Basado en una historia real
Carrera dura, mijita, pero persigue
tus sueños
Cuando Saskya terminó el bachillerato en Ecuador, me dijo
que quería estudiar arte. "¿Arte?" pensé. "Mi hija se va a morir
de hambre". Imaginaba a los artistas que pasan su vida sin vender un solo
cuadro. Pero, en lugar de desalentarla, le dije: "Carrera dura, mijita,
pero ¿sabes qué? Persigue tus sueños, es la única manera, no hay otra".
Desde muy joven, Saskya sintió una pasión ardiente por el
arte. Estudiaba en el Instituto de Artes del Ecuador (ITAE) en Guayaquil, pero
su sueño era llevar su talento más allá de las fronteras. Sabía que estudiar en
el extranjero era costoso, y aunque nuestra familia carecía de los recursos
necesarios, ella no se dejó vencer por la adversidad. Con una determinación
inquebrantable, se dedicó a buscar becas y oportunidades, enviando portafolios
y cartas de motivación a distintas universidades.
El destino quiso que asistiera a una feria universitaria en
Quito, donde presentó su portafolio a una embajadora de la School of the Art
Institute of Chicago (SAIC). Esta mujer se interesó en su trabajo y, aunque
tenía que continuar su recorrido por Sudamérica, mantuvo el contacto con
Saskya. Lo que parecía solo una posibilidad remota se convirtió en una
oportunidad real: la SAIC decidió aceptarla, a pesar de que raramente admitían
estudiantes con estudios previos en otras instituciones.
La puerta entreabierta y el desafío de los dólares
El sueño de estudiar en una de las mejores escuelas de arte
del mundo estaba al alcance de su mano, pero con él vino un enorme desafío: la
matrícula ascendía a una cantidad en dólares, para mí impagable. El monto era
impensable para nuestra familia, pero Saskya no se dejó amedrentar. Con
perseverancia y fe, aplicó a una beca de excelencia ofrecida por el Estado
ecuatoriano y, tras un arduo proceso, logró obtenerla. La beca cubría
prácticamente todo, pero todavía necesitaba recursos para su viaje y sus
primeros días en Chicago, hasta que el dinero de la beca se hiciera efectivo.
Una vez más, el destino jugó a su favor. Un día, recibí una
llamada inesperada de un familiar interesado en comprar un departamento en
Salinas. Gracias a mi trabajo en el sector inmobiliario, logré concretar la
venta y obtuve una comisión, justo lo necesario para que
Saskya pudiera viajar.
Cuando el universo conspira a favor
de los valientes
Los obstáculos no terminaban ahí. Para poder viajar,
necesitaba su visa de estudiante, pero el tiempo jugaba en su contra. Por
fortuna, el consulado agilizó el proceso y le concedió la visa con rapidez,
ayudándola a evitar retrasos que podían costarle su ingreso a la universidad.
Sin embargo, otro problema apareció: en enero de 2014, Estados Unidos
atravesaba una de las peores tormentas invernales en años, con miles de vuelos
cancelados.
El día de su viaje, contra todo pronóstico, el cielo se
despejó y su vuelo pudo partir sin inconvenientes. Como si el destino le
enviara una señal de que iba por buen camino, en El Salvador la aerolínea la
ascendió inesperadamente a primera clase.
La cara oculta del sueño americano
Desde fuera, la historia podría parecer un cuento de hadas,
pero la realidad fue muy distinta. La vida en Chicago no fue fácil. Saskya, a
pesar de estar en una de las mejores universidades de arte, tuvo que aprender a
sobrevivir con lo mínimo. Había días en que se privaba de comer para ahorrar
dinero, y muchas noches en las que las lágrimas caían en silencio, sin
contárselo a nadie para no preocuparnos.
Sus compañeros de clase, en su mayoría hijos de familias
adineradas de Asia y otras partes del mundo, solo tenían que sacar su tarjeta
de crédito para resolver cualquier problema. Ella, en cambio, era "la
única hija de asiático chiro", como solía decir con humor. Pero en
lugar de envidiar, enfocó su energía en demostrar que su talento y esfuerzo
valían tanto como cualquier fortuna.
Rebeca, un ángel en Chicago
El destino no solo puso dificultades en su camino, sino
también personas extraordinarias. Al llegar a Chicago, una ecuatoriana llamada
Rebeca (taxista) la esperaba. Desde el primer momento, Rebeca se convirtió en su
protectora y amiga. Curiosamente, la primera vez que la llevó en taxi fue la
única vez que le cobró. Desde entonces, la transportaba a la universidad, la
invitaba a comer, la llevaba a su templo y la ayudaba en todo lo que podía.
Cuando visitamos Chicago, Rebeca también estuvo allí, llevándonos a recorrer la
ciudad, los centros comerciales y asegurándose de que no nos faltara nada. Fue
un ángel en el camino de Saskya, recordándole que, aunque lejos de casa, nunca
estaba sola.
¿Coincidencia, suerte o destino?
Si Saskya no hubiera asistido a esa feria en Quito, si no se
hubiera topado con la embajadora de la SAIC, si yo no hubiera recibido esa
llamada sobre el departamento en Salinas, si el consulado no le hubiera
agilizado la visa, si el cielo no se hubiera despejado ese día... Si no hubiese estado Rebeca para apoyarla, qué habría
pasado
Rebeca es Chicago, Chicago es Rebeca, eso está marcado, eso nunca se olvida.
Quizás fue el destino, la suerte o una simple cadena de
casualidades. Pero lo que es indudable es que la verdadera clave estuvo en su
determinación. Ella nunca dejó de buscar caminos, nunca dejó de intentarlo.
Palabras clave para recordar:
Esta historia está tejida con hilos de sueños, determinación y perseverancia, donde el talento y el esfuerzo se enfrentan a la adversidad. Cada paso cuenta, y el apoyo, el destino y la superación muestran que los desafíos se pueden vencer. La resiliencia, la motivación y la fe son los faros que guían a quienes no dejan de intentar, recordándonos que alcanzar lo que anhelamos siempre vale la pena.
FIN

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