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lunes, 17 de marzo de 2025

Un Mundo Al Revés: La Historia de un 'Sacapintas' y la Tragedia que Somos Todos

Un nuevo intento de robo en Samborondón

Menos de una semana después del audaz asalto a un blindado en Guayaquil, la zona de la Puntilla, en Samborondón, fue escenario de otro intento de robo al estilo 'sacapintas'. La mañana del 12 de marzo de 2025 comenzó con balas, gritos y una persecución que bien podría haber sido una escena sacada de una película de acción, si no fuera porque la vida real no tiene guion.

El inicio del caos

A las 10:15 a.m., la alarma de emergencia se activó. A esa hora, por los alrededores de la vía Samborondón, los transeúntes fueron sorprendidos por una balacera cerca de una entidad bancaria. En medio de la confusión, un hombre, presunto ladrón, corría por la vía. Se trataba de un sujeto que, minutos antes, había intentado asaltar a un militar venezolano en servicio pasivo, que iba a realizar un depósito. Pero en lugar de seguir el curso del delito con éxito, el ladrón terminó en una carrera frenética por salvar su vida, dejando atrás su motocicleta y, lo más importante, su arma.

"¿Pero qué tipo de mundo es este?", me pregunto, mientras observo los hechos desde la distancia de mi teléfono, sabiendo que en breve los noticieros estarán llenos de relatos sensacionalistas.

La persecución y captura

Mientras tanto, el caos continuaba. Los guardias privados, junto con algunos civiles que notaron que el ladrón estaba desarmado, lo persiguieron hasta que llegaron los agentes de la Comisión de Tránsito de Ecuador (CTE), quienes también se sumaron a la captura. El ladrón fue herido y trasladado al hospital, pero su compañero logró escapar. Al poco tiempo, la Policía Nacional hizo su aparición, incautando el arma de fuego para las investigaciones pertinentes.

La imagen de un sacapintas ensangrentado sobre el pavimento, rodeado por la mirada desafiante de un custodio armado, se queda grabada en mi mente. "¿Me pides piedad ahora? ¿Te acuerdas del miedo que causaste? ¿Acaso pensaste en la vida de la víctima cuando empuñabas el arma, o solo pensaste en ti mismo, en tu propia necesidad de ganar lo fácil?"

La escena se tornó aún más amarga con el lamento del delincuente, quien, al ver que ya no era el cazador, sino la presa, comenzó a implorar. "¡Tengo hijos! ¡Soy padre de familia!", decía, mientras la sociedad le daba la espalda, preguntándose si había algún remedio para esta locura.

Más allá del crimen: el problema de fondo

Es inevitable preguntarme: ¿dónde están los responsables? No, no hablo de los criminales, ellos son un síntoma. Hablo de quienes gobiernan, de los politiqueros que, mientras llenan sus bolsillos con discursos vacíos sobre los derechos humanos, permiten que los criminales sigan su reinado de terror. Ellos, que defienden a los delincuentes con más fervor que a las víctimas, y que, en lugar de implementar políticas reales de seguridad, se aferran a la demagogia barata.

El sistema judicial, con su inercia perpetua, deja que los criminales salgan de prisión tan rápido como entran. Es como si cada arresto fuera solo un trámite más en la burocracia del mal. Los medios de comunicación, mientras tanto, explotan el morbo, y los abogados se apresuran a demandar a la policía o incluso a la víctima, defendiendo los derechos propios de aquellos que no respetan los derechos ajenos.

Un llamado a la acción

Y me pregunto, ¿qué estamos haciendo como sociedad? ¿Hasta cuándo permitiremos que este ciclo se repita una y otra vez? Es cierto que la policía captura a los criminales, pero es solo un parche. La verdadera solución no está solo en apresar delincuentes, sino en un cambio profundo, radical, que involucre a todos: el gobierno, la policía, el sistema judicial y, por supuesto, la sociedad misma.

No basta con protestar desde la comodidad de un sillón o compartir en redes sociales. La solución no es simplemente salir del país o mandar a los hijos a otro lugar, como si eso resolviera el problema. Esa es la salida fácil, la que evita la confrontación con la realidad.

Este es un llamado a la acción, a dejar de mirar el problema desde lejos. Si no actuamos, si no nos levantamos frente a la apatía de los politiqueros y la ineficiencia del sistema judicial, si no exigimos un cambio real y profundo en la forma en que tratamos a los criminales, nos enfrentamos a un futuro sombrío, donde lo único que se escuche será el eco de los gritos de aquellos que aún luchan por sobrevivir en un país que, a lo largo del tiempo, parece haber olvidado su humanidad.

FIN

Si puedes, comparte esta preocupación con tus amigos, con tu familia, a todos nos afecta.

Recuerda que hay lecciones importantes detrás de cada historia, que no basta contentarse con comentar en redes o difundir noticias sin cuestionar la veracidad.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo HACIENDO  CLIC  en  Publicar un comentario,  más abajo. Sabes, me encanta que leas mis historias y por eso te lo agradezco, MUCHISIMAS GRACIAS.



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