Cuando la fe y la razón se equivocan igual
-José Fun Sang (el escritor):
Defiendo al creyente.
No porque tenga razón,
sino porque la fe nace donde la razón no alcanza.
En el dolor, en el miedo, en el límite.
-Wen Si Yuan (el filósofo):
Y yo lo cuestiono.
Porque cuando la fe exige apagar el pensamiento,
deja de ser camino
y se vuelve refugio cerrado.
-José:
Ahí ya discrepamos.
La fe no es renuncia al pensar,
es otra forma de sostenerse.
-Wen:
Pero cuando se vuelve literal,
cuando confunde texto con verdad,
ahí sí hay renuncia.
(Pausa)
-José:
Lo atacas desde la literalidad.
Tomas el texto como si fuera Dios.
-Wen:
Y tú lo defiendes igual.
Proteges la literalidad
como si fuera sagrada.
(Silencio breve)
-José:
Entonces no estamos discutiendo sobre Dios.
-Wen:
Estamos discutiendo sobre una lectura.
-José:
Y lo hacemos sin preguntar por el tiempo,
por la historia,
por lo que el hombre sabía entonces
del cuerpo, de la mente, del mundo.
-Wen:
Sin ver la evolución del pensamiento.
La filosofía.
La medicina.
La psicología.
La ciencia.
La tecnología.
(Pausa más larga)
-José:
El creyente literal cree honrar a Dios
defendiendo una comprensión antigua.
-Wen:
Y quien ataca la fe cree destruir a Dios
atacando esa misma comprensión.
-José:
Ambos confunden a Dios con el lenguaje.
-Wen:
Y al lenguaje con la verdad.
(Silencio)
-José:
Tal vez la fe no estaba equivocada.
-Wen:
Tal vez lo equivocado era no dejarla crecer.
-José:
Dios no cambia.
-Wen:
Cambia el hombre que intenta nombrarlo.
(Silencio final)
-José Fun Sang (el escritor):
Defiendo al creyente literal.
No porque tenga razón, sino porque su fe es sincera.
Cree que Dios habló así, tal cual,
y confía.
-Wen Si Yuan (el filósofo):
Y yo lo ataco.
Porque esa fe exige que suspenda la razón.
Porque me pide aceptar historias
como hechos brutos
sin hacer preguntas.
-José:
¿Como cuáles?
-Wen:
El diluvio.
Un Dios que se arrepiente, se enfurece
y decide ahogar a casi toda la humanidad,
niños incluidos.
Si eso es literal, es moralmente monstruoso.
-José:
Lo dices porque lo lees como crónica.
El creyente lo lee como voluntad divina.
-Wen:
Y tú lo defiendes igual:
aceptando la literalidad
y suavizándola con fe.
(Pausa)
-José:
Sodoma y Gomorra, entonces.
Ciudades destruidas por fuego
como castigo.
-Wen:
Exacto.
Si es literal, Dios extermina pueblos
por conductas humanas.
Y la mujer que mira atrás
convertida en estatua de sal:
castigo absurdo, casi infantil.José:
Pero el creyente ve obediencia, advertencia, ejemplo.
-Wen:
Y yo veo un mito leído como informe policial.
(Silencio breve)
-José:
¿Y Job?
-Wen:
Peor aún.
Un hombre justo
convertido en ficha de una apuesta
entre Dios y Satanás.
Si eso es literal, Dios juega con el sufrimiento humano.
-José:
Ahí también discrepo contigo.
Lo atacas como si fuera una tesis teológica,
no un poema trágico.
-Wen:
Y tú lo defiendes
como si el poema describiera hechos reales.
(Silencio más largo)
-José:
Espera.
Tal vez ninguno de los dos está leyendo bien.
-Wen:
Tal vez ambos discutimos con la misma pared.
-José:
El creyente literal cree que defender la fe
es defender la literalidad.
-Wen:
Y el crítico de la fe cree que destruir la literalidad
es destruir a Dios.
-José:
Pero nadie pregunta
por el momento histórico,
por el lenguaje simbólico,
por lo que el hombre de entonces
sabía —o no sabía—
del mundo.
-Wen:
Nadie cruza estos relatos
con la evolución del pensamiento,
con la filosofía,
la psicología,
la medicina,
la ciencia,
la tecnología.
(Pausa)
-José:
El diluvio no hablaba de hidrología.
-Wen:
Sodoma no hablaba de urbanismo ni de sexo moderno.
-José:
Job no hablaba de apuestas celestiales.
-Wen:
Hablaban del miedo,
del mal,
del dolor,
del límite humano.
(Silencio)
-José:
Tal vez la fe no falla.
-Wen:
Tal vez falla cuando se congela.
-José:
Dios no cambia.
-Wen:
Cambia el hombre que intenta entenderlo.
(Silencio final)





