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lunes, 24 de marzo de 2025

EL JUICIO FINAL: MODA Y MISERIA CONYUGAL





 LA TORTURA

El hombre es capaz de soportar las peores, las mas refinadas torturas fisicas y mentales pero el peor suplicio al que le pueden someter a este pobre mortal es a que lo pongan a escoger si tal o cual atuendo le va bien a su mub jer. 

Es que de nada sirve que uno diga que la primera  tenida està bien porque luego vendrá una segunda y otras mas y otra más y para qué su opinión si al final se pone ella lo que quiere así uno piense que le queda mal. Atrévase, si de 6 tenidas usted le dice que le va muy bien cualquiera de las 5 que son de color rojo, ella se pondrá la de color azul. No sea incauto, su opinión vale menos que billete de tres dólares.

CUIDADO CON LAS TRAMPAS CAZABOBOS

Ah y mucho cuidado, evitemos la trampa de contestar sinceramente a preguntas capciosas como: me veo bien, dime la verdad, no me veo gorda, es que este pantalón me arma mejor, no hombre que eso puede ser causal de divorcio por bruto, desconsiderado, salvaje, maleducado, ya me lo decía mi mamá que usted de inculto lo tiene todo y yo bruta por no hacerle caso.

YA NO AGUANTO MAS

Después de la tercera tenida o probanda, yo ya no sabía si estaba eligiendo ropa o pasando por un juicio final. Para la sexta, solo quería una benzodiacepina, un coma inducido, o al menos un cartel que dijera "Desaparecido en circunstancias misteriosas". Tenía los nervios crispados, la autoestima en default y la dignidad en remate. Me sentía quebrado, deshecho, los nervios crispados, reducido a un triste "me das lástima", hasta el punto de considerar el suicidio… pero en mi desesperación, miré al cielo e imploré: "Padre, aparta de mí esta ropa, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

Y no, no exagero. En medio de esta tortura, mi mente comenzó a quebrarse: estaba desarrollando el Síndrome de Estocolmo, pero no para pedirle a mi captora que se casara conmigo, sino para rogarle que acabara con mi sufrimiento de una vez por todas. "Haz lo que quieras", pensaba, "pero por favor, déjame vivir... o morir rápido".

Aún tengo heridas psicológicas de esta experiencia, cicatrices invisibles que arden cada vez que paso por una tienda de ropa. 

MENTIRAS PIADOSAS O INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

Decir “te queda bien” en estas situaciones no es una opinión, es un grito de auxilio disfrazado de cumplido. No es diplomacia, es puro instinto de supervivencia, como cuando un rehén le dice a su captor que admira su trabajo solo para ganar tiempo. Porque, seamos honestos, después del cuarto cambio de atuendo, uno ya no distingue entre un vestido y una cortina fina. Así que sueltas el “te queda hermoso” con la esperanza de que el suplicio termine, de que no haya un sexto, un séptimo, un octavo conjunto esperando su turno. Es la última línea de defensa antes de empezar a considerar opciones extremas, como fingir un desmayo o inscribirse en un retiro de monjes cartujos donde los hábitos son de talla única.

CONFESION

Esto es todo lo que tengo que contar señor juez en honor a la verdad ¿¿¿¿¿????

Por suerte esto no me ocurrió a mí sino al primo de un amigo.

SUPLICA

Mujeres, reflexionen: ¡basta de torturar a sus parejas! Esto no es una simple ida de compras, es un atentado contra la dignidad masculina, un acto cruel y despiadado que debería estar tipificado como crimen de lesa humanidad. La Corte Penal Internacional debería intervenir, o al menos la ONU debería emitir un pronunciamiento urgente.

Porque lo que empieza como un inocente "pruébate este, a ver cómo te queda", termina con un hombre devastado, con la mirada perdida, la voluntad quebrada y el alma en liquidación. No es shopping, es un campo de reeducación, una guerra psicológica donde el enemigo no es la ropa… sino el tiempo infinito que ella tiene para seguir eligiendo más.

FIN

Seguramente te viste reflejado en esta historia, admítelo, eres MANDARINA.

Me encantaría escribir la tuya y para cuando te hayas decidido, me avisas. No seas cobarde, si te torturaron, te ayudo con la denuncia y ah, tengo un grupo de MANDARINOS.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo. Y ya sabes, deja de llorar en silencio tu desgracia  y denúnciala ante el.mundo, supera tu verguenza.

Hasta la próxima.

INVITACION

¡Te invito a sumergirte en este viaje de historias!

Si haces clic más abajo donde dice Página Principal, podrás disfrutar de todas las historias anteriores, desde la primera hasta la más reciente.

Gracias a la gran acogida de los lectores, este blog ya cuenta con más de 100 relatos, y a partir de este año, publicamos una nueva historia cada semana.

Cada texto es una ventana a emociones, recuerdos y reflexiones que no te puedes perder. ¡Empieza desde el principio y acompáñanos en esta aventura!










sábado, 22 de marzo de 2025

ROOM 502




Un preámbulo obligado

Algunas de las historias que cuento surgen de la invitación que hago a mis lectores, solicitando su colaboración con temas, anécdotas, etc. Así nació esta historia.

Primero, debo aclarar que está inspirada en hechos reales, basados en lo que mi amigo me contó. Segundo, por ética, no revelaré su identidad ni la de la mujer involucrada. Solo sé que él le lleva algunos años, está casado y que ella es una mujer preparada, inteligente, honesta y leal. Se conocieron en el ámbito profesional.

El inicio de una conexión inesperada

Como si se tratara de una canción de Vicentico:

"¿Hace falta que te diga

que me muero por tener algo contigo?

¿Es que no te has dado cuenta

de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?"

No hubo flores, ni llamadas, ni miradas sostenidas. Solo un día, mi amigo se decidió. Sin más preámbulos, la invitó al hotel donde se alojaba y recibió un "sí" por respuesta.

Ella acudió. Supongo que cuando una mujer acepta una invitación así, sabe lo que le espera y que  no será para una ronda de cachos, una partida de 40, etc., sino que en el mejor de los casos, ha de implicar jugar al teto.

La primera cita: cuando no pasó nada

Tuvieron dos encuentros. Pero en el primero, no pasó nada.

Él me contó que en aquella ocasión estuvieron a punto, pero ella se disculpó: "Hoy no puedo, después lo haremos". Había recibido la visita de Andrés, como muchas llaman a su período.

No todas las mujeres disfrutan del sexo en esos días. Dicen que algunas sí. A mí no me consta, solo lo escuché por ahí y eso fué lo que mi amigo me contó y debo de creerle.

El beso que lo cambió todo

Cuando finalmente ella acudió al hotel, el momento no comenzó con la urgencia del deseo. Hablaron, rieron. Pero la atracción flotaba en el aire.

Mi amigo, nervioso, levantó un mechón rebelde de su cabello. Ella no se apartó. Su mano temblorosa acarició su rostro. Suspiró. Entonces él tomó su cara entre sus manos y la besó suavemente. Otro suspiro.

El beso se volvió profundo. Sus lenguas se buscaron, se devoraron. La ropa comenzó a estorbar. Ella alzó los brazos para dejarse despojar de la blusa. Luego el sostén. Los senos firmes, erguidos, la juventud manifiesta. Él los besó y ella suspiró.

