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lunes, 18 de noviembre de 2024

LAS HUELLAS DEL ABUELO EMILIO

  EMILIO YONG O LI WEI?

(El abuelo que no conoci)


(aproximación a cómo me imagino que era mi abuelo)

ACLARACION

He decidido construir la historia de mi abuelo materno, un hombre de origen chino del que sé muy poco, con base en los fragmentos que mi madre me compartió. Aunque esta narrativa es una mezcla de hechos, suposiciones e imaginación, no la considero una mentira, sino un intento de dar forma a una vida que, aunque en gran parte desconocida, forma parte de mis raíces. Es una manera de honrar su memoria y de conectar con ese legado que, aunque incompleto, vive en mí.

SIXTO AYON NEIRA 

(El abuelo que sí conocí)

(imagen construida en base a recuerdos)

Digamos que mi abuelo Sixto era mi abuelastro por diferenciarlo de alguna manera con mi abuelo biológico, Li Wei. Muy querido el abuelo Sixto, era un hombre de baja estatura y de contextura un poco gruesa, de tez mas bien trigueña por no decir morena. Usaba el hombre esas camisas blancas de talla americana que eran mas largas que el promedio ecuatoriano y que por aquellos tiempos la llamaban cotonas, me imagino porque la tela era de algodón y cotton en inglés ustedes ya saben lo que significa. Como eran tallas americanas como les he contado, al abuelo o le sobraban mangas o le faltaban brazos, lo cierto es que utilizaba esas ligas rojas que se vendían ambulatoriamente o en  bazares y que servían para arremangarse las mangas lo cual es un pleonasmo, como todos ustedes, gente culta.

El abuelo regentaba una pensión, cuyo nombre no me acuerdo, me refiero al nombre de la pensión, no al nombre del abuelo,  pero supongo que lo tenía, la pensión, el abuelo por supuesto que sí tenia nombre.

Esta pensión quedaba en la calle Sexta, conocida como la calle del Convento porque frente a ella, había una puerta que daba ingreso a un convento de monjas, así nomás, no sé a qué orden, desorden l o congregación pertenecían y para serles sinceros, a esa edad, digamos 4 o 5 años, me daba igual, para lo que me importaba en esos tiempos, porque a un niño, particularmente a mí, me valía madre como dicen en México.

La casa era una de aquellas típicas de esa época, con sus ventanas que tenían unas cortinas de madera que dejaban pasar la luz y el viento, de un piso alto donde estaba la residencia del abuelo.

En la pensión lo ayudaba  al abuelo Sixto, un hombre mayor llamado Digno, pariente no se si de él o de mi abuela, quien atendía a los huéspedes que en algunos casos, como me enteré por curiosidad propia de los niños, eran parejas que iban a tener un amor casual, pasajero, comercial, transaccional, en resumen, una prostituta con su cliente.

La figura clásica del abuelo  al llegar a la casa/pensión, era la de un hombre mayor sentado en una butaca, quien casi siempre estaba escuchando una pequeña radio, no sé si era una radio PHILIPS de esas que se publicitaban diciendo “Tarde o temprano, su radio será un Philips”. La cabeza siempre gacha, adormitado, asi siempre lo encontraba al abuelo.

Sixto Hallón era un hombre de pocas palabras, digamos mas callado que hosco, serio, siempre se alegraba cuando yo llegaba, yo le dirigía un saludo corto al abuelo y en seguida corría a la parte de arriba, a la casa.

La pensión que coma les he contado,  tenía una puerta central que daba paso a las habitaciones, digamos que todo el counter o recibidor lo constituía el abuelo en su butaca, cuánto tiempo va a usar la habitación, día u horas? y pague por adelantado, no sea que después de haber hecho sus cochinadas, sus tareas o a lo que vino, se me vayan sin pagar, todo en efectivo porque por aquellos tiempos, digamos que 1964 o por ahí, no se utilizaban tarjetas de crédito aquí en Ecuador o por lo menos en Quevedo. No habían  baños privados en la pensión, me imagino que les decía que no se aceptaban ni griteríos ni malos comportamientos, ni relajos que después se le quejaban las monjitas del convento del frente.

Para acceder al piso de arriba, digamos que a la residencia, había una escalera en el lado derecho de la casa la misma que era de construcción mixta, no, creo estar faltando a la verdad, era de madera, solo madera, lo único de cemento era una pared a medio construir que colindaba con el terreno vecino, que no estaba ocupado ni tenía construcción alguna, y en cuyo filo, la abuela Ana aprovechaba para adornarlo con una planta o con una lengua de suegra, diferente a la  sábila o Aloe Vera, que no es de Chone ni pariente de mi esposa por si acaso.  A falta de maceteros o para aprovechar eficientemente las cosas que ya no se utilizan, la abuela usaba esas bacinillas de hierro enlozado, esas que terminan despostillándose a un lado por los golpes y que dejan de ser útiles cuando la orina comienza a fugarse por huecos o goteras, dando paso a un espectáculo desagradable, cochino y mal oliente por decir lo poco.

Al llegar al piso de arriba uno se encontraba con un gran fogón, de unos 80 cm x 150 cm, siempre connuna o dos ollas al rescoldo y tiras de mamdarina, cabezas de ajo y carne ahumándose, cogiendo ese gustito del humito del carbón. También había un guardafrio, antecesor de la refrigeradora donde se guardaban alimentos como el queso y otros perecibles, protegiendolos tanto de roedores, insectos y un poco de una rápida descomposición.

Creo nunca haber entrado a las habitaciones de arriba, menos aún al dormitorio de los abuelos, lo que sí me acuerdo es que la sala comedor era huérfana de muebles, ausente de muebles, una que otra butaca pero eso sí, una linda hamaca en medio la cual me encantaba usar, mecerme con gran impulso subiendo a casi dos metros de altura, era el juego de esos tiempos, no había más que hacer, solo quedaba ingeniárselas y divertirse meciéndose hasta lo alto del techo, cuidando de no caerse en el intento porque luego del.dolor de la caída, seguro que vendría el dolor de un palazo o latigazo por ser demasiado juguetón o descuidado.

La casa estaba siempre visitada por algunos parientes por el lado de la abuela ya que no recuerdo haber conocido parientes por el lado del abuelo Sixto. Ahí conocí a mis primas por el lado de mi tía Eusebia, hermana de mi Abuela Ana, madre de mi madre. Tracalada de hijos de la tía Eusebia: las mayores Vilma, Marieta, Nancy, Mireya, contemporánea mia era Angela y las menores, Nieves quien luego pasó a mi casa después de la muerte de la abuela Ana y  Cherry, la última de las mujeres. Los varones, el mayor Gilberto, contemporáneo de mi hermano Félix y los menores, contemooráneos míos eran Walter, Levy quien falleció adulto pero a temprana edad y Chano. La tía Eusebia parecía artista de cine con cuatro matrimonios a cuesta.Pero ahí también conocí a otras primas como Elsa, Meche, Dionisio, Marcos, Felipe y otros parientes cuyo nombre no recuerdo por lo que me disculpo de antemano. Me cuenta Nieves que junto con Angela, su hermana, jugaban al avión en la hamaca y se imaginaban que volaban.

El abuelo Sixto murió en febrero 14 de 1969 y la  abuela Ana murió el 18 de marzo de 1972. en casa de mis padres, rodeada del cariño de mi madre y de Nieves, mi hermana de crianza. Creo que al abuelo le dio un derrame mientras se estaba bañando y se cayó. No recuerdo cuánto tiempo pasó entre la caída y su muerte.

En ese año estaban de moda las canciones de Favio, Sandro, las de Piero. Por aquel tiempo, mi hermano Félix se había llevado a una quinceañera, Alexandra, nieta de un amigo de mi padre, el Ingeniero don  Santiago M, que solo le faltaba el título porque todos los conocimientos académicos y la experiencia los tenía. El Ingeniero le construyó algunas casas a mi padre y luego lo hizo su hijo, el Arquitecto Milton, quien fuera mi padrino de confirmación en la Iglesia de Quevedo y que me regalara un corte de tela para pantalón por ese motivo.


Aquí dn Jacinto con su familia

Antes de llegar a la pensión del abuelo, había un estudio fotográfico del paisano chino don Jacinto Chang,  el fotógrafo oficial de la realeza de Quevedo, personaje infaltable en toda fiesta y evento público y que muchas fotos tomase de la familia y de los amigos, en toda ocasión uno se tropezaba con don Jacinto. Chino de lentes redondos, medio calvo, gran sonrisa, amplia, transparente, sincera, don Jacinto, era un ilustre y digno miembro de la gran comunidad china de Quevedo, donde ya no era el fotógrafo sino un coterráneo más.

Pasando la pensión del abuelo, justo al lado, había un como taller de esos que reparan refrigeradoras, donde había un niño italiano, creo que se llamaba Lupo, la verdad es que no recuerdo bien su nombre. El chiquillo  a veces jugaba ahí a la pelota y yo lo veía, me acuerdo como que no hablaba bien el  español, el chiquillo no yo. Lupo entonces jugaba solo porque no tenía amigos ni familiares de su misma edad, digo yo, pero a mí no me crean ni pío, yo me especializo en el cuento y la mentira.

A mi bisabuela Glafira, madre de mi abuela Ana, también la conocí, todavia está vivo el recuerdo de aquella vez que le hice de la mano, ella contestando el saludo desde su casa de campo en Montoya. En aquella ocasión tal vez yo tenía unos 4 años y pasé por ahí, con Jaime, el chofer del camioncito de reparto de los productos de La Universal ya que mi padrecera distribuidor autorizado para Quevedo y su área de influencia.

Hasta aquí toda la historia es real, nada es inventado excepto lo que viene a continuación y ya se enterarán ustedes el por qué.

