesaria
en un sistema supuestamente perfecto.

La libertad sirve mientras absuelva al creador.


Cierre

Wen Si Yuan se levantó.
La tercera silla seguía vacía.

—Entonces —dijo—
no fuiste el origen del mal.

—No —respondió Satanás—.
Fui la explicación conveniente.

La tentación final no fue el pecado.
Fue aceptar el relato
sin volver a preguntar.

Wen Si Yuan se dio vuelta antes de salir.

—Este juicio —dijo—
no absuelve a nadie.

Pero devuelve algo peligroso:
la responsabilidad del pensamiento.

La sala quedó en silencio.

Por primera vez,
nadie sabía
a quién acusar.


Perfecto. No se toca una coma de lo anterior.
Esto va insertado al final, como epílogo inevitable.
La silla no interrumpe: espera. Y cuando habla, no acusa. Condena por lógica.


Epílogo — Cuando habló la silla

La sala permaneció vacía unos instantes más.
Ni Wen Si Yuan ni Satanás estaban ya allí.

Entonces, sin moverse,
la silla habló.

No con voz.
Con estructura.


—No fui ocupada —dijo—
porque nadie quiso sentarse donde se responde por el diseño.

No soy Dios.
No soy Diablo.
No soy Hombre.

Soy la pregunta que todos rodean.


No hablo de intenciones.
Hablo de consecuencias.

Un sistema omnipotente que incluye el mal
no puede declararse inocente
sin mentir.

Un libre albedrío que nace condicionado
no es libertad:
es traslado de responsabilidad.

Un sacrificio que silencia la crítica
no redime:
inmuniza.


No se me dio nombre
porque nombrarme obliga a pensar.

No se me dio forma
porque darme forma exige responder.


Mientras el mal sea explicado
pero no asumido,
mientras la culpa circule
pero nunca ascienda,
mientras el creyente mire hacia abajo
y no hacia la arquitectura,

el sistema seguirá intacto
y yo seguiré vacía.


No espero fe.
No pido rebelión.

Solo una cosa:
coherencia.

Porque cuando la pregunta correcta se formula,
nadie necesita castigos,
ni redenciones,
ni tentadores.

Solo verdad.


La silla calló.

No porque no tuviera más que decir,
sino porque
ya había dicho demasiado.

Y por primera vez,
el silencio
no absolvió a nadie.


jueves, 5 de febrero de 2026

El juicio de Wen Si Yuan

 

El juicio

WSY murió sin arrepentirse.

No con rabia, no con desafío: simplemente no lo hizo.

Cuando abrió los ojos, no hubo fuego ni coros. Solo una claridad sin origen y una presencia que no necesitaba nombre.

—¿Reconoces la falta? —preguntó Dios.

—Sí.

—¿Te declaras culpable?

—Sí.

No hubo defensa. WSY no negaba lo que había hecho.

Entonces Dios anunció la condena.

Eterna.

WSY frunció el ceño, no con miedo, sino con extrañeza.

—Eso… —dijo tras una pausa— suena más humano que divino.

Dios no respondió de inmediato.

—Eres omnisciente —continuó WSY—, así que ya sabes lo que voy a decir. Pero igual te lo digo.

Un acto finito, cometido por un ser finito, en un tiempo finito… castigado con una pena infinita.

Los hombres, aun con todas sus miserias, aprendieron algo llamado proporcionalidad.

Si ellos la tienen, ¿cómo no esperarla de un Dios que se presenta como de misericordia infinita?

¿En qué quedamos?

El silencio pesó.

Y por primera vez, Dios habló distinto.

—Ups… la cagué.

WSY no sonrió.

—¿O sea que he condenado injustamente a millones? —continuó Dios, casi para sí.

—Sí —respondió WSY—. Creyentes y no creyentes.

Dios bajó la mirada. Si el universo tenía un suelo, lo estaba mirando.

Fé y Geografía

—Además —agregó WSY—, la fe está condicionada por la geografía.

—¿Cómo es eso?

—Mira:

Si yo hubiese nacido en China, probablemente sería budista.

En India, hindú.

En Israel, judío.

En Arabia Saudita, musulmán.

La fe no siempre es elección; muchas veces es herencia postal.

Dios guardó silencio largo rato.

—Entonces… —dijo finalmente— ¿la cagué otra vez?

No hubo respuesta inmediata.

Dios se deshizo en llanto.

WSY, sin saber por qué, lo consoló.

Cuando otros lideraron la narrativa

—El problema —dijo— no fue crear. Fue no ser claro.

Dejaste espacio para que los hombres se adueñaran de la narrativa.

Todos dicen hablar en tu nombre.

Quizá debiste presentarte ante todos, sin ambigüedades, y no dejar ninguna duda.

