EL VIAJE
Viernes 28 de Febrero, 2025
El viernes 28 de febrero, Aurelia y yo emprendimos un viaje a Quito. Íbamos con ilusión, no solo por el reencuentro con nuestra hija Saskya, quien vive en el Valle de Cumbayá, sino también por el deseo de sumergirnos en la riqueza de la capital, de sentirla más allá de los titulares que a diario la pintan con sombras de inseguridad, aunque mucho menos que Guayaquil siendo honestos.
El trayecto desde el aeropuerto transcurrió sin mayores novedades, salvo por un episodio que nos dejó el corazón en la boca: dos motociclistas de una caravana oficial salieron de una intersección con tal imprudencia que por poco provocan un choque múltiple. Fue un instante de tensa anticipación, donde los reflejos de los demás conductores evitaron lo que pudo haber sido una tragedia. Un recordatorio de cómo, a veces, la vida pende de un hilo, sostenida apenas por la suerte y la atención de quienes nos rodean.
Al llegar al departamento de Saskya, nos envolvió un ambiente que solo puede describirse como "muy de ella": pequeño, encantador, con arte respirando en cada rincón. Conversamos sobre su próxima exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Quito, sobre sus sueños, sus proyectos y el amor que pone en cada pieza que crea.
En el depa de Saskya no hay TV y les cuento que ni falta que nos hizo.
SABADO, MARZO 1, 2025
Sabor a casa
A la mañana siguiente, el desayuno fue un tributo a nuestras raíces. Habíamos traído desde Guayaquil tortillas de verde con queso manaba chicloso, regalo de mi cuñado Luis, quien los trajo desde El Carmen. Con estos ingredientes y la destreza de Aurelia y Saskya en la cocina, nació un tigrillo que, acompañado de café pasado, se convirtió en la manera perfecta de empezar el día. El sabor nos transportó a otros tiempos, a esos desayunos familiares donde la comida no es solo alimento, sino un lazo con la memoria y la identidad.
El Choque
José Carlos había decidido quedarse en Guayaquil. Nos dijo que iría a Olón, a la playa con sus amigos y, fiel a su costumbre, llamó antes de salir.
—Ya estamos en camino —anunció, entusiasmado—. Nos vamos con Andrés, Romina, Tito y Noa, nuestra perrita, no cabía dejarla sola tantos días.
Eran casi las 09h15 o por ahí. Calculé que llegarían sin problemas despuecito al mediodia, pensando que habría caravana por lo del feriado . Pero apenas media hora después, el teléfono volvió a sonar. Contesté de inmediato.
—¿Qué pasó?
—Nos chocaron.
El corazón se me aceleró.
—¿Cómo que los chocaron? ¿Están bien?
—Sí, sí, tranquilos. Fue en la carretera. Llovía, todos frenaron de golpe y el carro de atrás no alcanzó a hacerlo. Nos golpeó en la cajuela. Estábamos a la altura de Terranostra, ni siquiera habíamos pasado el peaje de Chongón.
Imaginé la escena: pavimento mojado, autos frenando de improviso, el sonido del impacto. ¿Llantas lisas? ¿Venía demasiado pegado? Preguntas inútiles. El tiempo es lineal, no hay forma de cambiar lo que pasó, ya está.
—¿Noa está bien? —pregunté.
—Sí, solo se asustó.
—¿Y el carro?
—No se ve nada grave, pero después revisamos mejor.
Suspiré aliviado. Llamé a la aseguradora para reportar el siniestro. Como era feriado, los trámites tendrían que esperar hasta el miércoles. Aquí nadie trabaja en estos días.
—¿Qué van a hacer ahora? —le pregunté a José Carlos.
—Vamos a seguir. No tiene sentido volver.
No me gustó la idea, pero entendí su lógica. Si no había desperfectos mecánicos visibles, no valía la pena arruinar el viaje.
—Maneja con más cuidado.
—Lo haré.
Colgué, aún con la sensación de que el susto no se me iría tan fácil.