Ahora me voy a permitirme a mí mismo, cambiar el chip y empezar algo totalmente diferente.

LA FAMILIA DE LI WEI


Li Wei, un joven de 25 años nacido en Cantón, una región en el sur de China,  en el año 1905 decidió migrar a América del Sur, específicamente a Palenque, en la provincia de Los Ríos, Ecuador, buscando una vida mejor.

El provenía de una familia de campesinos. Sus padres y abuelos vivían juntos en una pequeña casa de adobe con techo de tejas, rodeada de campos de arroz y hortalizas. Li Wei era el mayor de tres hermanos. Su padre, Li Chang, trabajaba extensas jornadas en los campos junto con su abuelo, mientras que su madre, Mei, se encargaba de la casa y el cuidado de los hijos, además de ayudar en la siembra y cosecha de vez en cuando.

La educación de Li Wei había sido mínima. A sus 10 años, su padre lo había retirado de la escuela para que pudiera trabajar en los campos y aportar a la economía familiar. Sus hermanos más pequeños, de 18 y 12 años, asistían a la escuela del pueblo en días alternos cuando no había labores urgentes en la agricultura. Los abuelos de Li Wei, a pesar de no haber tenido educación formal, poseían un profundo conocimiento de las prácticas agrícolas, transmitido de generación en generación. Esto era considerado parte esencial de la identidad y el saber familiar.

En Cantón, la vida era dura y la pobreza era una constante. La familia dependía casi por completo de lo que lograban cosechar para comer y, en menor medida, de lo que podían vender en el mercado local. Las malas cosechas debido a las inclemencias del tiempo o las plagas significaban meses de escasez, por lo que Li Wei se enfrentaba a un futuro sin muchas esperanzas de mejorar.

Cuando Li Wei escuchó que algunos vecinos estaban emigrando a América del Sur, donde había demanda de mano de obra para el trabajo agrícola, decidió aventurarse. La despedida fue dolorosa: sus padres y abuelos, aunque tristes, confiaban en que esta oportunidad le permitiría enviar dinero a casa y, quizás, algún día regresar con una vida mejor para todos.

UN VIAJE RIESGOSO


A principios del siglo XX, las condiciones de viaje para los migrantes chinos que llegaban a América del Sur eran, en muchos casos, extremadamente duras y peligrosas. Estos viajes, realizados en su mayoría en barcos de carga, eran una experiencia traumática y devastadora para los pasajeros.

Los migrantes chinos eran usualmente transportados en las bodegas, espacios cerrados, oscuros, y diseñados para mercancías, no para personas. El hacinamiento era extremo: cientos de personas compartían espacios diminutos sin ventilación adecuada. No había camas ni lugares cómodos para descansar; en su lugar, cada migrante recibía un espacio en el suelo o una hamaca compartida. La falta de higiene era abrumadora. Los migrantes tenían acceso limitado a baños y agua para asearse, lo que hacía que las enfermedades contagiosas se propagaran rápidamente.

La alimentación durante el trayecto era escasa y de mala calidad. Muchas veces se les daban raciones de arroz y algo de agua, sin posibilidad de acceso a alimentos frescos, lo que provocaba deficiencias nutricionales. La mala alimentación y la falta de agua potable favorecían el desarrollo de enfermedades como el escorbuto, una afección causada por la falta de vitamina C. Las infecciones y parásitos intestinales también eran comunes debido a las condiciones insalubres.

Una situación documentada describe cómo, en uno de estos barcos, se desató un brote de fiebre tifoidea que afectó a decenas de migrantes. Sin atención médica ni acceso a medicamentos, muchos enfermos eran abandonados en sus lugares o, en el peor de los casos, lanzados al mar para evitar que el contagio se expandiera aún más. Los sobrevivientes relataron que el olor dentro de la bodega se volvía insoportable, y que el calor y la humedad creaban una atmósfera asfixiante.

LI WEI NO VIAJA EN PRIMERA CLASE

Es completamente plausible que Li Wei hubiera estado al borde de la muerte debido a la disentería durante la travesía. Las condiciones insalubres en los barcos que transportaban migrantes chinos a América del Sur a principios del siglo XX eran propicias para la propagación de enfermedades infecciosas, incluyendo la disentería, que era una de las más comunes y mortales en ese contexto. Habían tantas razones por las cuales, uno podía morirse durante el viaje, cosa que no era poco común, ni tan extrañas, ah…., habían tantas historias que circulaban por el Cantón de aquellos días, con tanta gente migrando. Aquí les cito algunas:

·  Higiene deficiente: Los migrantes viajaban en bodegas abarrotadas, sin acceso a instalaciones sanitarias adecuadas. Los desechos humanos a menudo se acumulaban cerca de las áreas donde dormían y comían, contaminando el ambiente y facilitando la transmisión de bacterias como Shigella o amebas, causantes de la disentería.

·  Agua contaminada: El agua potable era limitada y, en muchos casos, se almacenaba en barriles que se contaminaban durante el viaje. Beber esta agua era una de las principales vías de infección.

·  Alimentación insuficiente: Las raciones de comida eran escasas y carecían de nutrientes esenciales, lo que debilitaba el sistema inmunológico de los migrantes y los hacía más vulnerables a las infecciones.

·  Propagación rápida de enfermedades: El hacinamiento y la falta de ventilación creaban un ambiente ideal para que las enfermedades se propagaran rápidamente entre los pasajeros.

La experiencia de Li Wei

Durante la travesía, Li Wei comenzó a sentir los primeros síntomas: dolor abdominal intenso, diarrea severa con sangre, fiebre alta y una debilidad extrema. Sin acceso a medicamentos ni atención médica adecuada, su estado habría empeorado rápidamente. Podría haber perdido mucho líquido y electrolitos, poniéndolo en riesgo de deshidratación severa, que era una de las principales causas de muerte por disentería en ese entonces.

Si logró sobrevivir, probablemente fue gracias a un golpe de suerte y a la ayuda de otros migrantes que compartieron sus escasas raciones de agua o alimentos con él. En algunos casos, la recuperación se debía a remedios improvisados, como hervir el agua para evitar más infecciones o consumir alimentos secos si estaban disponibles.

La experiencia de Li Wei habría dejado una marca indeleble en su memoria, tanto física como emocional, recordándole las adversidades extremas que tuvo que enfrentar para llegar a Palenque  y buscar un futuro mejor.

En la bodega del barco el aire se enrareció al poco tiempo, se hizo insoportable el olor a miseria humana, heces, orina, sudor, vómito, hasta se olía a muerte porque algunos enfermaron entre ancianos e infantes y rápidamente sus cuerpos se descomponían, no quedaba mas que echarlos al mar, ya que los barcos carecían de bodegas de frío, como ya les habia indicado en algún párrafo anterior. Total para lo que les importaba a los traficantes de principios del siglo XX, mas preocupados en maximizar sus ganancias que en las condiciones de los migrantes, total ellos saben en lo que se meten.

HACIA DÓNDE SE DIRIGÍAN LOS CHINOS EN ESE TIEMPO?

Los migrantes chinos que llegaron a América del Sur durante el siglo XIX y principios del XX desembarcaban en diversos puertos estratégicos desde Estados Unidos hasta Perú. Su elección de destino estaba influenciada por factores como oportunidades laborales, redes migratorias ya establecidas, y la demanda de mano de obra en ciertos países. A continuación, un breve análisis de los principales lugares de desembarco y las razones detrás de sus preferencias:

1. Estados Unidos (California, San Francisco):

Motivo:

  • Fiebre del oro (1848-1855): Muchos chinos llegaron para trabajar en la minería durante este auge económico.
  • Construcción de ferrocarriles (década de 1860): Se necesitaba mano de obra barata y resistente para construir el ferrocarril transcontinental.

Sin embargo, la creciente hostilidad, leyes racistas como la Ley de Exclusión China (1882), y los altos costos de vida llevaron a muchos a buscar otros destinos en América Latina.


2. México (Ensenada, Mazatlán, Acapulco, Veracruz):

Motivo:

  • México se convirtió en un destino alternativo para chinos que huían de la discriminación en EE. UU.
  • Las oportunidades laborales en agricultura y comercio, así como la relativa facilidad para establecerse, atrajeron a los migrantes.
  • Comunidades chinas florecieron en estados como Baja California y Sinaloa.

3. Guatemala y El Salvador:

Motivo:

  • Aunque pocos migrantes chinos se establecieron en Centroamérica, algunos llegaron para trabajar en la construcción de ferrocarriles y en plantaciones de café y banano.
  • Sin embargo, la inestabilidad política y económica en estos países limitó su atractivo.

4. Panamá (Ciudad de Panamá y Colón):

Motivo:

  • La construcción del Canal de Panamá (1880-1914) atrajo a chinos como trabajadores contratados.
  • Sin embargo, las duras condiciones laborales, los altos índices de mortalidad y el racismo limitaron su permanencia a largo plazo.

5. Ecuador (Guayaquil):

Motivo:

  • Cacao: En la región de la Costa ecuatoriana, especialmente en Guayaquil y Los Ríos, había una gran demanda de mano de obra para las haciendas cacaoteras.
  • La creciente economía agrícola y los relatos de compatriotas ya establecidos atrajeron a migrantes chinos.
  • Guayaquil, como puerto principal, era un punto estratégico para el comercio y la entrada de nuevos migrantes.

6. Perú (Callao):

Motivo:

  • Trabajo en haciendas de azúcar y algodón: Desde la década de 1840, los chinos fueron contratados como "culíes" para reemplazar la mano de obra esclava.
  • El puerto de Callao era un importante punto de entrada para los migrantes debido a su proximidad a Lima y las grandes haciendas costeras.
  • Perú tenía una de las mayores poblaciones chinas de América del Sur gracias a estas primeras oleadas.

