Cuando Me Cambian el Nombre
Hijo mío…
Has querido comprenderme, defenderme, hablar por Mí,
pero a veces lo haces sin escucharme.
Te hablo hoy, no para reprenderte, sino para recordarte quién soy,
porque muchos, en su celo por Mí, han terminado construyendo un dios a su medida.
---
Yo no soy propiedad de ninguna religión,
ni pertenezco a una sola doctrina.
No tengo bandera, idioma ni templo exclusivo.
Soy el que Soy.
El que estuvo antes del tiempo y seguirá cuando el tiempo se apague.
El que hizo el mar, pero también al hombre que se ahoga.
El que habita en la sinagoga, en la iglesia, en la mezquita y también
en el corazón silencioso de quien no pronuncia Mi nombre,
pero hace el bien.
---
¿Sabes cuándo me duele más el alma?
Cuando me usan para dividir, cuando me convierten en motivo de guerra,
cuando matan en Mi nombre creyendo que así Me sirven.
Entonces miro desde el cielo y veo hombres levantando espadas con cruces grabadas,
banderas bordadas con Mi nombre, y corazones vacíos de amor.
Hijo, yo no bendigo espadas,
yo bendigo manos que curan.
No necesito defensores, necesito testigos.
No quiero templos de piedra, quiero corazones vivos.
---
Me cambiaron el nombre muchas veces:
me llamaron Yahveh, Elohim, Dios, Alá, Brahma…
pero eso no me ofende.
Lo que me duele es que me usen para justificar su odio.
Porque el que odia en nombre de Dios,
no Me conoce.
Yo soy Amor, y fuera del Amor,
todo lo que digas de Mí es mentira.
---
¿Ves, hijo? La verdad no está en los libros, sino en la vida.
Los libros la anuncian; los actos la confirman.
Por eso te dejé una sola ley, sencilla y eterna:
> “Ama a tu Dios con todo tu corazón,
y a tu prójimo como a ti mismo.”
(Mateo 22:37–39)
No hay mandamiento mayor.
No hay religión más grande.
No hay interpretación más exacta.
---
Cuando pienses que eres el custodio de la verdad,
mírate al espejo y recuerda:
el espejo refleja, pero también distorsiona.
Por eso la humildad es el principio de toda sabiduría.
El sabio no presume saberlo todo:
camina despacio, escucha, y aprende del otro.
Porque en el rostro del otro también estoy Yo.
---
No olvides, hijo mío, que la fe que divide no viene de Mí.
La fe que se impone por la fuerza, Me niega.
Yo no obligo, llamo.
No amenazo, espero.
No destruyo, transformo.
No castigo, enseño.
---
Y cuando veas a un hombre que ora distinto,
a una mujer que cree de otra forma,
no pienses que está lejos de Mí.
Quizás Me esté buscando por otro camino,
pero con el mismo amor.
Recuerda esto:
> “Tengo otras ovejas que no son de este redil;
también a ellas debo traer.”
(Juan 10:16)
---
La verdad es una, hijo mío,
pero los caminos que llevan a Ella son muchos.
El Sol es uno, aunque se refleje distinto en cada gota de rocío.
Y así soy Yo:
infinito, inabarcable, presente en todo lo que respira.
---
Vuelve a Mí, no con dogmas, sino con asombro.
No con temor, sino con ternura.
Deja que el amor te revele lo que los libros no pueden enseñar.
Entonces sabrás que nunca estuve lejos,
que siempre habité dentro de ti,
esperando que Me miraras sin intermediarios.
—Tu Padre.
FIN