Su respiración se entrecortaba mientras él descendía lentamente por su cuerpo. Ella vestía jeans ajustados. Él desabrochó el botón, bajó el cierre. Apareció una prenda pequeña, roja, una tanguita que apenas ocultaba lo que contenía. Poco a poco, la tanga se deslizó hasta quedar en el suelo.

La entrega absoluta

Y entonces, ya no hubo barreras. Ella se abrió a él, se dejó descubrir, explorar. Él la saboreó con la avidez de quien se embriaga de un licor exquisito.

El juego de la pasión se tornó equilibrado. Él pidió y ella dio, con la misma entrega con la que había recibido. La Ley del Talión, pero aplicada al placer.

El clímax llegó inevitablemente. Sus cuerpos se estremecieron al unísono, fundiéndose en un solo latido.

El tiempo, ese cómplice tramposo

Ambos deseaban que el momento no terminara. Afuera, el mundo seguía su curso, pero en ese cuarto de hotel, el tiempo se detuvo.


Ella se colocó sobre él y comenzó a cabalgar con la energía de la pasión desbordada. Mientras lo hacía, casi podía escucharse la voz de Roberto Carlos:

"Cabalgaré toda la noche

por una senda colorida.

Mis besos te daré en derroche

de una manera algo atrevida."

Después, cambiaron de posición. Ella se apoyó sobre sus brazos, elevó su cadera y lo invitó con la mirada. Él la tomó de los hombros, del cabello, la hizo suya de nuevo. Las nalgadas no despertaban quejidos, sino gemidos de placer. Hasta que, finalmente, no pudieron más y se derrumbaron, agotados, satisfechos.

"Cuando el deseo no admite pausas"


En la penumbra cálida de la habitación, el aire denso de deseo los envolvía. Ella, entregada, con la mirada encendida y los labios entreabiertos, lo incitaba con un susurro que era más una súplica ardiente que palabrNo había dudas en su cuerpo, solo la certeza de que lo quería todo, otra vez, sin pausas ni reservas.

Él no necesitó más. La intensidad en sus ojos, el roce de su piel que temblaba bajo sus manos, el aliento entrecortado que se fundía con el suyo… todo lo empujaba al borde del control. Sus cuerpos se encontraron en un choque que fue hambre y necesidad pura, una danza de piel sobre piel, de presión, de entrega.

Ella lo envolvía, lo atrapaba, lo guiaba sin palabras, con el ritmo de sus caderas y la urgencia de sus manos. Cada movimiento era una invitación al vértigo, al peligro delicioso de perderse en el otro sin frenos. Él respondió con la fiereza de quien ha sido llamado a reclamar su lugar, devorándola en un vaivén que era furia y placer, un golpe de pasión que los arrastraba como una tormenta, como una carrera sin final.

La respiración se convirtió en jadeos entrecortados, el sudor perlaba sus cuerpos, la tensión crecía como una ola imparable. Cada embestida la hacía arquearse, atraparlo más dentro de ella, aferrarse como si pudiera fundirse en él, como si quisiera que ese instante nunca terminara.

Y cuando el clímax los alcanzó, no fue un susurro, sino un grito contenido, un temblor compartido que los dejó sin aliento, suspendidos en el delirio. Entonces, el silencio los abrazó, roto solo por el latido feroz de sus corazones aún sincronizados.

No hubo promesas ni palabras después. Solo la certeza de haber sido, por un instante, uno solo.

Las palabras que quedaron grabadas

Hay frases que se olvidan. Y hay frases que quedan marcadas en la memoria.

"Sabes besar. Besas rico."

"Me cogiste en el momento preciso."

Cuando él le preguntó si lo había disfrutado, ella respondió con otra pregunta:

"¿No fue obvio?"

Y en ese instante, él sintió que había tocado el cielo.

El baño compartido

Antes de partir, compartieron la ducha.

Él la enjabonó, recorriendo con libertad su cuerpo. Ella suspiraba, gimiendo bajito, deseando alargar el momento. Luego fue su turno. Lo enjabonó lentamente, le besó su miembro, lo miró a los ojos y, con una picardía infinita, dejó su tortura a medias.

Él recordó otra canción de Roberto Carlos:

"Ser el jabón que te enjabona,

el baño que te baña."

El adiós y la indiferencia


El tiempo había llegado a su fin. Ella debía volver. Su casa, su familia la esperaba.

Al día siguiente, cuando se vieron, ella se comportó como si nada hubiera pasado.

Él, en cambio, sintió la letra de una canción de Marc Anthony resonando en su mente:

"No me conoces, y hace tres noches que dormiste entre mis brazos.

Ya no recuerdas las tantas cosas que conmigo hiciste tú..."

Pero ella sí lo recordaba. Solo que decidió olvidarlo.

El olvido de ella, el recuerdo de él



por fa haz clic

Fue solo un instante, pero lo atrapó para siempre.

Aquel día, la ciudad parecía suspendida en una quietud engañosa, como si el tiempo se hubiera replegado para concederles un momento fuera de toda lógica.

Él, con la vida escrita en la piel y los años pesando en la mirada, la vio reír con la despreocupación de quienes aún no han acumulado cicatrices. Y, sin pensarlo demasiado, se atrevió a perderse en su juventud.

El encuentro fue breve, intenso, como un relámpago que ilumina la noche solo para dejarla más oscura después.

No hubo promesas, ni nombres grabados en la arena. Solo piel contra piel, susurros que no necesitaban traducción. La fugaz ilusión de que dos caminos podían cruzarse sin consecuencias.

Ella, ella ya me olvidó, yo, yo no puedo olvidarla.


REFLEXION

"En la vida, hay amores que nunca pueden olvidarse,

imborrables momentos que siempre guarda el corazón."

"Hay encuentros que no están destinados a durar, pero que nos marcan para siempre. Son como estrellas fugaces: brillan con intensidad, iluminan nuestro camino y, aunque desaparecen rápidamente, su luz permanece en nuestro corazón. 

Este relato es un homenaje a esos instantes efímeros que, aunque no se repitan, nos recuerdan que el amor, en todas sus formas, es capaz de transformarnos y dejarnos un legado de belleza y nostalgia. Como dice la canción, "todo tiene su final, nada dura para siempre", pero hay finales que valen la pena vivir, porque nos regalan la certeza de que, en algún momento, fuimos capaces de tocar el cielo."

Así termina este relato. Para ella, tal vez solo fue un episodio pasajero. Para él, un recuerdo imborrable.

FIN

Si puedes, comparte esta preocupación con tus amigos o amigas, alguien de seguro se verá reflejado o reflejada en esta historia.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia y esta es una de esas, bonitas.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo. Sabes, me encanta que leas mis historias y por eso te lo agradezco, MUCHISIMAS GRACIAS.

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lunes, 17 de marzo de 2025

Un Mundo Al Revés: La Historia de un 'Sacapintas' y la Tragedia que Somos Todos

Un nuevo intento de robo en Samborondón

Menos de una semana después del audaz asalto a un blindado en Guayaquil, la zona de la Puntilla, en Samborondón, fue escenario de otro intento de robo al estilo 'sacapintas'. La mañana del 12 de marzo de 2025 comenzó con balas, gritos y una persecución que bien podría haber sido una escena sacada de una película de acción, si no fuera porque la vida real no tiene guion.