Colombia (poco atractivo):

Razones por las cuales Colombia no era popular:

  1. Inestabilidad política: Durante finales del siglo XIX y principios del XX, Colombia sufrió conflictos internos constantes, como la Guerra de los Mil Días (1899-1902).
  2. Economía limitada: Aunque existía la industria del café, no había un desarrollo agrícola o comercial que demandara mano de obra china en gran escala.
  3. Falta de redes migratorias: A diferencia de Perú o Ecuador, Colombia no tenía comunidades chinas significativas que atrajeran a nuevos migrantes.
  4. Geografía desafiante: El acceso desde los puertos a las zonas de trabajo en el interior era difícil debido a la falta de infraestructura.

Los migrantes chinos preferían destinos con estabilidad relativa, demanda laboral en plantaciones agrícolas o ferrocarriles, y la posibilidad de establecerse en comunidades ya formadas. Esto explica su presencia significativa en países como Perú, México, y Ecuador, y la casi ausencia en Colombia.

El sueño de Li Wei


Li Wei había arribado al puerto de Guayaquil, Había llegado a Ecuador con el sueño de construir una vida nueva, lejos de la pobreza y las dificultades que enfrentaba en su aldea de Cantón. Después de su arduo y doloroso viaje, de sobrevivir a la enfermedad, el hacinamiento y las condiciones insalubres durante la travesía, había llegado al puerto de Guayaquil y luego se trasladó hacia Palenque, en la provincia de Los Ríos, donde, como muchos de los migrantes chinos de la época, había comenzado a trabajar en la agricultura y el comercio.

En Ecuador, al igual que en muchos países de América Latina, los migrantes chinos no siempre eran bien recibidos, y la barrera del idioma y las diferencias culturales los aislaban aún más. Sin embargo, algunos de ellos lograron integrarse y formar familias, pero el proceso legal de adaptación a su nueva vida era complicado. Para los chinos, el registro de su presencia en el país no era algo sencillo, especialmente cuando se trataba de registrar su nombre.

Su vida en Palenque


Es probable que Li Wei hubiera tenido algún conocido o pariente que ya hubiese emigrado a Palenque, en la provincia de Los Ríos, antes de su partida. A principios del siglo XX, las redes de migración china comenzaron a formarse de manera espontánea a través de conocidos, familiares, y paisanos que compartían noticias de oportunidades en el extranjero.

Es posible que algún tío o primo de Li Wei hubiera migrado previamente a América del Sur, estableciéndose en Ecuador. Muchos de los primeros migrantes enviaban cartas a sus familias en Cantón, donde relataban las oportunidades laborales en los cultivos de cacao y otros productos de exportación en los campos ecuatorianos. Estos relatos alentaban a más personas a seguir sus pasos, formando una especie de "cadena migratoria" en la que los primeros migrantes ayudaban a otros a establecerse y encontrar trabajo.

De haber tenido un pariente en Palenque, Li Wei habría recibido recomendaciones y consejos sobre cómo emprender el viaje y, quizá, incluso ayuda económica para costear el pasaje en barco. Al llegar, este pariente habría sido una fuente de apoyo crucial, permitiéndole hospedarse temporalmente, orientarse en la nueva tierra y ayudarle a encontrar trabajo en las haciendas cacaoteras. También es probable que le hubiera presentado a otros migrantes chinos de la región, lo cual le habría facilitado integrarse en la pequeña comunidad de inmigrantes chinos que comenzaba a formarse en esa parte de Ecuador.

Este apoyo era vital, pues los migrantes solían enfrentarse a una sociedad y un idioma completamente distintos, así como a condiciones de trabajo difíciles. Tener un pariente o conocido en Palenque habría sido de gran ayuda para que Li Wei se adaptara y se sintiera menos solo en su nueva vida.

El Registro Civil y el cambio de nombre

AhoraLi Wei se encontraba en la oficina del Registro Civil del pueblo, donde varios de sus compatriotas se habían reunido para regularizar su situación legal y obtener sus documentos. El funcionario que atendía los casos tenía pocas nociones del idioma chino y no entendía bien la pronunciación ni el significado de los nombres. Li Wei, como muchos otros, no sabía cómo responder cuando le preguntaron su nombre en español.

El funcionario, con paciencia pero también con algo de frustración, empezó a escribir lo que creía escuchar: "Li" no se entendía bien, y al intentar escribir su apellido, "Wei", se confundió. Intentó hacer una pronunciación aproximada, pero su español era limitado, y al no entender las diferencias tonales que marcan el significado de las palabras en mandarín, terminó escribiendo "Yong" en lugar de "Wei".

Además, el empleado pensó que "Li Wei" podría sonar demasiado "extranjero" o difícil de pronunciar para los locales, y, siguiendo una práctica común en la época, decidió dar un nombre más “latino” que pudiera ser más fácilmente asimilado. "Emilio" era un nombre común en Ecuador, fácil de recordar y pronunciar. Lo escribió sin pensarlo demasiado.

Li Wei, que no sabía mucho español, no entendió completamente lo que estaba sucediendo, pero cuando vio el nombre "Emilio Yong" en el documento, pensó que era una formalidad necesaria para poder continuar con su vida en este nuevo país. Aceptó el cambio, ya que necesitaba ese papel para poder trabajar, comprar tierras y asegurar su lugar en la sociedad ecuatoriana.

En la misma oficina, varios de sus compatriotas pasaron por situaciones similares. Muchos terminaron con nombres que no tenían nada que ver con su verdadero apellido o con los que usaban en su tierra natal. Algunos eran llamados "Carlos" o "Pedro", otros fueron bautizados con apellidos inventados o alterados, como "Zhang" transformado en "Sánchez" o "Wu" en "Vega". De esta manera, la migración de los chinos hacia América Latina, y particularmente hacia Ecuador, dejó una huella en la identidad de aquellos que llegaron en busca de un futuro mejor, pero que fueron forzados a renunciar, al menos legalmente, a su nombre y su cultura para ser aceptados en la sociedad local.

Un nuevo comienzo

Emilio Yong, como lo llamaban ahora, se integró en la comunidad de Palenque. A medida que pasaron los años, su nombre se fue adoptando en el día a día, y la gente lo reconocía más por Emilio que por su nombre original Li Wei. En el mercado, en la iglesia y entre sus vecinos, se fue construyendo su nueva identidad. No obstante, dentro de él, siempre existió una pequeña lucha interna con la dualidad de ser Emilio en un país extranjero y Li Wei en su corazón, recordando a su familia y su tierra natal.

Así, al igual que muchos migrantes chinos en América Latina, el cambio de nombre fue una estrategia de adaptación, impuesta por las circunstancias y el contexto social de la época. A lo largo de los años, se dio cuenta de que su historia, su identidad y su verdadero nombre seguían siendo parte de él, aunque el mundo lo conociera como Emilio Yong.

Emilio Yong (Li Wei), viaja a Quevedo

El traslado de Emilio Yong (anteriormente Li Wei) de Palenque a Quevedo podría haber sido impulsado por varias razones, muchas de las cuales eran comunes entre los migrantes chinos en Ecuador y América Latina en general. A continuación, algunas posibles motivaciones que podrían haber influido en su decisión de mudarse:

1. Oportunidades económicas:

Quevedo, en la provincia de Los Ríos, se encontraba en una región agrícola de gran relevancia, especialmente para la producción de caña de azúcar, cacao, arroz y frutas tropicales. Si Emilio ya estaba trabajando en la agricultura, el movimiento hacia Quevedo podría haber sido motivado por la búsqueda de mejores oportunidades laborales o tierras para cultivar. En aquella época, muchas familias migrantes, especialmente los chinos, se dedicaban a trabajos relacionados con la agricultura y la producción de alimentos.

2. Desarrollo de redes comerciales:

Quevedo era un centro de comercio en la región, lo que le brindaba a Emilio la oportunidad de expandir su negocio de productos agrícolas o de comercio minorista. A medida que los migrantes chinos se asentaban en ciertas áreas, establecían redes comerciales y tiendas que les ayudaban a prosperar económicamente. Si Emilio ya tenía experiencia en el comercio, mudarse a Quevedo le permitiría abrir una tienda o involucrarse más activamente en el intercambio de productos con los locales y otros migrantes.

3. Búsqueda de una vida más estable:

Palenque, siendo una población más pequeña, podría no haber ofrecido todas las comodidades o estabilidad que Emilio deseaba para su familia. Si ya había comenzado a establecerse en el país, es posible que buscara un lugar con mejores servicios (educación, salud, infraestructura), o una comunidad más grande de inmigrantes chinos y otras nacionalidades con quienes pudiera interactuar más fácilmente. Quevedo, al ser una ciudad más grande y más desarrollada, habría proporcionado una mayor seguridad y estabilidad a nivel social y económico.

4. Condiciones de vida en Palenque:

Si Emilio experimentó dificultades en Palenque, como un entorno poco favorable o una falta de recursos para desarrollarse, como tierras fértiles para cultivar o una escasez de compradores para sus productos, la migración hacia Quevedo podría haber sido una estrategia de supervivencia. Muchos migrantes cambiaban de ubicación buscando zonas más prósperas para establecerse, principalmente debido a la competencia o la falta de apoyo institucional para su integración.

5. Relaciones familiares o con otros migrantes:

Es posible que Emilio tuviera familia o amigos en Quevedo que lo invitaron a mudarse o que le ofrecieron oportunidades de negocio. A menudo, los migrantes chinos se ayudaban entre sí, creando comunidades de apoyo que les permitían prosperar. Tal vez algún pariente que ya se había establecido en Quevedo le ofreció trabajo o le facilitó la integración a la comunidad.⁹ĺ

6. Mejores oportunidades para su familia:

Emilio podría haber decidido mudarse para brindar un mejor futuro a su familia, especialmente si ya tenía hijos o planeaba tenerlos. Quevedo podría haber ofrecido mejores oportunidades educativas o una vida más cómoda en comparación con Palenque, permitiendo que su familia tuviera acceso a una mejor calidad de vida.