"Cuentos y Aventuras desde Egipto: El Mundo de Agustina"
Mientras tanto, los días se llenan de alegría gracias a las videollamadas de Agus, mi nieta, y de Yara, desde Egipto. La tecnología nos acorta distancias y nos permite disfrutar de las travesuras y las historias que Agus inventa sin parar. Ahora, con sus pequeños "muñecos de peluche", ha creado un mundo de fantasía lleno de personajes entrañables. Ya lleva más de diez, algunos con nombres como los perritos, y otros que identifica por su especie. Tiene un unicornio que es toda una estrella, un pulpo llamado, acertadamente, "Pulpo", y una tortuga que responde al nombre de, adivinen... ¡"Tortuga"! Pero eso no es todo, Agus también cuenta con un camello con una "ghutra" y que se ha convertido en su compañero de aventuras.
Entre risas, nos deleita con sus volantines y volteretas sobre la cama, mientras nosotros, entre risas y un poco de preocupación, le decimos: "¡Ten cuidado, Agus!" Pero ella, valiente como siempre, sigue demostrando que su imaginación y energía no tienen límites. Cada videollamada es una nueva dosis de ternura y diversión.
En su cabecita se tejen historias maravillosas. Por ejemplo, asegura que su abuela no puede ir a Egipto porque no habla ni inglés ni árabe. ¡Pero yo, su abuelo, sí puedo viajar, ya que domino ambos idiomas! Seguro que ese don para contar cuentos se lo heredó de mí, o al menos se inspiró en mis aventuras.
QUITO, LA CIUDAD QUE CANTA Y CUENTA HISTORIAS
A media mañana, Germán, nuestro taxista de confianza, nos llevó hasta la Plaza Grande. Bajamos del auto y la ciudad nos abrazó con su vida vibrante.
"Daniel andaba por Olón y no pudimos visitarlo"
Las guitarras rasgueadas de artistas callejeros llenaban el aire con melodías que se mezclaban con el bullicio de vendedores ofreciendo desde artesanías hasta dulces y helados. Los empleados de las tiendas voceaban sus productos, y los meseros de los restaurantes nos invitaban con entusiasmo a probar sus menús.
Palacio Arzobispal, interior
La primera parada fue el Palacio Arzobispal, una joya arquitectónica donde nos encontramos con un restaurante de techos tallados en madera, tan elaborados que parecían contar historias propias.
JAIME ANDRADE
Desde allí, caminamos hasta el Centro Cultural Metropolitano que alberga la exposición "Modernidad en Movimiento", con la obra de Jaime Andrade, un artista capaz de transformar simples piedras en esculturas que desafiaban la realidad.
Jaime Andrade Moscoso (Quito, 1913–1990) fue un destacado artista ecuatoriano, reconocido por su labor como muralista, escultor, dibujante y educador. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Quito y en la New School for Social Research de Nueva York. Su obra, influenciada por el realismo social y el cubismo, incluye murales y esculturas en espacios públicos de Quito, como el mural Historia de la Humanidad en la Universidad Central del Ecuador. También fue fundador y primer decano de la Facultad de Artes de la misma universidad, dejando un importante legado en la educación artística del país.
Obra, parte de la Colección "El Abrazo"
LA MIRADA DE LUIS MEJIA, PASANDO REVISTA
También nos sumergimos en el trabajo fotográfico de Luis Mejía, cuyas imágenes capturaban la historia del país con una sensibilidad excepcional. Luis Mejía Cevallos (1938-2024), conocido como 'El Ojo de Quito', fue un destacado fotógrafo ecuatoriano que, a lo largo de cinco décadas, capturó momentos cruciales de la historia del país. Nacido en Guamote el 26 de julio de 1938, se trasladó a Quito a finales de los años 50, donde inició su carrera fotográfica. Su lente inmortalizó eventos como el golpe de Estado de 1963 y el desfile del primer barril de petróleo en 1972. Fue el primer fotógrafo ecuatoriano en colaborar con la agencia internacional Associated Press, y su trabajo se caracterizó por un estilo único que reflejaba la realidad social del Ecuador.
Soldado durante el golpe de estado de 1963
pero también la emoción genuina de los rostros en escenas cotidianas, como ésta: "La Betunera"
La cita
La joven esperaba en una esquina, con un gesto que oscilaba entre el nerviosismo y la urgencia, la anécdota contada por el hijo de Luis Mejìa narra que la chica se fué a vivir a Guayaquil y que la cita se hizo realidad 40 años después, gracias al lente de Luis, qué maravilla.