El inicio del caos

A las 10:15 a.m., la alarma de emergencia se activó. A esa hora, por los alrededores de la vía Samborondón, los transeúntes fueron sorprendidos por una balacera cerca de una entidad bancaria. En medio de la confusión, un hombre, presunto ladrón, corría por la vía. Se trataba de un sujeto que, minutos antes, había intentado asaltar a un militar venezolano en servicio pasivo, que iba a realizar un depósito. Pero en lugar de seguir el curso del delito con éxito, el ladrón terminó en una carrera frenética por salvar su vida, dejando atrás su motocicleta y, lo más importante, su arma.

"¿Pero qué tipo de mundo es este?", me pregunto, mientras observo los hechos desde la distancia de mi teléfono, sabiendo que en breve los noticieros estarán llenos de relatos sensacionalistas.

La persecución y captura

Mientras tanto, el caos continuaba. Los guardias privados, junto con algunos civiles que notaron que el ladrón estaba desarmado, lo persiguieron hasta que llegaron los agentes de la Comisión de Tránsito de Ecuador (CTE), quienes también se sumaron a la captura. El ladrón fue herido y trasladado al hospital, pero su compañero logró escapar. Al poco tiempo, la Policía Nacional hizo su aparición, incautando el arma de fuego para las investigaciones pertinentes.

La imagen de un sacapintas ensangrentado sobre el pavimento, rodeado por la mirada desafiante de un custodio armado, se queda grabada en mi mente. "¿Me pides piedad ahora? ¿Te acuerdas del miedo que causaste? ¿Acaso pensaste en la vida de la víctima cuando empuñabas el arma, o solo pensaste en ti mismo, en tu propia necesidad de ganar lo fácil?"

La escena se tornó aún más amarga con el lamento del delincuente, quien, al ver que ya no era el cazador, sino la presa, comenzó a implorar. "¡Tengo hijos! ¡Soy padre de familia!", decía, mientras la sociedad le daba la espalda, preguntándose si había algún remedio para esta locura.

Más allá del crimen: el problema de fondo

Es inevitable preguntarme: ¿dónde están los responsables? No, no hablo de los criminales, ellos son un síntoma. Hablo de quienes gobiernan, de los politiqueros que, mientras llenan sus bolsillos con discursos vacíos sobre los derechos humanos, permiten que los criminales sigan su reinado de terror. Ellos, que defienden a los delincuentes con más fervor que a las víctimas, y que, en lugar de implementar políticas reales de seguridad, se aferran a la demagogia barata.

El sistema judicial, con su inercia perpetua, deja que los criminales salgan de prisión tan rápido como entran. Es como si cada arresto fuera solo un trámite más en la burocracia del mal. Los medios de comunicación, mientras tanto, explotan el morbo, y los abogados se apresuran a demandar a la policía o incluso a la víctima, defendiendo los derechos propios de aquellos que no respetan los derechos ajenos.

Un llamado a la acción

Y me pregunto, ¿qué estamos haciendo como sociedad? ¿Hasta cuándo permitiremos que este ciclo se repita una y otra vez? Es cierto que la policía captura a los criminales, pero es solo un parche. La verdadera solución no está solo en apresar delincuentes, sino en un cambio profundo, radical, que involucre a todos: el gobierno, la policía, el sistema judicial y, por supuesto, la sociedad misma.

No basta con protestar desde la comodidad de un sillón o compartir en redes sociales. La solución no es simplemente salir del país o mandar a los hijos a otro lugar, como si eso resolviera el problema. Esa es la salida fácil, la que evita la confrontación con la realidad.

Este es un llamado a la acción, a dejar de mirar el problema desde lejos. Si no actuamos, si no nos levantamos frente a la apatía de los politiqueros y la ineficiencia del sistema judicial, si no exigimos un cambio real y profundo en la forma en que tratamos a los criminales, nos enfrentamos a un futuro sombrío, donde lo único que se escuche será el eco de los gritos de aquellos que aún luchan por sobrevivir en un país que, a lo largo del tiempo, parece haber olvidado su humanidad.

FIN

Si puedes, comparte esta preocupación con tus amigos, con tu familia, a todos nos afecta.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia, que no basta contentarse con comentar en redes o difundir noticias sin cuestionar la veracidad.

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lunes, 10 de marzo de 2025

DILUVIO MANABA, QUE SE ACABE EL MANI, PERO NO LA SAL PRIETA

Aviso de Respeto y Contexto

Esta historia está escrita con un tono humorístico y sarcástico, inspirado en la rica cultura manabita y su inconfundible manera de ver la vida. No pretende, en ningún caso, cuestionar ni cambiar las creencias religiosas de nadie. Comprendo y respeto profundamente la fe de cada persona, así como su derecho a interpretar los relatos sagrados de acuerdo con sus convicciones. Si bien el texto juega con elementos bíblicos desde una perspectiva cultural y gastronómica, lo hace con el ánimo de celebrar el ingenio y el espíritu de quienes encuentran en el humor una forma de enfrentar la vida.

Repasemos la historia.

LEYENDAS DEL DILUVIO ANTERIORES A LAS DE NOE

Antes de adentrarnos en el tema, aquí tienes un resumen breve de las leyendas, con fechas aproximadas:

  1. Epopeya de Gilgamesh (circa 2100 a.C.): Utnapishtim es advertido de un diluvio por el dios Ea, construye una barca para salvar a su familia y animales, y sobrevive al desastre.

  2. Mitología hindú (Satapatha Brahmana, circa 1500 a.C.): El rey Manu, avisado por el dios Vishnu en forma de pez, construye una embarcación para sobrevivir a un diluvio y salvar especies y sabios.

  3. Mitología griega (circa 800 a.C.): Deucalión y Pirra sobreviven a un diluvio enviado por Zeus, repoblando la tierra al lanzar piedras que se transforman en seres humanos.

  4. Mitología nórdica (circa 1000 a.C.): El diluvio forma parte del Ragnarök, la destrucción del mundo, tras la cual se inicia una nueva era.

Todas estas leyendas cuentan con un diluvio que destruye la humanidad, pero unas pocas personas se salvan para repoblar la tierra.

VEAMOS LAS PRUEBAS CIENTIFICAS

No hay evidencia arqueológica de un barco como el de Noé o Utnapishtim. Algunas expediciones han afirmado encontrar restos en el Monte Ararat, pero ninguna ha sido verificada científicamente. Además, la idea de que un solo barco pudiera contener todas las especies de animales es biológicamente inviable.

Desde  perspectiva científica, la historia del Arca de Noé es imposible tal como se cuenta. Sin embargo, como mito, transmite enseñanzas sobre la fe, la obediencia y el renacimiento después de la catástrofe. Es probable que su origen esté basado en antiguas inundaciones locales (las que ya revisamos), que fueron transformadas en un relato simbólico con el paso del tiempo.

LAS ENSEÑANZAS

Sin embargo de lo cual, las enseñanzas de las leyendas del diluvio incluyen:

  1. Preparación y obediencia: Escuchar advertencias sabias y estar preparado ante lo inesperado puede salvarnos de grandes catástrofes.
  2. Resiliencia: La capacidad de superar la adversidad y comenzar de nuevo es fundamental en tiempos difíciles.
  3. Renovación: Las crisis pueden ser oportunidades para purificar y reconstruir lo que ha sido destruido.
  4. Respeto por la naturaleza y la moralidad: Vivir en armonía con el entorno y los principios éticos puede evitar consecuencias negativas.
  5. Cooperación: El trabajo conjunto y la solidaridad son esenciales para superar desafíos grandes.
Ahora sí, a lo que vinimos. La historia de un pueblo admirable, mis respetos, mil respetos.