7. Cambio de ubicación por presiones sociales o raciales:

A lo largo de la historia, los migrantes chinos enfrentaron dificultades de integración en algunas regiones, y a veces se veían forzados a mudarse por la intolerancia racial o la discriminación. Si Emilio enfrentaba dificultades para ser aceptado en Palenque debido a su origen chino, mudarse a Quevedo podría haber sido una forma de encontrar un entorno más amigable o menos hostil.

8. Cambio en las dinámicas laborales:

Si Emilio había trabajado inicialmente en las plantaciones de caña o en la agricultura en Palenque, y la situación en esa región cambió —por ejemplo, si las plantaciones fueron compradas por nuevos dueños, si los cultivos fracasaron, o si hubo una recesión en el sector agrícola— él podría haber buscado nuevas oportunidades laborales en Quevedo, que era un centro agrícola y comercial.


En resumen, Emilio Yong probablemente se mudó a Quevedo buscando mejores oportunidades económicas y sociales, ya sea a través del comercio, la agricultura, o por la proximidad a una comunidad más grande de migrantes chinos o de otras nacionalidades. Las razones podrían haber sido una combinación de factores personales, familiares y laborales, siempre buscando un lugar donde pudiera mejorar su calidad de vida y la de su familia en Ecuador.

Un nuevo comienzo

Emilio Yong, como lo llamaban ahora, se integró en la comunidad de Palenque. A medida que pasaron los años, su nombre se fue adoptando en el día a día, y la gente lo reconocía más por Emilio que por su nombre original Li Wei. En el mercado, en la iglesia y entre sus vecinos, se fue construyendo su nueva identidad. No obstante, dentro de él, siempre existió una pequeña lucha interna con la dualidad de ser Emilio en un país extranjero y Li Wei en su corazón, recordando a su familia y su tierra natal.

Así, al igual que muchos migrantes chinos en América Latina, el cambio de nombre fue una estrategia de adaptación, impuesta por las circunstancias y el contexto social de la época. A lo largo de los años, se dio cuenta de que su historia, su identidad y su verdadero nombre seguían siendo parte de él, aunque el mundo lo conociera como Emilio Yong.

La historia de Emilio Yong y Ana Olivo es una de esas que, aunque parezca salida de una novela, refleja las realidades de la época y las circunstancias de vida de muchos migrantes que buscaban un lugar al que finalmente pudieran llamar hogar.

El Encuentro con Ana Olivo


Emilio Yong, después de haber dejado atrás su vida en Palenque, se asentó en Quevedo, donde las oportunidades parecían más favorables. Durante los primeros años de su estancia, trabajó en la agricultura y en el comercio minorista, pero la soledad aún lo acompañaba. Había dejado atrás a su familia en China, había cambiado su nombre, su identidad, y sentía que no tenía nada que lo atara completamente a su pasado.

Un día, en el mercado local, Emilio vio a Ana Olivo, una joven quevedeña de unos 18 años, que con su belleza y dulzura cautivó inmediatamente su atención. Ana era hija de una familia trabajadora, conocida en el pueblo, que vivía modestamente, pero con dignidad. Desde su llegada a Quevedo, Emilio había oído hablar de ella, pero fue en ese encuentro fortuito que sus destinos se cruzaron.

Ana era una joven de espíritu libre, alegre y llena de esperanza. En su familia no había muchos recursos, pero su madre le enseñó que la humildad y el trabajo duro eran la clave para vivir con dignidad. Cuando Emilio la vio por primera vez, algo en su mirada reflejaba una mezcla de inocencia y fortaleza que lo atrapó. No pasó mucho tiempo antes de que ambos empezaran a hablar, a compartir historias y, eventualmente, a enamorarse. Aunque Emilio no hablaba perfectamente el español y Ana no tenía conocimiento del chino, se hicieron entender a través de la mirada y la calidez que transmitían sus gestos.

Ana le dio a Emilio un sentido de pertenencia que no había encontrado en ningún otro lugar. Él se sintió aceptado por ella, y su amor floreció rápidamente. En poco tiempo, Emilio y Ana se unieron y procrearon una hija, Fanny Yong Olivo, una niña que heredó los ojos rasgados de su padre y la calidez de su madre. La vida parecía haberles dado un respiro.

La Tragedia de la Separación

Sin embargo, el amor de Emilio y Ana no duró para siempre. La vida en Quevedo, aunque prometedora, estaba llena de desafíos. Emilio había acumulado algunas deudas, y aunque se esforzaba por mantener su pequeño comercio, no siempre podía cubrir los gastos. Los problemas económicos, la presión de criar a Fanny, y algunas tensiones familiares comenzaron a hacer mella en su relación.

Una tarde, Emilio le dijo a Ana que iría a comprar cigarrillos, algo que en ese momento parecía trivial, pero que marcaría el inicio de una larga separación. Le prometió regresar pronto, pero, como tantas veces ocurre en historias como la suya, nunca volvió.

Ana, esperanzada y preocupada, pasó días esperando que Emilio regresara, pero los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Nadie sabía nada de Emilio, aunque los rumores empezaron a circular. Algunos decían que había encontrado a otra mujer, otros murmuraban que se había metido en problemas con gente equivocada, pero lo cierto era que Emilio nunca regresó.

Ana, destrozada, tuvo que hacerse cargo de Fanny sola. La vida le presentó nuevos desafíos, pero logró sacar adelante a su hija. Con el tiempo, dejó de esperar a Emilio, y aunque el amor por él nunca desapareció completamente, aprendió a seguir adelante, centrándose en su hija y en la vida que aún podía construir.

Esta ruptura me impidió conocer al abuelo; no sé si de parte de los hermanos de padre de mi madre, hubo nayor conocimiento de la vida del abuelo y de su familia en  Cantón, China. Nunca le escuché nada a mi querido tío Severo, el mas allegado de todos mis tíos y de quien aún guardo muy gratos recuerdos. 

EL ENCUENTRO CON LA SEÑORA CHAVEZ

Por otro lado, Emilio, conoció a Catalina Chávez, una mujer de carácter fuerte y de corazón cálido, con quien estableció una nueva vida. La relación con Catalina fue diferente a la que tuvo con Ana, pero también fue intensa. La señora Chávez le dio estabilidad y Emilio, buscando reconstruir su vida después de la separación con Ana, se unió a ella.

Con Catalina, Emilio tuvo una familia numerosa, 13 hijos, dicen por ahí, lo cierto es que yo tan solo conocí a los tíos Remigio, Segundo, Severo y ls tía Delia, siendo el mas allegado de todos, el tío Severo. De niño me encantaba visitar la casa del tío. en la finca la Silvia María como la conocíamos. El tio Severo quien cada vez que llegabamos, sin pestañear en lo mas mínimo, ordenaba que mataran un cerdo para Fanny para que  prepararan caldo de salchicha y fritada y yo, como un gran comelón, bravo me ponía y disfrutaba mucho del banquetazo.

La historia del abuelo Emilio no es tan sencilla como parece. Los años pasaron y, aunque algunos lo veían como un hombre sin corazón, los recuerdos de su primer amor y de su hija nunca desaparecieron de su mente. El silencio y la distancia entre él y mi abuela Ana se convirtieron en un peso que lo acompañó durante el resto de sus días, como una sombra que nunca se desvaneció.

AQUI TERMINA LA HISTORIA

A lo largo de los años, se tejieron historias y leyendas sobre Emilio Yong. Algunos decían que siempre había sido un hombre marcado por sus decisiones, otros afirmaban que había sido una víctima de las circunstancias, un hombre que había huido de su pasado por miedo a enfrentarlo. Lo cierto es que Emilio Yong, el hombre que alguna vez fue Li Wei, vivió una vida llena de rupturas, decisiones equivocadas y una búsqueda constante de pertenencia, mientras que Ana Olivo y Fanny siguieron adelante, pero sin olvidar nunca al hombre que alguna vez fue parte de sus vidas.

Así termina la historia del abuelo Emilio, un hombre que se fue en busca de algo, y en su camino dejó atrás lo más importante: a su familia. Como tantas veces sucede en la vida, se quedó con el recuerdo de lo que pudo haber sido, pero sin la posibilidad de corregir lo que ya no tenía solución.

LA VERDADERA HISTORIA DE LI WEI

Después de contarles todo esto sobe Li Wei, luego Emilio Yong, quiero decirles que en verdad todo esto es ficción, lo único cierto es que él es mi abuelo, a quien nunca tuve el gusto de conocer. Mi madre, Fanny Yong Olivo, nunca tuvo palabras de rencor o resentimiento para con su padre, nunca se lo escuché, ni de niño ni ya de adulto, tan solo unas cortas historias de las pocas veces que mi abuelo, su papá fue a su casa a verla. Me contó mi madre que su papá, como que había tenido una tienda por acá por Guayaquil. Pocos recuerdos tenía de su padre, como que me dijo  que la última vez que el la visitó, ella tenía apenas 8 años. Tampoco le escuché nada decir a mi abuela Ana Olivo respecto de Emilio Yong, claro está que en esos tiempos las abuelas no conversaban de estas cosas con sus nietos y que además, yo era muy pequeño. Si alguien alguna vez tomó una foto del abuelo, de seguro fué don Jacinto Chang, el fotógrafo oficial de Quevedo, es que las fotos de aquellos tiempos eran escasas y las fotos de niños eran montados en un caballito del fotógrafo del parque.