El chicle
En otra, tres niños compartían un banco mientras uno pegaba un chicle en el cabello de su amiga sin que ella se diera cuenta, mientras el tercero reía con picardía. Me disculpan que no he podido obtener la foto en la red, pero gocé mucho al ver a estos niños sonriendo con las travesuras inocentes de "tiempos idos y no volvidos".
Cada imagen era un espejo de la vida misma.
El almuerzo nos llevó a la terraza del Restaurante Vista Hermosa, un lugar que hace honor a su nombre. Desde allí, Quito se extendía a nuestros pies en una panorámica de 360 grados:
Con Aure, a la izquierda, la imponente Basílica del Voto Nacional
En medio de "ambos dos", la colina del Panecillo con su Virgen alada,
Con Saskya, el Panecillo al fondo a la derecha
Y el histórico Templete de la Libertad, el cual quedaba muy lejos para el lente de mi cel, por lo que no pude captar la escena, me disculpo
El restaurante estaba decorado con objetos de los años setenta: teléfonos monederos, un surtidor de gasolina de CEPE, detalles que evocaban épocas pasadas y enriquecían la experiencia. Disfrutamos de una fritada con chicharrón y mote que nos dejó sin palabras, un festín digno de la sierra ecuatoriana.
EN LA CUMBRE DEL TIEMPO
Nuestra siguiente parada fue la torre del campanario de la Iglesia de la Compañía de Jesús, una joya barroca envuelta en historia. Nos enteramos de que esta iglesia está rodeada por otras cuatro y de que los jesuitas, quienes la construyeron, fueron expulsados de América durante el siglo XVIII, solo para regresar bajo el mandato de Gabriel García Moreno.
Una joven guía, con una simpatía contagiosa, nos hizo vivir la historia como nunca antes. Pensé en lo distinto que habría sido mi paso por el Colegio Javier si la historia nos la hubieran enseñado así: con pasión, con vida, con emoción.
Interior de la Cúpula
Encima de la Cúpula, mas cerca del Cielo

EL QUITO MODERNO Y EL REGRESO AL DEPA
Tomamos el metro desde la estación San Francisco hasta la de Iñaquito, una experiencia que nos sorprendió por su eficiencia y modernidad. A lo largo del trayecto, la mezcla de rostros y acentos nos recordó que Quito es un crisol de historias, donde cada pasajero lleva consigo un pedazo de esta ciudad milenaria.
Este regalo nos cayó del cielo
Cuando llegamos al Valle, la tarde nos regaló un arco iris espléndido, un cuadro natural que sellaba la jornada con un toque de magia.
SALIDA A CENAR
La Unica
Para la cena, decidimos probar los tacos de camarón y lengua en La Única, un restaurante mexicano en Cumbayá. Sin embargo, la comida no estuvo a la altura de nuestras expectativas. Quizás porque, después de un día tan intenso, nuestros estándares estaban más altos que nunca. Pedimos de postre churros con helado, con salsa de chocolate y dulce de leche, buenos pero no memorables. No sé si ésta vaya a ser "la única" vez en "La Única" y no vuelva a regresar, solo el tiempo lo dirá.
QUE PASARÁ EL.DOMINGO?
Caminar por el Chaquiñán
A eso de las 10:15 de la mañana, con Aurelia y Saskya, nos aventuramos por el Chaquiñán, entrando por el Portal de Cumbayá. A 2.350 metros sobre el mar, el aire es fresco y, de vez en cuando, un susurro de eucalipto lo perfuma. La ruta ecológica nos envuelve con su verdor, los árboles se alzan como guardianes silenciosos mientras el camino nos guía entre sombras y destellos de sol. Familias pasean a sus perros, perros arrastran felices a sus familias, ciclistas pasan veloces, caminantes y trotones de todas las edades disfrutan el recorrido. Son 5.000 metros ida y vuelta desde el depa, pero la distancia se disuelve en la simple alegría de estar aquí, respirando naturaleza, sintiéndonos parte de ella. Me fuè bien, ni jadeos ni gemidos, respiración normal, nada de ahogarme.