Dios respiró hondo.

—Aun así —respondió—, algunos no creerían.

Y si yo impusiera la fe, estaría atentando contra algo fundamental: el libre albedrío.

—Touché —dijo WSY.

Creyeron haber llegado al fondo. Pero no.

WSY levantó la vista otra vez.

La última pregunta

—Déjame preguntarte algo más.

¿Te parece justo que los hijos paguen las culpas de sus padres?

—No —dijo Dios sin dudar—. Eso no es justo.

—Entonces explícame algo —continuó WSY—.

Dices que el hombre nace con naturaleza pecadora.

Que está inclinado al mal desde el origen.

Si es así, el hombre ya nace condenado.

Yo no pedí nacer.

Y sin embargo, por nacer, ya cargo una culpa.

Hizo una pausa.

—Es como esas viejas series gringas: condenado desde el primer capítulo por un delito que no cometí.

¿Dónde queda el libre albedrío si el juicio empieza antes de la elección?

Dios no respondió.

No porque no supiera.

Sino porque no podía.

El silencio se volvió distinto.

Ya no era el silencio del juez, sino el del autor frente a su propia obra.

Y entonces WSY pensó algo nuevo.

No como hombre.

Como Dios.

Si revelaba todo —pensó—, si decía la verdad completa, sin filtros ni relatos…

se caería todo.

Religiones. Poderes. Identidades.

Y con ellas vendrían masacres, venganzas, asesinatos cometidos en nombre de la verdad definitiva.

No por maldad divina.

Por fragilidad humana.

WSY entendió, por primera vez, el peso del silencio.

Miró a Dios.

Y habló despacio:

—Si revelo todo… se cae todo.

Sonrió apenas, con una tristeza amable.

—Mejor me quedo callado…

que callado me veo más bonito.

Dios no lo contradijo.

No hubo absolución.

No hubo condena.

Solo dos conciencias compartiendo un silencio que ya no era vacío,

sino decisión.

Y el universo siguió en pie.

domingo, 1 de febrero de 2026

ECUADOR 2029

 


ECUADOR 2029

Tres escenarios posibles. Demasiado probables.

Prólogo 

Ecuador no llegará a las elecciones de 2029 discutiendo ideas nuevas.

Llegará discutiendo el pasado, otra vez.

No se votará solo por programas de gobierno,

sino por relatos, por memorias, por heridas abiertas.

Habrá juicios, condenas, pruebas documentadas, sentencias firmes, prófugos.

Y aun así —o precisamente por eso— millones de ecuatorianos volverán a votar por Correa o por quien él decida.

No porque ignoren los hechos.

Sino porque los interpretan desde lugares distintos.

Esta publicación  no busca convencer.

Busca mostrar.

Tres escenarios.

Tres votantes.

Una misma elección: Ecuador 2029.


ESCENARIO I — El Intelectual

El intelectual no grita consignas.

Cita libros.

Habla de contextos, no de culpables.

Para él, los juicios contra el correísmo no pueden analizarse sin mirar el sistema judicial ecuatoriano: históricamente frágil, permeable, politizado según quién gobierne.

Recuerda cómo antes y después de Correa, la justicia fue utilizada como herramienta de poder.

No niega las pruebas.

Las relativiza.

—“La legalidad no siempre es justicia”, repite.

Sostiene que el correísmo fue castigado no solo por corrupción, sino por haber concentrado poder, haber desafiado intereses económicos y haber construido un Estado fuerte en una región acostumbrada a Estados débiles.

Cuando se le habla de condenas y prófugos, responde con historia comparada: Brasil, Lula; Argentina, Cristina; Bolivia, Evo.

Patrones regionales, dice.

Para él, votar por el candidato de Correa en 2029 no es fanatismo.

Es una toma de posición intelectual:

contra el lawfare

contra la hipocresía selectiva

contra una democracia que castiga a unos y absuelve a otros

Vota no por el hombre,

sino por la tesis.


ESCENARIO II — El Profesional

El profesional no habla de ideología.

Habla de resultados.

Tiene título, empleo inestable, deudas, miedo a la inseguridad y la sensación constante de que el país no despega.

Recuerda el correísmo no con romanticismo, sino con pragmatismo:

—“Había orden.”

—“Había obra.”

—“Había Estado.”

Sabe de los casos de corrupción.

Los acepta como un costo.

—“Todos roban”, dice.

—“La diferencia es que unos al menos hacían algo.”

Le irrita la moral selectiva:

los corruptos de antes y después del correísmo que nunca pagaron nada.

Le molesta la inestabilidad permanente, los cambios de rumbo, los gobiernos sin proyecto.

Cuando escucha “persecución política”, no lo discute demasiado.

Le da igual si fue persecución o justicia.