LA NOSTALGIA

José miraba al horizonte con la mirada fija, como si buscara algo en el espacio infinito, algo que nunca podría alcanzar. Un vacío le atravesaba el pecho, una sensación de falta, de ausencia, como si su vida estuviera incompleta. Había escuchado tantas historias de su abuelo, Emilio Yong, el hombre al que debía su existencia, pero nunca lo había conocido. Lo único que le quedaba de él eran los relatos dispersos, fragmentos de recuerdos que le llegaban de boca de otros, y el inexplicable lazo que sentía con un hombre del que no tenía ni siquiera una foto.

Li Wei. Ese era el nombre verdadero de su abuelo, el que llevaba en su tierra natal de Cantón, China. Había llegado a Ecuador a comienzos del siglo XX, buscando oportunidades, huyendo de un pasado complicado y un presente incierto. Se había establecido en Palenque, en la provincia de Los Ríos y luego se afincó en Quevedo, donde, con los años, forjó una familia, un futuro, pero sin jamás dejar atrás su tierra y su cultura. Cuando José pensaba en él, no podía evitar sentirse envuelto en una mezcla de curiosidad y melancolía.

Era un hombre que había dejado huella sin saberlo, que, al cruzar océanos, se había convertido en parte de la historia de una familia que ahora él apenas alcanzaba a comprender. Las historias de Emilio, o Li Wei, a él a través de pocos fragmentos: su carácter, sus ojos oscuros como la madera de los muebles antiguos, su risa grave, la forma en que se sentaba en la esqouina del comedor a hablar de la vida en su idioma natal, aunque nadie lo entendiera. Esas historias formaban parte de una leyenda familiar, pero no había rastro tangible, no había fotos, ni cartas, ni algo que lo acercara realmente a él. Sólo recuerdos distorsionados, palabras sueltas que se desvanecían con el paso de los años.

José, a menudo, se encontraba mirando el álbum de fotos de la familia, buscando algo, aunque sabía que nunca encontraría lo que le faltaba. A veces, su madre, con voz temblorosa, le contaba cómo su abuelo había sido un hombre callado, fuerte, pero también sensible, un hombre que, aunque se adaptó a la vida ecuatoriana, nunca dejó de sentir la nostalgia por su hogar, por su gente, por los campos de arroz y las montañas de Cantón. Pero José nunca lo vió. No pudo compartir esos pequeños momentos que construyen la memoria de un abuelo: un consejo sabio, una sonrisa cómplice, el abrazo firme que sólo un abuelo sabe dar. Todo eso se quedó en la distancia, como un sueño inalcanzable.

A veces, José se preguntaba cómo habría sido la vida si su abuelo aún estuviera allí. Quizás, pensaba, él podría haberle contado sobre los días en que vivió en Palenque, cómo se sintió cuando por fin pudo hablar un poco de español, cómo había visto crecer a sus hijos entre el frío del invierno chino y el calor tropical de Ecuador. Tal vez le habría hablado de las luchas, de los sacrificios, de la soledad en medio de la multitud. Y sin embargo, la historia de Emilio Yong siempre parecía escaparse, como agua entre los dedos, tan cercana y tan lejana a la vez.

José también sentía la tristeza de no conocer ese otro lado de su herencia. Sabía que, por más que tratara de imaginarlo, no podía. No tenía el rostro de su abuelo, ni el brillo en los ojos de aquel hombre que construyó su futuro desde la nada. Todo lo que le quedaba era la certeza de que su vida debía mucho a alguien que nunca vió, pero cuya presencia sentía en cada paso que daba. Era como si Li Wei, Emilio Yong, estuviera viviendo en él, en su deseo constante de entender más, de buscar sus raíces en un lugar donde las respuestas siempre se desvanecían.

La nostalgia era un peso constante. No era doloroso, pero sí pesado, una sensación de vacío que nunca desaparecía por completo. José pensaba que, tal vez, su abuelo había sido un hombre de pocas palabras, que las emociones profundas las guardaba para sí mismo, como si cada sentimiento fuera un trozo de tierra que sólo él conocía. Pero lo que no sabía José, lo que aún no entendía por completo, era que el simple hecho de haber sido nieto de ese hombre, de llevar su apellido, era suficiente para que una parte de él siempre estuviera conectada a su legado, a esa historia que, aunque callada, no moría.

No había rencores, no había resentimientos. Había, en cambio, una tristeza suave, casi melancólica, por no haber tenido la oportunidad de conocerlo, por no haber podido mirarlo a los ojos, por no haber podido entender su mirada llena de historias no contadas. Li Wei había partido, pero en algún lugar del alma de José, él seguía vivo, presente, como una sombra que o nunca desaparece, que siempre acompaña.

La herencia de Emilio Yong, de Li Wei, el abuelo, no estaba en los recuerdos materiales, en los retratos o en los objetos que pasan de generación en generación. Estaba, en cambio, en el caso de José, su nieto, en esa búsqueda constante, en la curiosidad que le carcomía por conocer más, o por entender el pasado de un hombre que, aunque lejano, había marcado su destino. Y aunque nunca llegara a conocerlo,  lo llevaría con él, como una parte invisible pero sólida de su ser.

FIN

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martes, 12 de noviembre de 2024

"La Fuerza de Ser Humano"

 


Era una tarde calurosa, como muchas otras últimamente, cuando José Carlos me invitó al cine. Me sorprendió con un simple "Papá, tengo un cupón de comida para el bar del cine. ¿Qué tal si vamos? Son como las seis, la luz regresa a las ocho, y ya sabemos que en casa no vamos a hacer nada." A veces, en medio de todo lo que está pasando con los cortes de luz y el calor, su sencillez me resulta un respiro.

En el celular buscaba las películas en cartelera y mientras lo hacía, me comentó con un tono de cierta desgana: "Últimamente no hay buenas películas... pero hay una biografía de Trump, y otra de Christopher Reeve y aunque no manifesté preferencia por alguna de ellas,  le dije vamos y nos dirigimos al centro comercial.

El estacionamiento estaba más lleno de lo normal. La gente huía del calor de sus casas en busca de una distracción. Afortunadamente, encontramos un espacio en la parte de arriba, y mientras caminábamos hacia el cine, José observó: "Más gente se ve en la parte vieja del centro comercial, allá está el patio de comida." La nueva sección, donde está el cine, parecía más tranquila, pero había algo reconfortante en esa calma, como si el bullicio de la otra zona nos preparara para un pequeño refugio en la oscuridad de la sala de cine.

Llegamos y descubrimos que la película de Trump ya había comenzado, pero la función siguiente de Christopher Reeve estaba por empezar, así que decidimos entrar. No sabía lo que iba a encontrar. Al principio, pensé que solo era una distracción más, pero al poco tiempo me di cuenta de que había entrado en algo mucho más profundo. La historia de Christopher Reeve me conmovió de maneras que no imaginaba.

La película no solo hablaba de un actor que había interpretado al más grande de los héroes, Superman, sino de un hombre que, tras un accidente devastador, se enfrentó a la realidad de la discapacidad con una fuerza y determinación sorprendentes. Reeve, tras quedar tetrapléjico, no se rindió. En lugar de sucumbir a la tristeza y la desesperación, encontró una nueva forma de luchar: dedicó su vida a mejorar las condiciones de las personas discapacitadas, luchando por la investigación en neurociencias y el apoyo a aquellos que pasaban por lo mismo que él.

Recuerdo pensar en lo duro que debió ser para él. Imaginarse de ser Superman, el personaje más poderoso del planeta, a ser una persona completamente dependiente. Pero aún en esa fragilidad, Reeve mostró una generosidad impresionante, buscando siempre el bienestar de otros. Me conmovió profundamente. "No cualquiera se sobrepone a algo así", me dijo José mientras me observaba, sabiendo que estaba tocado por lo que estábamos viendo.

Pero lo que realmente me sorprendió fue descubrir una amistad tan entrañable entre Reeve y Robin Williams. De alguna forma, nunca imaginé que dos personas tan aparentemente opuestas pudieran tener un lazo tan fuerte. Williams, conocido por su humor y energía incansable, era uno de los grandes amigos de Reeve, y, según contaron en la película, fue su apoyo más grande durante los momentos más oscuros de su vida. Recordé la anécdota de cómo Williams, al enterarse del accidente de Reeve, apareció en su hospital disfrazado de médico, haciéndolo reír por primera vez después de tan grave lesión. "Así es Robin", pensé, "una fuente de luz en la oscuridad". Pero también pensé en lo que sucedió después, en cómo ese mismo hombre, tan lleno de vida en su rostro y en su voz, decidió quitarse la suya. No pude evitar la tristeza, recordando que no todo lo que brilla es oro, y que muchas veces, la lucha interna de las personas es invisible.

Un solo canguil con mantequilla y un te helado porque mi hijo sabe que no puedo tomar bebidas gasificadas, fueron suficientes, un banquete en las circunstancias porque lo disfrutamos al compartirlo y no tuvimos necesidad de mas, el momento? Perfecto.  Mejor? Imposible!!!!

Al final de la película, no solo me sentí agradecido por haber compartido ese momento con José Carlos, sino también por la lección que me dejó la vida de Christopher Reeve. No se trataba solo de una historia de superhéroes; se trataba de la capacidad humana de encontrar fuerza en la vulnerabilidad, de ser generoso incluso cuando uno está herido, y de luchar por otros, aunque uno mismo esté atravesando un dolor insoportable.

Mientras salíamos del cine, José me miró con una sonrisa tranquila. "Fue una buena película, ¿no?", me dijo. Yo asentí, pero mis pensamientos estaban en otro lugar. "Sí, fue más que buena. Fue una lección de vida."

Y mientras caminábamos de regreso al auto, me di cuenta de que el momento compartido con él, ese tiempo sencillo, fue en sí mismo un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay algo por lo que luchar. Que a veces la vida no nos pide ser superhéroes, sino simplemente ser humanos, generosos y solidarios con los demás.