Para cerrar con broche de oro, nos detuvimos en una acogedora cafetería. Saskya pidió una intrigante limonada de café, un equilibrio inesperado entre la acidez refrescante del limón y el amargor aromático del café. Yo opté por un frappelatte, frío y cremoso, con el dulzor justo para despertar los sentidos. Aurelia, en cambio, se dejó envolver por la calidez de un chocolate espeso y reconfortante. Entre los tres compartimos una porción de torta rusa, una delicia de seis capas de masa suave, bañadas en miel dorada y coronadas con una generosa capa de queso crema. Cada bocado era un contraste perfecto entre lo dulce y lo ligeramente salado, una combinación que se derretía en la boca y nos dejaba con ganas de otro instante así.
Feria, compras y decisiones (muchas decisiones)
El día estaba perfecto, de esos que invitan a disfrutar sin prisas. De regreso, nos topamos con una feria popular. Pequeña, pero bien organizada y limpia, con puestos llenos de color y aroma.
Flores y plantas, libros usados, ropa, hierbas aromáticas y medicinales, miel, polen y propóleo. Pulseras y collares, listos para llevar o hechos al momento, según el capricho del comprador. Nos detuvimos un instante en un puesto donde unas mujeres rusas vendían galletas y rollos de canela, el olor era una tentación.
Seguimos nuestro recorrido hasta llegar a donde un francés ofrecía jabones, champús y acondicionadores en barra. “Naturales, buenos para la piel, con aromas exquisitos”, decía con un acento encantador y un discurso tan bien ensayado que ni Saskya pudo resistirse. Terminó comprando un par de cosas, claro.
Pero ahí no terminó la jornada de compras. También cayó un vestido. Café, no tan oscuro, perfecto para su tono de piel y su cabello. Eso sí, la decisión tomó su tiempo… digamos que una hora de análisis, comparaciones y consultas. Un récord bastante aceptable.
Después de una pausa en la cafetería, tocaba otra misión: plantas para alegrar su dormitorio. Nos tomó media hora elegir las adecuadas (parece que elegir vida vegetal también requiere reflexión profunda). Al final, nos llevamos un macetero con tres variedades distintas, una combinación vibrante.
Pero claro, no todo estaba resuelto. El macetero necesitaba una base. A menos de cien metros del departamento había un vivero que las vendía. Allí empezó la siguiente odisea: que si bajita o alta, que si dorada, blanca o negra, de hierro o madera. Prueba una, prueba otra, hasta que por fin… ¡una dorada, alta y elegante!
Al llegar al dormitorio, la colocó en un rincón y sí, había valido la pena todo el proceso. La habitación se veía más alegre, la planta en su base dorada quedaba perfecta. Misión cumplida.
El día seguía brillante, el ánimo ligero. No hay nada como una feria, una compra bien elegida y la satisfacción de un espacio embellecido.
Resto del día
Por la tarde, alrededor de las 15:00, recibimos la visita de Giovanna, la sobrina de Aurelia, y para la ocasión decidí preparar un fetuccini con camarones. Lo que parecía una tarea sencilla terminó convirtiéndose en toda una odisea: era mi primer encuentro con una cocina de inducción y, para complicarlo más, no contábamos con sartenes ni ollas del tamaño adecuado. A esto se sumó el eterno engaño de los camarones congelados, que al descongelarse liberan una cantidad absurda de agua—fácilmente un cuarto de su peso—un negocio redondo para quienes los venden. Pero más allá de los inconvenientes, lo importante es que salió bien. Con la gran ayuda de Aurelia, logramos un plato delicioso, y lo mejor de todo fue compartirlo en familia, entre risas y buena conversación.
LUNES 3 DE MARZO, 2025
Tiempo con Montse
El lunes, junto con Germán, fui a buscar a mi hermana Montse a Angelitos del Tiempo, el centro donde ahora la cuidan. Pasaremos el día juntos, como antes, como siempre. Montse, la hermana que me sostuvo cuando apenas daba mis primeros pasos, la que nunca dudó cuando le pedí ayuda para cuidar a nuestros padres en sus últimos años, entregándose por completo hasta el último suspiro de ellos. Hoy, la memoria le juega trucos, se olvida de lo inmediato, pero no de "esos tiempos vividos y no volvídos". Aún brilla en sus ojos la dulzura de quien solo supo dar amor. El almuerzo—lomo de cerdo con puré y crema de zapallo—lo preparó Aure aquí en el depa, pero lo que realmente nutre este día es el simple hecho de estar juntos.