EL DILUVIO MANABITA

Dicen que cuando el gran aguacero comenzó a caer sobre la tierra, Noé Zambrano no se inmutó. Mientras los primeros charcos se formaban y los ríos desbordaban, él seguía sentado en su mecedora de mimbre, rascándose la barriga con una tranquilidad que solo un manaba con el estómago lleno puede tener.

—Zambrano,  apura hombre, que el agua ya nos llega a los tobillos —le dijo su mujer, la señora Vera, con la voz de mando que solo una chonera puede tener cuando se trata de evitar desgracias.

—Tranquila, mujer. Peor es cuando uno se atraganta con queso chicloso sin  café pa’ bajarlo —respondió él, metiéndose otro pedazo en la boca.

Pero la cosa se puso seria cuando la corriente empezó a llevarse los fogones. Ahí sí Zambrano se preocupó, porque una cosa era mojarse y otra muy distinta era quedarse sin cómo freír una longaniza o preparar una buena natilla. Así que, con la ayuda de su cuñado Filomeno, carpintero del barrio y bebedor consagrado, construyó un bongo. Bueno, más bien un “bongototote” tamaño familiar, hecho con tablas recicladas de una casa vieja de Bahía de Caráquez y calafateado con brea.

—Zambrano, y los animales, ¿cómo hacemos con eso? —preguntó la señora Vera mientras revisaba la bodega.

—Mande, respondió Zambrano. ¿Animales? ¡Si para animales con nosotros nomás ya basta y sobra! Pero bueno, sube las gallinas criollas mujer, que sin huevos de gallo y gallina no se puede empezar el día.

Así fue como, mientras el agua cubría los cerros y las calles de Portoviejo, Zambrano y su familia embarcaron lo esencial para la supervivencia:

  • Troliches bien amarrados en funda doble.
  • Lustrados y pastelillos manabitas, bien guardados en latas para que no se humedecieran.
  • Un quintal de maní quebrado para la sal prieta.
  • Medio saco de harina de maiz para la natilla.
  • Verde asado, porque ¿qué clase de apocalipsis es este sin un verde asado con sal prieta?
  • Y, por supuesto, dos bidones de corrinche, porque si iban a pasar cuarenta días a la deriva, al menos que fueran cuarenta días felices.

El viaje no fue fácil. El bongo tenía goteras, las gallinas ponían huevos donde no debían y Filomeno, en un descuido, se bebió el corrinche de la reserva. Pero cuando el agua comenzó a bajar y el bongo encalló en lo alto del  cerro de hojas,  Noé supo que la vida continuaba.

—Mujer, alista el fogón. ¡Vamos a celebrar que sobrevivimos!

Y así, con un buen sancocho de gallina criolla y un brindis con lo que quedaba del corrinche gran reserva, la humanidad manabita renació una vez más.7

El Legado del Diluvio: El Lorrego

Pero claro, tanto tiempo encerrados en el bongo trajo consecuencias inesperadas. Entre los cruces de animales que ocurrieron durante la travesía, el más insólito fue el de una lora y un borrego. Cuando la criatura finalmente nació, Zambrano, con su infalible lógica manabita, no encontró mejor nombre que "Lorrego". Un espécimen peculiar que, para desgracia de la humanidad, no solo repite todo sin entender, sino que sigue sin cuestionar. Y así, mientras el agua retrocedía y la vida resurgía en Manabí, el "Lorrego" se convirtió en la verdadera prueba de que algunas especies, por más diluvios que pasen, siempre encuentran la forma de multiplicarse.

Las Lecciones del Diluvio Manabita

Por supuesto que, a pesar del tono sarcástico, la historia deja algunas lecciones importantes (y otras simplemente divertidas) sobre la vida, la cultura y la resiliencia manabita:

1. La verdadera supervivencia no es solo física, sino cultural

Zambrano y su familia no solo se preocuparon por salvarse del diluvio, sino por preservar lo que realmente les daba identidad: su comida. En la vida real, las tradiciones, la gastronomía y la cultura son lo que nos mantiene conectados a nuestra esencia, incluso en tiempos difíciles.

2. La improvisación y la creatividad son clave para salir adelante

Ante la crisis, Zambrano no se quedó lamentándose; construyó un bongo con lo que tenía a la mano. Esto refleja una verdad universal: en la vida, muchas veces no contamos con los recursos ideales, pero la creatividad y la capacidad de improvisación pueden salvarnos en los momentos más difíciles.

3. La familia y la comunidad son el verdadero refugio

Más allá de la comida y el bongo, lo que realmente permite la supervivencia es la unidad familiar y la cooperación. Zambrano no estaba solo, y gracias a su familia, lograron organizarse y enfrentar la tormenta. En la vida real, el apoyo de los seres queridos es lo que nos permite superar las dificultades.

4. La comida es mucho más que alimento, es identidad y felicidad

El arca bíblica hablaba de salvar especies animales; el bongo de Noé Zambrano se enfocó en salvar la gastronomía. Esto nos recuerda que la comida no es solo una necesidad biológica, sino un símbolo de identidad, cultura y hasta felicidad. Un buen plato de comida puede hacer llevadero cualquier desastre.

5. La importancia del humor en tiempos difíciles

A pesar de la crisis, la historia resalta el buen humor como una herramienta para sobrellevar los momentos difíciles. Si bien el diluvio era serio, Zambrano y su familia nunca perdieron la chispa ni el espíritu festivo. En la vida, mantener el sentido del humor puede hacer que los problemas sean más llevaderos.

6. La prevención es importante, pero nunca subestimes los imprevistos

Zambrano pensó en todo: la comida, el bongo, los huevos de gallo y gallina... pero nunca en que su compa Filomeno se bebería el corrinche gran reserva, añejado en bidones plásticos reusados. Esto nos enseña que, por más que planifiquemos, siempre habrá imprevistos. La clave está en adaptarse y seguir adelante.

7. Que se acabe el mundo, pero nunca la sal prieta

En resumen, la historia nos deja una gran enseñanza: podemos perder muchas cosas, pero nunca debemos perder aquello que nos hace quienes somos. Para los manabitas, eso significa mantener vivas sus costumbres, su comida y su buen humor, sin importar las tormentas que vengan.

Moraleja final: Puede caer el diluvio, pero mientras haya verde asado, queso chicloso, sal prieta, maní quebrado, troliche, longaniza, corrinche y una buena natilla, ¡el manaba sigue firme!

LAS ULTIMAS DE LAS ULTIMAS

Los más recientes estudios de la prestigiosa Universidad Científico-Gastronómica del Producto 100% Chonero han demostrado lo que los manabitas siempre supieron en el fondo de su corazón: el verdadero maná del cielo no era otra cosa que sal prieta, ese polvo sagrado de maní que transforma cualquier verde asado en un bocado celestial. Además, según los mismos estudios, el humedal de la Segua no es más que la última evidencia del diluvio universal, y las choneras—esas mujeres de belleza legendaria—fueron, sin duda, las responsables de que los ángeles dejaran el cielo por un buen plato de viche y una mirada encantadora.

No te pierdas de hacer CLIC para que disfrutes de este videoclip 

Si te gustó esta historia de Noé Zambrano y su señora (mandarina chonera), compártela con tus amigos, con tu familia. 