Así, esa tarde de cine se convirtió en algo más que una salida; fue una reflexión profunda, tanto por la película que vimos como por el tiempo que compartí con José Carlos, el cual, aunque no lo dijimos en voz alta, sabíamos que esos pequeños momentos son los que realmente importan.

FIN

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Chaito, que te encuentres bien y ya sabes.....



martes, 5 de noviembre de 2024

. "Inundaciones en Valencia: Más Allá de la Superstición, el Llamado a la Responsabilidad"

 


La reciente inundación en Valencia, España, a finales de octubre de 2024, es un claro recordatorio de la fuerza implacable de la naturaleza y de lo frágiles que somos ante ella. Este desastre natural ha dejado un rastro de destrucción, cobrando vidas y dejando a muchas personas sin hogar, devastadas emocional y financieramente. Ante una tragedia de esta magnitud, no es raro ver que algunos sectores más tradicionales o supersticiosos recurran a la idea del castigo divino como explicación, asociando el desastre a un juicio por los "pecados" de la humanidad.

Sin embargo, este enfoque de interpretar los desastres naturales como un acto de "ira divina" parece hoy inadecuado y limitado. Sabemos que estos fenómenos responden a fenómenos meteorológicos extremos, muchos de los cuales se ven exacerbados por el cambio climático. Las lluvias torrenciales, el aumento del nivel del mar y otros factores ambientales se han agravado con el tiempo debido a la intervención humana en el planeta. Las inundaciones en Valencia son el resultado de una combinación de elementos climáticos y cambios en el medio ambiente, no de un juicio o castigo moral.

En cuanto a la figura de Dios, resulta difícil imaginar que un ser perfecto y amoroso castigara indiscriminadamente, sin distinguir entre justos e injustos. Si tal Dios perfecto existiera, no estaría gobernado por la necesidad de adoración o represalia, porque un ser perfecto sería indiferente al ego o al resentimiento. Además, los desastres naturales no discriminan; no castigan a unos y perdonan a otros. De hecho, en estas tragedias, muchas veces los más vulnerables son los que sufren las mayores consecuencias, como los ancianos, los niños y las personas con menos recursos. Atribuir el dolor de estos inocentes a una voluntad divina vengativa reduce más bien la verdadera esencia de Dios y menosprecia la capacidad de comprensión que ha desarrollado la humanidad.

La superstición surge a menudo en situaciones de incertidumbre y miedo, y tratar de encontrar una causa en los "pecados" de las personas es una forma de intentar darle sentido a lo incomprensible. Sin embargo, en lugar de recurrir a explicaciones basadas en el castigo, hoy podemos y debemos adoptar un enfoque más solidario y científico. El cambio climático, la urbanización excesiva y la falta de infraestructura adecuada en zonas vulnerables son causas concretas y prácticas que explican, en parte, por qué estos fenómenos son cada vez más devastadores. Esto no se soluciona con castigos ni culpabilizando a la moral de una sociedad; se afronta desde la responsabilidad ambiental, la preparación y la solidaridad.

En definitiva, el caso de Valencia nos recuerda que las respuestas simplistas ya no nos ayudan a avanzar. Necesitamos entender que la naturaleza sigue su curso y que, si queremos reducir el impacto de estos desastres, la acción está en nuestras manos. En lugar de caer en explicaciones de "ira divina", podemos optar por ver a Dios como una fuente de esperanza o como un impulso hacia la compasión y la acción humanitaria que inspira a las personas a ayudar a reconstruir y proteger a quienes han perdido ambas cosas en este desastre.


FIN

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Chaito, que te encuentres bien y cuides este hermoso planeta, que de momento no queda otro.


lunes, 28 de octubre de 2024

EL REGALO MISTERIOSO

 

EL ENIGMA DEL REGALO

Desde el mismo instante en que la vida comienza, un regalo inestimable es otorgado a cada ser humano. Este presente, invisible y etéreo, se presenta como una promesa, una oportunidad y, a la vez, como un desafío. Sin importar la cuna en la que nacemos, nuestra raza, género, o posición económica, todos somos igualmente dotados con este bien, que trasciende las barreras de la humanidad. Pero, ¿qué es realmente este don?

Imagina por un momento un mundo donde las posibilidades son infinitas y cada momento cuenta. Este regalo no se puede comprar ni vender, no puede ser acumulado ni guardado. Su esencia es tan pura como el aire que respiramos, y su valor es incalculable. Sin embargo, a menudo lo malgastamos sin pensar, ignorando que cada elección que hacemos se convierte en un eco en el vasto universo.

En las páginas de la historia, han habido aquellos que comprendieron la magnitud de este regalo, que lo usaron para iluminar el camino de otros, para crear, inspirar y transformar. Por otro lado, muchos han caído en la trampa de la inacción o el hedonismo, desperdiciando este bien en placeres efímeros, solo para encontrarse años más tarde lamentando que no aprovecharon para bien.

Este don ha sido objeto de reflexión por filósofos, poetas y pensadores de todas las épocas. Algunos lo han relacionado con el destino, otros con la libertad, y muchos con la esencia misma de la vida. Es un bien que, aunque todos poseen, no todos saben valorar. Ha sido el trasfondo de decisiones cruciales en momentos de cambio histórico, y ha jugado un papel fundamental en la formación de nuestras identidades.

En la búsqueda del sentido de este regalo, se revela un misterio que ha intrigado a la humanidad: ¿cómo es que, a pesar de su gratuidad, muchos lo consideran un bien escaso? ¿Por qué hay quienes parecen tenerlo en abundancia, mientras otros lo sienten como un bien esquivo?

A través de esta narrativa, exploraremos diversas historias de personas que, en diferentes épocas y contextos, se enfrentaron a este enigma. Cada relato nos enseñará que este bien, tan preciado y al mismo tiempo tan frágil, no puede ser recuperado una vez gastado. Nos preguntaremos si, al final, es el uso que le damos lo que define su valor, y si hay una forma de redención para aquellos que se sienten atrapados en la pérdida.

La luz de la verdad brilla sobre este regalo, revelando tanto su grandeza como sus peligros. En un mundo lleno de ruido y distracciones, donde este bien parece escurrirse entre los dedos, la invitación es a reflexionar: ¿lo estamos usando de la manera que realmente deseamos? Este, nuestro regalo más precioso, nos llama a vivir de manera consciente, a valorar cada instante y a reconocer su impacto en nuestras vidas y en el tejido de la historia.

Así, comenzamos nuestra travesía por el misterio de este regalo, donde cada unA de las siguients historias, se convierte en una lección y cada lección en un recordatorio de la fragilidad y belleza de lo que se nos ha entregado. ¿Estás listo para descubrir la esencia de este bien tan enigmático?

El Legado de Nelson Mandela

Nelson Mandela nació en 1918 en Sudáfrica, en un contexto marcado por la injusticia y la segregación racial. A lo largo de su vida, Mandela utilizó este recurso y su voz para luchar contra el apartheid, un sistema que oprimía a la mayoría negra del país. Tras pasar 27 años en prisión, no se dejó consumir por el rencor; en lugar de ello, usó este bien en la cárcel para reflexionar y fortalecer su compromiso con la paz y la reconciliación.

Cuando fue liberado en 1990, Mandela tuvo la oportunidad de guiar a Sudáfrica hacia una transición pacífica hacia la democracia. Su capacidad para perdonar y su visión inclusiva cambiaron el rumbo de una nación y sirvieron como inspiración para el mundo. Mandela no solo aprovechó este regalo para luchar, sino que también enseñó a otros a valorar el poder de la reconciliación, dejando un legado que perdura hasta hoy.

La Ciencia de Marie Curie

Marie Curie, nacida en Polonia en 1867, se convirtió en la primera mujer en recibir un Premio Nobel y la única en recibirlo en dos campos distintos: Física y Química. Desde joven, Curie se dedicó  a la investigación, rompiendo barreras en un mundo dominado por hombres. Su trabajo sobre la radiactividad no solo revolucionó la ciencia, sino que también sentó las bases para avances en la medicina, especialmente en el tratamiento del cáncer.

Curie no solo utilizó bien este regalo para el descubrimiento científico, sino que también abogó por el uso de la ciencia al servicio de la humanidad. A pesar de los riesgos para su salud, su dedicación y su ética de trabajo dejaron una huella imborrable en el ámbito científico, demostrando que el buen uso de este recurso, invertido en el conocimiento puede salvar vidas y cambiar el curso de la historia-

El Mensaje de Mahatma Gandhi

Mahatma Gandhi, un líder espiritual y político nacido en 1869 en la India, se convirtió en símbolo de la resistencia pacífica. Durante décadas, Gandhi hizo uso de este recurso para promover la no violencia como medio para luchar contra la opresión británica en su país. Su enfoque, basado en la verdad y la resistencia pacífica, inspiró a millones y tuvo un impacto duradero en movimientos por los derechos civiles en todo el mundo.

A través de sus campañas de desobediencia civil, Gandhi demostró que el uso consciente de este apreciado bien y la acción pacífica pueden provocar cambios profundos en la sociedad. Su legado continúa vivo en la lucha por la justicia y la igualdad, recordándonos lo valioso que es este recurso, cuando está dedicado a la causa de la paz.

La Revolución de Martin Luther King Jr.

En el siglo XX, Martin Luther King Jr. emergió como un líder destacado en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Nacido en 1929, King dedicó su vida a la lucha por la igualdad y la justicia racial, utilizó este recurso para organizar protestas pacíficas y discursos poderosos que resonaron en todo el país. Su famoso discurso "I Have a Dream" no solo capturó la aspiración de una nación, sino que se convirtió en un llamado a la acción para millones.