Sabi
Aprovecho para hacerle una videollamada a Sabi. Me contesta Arturo, mi cuñado, quien, en tono bromista, me dice que hace cuatro semanas que no hablamos, aunque ambos sabemos que han sido muchas más.
—¡Por fin te acuerdas de nosotros! —dice, riendo.
—No exageres, Arturo —le sigo el juego—. ¿Dónde anda Sabi?
—Ha salido a una cuestión fuera, pero te llamará apenas regrese.
Sabina es la tercera de cuatro hermanas y vive en Barcelona desde 1976. Nos tocó compartir una etapa en Toronto, donde forjamos recuerdos que aún nos unen. Está casada con Arturo Martí, un catalán de pura cepa, y tienen dos hijos: Mireia, la mayor, que vive en Nueva Zelanda y está casada, y Artur, el menor, que desde hace cuatro años reside en Singapur.
Aprovechamos la charla para ponernos al día, recordar los tiempos de infancia en Quevedo y Guayaquil, hablar de nuestros padres, de la inseguridad, de la salud y de aquellos años bonitos que ahora parecen tan lejanos.
Nos despedimos con la alegría de habernos visto y conversado, con la tranquilidad de saber que, dentro de todo, estamos bien.
Minka Parque Central Cumbayá
Mouse de cacao al 50% Tentación de chocolate

Salimos a pasear con mi hermanita y con Aurelia, esta vez sin Saskya, y yo que desde que llegué, no dejo de antojarme de helado. Justo cuando menos lo esperábamos, nos topamos con Minka, un lugar que no conocía, donde, además de sus famosas barras de chocolate, tienen una pastelería-cafetería encantadora aquí en el Valle. Como buenos golosos, nos pedimos y compartimos helados de guanábana y chocolate Rocher, y yo, para consentirme aún más, pedí de postre lo que ya habrán visto. Todo esto fue el pretexto perfecto para seguir conversando con mi hermanita.
Luego dimos una vuelta por el parque, y entramos a un taller de vidrio donde se imparten cursos para confeccionar vitrales. Aurelia se quedó fascinada, escuchando con atención todos los detalles sobre los cursos: su duración, contenido y precio. La artesanía es una de sus pasiones, y en ella siempre hay algo de artista. ¿Será que Saskya heredó esa chispa creativa de Aure? No lo dudo.
Nos sentamos en una banca desocupada del parque a esperar a Saskya, mientras observábamos la feria artesanal que aún seguía allí, con su oferta variada, llena de curiosos, compradores compulsivos y ocasionales. El clima nos acompañó con su sol radiante y sin lluvia, un día perfecto para pasear en familia, para mirar al cielo y a la gente, y pensar: ¡sí, la vida es bella!
De regreso al depa
En una panadería de barrio, de esas que huelen a hogar, compramos rosquitas de manteca y pan de Ambato, perfectos para la merienda de las cinco. Acompañados de pan de yuca, jamón y queso, no hacía falta más. El café humeante, las risas suaves, las miradas cómplices llenas de recuerdos. Luego, la despedida, siempre emotiva, porque los momentos juntos son pocos, pero el cariño es inmenso. A las 18:10, Germán llegó por Montse. Nos quedamos con la sensación de que el tiempo fue breve, pero pleno. Pasamos bonito, y al final, eso es lo que realmente importa.
Nosotros los de la Fé
Fuimos a ver Nosotros los de la Fe con Aurelia y Saskya, y debo decir que es una de esas películas que te deja pensando mucho después de que las luces se apagan. Es una mezcla perfecta de comedia y profundidad, invitando a cuestionar, a reflexionar sobre el desenfoque de nuestras certezas. No les voy a adelantar nada, solo les digo: ¡no se la pueden perder! Vayan con su familia, no dejen pasar la oportunidad de disfrutarla juntos. Nosotros la vimos en el Multicine del Paseo San Francisco, y fue otro de esos momentos que no se repiten fácilmente. Es de esas películas que te mueven, te hacen reír y, al mismo tiempo, te invitan a replantearte seriamente muchas cosas dentro del contexto religioso. ¡Prográmense y vayan!