Me encantaría escribir la tuya y para cuando te hayas decidido, me avisas.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo. Sabes, me encanta que leas mis historias y por eso te doy un sincero MUCHISISIMAS GRACIAS y ya sabes, si conoces de antemano que se va a producir una catástrofe, pasa primero por esas tiendas que dicen PRODUCTOS MANABITAS, 100% CHONERO.

Te anticipo el título de un trabajo futuro: Dónde quedaba el Edén".














domingo, 2 de marzo de 2025

Quito en los sentidos: un viaje de encuentros y memorias


EL VIAJE

Viernes 28 de Febrero, 2025


El viernes 28 de febrero, Aurelia y yo emprendimos un viaje a Quito. Íbamos con ilusión, no solo por el reencuentro con nuestra hija Saskya, quien vive en el Valle de Cumbayá, sino también por el deseo de sumergirnos en la riqueza de la capital, de sentirla más allá de los titulares que a diario la pintan con sombras de inseguridad, aunque mucho menos que Guayaquil siendo honestos.

El trayecto desde el aeropuerto transcurrió sin mayores novedades, salvo por un episodio que nos dejó el corazón en la boca: dos motociclistas de una caravana oficial salieron de una intersección con tal imprudencia que por poco provocan un choque múltiple. Fue un instante de tensa anticipación, donde los reflejos de los demás conductores evitaron lo que pudo haber sido una tragedia. Un recordatorio de cómo, a veces, la vida pende de un hilo, sostenida apenas por la suerte y la atención de quienes nos rodean.

Al llegar al departamento de Saskya, nos envolvió un ambiente que solo puede describirse como "muy de ella": pequeño, encantador, con arte respirando en cada rincón. Conversamos sobre su próxima exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Quito, sobre sus sueños, sus proyectos y el amor que pone en cada pieza que crea.

En el depa de Saskya no hay TV y les cuento que ni falta que nos hizo.

SABADO, MARZO 1, 2025

Sabor a casa

A la mañana siguiente, el desayuno fue un tributo a nuestras raíces. Habíamos traído desde Guayaquil tortillas de verde con queso manaba chicloso, regalo de mi cuñado Luis, quien los trajo desde El Carmen. Con estos ingredientes y la destreza de Aurelia y Saskya en la cocina, nació un tigrillo que, acompañado de café pasado, se convirtió en la manera perfecta de empezar el día. El sabor nos transportó a otros tiempos, a esos desayunos familiares donde la comida no es solo alimento, sino un lazo con la memoria y la identidad.

El Choque

José Carlos había decidido quedarse en Guayaquil. Nos dijo que iría a Olón, a la playa con sus amigos y, fiel a su costumbre, llamó antes de salir.

—Ya estamos en camino —anunció, entusiasmado—. Nos vamos con Andrés, Romina, Tito y Noa, nuestra perrita, no cabía dejarla sola tantos días.

Eran casi las 09h15 o por ahí. Calculé que llegarían sin problemas despuecito al mediodia, pensando que habría caravana por lo del feriado . Pero apenas media hora después, el teléfono volvió a sonar. Contesté de inmediato.

—¿Qué pasó?

—Nos chocaron.

El corazón se me aceleró.

—¿Cómo que los chocaron? ¿Están bien?

—Sí, sí, tranquilos. Fue en la carretera. Llovía, todos frenaron de golpe y el carro de atrás no alcanzó a hacerlo. Nos golpeó en la cajuela. Estábamos a la altura de Terranostra, ni siquiera habíamos pasado el peaje de Chongón.

Imaginé la escena: pavimento mojado, autos frenando de improviso, el sonido del impacto. ¿Llantas lisas? ¿Venía demasiado pegado? Preguntas inútiles. El tiempo es lineal, no hay forma de cambiar lo que pasó, ya está.

—¿Noa está bien? —pregunté.

—Sí, solo se asustó.

—¿Y el carro?

—No se ve nada grave, pero después revisamos mejor.

Suspiré aliviado. Llamé a la aseguradora para reportar el siniestro. Como era feriado, los trámites tendrían que esperar hasta el miércoles. Aquí nadie trabaja en estos días.

—¿Qué van a hacer ahora? —le pregunté a José Carlos.

—Vamos a seguir. No tiene sentido volver.

No me gustó la idea, pero entendí su lógica. Si no había desperfectos mecánicos visibles, no valía la pena arruinar el viaje.

—Maneja con más cuidado.

—Lo haré.

Colgué, aún con la sensación de que el susto no se me iría tan fácil.

"Cuentos y Aventuras desde Egipto: El Mundo de Agustina"


Mientras tanto, los días se llenan de alegría gracias a las videollamadas de Agus, mi nieta, y de Yara, desde Egipto. La tecnología nos acorta distancias y nos permite disfrutar de las travesuras y las historias que Agus inventa sin parar. Ahora, con sus pequeños "muñecos de peluche", ha creado un mundo de fantasía lleno de personajes entrañables. Ya lleva más de diez, algunos con nombres como los perritos, y otros que identifica por su especie. Tiene un unicornio que es toda una estrella, un pulpo llamado, acertadamente, "Pulpo", y una tortuga que responde al nombre de, adivinen... ¡"Tortuga"! Pero eso no es todo, Agus también cuenta con un camello con una "ghutra" y que se ha convertido en su compañero de aventuras.


Entre risas, nos deleita con sus volantines y volteretas sobre la cama, mientras nosotros, entre risas y un poco de preocupación, le decimos: "¡Ten cuidado, Agus!" Pero ella, valiente como siempre, sigue demostrando que su imaginación y energía no tienen límites. Cada videollamada es una nueva dosis de ternura y diversión.

En su cabecita se tejen historias maravillosas. Por ejemplo, asegura que su abuela no puede ir a Egipto porque no habla ni inglés ni árabe. ¡Pero yo, su abuelo, sí puedo viajar, ya que domino ambos idiomas! Seguro que ese don para contar cuentos se lo heredó de mí, o al menos se inspiró en mis aventuras.

QUITO, LA CIUDAD QUE CANTA Y CUENTA HISTORIAS

A media mañana, Germán, nuestro taxista de confianza, nos llevó hasta la Plaza Grande. Bajamos del auto y la ciudad nos abrazó con su vida vibrante. 

"Daniel andaba por Olón y no pudimos visitarlo"


Las guitarras rasgueadas de artistas callejeros llenaban el aire con melodías que se mezclaban con el bullicio de vendedores ofreciendo desde artesanías hasta dulces y helados. Los empleados de las tiendas voceaban sus productos, y los meseros de los restaurantes nos invitaban con entusiasmo a probar sus menús.

Palacio Arzobispal, interior

La primera parada fue el Palacio Arzobispal, una joya arquitectónica donde nos encontramos con un restaurante de techos tallados en madera, tan elaborados que parecían contar historias propias. 

JAIME ANDRADE

Desde allí, caminamos hasta el Centro Cultural Metropolitano que alberga la exposición "Modernidad en Movimiento", con la obra de Jaime Andrade, un artista capaz de transformar simples piedras en esculturas que desafiaban la realidad. 

Jaime Andrade Moscoso (Quito, 1913–1990) fue un destacado artista ecuatoriano, reconocido por su labor como muralista, escultor, dibujante y educador. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Quito y en la New School for Social Research de Nueva York. Su obra, influenciada por el realismo social y el cubismo, incluye murales y esculturas en espacios públicos de Quito, como el mural Historia de la Humanidad en la Universidad Central del Ecuador. También fue fundador y primer decano de la Facultad de Artes de la misma universidad, dejando un importante legado en la educación artística del país.