King entendió el uso correcto de este recurso precioso y lo utilizó para inspirar, educar y movilizar a la gente hacia un cambio real. Su compromiso con la no violencia y la dignidad humana dejó un impacto duradero, mostrando que, cuando se utiliza sabiamente, este regalo puede ser un catalizador para el cambio social y la reconciliación.

 LA REVELACION

Sabes el nombre de este regalo?

FIN

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Chaito, que estés bien.

sábado, 19 de octubre de 2024

"Cuestionamientos Inquebrantables: Un Encuentro con la Fe y la Razón"



LA LLAMADA

Hace poco, recibí una llamada inesperada de un conocido a quien no veía en años. Me dijo que quería reunirse conmigo, que había algo importante que deseaba contarme. Acordamos encontrarnos una tarde tranquila en un café de un centro comercial. Al verlo, me sorprendió lo bien que se veía: 65 años, igual que yo, elegante, con buen porte, atlético, y mostrando un gusto impecable al vestir. Durante la conversación, me contó que había tenido mucho éxito en la vida. Sin embargo, mencionó dos tragedias que habían marcado su camino: su esposa, una mujer magnífica, había fallecido de cáncer de útero hace cinco años, tras una larga y dolorosa enfermedad. Además, su primogénito, había muerto en un accidente hacía diez años, un golpe del que jamás lograron recuperarse del todo. No pude evitar pensar en la aparente contradicción entre su imagen de salud y éxito con el profundo dolor que cargaba por dentro.

Me explicó que, tras esas pérdidas, había dejado el Catolicismo y se había vuelto al Cristianismo. Me dijo que encontraba fuerzas en Jesús y que los pastores de su nueva iglesia oraban constantemente por él.

y lo que a continuación escribo, me dejó boquiabierto, estupefacto, anonadado, no me lo esperaba, era como recibir un golpe de Chito Vera, si, del chonero que es pariente de Aurelua, mi esposa.

Ahi le va, siéntense bien, tranquilos, respiren profundo, no se aventuren a bajarse de la camioneta si antes no recorrieron todo el camino.

Claro que todo esto no se planteó en un solo encuentro, fueron varios cafés, distintos lugares y circunstancias. Lo planteado no fué fácil de digerir, hube de tomar simeticona y magaldrato para evitar la gastritis que me produjo

El Hombre Que Se Pregunta

El ser humano siempre ha buscado respuestas a lo inexplicable. Desde los primeros días de la civilización, ha atribuido fenómenos como tormentas, sequías y desastres a la voluntad de seres superiores. Pero a medida que las sociedades evolucionan, surgen preguntas más profundas: ¿por qué estamos aquí? ¿Existe un propósito mayor o somos simplemente producto de la casualidad?

La Falacia de la Culpa y el Castigo Divino

Una de las grandes inquietudes radica en la idea de que, si un antepasado mío, que vivió hace tres mil años, cometió un crimen, ¿merezco ser castigado por sus acciones? Esta es la raíz de una de las historias más trascendentales del cristianismo: ¿por qué estamos castigados nosotros si un supuesto Adán fue quien pecó?. La narrativa bíblica sugiere que el pecado original cometido por Adán y Eva en el Jardín del Edén condenó a toda la humanidad. Pero, ¿es justo que los descendientes de una persona carguen con el peso de sus errores? Esta concepción de la justicia parece desentonar con los principios morales que el hombre moderno acepta: cada individuo debe ser responsable solo de sus propios actos.

El Principio de la Escasez y el Uso de la Fuerza

En un mundo de recursos limitados, surge otra cuestión ética: si mi vecino tiene agua en abundancia y en mi terreno escasea, ¿se justifica el uso de la fuerza para obtener lo que necesito? Este dilema, conocido como principio de la escasez, ha motivado conflictos y guerras a lo largo de la historia. La supervivencia parece ser la justificación de la fuerza, pero ¿es ético recurrir a ella? Si Dios es justo, ¿por qué permite que unos tengan en exceso y otros padezcan necesidades extremas?

Las Incongruencias del Castigo Divino

A lo largo de las escrituras, observamos ejemplos donde Dios castiga con severidad a quienes no cumplen con su voluntad. ¿Por qué Dios condenaba a muerte a hombres, mujeres y niños solo porque no obedecían sus mandamientos? Este tipo de relatos resulta inquietante: un Dios que es descrito como amoroso y misericordioso, pero que en la práctica desata su ira sin distinción. ¿Cómo se justifica que mujeres fueran violadas o que las hijas de Lot tuvieran sexo con su padre? ¿Cómo un rey favorito de Dios pudo tener concubinas y mandar a asesinar a un general para quedarse con su esposa?

El Misterio del Plan de Salvación

Otro punto de reflexión es la justificación de Jesús en un supuesto plan de salvación. ¿Acaso Dios no lo conoce todo? Si el Creador sabe lo que ocurrirá antes de que suceda, ¿cuál es el propósito de enviar a su Hijo a redimir al mundo? Y, aún más preocupante, ¿qué ocurre con los millones de personas que murieron antes de que Jesús llegara? Estas almas, ¿están condenadas a la perdición por no haber conocido su mensaje?

La Trinidad y el Culto a María: Concepciones Difíciles de Entender

La idea de la Trinidad, un concepto esencial en el cristianismo, es otra cuestión que plantea dudas. ¿Cuándo y por qué se inventó? ¿Cómo puede entenderse que un solo Dios se manifieste en tres personas distintas? Asimismo, el culto a María y la idea de la concepción inmaculada por obra y gracia del Espíritu Santo son creencias que desafían la razón humana. Para muchos, es difícil aceptar que una historia tan singular y mística pueda tener raíces en hechos reales.

El Origen y Adaptación de Historias Bíblicas

Es innegable que muchas de las historias bíblicas han sido tomadas de otras civilizaciones y adaptadas a las creencias de los hebreos. El relato del diluvio, por ejemplo, tiene paralelismos en mitologías sumerias, y otros milagros como abrir las aguas del Mar Rojo, hacer hablar a serpientes y burros, resucitar muertos o transformar agua en vino, parecen reflejar tradiciones orales anteriores. Si Jesús amaba a los pecadores, ¿por qué la iglesia los condena con tanta severidad? Esta contradicción entre el mensaje de amor y el juicio eclesiástico ha sido motivo de debate durante siglos.

El Problema del Sufrimiento y la Injusticia

Otro dilema moral profundo es el sufrimiento. ¿Por qué nacen niños con enfermedades terminales si no han tenido la oportunidad de pecar? ¿Por qué, si Dios es justo, la vida es tan frágil y vulnerable al dolor? Estas preguntas, junto a los milagros que muchos consideran invenciones humanas para reforzar la autoridad divina, hacen que el hombre moderno se cuestione cada vez más la validez de las creencias tradicionales.

La Herencia del Pecado y la Justicia Divina

Finalmente, volvemos a la cuestión inicial: ¿Es justo que carguemos con los errores de nuestros antepasados? Si Dios es justo, ¿por qué castiga a toda la humanidad por el pecado de Adán? Y si Satanás sabe que será derrotado, ¿por qué sigue luchando? Estas contradicciones nos llevan a preguntarnos si el concepto de justicia divina es tan perfecto como nos enseñan, o si simplemente es una construcción humana para intentar dar sentido a lo incomprensible.

En el fondo, la gran pregunta sigue siendo la misma que se ha hecho el hombre desde tiempos antiguos: ¿para qué estamos aquí? Y aunque las respuestas son esquivas, es en la búsqueda de estas verdades donde el hombre encuentra su mayor desafío.

La Despedida

Así como vino abruptamente, abruptamente se fué, nunca mas supe de subida, digo de su vida, ni de bajada, se dispareció ( el error gramatical es exprofeso). Al final te queda la duda, si esto es ficción o verdad porque con este chino cuentero, lo cierto es incierto y con él, lo que se sabe, es que realmente no se sabe. 

No estoy autorizado a revelarte el nombre de mi amigo real o ficticio, Ficticio Zambrano, así se llama, no, no es verdad y lo hago por obvias razones, tal vez sea incomprendido por algunos y querrán masacrarlo otros motivados por la fé, renunciarán a su amistad, quién sabe?  Y a mí, who knows por andar contando historias de otros; de tal manera que es mejor que el relato quede así, más que inconcluso, con un velo de misterio.  Este chino está más lleno de misterios que los Czarninski de dinero.

FINALIN

Si te gustó esta historia, compartela con tus amigos, con tu familia, no tengas miedo de las preguntas, Diosito no te va a castigar.

Si quieres que escriba sobre algún tema en especial, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices, tu me condenas al fuego eterno del infierno por haber escrito esto, o no, y si si?

Si no te gustó, da igual, ojalá que mi próxima  historia sí te guste, siempre hay oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado, por eso es importante que me lo hagas saber.

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago, mueve tu dedito. Ya sabes, tal vez no te conozca, pero sí te quiero. Un gran abrazo y que estés muy bien.


jueves, 17 de octubre de 2024

Carta a Nuestros Hijos: Entre Recuerdos y Gratitud

 


Queridos hijos:

Tal vez ya no quede mucho tiempo para que nos sentemos todos juntos como antes, cuando la mesa era pequeña pero el corazón grande, lleno de historias, de risas, de preocupaciones que compartíamos sin darnos cuenta. Hoy las fuerzas nos fallan, las manos tiemblan, y los días pasan lentos, pero no sin dejar huella.

No escribimos esta carta para reprocharles nada. Al contrario, queremos agradecerles por habernos permitido ser parte de sus vidas, por las travesuras que alguna vez nos sacaron una sonrisa cuando intentábamos poner orden, por esos momentos de alegría que, aunque ya no volvemos a vivir en carne propia, quedan grabados en nuestra memoria.