Su razonamiento es más simple:

con el correísmo, su vida era más predecible

hoy, todo es incertidumbre

Vota por el candidato de Correa en 2029 no por lealtad,

sino por nostalgia funcional.

No quiere épica.

Quiere normalidad.


ESCENARIO III — El Pueblo

Aquí no hay teoría.

Hay memoria emocional.

El votante del pueblo no cita fallos judiciales ni informes internacionales.

Cita sensaciones:

—“Antes alcanzaba.”

—“Antes no había tanto miedo.”

—“Antes el Estado se acordaba de nosotros.”

Las condenas no lo convencen.

Le suenan lejanas, técnicas, ajenas.

Cuando oye “corrupción”, responde: —“Y ahora, ¿qué?”

Cuando oye “prófugo”, responde: —“Porque no lo dejan volver.”

Para él, el correísmo no es un partido.

Es un tiempo.

Un tiempo donde sintió dignidad, visibilidad, pertenencia.

Donde alguien hablaba como él, contra los mismos enemigos que él resentía.

Por eso, cuando Correa señala a un candidato en 2029, no hay duda.

No vota por una persona.

Vota por el recuerdo de sí mismo cuando se sentía menos olvidado.


ESCENARIO IV — El que no vota

No milita.

No discute.

No comparte cadenas ni estados incendiarios.

Simplemente no va.

No es ignorante.

Está informado hasta el hartazgo.

Ha visto pasar gobiernos, promesas, salvadores, traiciones.

Ha escuchado las mismas palabras recicladas con distintos rostros.

Ha visto cómo los culpables cambian de bando, pero nunca de destino.

Cuando le hablan de Correa, responde: —“Ya fue.”

Cuando le hablan del anticorreísmo, responde: —“También.”

No cree en la justicia.

No cree en la política.

No cree en la épica.

Pero sobre todo, no cree que su voto cambie algo real.

No se abstiene por comodidad.

Se abstiene por desconfianza profunda.

Su silencio no es apatía:

es una forma de protesta muda.

Y sin embargo, su ausencia pesa.

Porque en 2029, mientras los otros tres votan con convicción,

él deja que otros decidan por él.

No legitima, pero tampoco impide.

Y ese vacío —discreto, silencioso—

es uno de los mayores triunfos del sistema que dice detestar.

EPÍLOGO — Ecuador 2029: el verdadero dilema

Al final, Ecuador 2029 no se define por quién gana.

Se define por quién cree, quién justifica, quién recuerda

y quién se rinde.

El intelectual defiende una tesis.

El profesional busca estabilidad.

El pueblo protege su memoria.

El que no vota se protege a sí mismo.

Cuatro posturas distintas.

Un mismo país fragmentado.

No hay engañados.

Hay personas cansadas defendiendo lo poco que sienten propio.

Por eso los juicios no convencen.

Por eso las condenas no cierran debates.

Por eso los prófugos siguen siendo símbolos y no finales.

Porque Ecuador no discute hechos:

discute significados.

Mientras la política no ofrezca un futuro más fuerte que el pasado,

mientras la justicia no sea creída por todos,

mientras la democracia no vuelva a ser esperanza y no trámite,

el 2029 será solo otra estación del mismo viaje.

Y la pregunta real no será

si gana Correa o quien él ponga.

La pregunta será:

¿Cuántos ecuatorianos todavía creen que vale la pena elegir?

Nota del autor

Este texto no fue escrito para convencer a nadie.

No pretende absolver ni condenar,

ni dictar cómo debe votar el lector.

Fue escrito para mostrar.

Mostrar cómo personas informadas, lúcidas y racionales pueden llegar a la misma decisión desde caminos completamente distintos.

Mostrar que la política ya no se mueve solo por hechos, sino por memorias, emociones y pertenencias.

Mostrar que el silencio —la abstención— también es una forma de respuesta, aunque no siempre sea inocua.

Aquí no hay héroes ni villanos puros.

Hay ciudadanos cansados, heridos, desconfiados, aferrados a lo que conocen o retirados de lo que ya no creen.

Si este texto incomoda, cumple su función.

Si provoca discusión, mejor aún.

Y si obliga a alguien a preguntarse por qué piensa como piensa, entonces ya valió la pena.

El futuro no se construye negando el pasado,

pero tampoco repitiéndolo sin cuestionarlo.

Ecuador 2029 no es una predicción.

Es un espejo.

Y los espejos no mienten,

solo muestran lo que preferimos no mirar.


FIN


ENTRADAS DESTACADAS

AQUI TAMBIEN ES AMERICA

  El sol todavía no había salido cuando Rogelio abrió la puerta de la casa. El aire olía a polvo húmedo y a café recién hervido. La vivie...

ENTRADAS MAS POPULARES