Obra, parte de la Colección "El Abrazo"



LA MIRADA DE LUIS MEJIA, PASANDO REVISTA

También nos sumergimos en el trabajo fotográfico de Luis Mejía, cuyas imágenes capturaban la historia del país con una sensibilidad excepcional. Luis Mejía Cevallos (1938-2024), conocido como 'El Ojo de Quito', fue un destacado fotógrafo ecuatoriano que, a lo largo de cinco décadas, capturó momentos cruciales de la historia del país. Nacido en Guamote el 26 de julio de 1938, se trasladó a Quito a finales de los años 50, donde inició su carrera fotográfica. Su lente inmortalizó eventos como el golpe de Estado de 1963 y el desfile del primer barril de petróleo en 1972. Fue el primer fotógrafo ecuatoriano en colaborar con la agencia internacional Associated Press, y su trabajo se caracterizó por un estilo único que reflejaba la realidad social del Ecuador. 

Soldado durante el golpe de estado de 1963


pero también la emoción genuina de los rostros en escenas cotidianas, como ésta: "La Betunera"


La cita



La joven esperaba en una esquina, con un gesto que oscilaba entre el nerviosismo y la urgencia, la anécdota contada por el hijo de Luis Mejìa narra que la chica se fué a vivir a Guayaquil y que la cita se hizo realidad 40 años después, gracias al lente de Luis, qué maravilla.

El chicle

En otra, tres niños compartían un banco mientras uno pegaba un chicle en el cabello de su amiga sin que ella se diera cuenta, mientras el tercero reía con picardía. Me disculpan que no he podido obtener la foto en la red, pero gocé mucho al ver a estos niños sonriendo con las travesuras inocentes de "tiempos idos y no volvidos".

Cada imagen era un espejo de la vida misma.



El almuerzo nos llevó a la terraza del Restaurante Vista Hermosa, un lugar que hace honor a su nombre. Desde allí, Quito se extendía a nuestros pies en una panorámica de 360 grados: 

Con Aure, a la izquierda, la imponente Basílica del Voto Nacional


En medio de "ambos dos", la colina del Panecillo con su Virgen alada,


Con Saskya, el Panecillo al fondo a la derecha


Y el histórico Templete de la Libertad, el cual quedaba muy lejos para el lente de mi cel, por lo que no pude captar la escena, me disculpo

El restaurante estaba decorado con objetos de los años setenta: teléfonos monederos, un surtidor de gasolina de CEPE, detalles que evocaban épocas pasadas y enriquecían la experiencia. Disfrutamos de una fritada con chicharrón y mote que nos dejó sin palabras, un festín digno de la sierra ecuatoriana.

EN LA CUMBRE DEL TIEMPO

Nuestra siguiente parada fue la torre del campanario de la Iglesia de la Compañía de Jesús, una joya barroca envuelta en historia. Nos enteramos de que esta iglesia está rodeada por otras cuatro y de que los jesuitas, quienes la construyeron, fueron expulsados de América durante el siglo XVIII, solo para regresar bajo el mandato de Gabriel García Moreno. 

Una joven guía, con una simpatía contagiosa, nos hizo vivir la historia como nunca antes. Pensé en lo distinto que habría sido mi paso por el Colegio Javier si la historia nos la hubieran enseñado así: con pasión, con vida, con emoción.

Interior de la Cúpula



Encima de la Cúpula, mas cerca del Cielo


EL QUITO MODERNO Y EL REGRESO AL DEPA

Tomamos el metro desde la estación San Francisco hasta la de Iñaquito, una experiencia que nos sorprendió por su eficiencia y modernidad. A lo largo del trayecto, la mezcla de rostros y acentos nos recordó que Quito es un crisol de historias, donde cada pasajero lleva consigo un pedazo de esta ciudad milenaria.

Este regalo nos cayó del cielo

Cuando llegamos al Valle, la tarde nos regaló un arco iris espléndido, un cuadro natural que sellaba la jornada con un toque de magia.

SALIDA A CENAR

La Unica

Para la cena, decidimos probar los tacos de camarón y lengua en La Única, un restaurante mexicano en Cumbayá. Sin embargo, la comida no estuvo a la altura de nuestras expectativas. Quizás porque, después de un día tan intenso, nuestros estándares estaban más altos que nunca. Pedimos de postre churros con helado, con salsa de chocolate y dulce de leche, buenos pero no memorables. No sé si ésta vaya a ser "la única" vez en "La Única" y no vuelva a regresar, solo el tiempo lo dirá.

QUE PASARÁ EL.DOMINGO?

Caminar por el Chaquiñán



A eso de las 10:15 de la mañana, con Aurelia y Saskya, nos aventuramos por el Chaquiñán, entrando por el Portal de Cumbayá. A 2.350 metros sobre el mar, el aire es fresco y, de vez en cuando, un susurro de eucalipto lo perfuma. La ruta ecológica nos envuelve con su verdor, los árboles se alzan como guardianes silenciosos mientras el camino nos guía entre sombras y destellos de sol. Familias pasean a sus perros, perros arrastran felices a sus familias, ciclistas pasan veloces, caminantes y trotones de todas las edades disfrutan el recorrido. Son 5.000 metros ida y vuelta desde el depa, pero la distancia se disuelve en la simple alegría de estar aquí, respirando naturaleza, sintiéndonos parte de ella. Me fuè bien, ni jadeos ni gemidos, respiración normal, nada de ahogarme.


Para cerrar con broche de oro, nos detuvimos en una acogedora cafetería. Saskya pidió una intrigante limonada de café, un equilibrio inesperado entre la acidez refrescante del limón y el amargor aromático del café. Yo opté por un frappelatte, frío y cremoso, con el dulzor justo para despertar los sentidos. Aurelia, en cambio, se dejó envolver por la calidez de un chocolate espeso y reconfortante. Entre los tres compartimos una porción de torta rusa, una delicia de seis capas de masa suave, bañadas en miel dorada y coronadas con una generosa capa de queso crema. Cada bocado era un contraste perfecto entre lo dulce y lo ligeramente salado, una combinación que se derretía en la boca y nos dejaba con ganas de otro instante así.

Feria, compras y decisiones (muchas decisiones)



El día estaba perfecto, de esos que invitan a disfrutar sin prisas. De regreso, nos topamos con una feria popular. Pequeña, pero bien organizada y limpia, con puestos llenos de color y aroma.

Flores y plantas, libros usados, ropa, hierbas aromáticas y medicinales, miel, polen y propóleo. Pulseras y collares, listos para llevar o hechos al momento, según el capricho del comprador. Nos detuvimos un instante en un puesto donde unas mujeres rusas vendían galletas y rollos de canela, el olor era una tentación.

Seguimos nuestro recorrido hasta llegar a donde un francés ofrecía jabones, champús y acondicionadores en barra. “Naturales, buenos para la piel, con aromas exquisitos”, decía con un acento encantador y un discurso tan bien ensayado que ni Saskya pudo resistirse. Terminó comprando un par de cosas, claro.

Pero ahí no terminó la jornada de compras. También cayó un vestido. Café, no tan oscuro, perfecto para su tono de piel y su cabello. Eso sí, la decisión tomó su tiempo… digamos que una hora de análisis, comparaciones y consultas. Un récord bastante aceptable.