MARTES, 4 DE MARZO, 2025
Me despierto temprano, con la mente alerta y las manos en la escritura, atrapando reflexiones y recuerdos de esta visita a Quito. Repaso momentos memorables, sumo fotos, atesoro instantes, construyendo una historia que quiero preservar antes de que el Alzheimer, traicionero como es, intente arrebatármelos.
El día empieza con un regalo de amor en forma de desayuno. Saskya, con ese cariño que pone en cada detalle, nos sorprende con un café pasado, de aroma profundo y acogedor, ese que despierta los sentidos y el alma. Sobre la mesa, un pan tostadito, rescatado de ayer, convertido en un sándwich perfecto: huevo frito, queso derretido y jamón, un bocado sencillo pero lleno de intención. Acompaña un jugo de naranja fresco, dulce y vibrante como la mañana.
No es solo un desayuno, es un gesto de amor, de esos que no necesitan palabras. Es el sabor de la familia, el calor del hogar. ¿Para qué más?
Visita al Teleférico
A las 10h45, Germán nos recogió para llevarnos al teleférico.
Fuimos con Aure y Saskya, emocionados por ver la ciudad desde las alturas. La pena vino al ver las instalaciones algo descuidadas, pero el viaje valió la pena. Quito, desde los 4.100 metros de altura, es un espectáculo. La vista se desplegaba majestuosa hasta que la neblina, caprichosa, decidió envolvernos antes de llegar a la cima.
No importó. Disfrutamos cada segundo, muchas fotos, muchas risas, el corazón firme y contento.
Al bajar, Germán ya nos esperaba para la siguiente parada: la Mitad del Mundo.
Visita a la Mitad del Mundo
El recorrido desde el Teleférico hasta la Mitad del Mundo es largo, unos 40 minutos en los que Quito nos muestra su alma. Atravesamos barriadas enteras, entre ellas La Gasca, donde la vida sigue su curso incluso en feriado. Vemos a la gente en su ir y venir, algunos apurados, otros con la calma de quien disfruta el día libre. Las calles son un mosaico de contrastes: pequeñas tiendas con carteles escritos a mano, vendedores ambulantes con canastos rebosantes de frutas, niños jugando en la vereda, madres que llaman desde las puertas, ancianos que observan el paso del tiempo desde una banca. El paisaje urbano tiene el inconfundible sabor quiteño, una mezcla de tradición y modernidad que se siente en cada esquina.
Boletería: $5 por adulto, la mitad para mí, privilegios de la tercera edad. Un boleto que abre las puertas a la historia, la cultura y los sabores de nuestra tierra. Recorrimos los museos, subimos al trencito, visitamos el museo de la cerveza y del cacao, esa joya ecuatoriana que conquista paladares en todo el mundo.
En la tienda boutique, admiramos los mejores cacaos artesanales del país y, en la cafetería, nos deleitamos con el aroma del tueste perfecto. Aún quedaban por conocer las viviendas ancestrales y la réplica de la Iglesia de Balbanera, la más antigua de Sudamérica (1534), pero el hambre llamó primero.

Fuera del parque, buscamos un buen locro quiteño, una fritada o unos chicharrones con mote, pero terminamos en El Hornero, con una comida igualmente deliciosa. Una tarde de sol espléndido y clima perfecto, el tipo de día que invita a enamorarse más de esta tierra.
Si tienen la oportunidad, hagan este recorrido sin prisas, con familia, con tiempo para sentir, para aprender, para disfrutar. La Mitad del Mundo es más que un punto geográfico: es historia, identidad y un motivo para recordar lo grande que es Ecuador.
Regresamos al depa a las 16h00, con el corazón lleno y la certeza de que estos momentos son los que dan sentido a la vida.
Orgullo y conocimiento: un recorrido por la USFQ
Antes de regresar al depa, Saskya nos sorprende con una visita guiada por la USFQ. Con entusiasmo nos señala el edificio del decanato de Artes y el lugar donde queda su oficina.
Caminamos por un campus que respira conocimiento, un espacio que invita al estudio y a la creatividad. Mientras recorremos sus jardines y pasillos, sentimos ese orgullo inmenso de padres, el orgullo de ver a una hija que cada día lucha por superarse, construyendo su propio camino con dedicación y pasión.

"Arte y Complicidad: Un Toque Especial en Casa"
Ahora, madre e hija están colgando cuadros en el depa, cada uno con su lugar perfecto, elegido con el ojo artístico que sólo ellas tienen. Saskya, confiada y atenta, se apoya en Aure para asegurarse de que todo quede en su lugar. Yo simplemente sirvo para hacer huecos en las paredes, por eso ni me llaman. Ellas saben bien cómo cada cuadro debe lucir, cómo cada imagen encaja en el espacio, creando una atmósfera que refleja su estilo y su amor por el arte. Es un momento de complicidad, de esa conexión tan especial entre madre e hija, que transforma la tarea cotidiana en algo lleno de cariño y creatividad.
MIERCOLES, 5 DE MARZO, 2025
Hoy, de regreso al manso Guayas, una sensación de gratitud llena el aire. Germán nos recogerá a las 09h20, y aunque tomemos vuelos diferentes, con horarios muy cercanos, sé que la despedida es solo física. Yo salgo a las 11h00 por Avianca y Aure a las 11h20 por Latam, pero en el aeropuerto nos encontraremos nuevamente, compartiendo ese último instante juntos.
Este tiempo en familia ha sido hermoso, lleno de momentos que quedarán grabados en el corazón, y aunque el regreso marque el fin de este capítulo, lo vivido no se borra. Lo que compartimos sigue con nosotros, y será la base para las próximas memorias que, más allá de la distancia, nos siguen conectando. La cotidianidad nos espera, pero el eco de estos días será el faro que ilumina lo que viene.
Este viaje fue mucho más que una visita turística. Fue una reafirmación de que Ecuador es mucho más que sus problemas. Es su gente, su arte, su historia, su comida, su música, su cielo surcado por un arcoiris inesperado. Fue un recordatorio de que, pese a todo, hay mucho de lo que podemos sentirnos orgullosos.
Recorrimos museos, iglesias y plazas, pero lo mejor del viaje fue compartirlo en familia. Las risas con Aurelia, las conversaciones con Saskya, las visitas de Giovana, la sobrina, de mi hermana Montse, los momentos simples que, con el tiempo, se convierten en tesoros. Y mientras Quito nos despedía con su brisa fría y su cielo nublado, supe que este viaje no era un adiós, sino un hasta luego.
El abrazo de la despedida
Las despedidas, siempre llenas de emoción, nos envuelven en su manto silencioso, y un abrazo cálido con Saskya se convierte en el refugio de esos sentimientos que se agolpan. Fue largo, lleno de todo lo que no se dice, de todo lo que se siente y se guarda. Una lágrima furtiva, traicionera, intenta escaparse, pero se queda atrapada en el alma, cobarde en su tímido intento de brotar. Aurelia, con su pragmatismo de siempre, dice “ya”, pero yo, sin poder evitarlo, le respondo: “deja, que las emociones no deben quedar truncas”. Y en ese instante, el corazón sabe que, aunque las palabras se escapen, los abrazos y los recuerdos se quedan, grabados en la piel, en el alma, en cada rincón. Una despedida que no se olvida.
FIN
Hasta aquí, señor juez, mi historia perfectamente apegada a la verdad, como no podría ser de otra manera, sin omitir ni un solo detalle, y con la imparcialidad de un testigo ocular en una película de Hollywood.
Un feriado, un viaje, un bonito pretexto para reunirnos. La vida no espera, los momentos no se repiten. Es ahora o nunca, porque “pa’ luego es tarde”. No se trata solo de estar juntos, sino de vivirlo intensamente, de saborear cada risa, cada historia, cada café compartido. El tiempo se escapa, pero lo que realmente importa es cómo lo llenamos.
Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia.
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INVITACION
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