Después de una pausa en la cafetería, tocaba otra misión: plantas para alegrar su dormitorio. Nos tomó media hora elegir las adecuadas (parece que elegir vida vegetal también requiere reflexión profunda). Al final, nos llevamos un macetero con tres variedades distintas, una combinación vibrante.

Pero claro, no todo estaba resuelto. El macetero necesitaba una base. A menos de cien metros del departamento había un vivero que las vendía. Allí empezó la siguiente odisea: que si bajita o alta, que si dorada, blanca o negra, de hierro o madera. Prueba una, prueba otra, hasta que por fin… ¡una dorada, alta y elegante!

Al llegar al dormitorio, la colocó en un rincón y sí, había valido la pena todo el proceso. La habitación se veía más alegre, la planta en su base dorada quedaba perfecta. Misión cumplida.



El día seguía brillante, el ánimo ligero. No hay nada como una feria, una compra bien elegida y la satisfacción de un espacio embellecido.

Resto del día

Por la tarde, alrededor de las 15:00, recibimos la visita de Giovanna, la sobrina de Aurelia, y para la ocasión decidí preparar un fetuccini con camarones. Lo que parecía una tarea sencilla terminó convirtiéndose en toda una odisea: era mi primer encuentro con una cocina de inducción y, para complicarlo más, no contábamos con sartenes ni ollas del tamaño adecuado. A esto se sumó el eterno engaño de los camarones congelados, que al descongelarse liberan una cantidad absurda de agua—fácilmente un cuarto de su peso—un negocio redondo para quienes los venden. Pero más allá de los inconvenientes, lo importante es que salió bien. Con la gran ayuda de Aurelia, logramos un plato delicioso, y lo mejor de todo fue compartirlo en familia, entre risas y buena conversación.

LUNES 3 DE MARZO, 2025

Tiempo con Montse



El lunes, junto con Germán, fui a buscar a mi hermana Montse a Angelitos del Tiempo, el centro donde ahora la cuidan. Pasaremos el día juntos, como antes, como siempre. Montse, la hermana que me sostuvo cuando apenas daba mis primeros pasos, la que nunca dudó cuando le pedí ayuda para cuidar a nuestros padres en sus últimos años, entregándose por completo hasta el último suspiro de ellos. Hoy, la memoria le juega trucos, se olvida de lo inmediato, pero no de "esos tiempos vividos y no volvídos". Aún brilla en sus ojos la dulzura de quien solo supo dar amor. El almuerzo—lomo de cerdo con puré y crema de zapallo—lo preparó Aure aquí en el depa, pero lo que realmente nutre este día es el simple hecho de estar juntos.

Sabi

Aprovecho para hacerle una videollamada a Sabi. Me contesta Arturo, mi cuñado, quien, en tono bromista, me dice que hace cuatro semanas que no hablamos, aunque ambos sabemos que han sido muchas más.

—¡Por fin te acuerdas de nosotros! —dice, riendo.

—No exageres, Arturo —le sigo el juego—. ¿Dónde anda Sabi?

—Ha salido a una cuestión fuera, pero te llamará apenas regrese.

Sabina es la tercera de cuatro hermanas y vive en Barcelona desde 1976. Nos tocó compartir una etapa en Toronto, donde forjamos recuerdos que aún nos unen. Está casada con Arturo Martí, un catalán de pura cepa, y tienen dos hijos: Mireia, la mayor, que vive en Nueva Zelanda y está casada, y Artur, el menor, que desde hace cuatro años reside en Singapur.

Aprovechamos la charla para ponernos al día, recordar los tiempos de infancia en Quevedo y Guayaquil, hablar de nuestros padres, de la inseguridad, de la salud y de aquellos años bonitos que ahora parecen tan lejanos.

Nos despedimos con la alegría de habernos visto y conversado, con la tranquilidad de saber que, dentro de todo, estamos bien.

Minka Parque Central Cumbayá


Mouse de cacao al 50% Tentación de chocolate


Salimos a pasear con mi hermanita y con Aurelia, esta vez sin Saskya, y yo que desde que llegué, no dejo de antojarme de helado. Justo cuando menos lo esperábamos, nos topamos con Minka, un lugar que no conocía, donde, además de sus famosas barras de chocolate, tienen una pastelería-cafetería encantadora aquí en el Valle. Como buenos golosos, nos pedimos y compartimos helados de guanábana y chocolate Rocher, y yo, para consentirme aún más, pedí de postre lo que ya habrán visto. Todo esto fue el pretexto perfecto para seguir conversando con mi hermanita.

Luego dimos una vuelta por el parque, y entramos a un taller de vidrio donde se imparten cursos para confeccionar vitrales. Aurelia se quedó fascinada, escuchando con atención todos los detalles sobre los cursos: su duración, contenido y precio. La artesanía es una de sus pasiones, y en ella siempre hay algo de artista. ¿Será que Saskya heredó esa chispa creativa de Aure? No lo dudo.

Nos sentamos en una banca desocupada del parque a esperar a Saskya, mientras observábamos la feria artesanal que aún seguía allí, con su oferta variada, llena de curiosos, compradores compulsivos y ocasionales. El clima nos acompañó con su sol radiante y sin lluvia, un día perfecto para pasear en familia, para mirar al cielo y a la gente, y pensar: ¡sí, la vida es bella!

De regreso al depa

En una panadería de barrio, de esas que huelen a hogar, compramos rosquitas de manteca y pan de Ambato, perfectos para la merienda de las cinco. Acompañados de pan de yuca, jamón y queso, no hacía falta más. El café humeante, las risas suaves, las miradas cómplices llenas de recuerdos. Luego, la despedida, siempre emotiva, porque los momentos juntos son pocos, pero el cariño es inmenso. A las 18:10, Germán llegó por Montse. Nos quedamos con la sensación de que el tiempo fue breve, pero pleno. Pasamos bonito, y al final, eso es lo que realmente importa.

Nosotros los de la Fé

Fuimos a ver Nosotros los de la Fe con Aurelia y Saskya, y debo decir que es una de esas películas que te deja pensando mucho después de que las luces se apagan. Es una mezcla perfecta de comedia y profundidad, invitando a cuestionar, a reflexionar sobre el desenfoque de nuestras certezas. No les voy a adelantar nada, solo les digo: ¡no se la pueden perder! Vayan con su familia, no dejen pasar la oportunidad de disfrutarla juntos. Nosotros la vimos en el Multicine del Paseo San Francisco, y fue otro de esos momentos que no se repiten fácilmente. Es de esas películas que te mueven, te hacen reír y, al mismo tiempo, te invitan a replantearte seriamente muchas cosas dentro del contexto religioso. ¡Prográmense y vayan!

MARTES, 4 DE MARZO, 2025

Me despierto temprano, con la mente alerta y las manos en la escritura, atrapando reflexiones y recuerdos de esta visita a Quito. Repaso momentos memorables, sumo fotos, atesoro instantes, construyendo una historia que quiero preservar antes de que el Alzheimer, traicionero como es, intente arrebatármelos.

El día empieza con un regalo de amor en forma de desayuno. Saskya, con ese cariño que pone en cada detalle, nos sorprende con un café pasado, de aroma profundo y acogedor, ese que despierta los sentidos y el alma. Sobre la mesa, un pan tostadito, rescatado de ayer, convertido en un sándwich perfecto: huevo frito, queso derretido y jamón, un bocado sencillo pero lleno de intención. Acompaña un jugo de naranja fresco, dulce y vibrante como la mañana.

No es solo un desayuno, es un gesto de amor, de esos que no necesitan palabras. Es el sabor de la familia, el calor del hogar. ¿Para qué más?

Visita al Teleférico

A las 10h45, Germán nos recogió para llevarnos al teleférico.

Fuimos con Aure y Saskya, emocionados por ver la ciudad desde las alturas. La pena vino al ver las instalaciones algo descuidadas, pero el viaje valió la pena. Quito, desde los 4.100 metros de altura, es un espectáculo. La vista se desplegaba majestuosa hasta que la neblina, caprichosa, decidió envolvernos antes de llegar a la cima. 


No importó. Disfrutamos cada segundo, muchas fotos, muchas risas, el corazón firme y contento. 




Al bajar, Germán ya nos esperaba para la siguiente parada: la Mitad del Mundo.

Visita a la Mitad del Mundo

El recorrido desde el Teleférico hasta la Mitad del Mundo es largo, unos 40 minutos en los que Quito nos muestra su alma. Atravesamos barriadas enteras, entre ellas La Gasca, donde la vida sigue su curso incluso en feriado. Vemos a la gente en su ir y venir, algunos apurados, otros con la calma de quien disfruta el día libre. Las calles son un mosaico de contrastes: pequeñas tiendas con carteles escritos a mano, vendedores ambulantes con canastos rebosantes de frutas, niños jugando en la vereda, madres que llaman desde las puertas, ancianos que observan el paso del tiempo desde una banca. El paisaje urbano tiene el inconfundible sabor quiteño, una mezcla de tradición y modernidad que se siente en cada esquina.



Boletería: $5 por adulto, la mitad para mí, privilegios de la tercera edad. Un boleto que abre las puertas a la historia, la cultura y los sabores de nuestra tierra. Recorrimos los museos, subimos al trencito, visitamos el museo de la cerveza y del cacao, esa joya ecuatoriana que conquista paladares en todo el mundo. 

En la tienda boutique, admiramos los mejores cacaos artesanales del país y, en la cafetería, nos deleitamos con el aroma del tueste perfecto. Aún quedaban por conocer las viviendas ancestrales y la réplica de la Iglesia de Balbanera, la más antigua de Sudamérica (1534), pero el hambre llamó primero.




Fuera del parque, buscamos un buen locro quiteño, una fritada o unos chicharrones con mote, pero terminamos en El Hornero, con una comida igualmente deliciosa. Una tarde de sol espléndido y clima perfecto, el tipo de día que invita a enamorarse más de esta tierra.

Si tienen la oportunidad, hagan este recorrido sin prisas, con familia, con tiempo para sentir, para aprender, para disfrutar. La Mitad del Mundo es más que un punto geográfico: es historia, identidad y un motivo para recordar lo grande que es Ecuador.

Regresamos al depa a las 16h00, con el corazón lleno y la certeza de que estos momentos son los que dan sentido a la vida.

Orgullo y conocimiento: un recorrido por la USFQ



Antes de regresar al depa, Saskya nos sorprende con una visita guiada por la USFQ. Con entusiasmo nos señala el edificio del decanato de Artes y el lugar donde queda su oficina.

Caminamos por un campus que respira conocimiento, un espacio que invita al estudio y a la creatividad. Mientras recorremos sus jardines y pasillos, sentimos ese orgullo inmenso de padres, el orgullo de ver a una hija que cada día lucha por superarse, construyendo su propio camino con dedicación y pasión.


"Arte y Complicidad: Un Toque Especial en Casa"

Ahora, madre e hija están colgando cuadros en el depa, cada uno con su lugar perfecto, elegido con el ojo artístico que sólo ellas tienen. Saskya, confiada y atenta, se apoya en Aure para asegurarse de que todo quede en su lugar. Yo simplemente sirvo para hacer huecos en las paredes, por eso ni me llaman. Ellas saben bien cómo cada cuadro debe lucir, cómo cada imagen encaja en el espacio, creando una atmósfera que refleja su estilo y su amor por el arte. Es un momento de complicidad, de esa conexión tan especial entre madre e hija, que transforma la tarea cotidiana en algo lleno de cariño y creatividad.

   MIERCOLES, 5 DE MARZO, 2025


Hoy, de regreso al manso Guayas, una sensación de gratitud llena el aire. Germán nos recogerá a las 09h20, y aunque tomemos vuelos diferentes, con horarios muy cercanos, sé que la despedida es solo física. Yo salgo a las 11h00 por Avianca y Aure a las 11h20 por Latam, pero en el aeropuerto nos encontraremos nuevamente, compartiendo ese último instante juntos.

Este tiempo en familia ha sido hermoso, lleno de momentos que quedarán grabados en el corazón, y aunque el regreso marque el fin de este capítulo, lo vivido no se borra. Lo que compartimos sigue con nosotros, y será la base para las próximas memorias que, más allá de la distancia, nos siguen conectando. La cotidianidad nos espera, pero el eco de estos días será el faro que ilumina lo que viene.

Este viaje fue mucho más que una visita turística. Fue una reafirmación de que Ecuador es mucho más que sus problemas. Es su gente, su arte, su historia, su comida, su música, su cielo surcado por un arcoiris inesperado. Fue un recordatorio de que, pese a todo, hay mucho de lo que podemos sentirnos orgullosos.

Recorrimos museos, iglesias y plazas, pero lo mejor del viaje fue compartirlo en familia. Las risas con Aurelia, las conversaciones con Saskya, las visitas de Giovana, la sobrina, de mi hermana Montse, los momentos simples que, con el tiempo, se convierten en tesoros. Y mientras Quito nos despedía con su brisa fría y su cielo nublado, supe que este viaje no era un adiós, sino un hasta luego.

El abrazo de la despedida

Las despedidas, siempre llenas de emoción, nos envuelven en su manto silencioso, y un abrazo cálido con Saskya se convierte en el refugio de esos sentimientos que se agolpan. Fue largo, lleno de todo lo que no se dice, de todo lo que se siente y se guarda. Una lágrima furtiva, traicionera, intenta escaparse, pero se queda atrapada en el alma, cobarde en su tímido intento de brotar. Aurelia, con su pragmatismo de siempre, dice “ya”, pero yo, sin poder evitarlo, le respondo: “deja, que las emociones no deben quedar truncas”. Y en ese instante, el corazón sabe que, aunque las palabras se escapen, los abrazos y los recuerdos se quedan, grabados en la piel, en el alma, en cada rincón. Una despedida que no se olvida.

FIN

Hasta aquí, señor juez, mi historia perfectamente apegada a la verdad, como no podría ser de otra manera, sin omitir ni un solo detalle, y con la imparcialidad de un testigo ocular en una película de Hollywood.

Un feriado, un viaje, un bonito pretexto para reunirnos. La vida no espera, los momentos no se repiten. Es ahora o nunca, porque “pa’ luego es tarde”. No se trata solo de estar juntos, sino de vivirlo intensamente, de saborear cada risa, cada historia, cada café compartido. El tiempo se escapa, pero lo que realmente importa es cómo lo llenamos.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia.

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INVITACION

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Gracias a la gran acogida de los lectores, este blog ya cuenta con más de 100 relatos, y a partir de este año, publicamos una nueva historia cada semana.

Cada texto es una ventana a emociones, recuerdos y reflexiones que no te puedes perder. ¡Empieza desde el principio y acompáñanos en esta aventura!






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