Recordamos cuando apenas caminaban y nos miraban con esos ojitos llenos de confianza, de cariño, como si fuéramos los únicos capaces de protegerles del mundo. Nos hicimos viejos mientras ustedes crecían. Nos hicimos viejos esperando las visitas, las llamadas, cualquier señal de que no estamos tan solos como a veces creemos.

No es fácil llegar a esta etapa, en la que los papeles se invierten, y ahora somos nosotros quienes dependemos de ustedes. No lo hacemos por ser una carga, créannos, lo que más queremos es que vivan, que amen, que rían como alguna vez lo hicimos nosotros, a su lado.

Pero si en algún rincón de sus recuerdos queda un espacio para nosotros, no lo dejen empolvarse. Abrácennos como lo hacían de niños, cuando sentían que todo lo malo desaparecía entre nuestros brazos. Ahora somos nosotros quienes necesitamos de ese abrazo, aunque sea el último.

Gracias, hijos, por ser nuestra razón de ser, por darnos el regalo de ser sus padres. No les pedimos mucho, solo que no se olviden de que aún estamos aquí, esperando con el mismo amor con el que alguna vez ustedes nos esperaron.

Con todo nuestro amor.

Sus viejos.

FIN

Y ahí, en medio del vacío, nos golpea la verdad: no era mucho lo que nos pedían. Solo un poco de tiempo, de nuestra presencia, de ese amor que tanto nos dieron sin condición. Ahora el eco de sus voces vive en nosotros, y el silencio que dejaron no se llena con nada.

Así que, si aún los tienes contigo, si aún puedes, no esperes más. Abrázalos. Diles cuánto los amas. Porque el amor que no damos en vida se convierte en un peso que el alma lleva para siempre.

Si te gustó esta historia, compartela con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema en especial, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices.

Si no te gustó, da igual, ojalá que mi próxima historia sí te guste, siempre hay oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado, por eso es importante que me lo hagas saber.

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sábado, 5 de octubre de 2024

EVA Y YO, SHHHH ES UN SECRETO

 NOTA ACLARATORIA

La siguiente historia es fruto de mi imaginación. Aunque algunos detalles reflejan mi rutina diaria y el entorno en el que vivo, la conversación y el encuentro descritos con Eva, así como los sentimientos narrados, son completamente ficticios, utilizando sus canciones como inspiración para tejer un relato lleno de misterio, nostalgia y emoción.

YA SON LAS 05H30

El reloj marca las 5:30 de la mañana cuando la alarma suena. Me levanto lentamente, intentando sacudir la pereza que aún cuelga de mis párpados. La mañana es fresca, como siempre a esta hora. Me coloco las zapatillas, cierro la puerta y me dispongo a comenzar mi rutina diaria: seis kilómetros de marcha. El cielo apenas comienza a aclarar mientras avanzo por las tranquilas calles de Ceibos Norte.

A mi alrededor, la vida se despierta de a poco. En la distancia, veo algunas figuras que también han decidido madrugar. La mayoría son mujeres, muchas de ellas ya mayores, con pasos firmes y rostros serenos.

MIS VECINOS DEL OTRO LADO

Me fijo en el muro que separa Ceibos Norte de Mapasingue Oeste, dos mundos divididos por más que una simple barrera de cemento. Al otro lado, las casas grises de bloque se apilan unas sobre otras, en un caos ordenado por el tiempo. Aquí, en Ceibos Norte, las casas son grandes, cómodas, y aunque también guardan sus dramas, todo parece más oculto, más frío.

Allá, en Mapasingue, las familias ríen en la calle, comparten lo que tienen, poco o mucho.  Se celebran nacimientos, como el del bebé que llegó al mundo hace unos días, en el hospital público. Todos trajeron algo para la pañalera. También lloran juntos, como en esa casa donde dos jóvenes murieron tras un enfrentamiento con una pandilla. Aquí, en Ceibos Norte, las disputas son silenciosas, veladas bajo la envidia y el resentimiento, el rencor, el odio. No nos conocemos. No compartimos, somos solitarios aunque parezca lo contrario.

A lo lejos, el eco de una fiesta se desvanece con las últimas notas de un vals improvisado. En Mapasingue celebran un matrimonio: arroz con pollo, ensalada rusa, cerveza y Johnny Rojo. La música no ha parado desde la noche anterior, los novios, aún ebrios, siguen bailando bajo las primeras luces del día. Aquí, en Ceibos Norte, las fiestas son distintas: catering de hotel, whisky de 21 años, DJ de moda. Pero, aunque todos están presentes, pocos realmente lo están. Los rostros iluminados por las pantallas del celular revelan una desconexión que contrasta con la alegría genuina del otro lado del muro.

UNA MAÑANA DIFERENTE

Sin embargo, esta mañana no es como las otras. Hoy, mientras mis pies trazan el camino habitual por el parque lineal, siento que algo es diferente. He acordado un encuentro secreto, uno que nadie conoce. La conocí por casualidad, a través de la música. 

TE PRESENTO A EVA

Ella es un misterio para todos, pero no para mí. A lo lejos, aparece su figura, envuelta en un aura de nostalgia y fuerza. Es Eva. No se lo cuentes a nadie, mucho menos a mi esposa, ella es chonera y ya tu sabes cómo son las mujeres choneras cuando están celosas, zas que te lo cortaron y ni cuenta que te diste.

LAS HISTORIAS QUE ME CUENTA EVA

“Cuando llegue la hora de partir,” me dice, su voz grave pero llena de dulzura, “ya no queda nada.” Me mira y, como si se respondiera a sí misma, susurra: “¿De qué estoy hecha?” Sus palabras parecen un eco que resuena en mi mente mientras me cuenta cómo los amores la arrastran una y otra vez, preguntándose siempre la misma cosa: ¿De qué estoy hecha?

VUELTA 1

El sonido del aplicativo en mi teléfono interrumpe la conversación: "Vueltas 1, 1 kilómetro, 14 minutos y 18 segundos, 1309 pasos." Eva sonríe con una mezcla de ironía y melancolía antes de retomar su relato. “Ojalá que te desengañes,” dice, “y vuelvas a recoger tus pasos.” Hay algo en su tono que me eriza la piel. Habla de desengaños, pero lo hace con esa cadencia de vals que acompaña todas sus historias, incluso las más tristes. Su voz es fuerte, penetrante, pero increíblemente femenina. La escucho fascinado, perdido en sus palabras.

“Jamás impedirás que al oír tu nombre, sin querer, me duela el corazón,” continúa. Y me aclara que no habla de una dolencia física, sino de algo mucho más profundo, un dolor que consume el alma. Lo dice a ritmo de cajón y guitarra, como si la pena pudiera bailarse.

ES QUE ME ENAMORÉ, LES EXPLICO

A medida que avanzamos, me doy cuenta de algo. Estoy enamorado, sí. Pero no de Eva. Estoy enamorado de sus canciones, de las historias que cuenta con su voz poderosa, porque de una u otra manera, a todos nos ha pasado, todos hemos sido seducidos por las mieles del amor para luego pasar a la hiel, a la bilis del desamor. Asi es la vida, imposible que todo sea rosa o bonito, ironía no, cómo poder decir que estamos alegres si antes no hemos experimentado la tristeza. Volver a los besos, a los brazos de antaño, es que Eva es experta en usar la palabra como una daga filuda, que en letal puñalada intercostal, hiere directo el corazón hasta llegar a matarnos pero de pena, no de pene como dicen que dice Nicolás Maduro. Pero Eva también habla de lo bonito, es que no todo puede ser miseria o tristeza o sì? y si, si? Bueno, creo que Eva lo que hace es contarnos las historias de nuestras vidas. Como dice el gran filósofo chino, "yo también estuve ahí, chico", yo también estuve o ilusionado o desilusionado, nuevamente dice Eva, así es la vida y realmente así es.

LLEGO LA HORA DE LA DESPEDIDA

La caminata llega a su fin. Hemos recorrido los seis kilómetros mientras sus palabras llenaban cada rincón de mi mente. Nos despedimos, prometemos reencontrarnos en otra caminata. Pero cuando miro hacia atrás, ya no está. Desapareció. Quizás nunca estuvo. Solo en mi mente.

LES PRESENTO A EVA

Eva Ayllón, la gran dama de la música criolla peruana, una de las voces más representativas de su país, me ha acompañado en esta mañana como en tantas otras. Nació en Lima, Perú, el 7 de febrero de 1956. Con una carrera que abarca más de cinco décadas, Eva se ha consolidado como una de las máximas exponentes del vals peruano y de la música afroperuana. Su legado incluye más de 30 discos, múltiples premios internacionales y una profunda influencia en la música tradicional de su país.

Esta mañana, sin embargo, ella no es solo una artista reconocida. Es una confidente. Una narradora de penas, alegrías y desengaños. Y aunque su presencia (en mi imaginación) fue fugaz, la promesa de nuevas historias de amor y desamor queda en el aire, quizás en otra caminata también me acompañe.


FIN

Si te gustó esta historia, compartela con tus amigos, con tu familia. 

Si quieres que escriba sobre algún tema en especial, también házmelo saber porque de seguro tienes una y mil historias muy lindas e interesantes, dignas de ser escritas y compartidas. Puede ser que conozcas algo de este tema que merezca ser publicado, si es así, agradecería tu ayuda, tú me avisas, tú me dices, tú me contradices, tú me maldices.

Si no te gustó, da igual, ojalá que mi próxima historia sí te guste, siempre hay oportunidad de contarla mejor, para que sea de tu agrado y la digieras con gusto, como al sanduche de una historia anterior

Si tienes algún comentario, por favor escríbelo  haciendo CLIC en Publicar un comentario, mas abajito, no seas vago, mueve tu dedito. Ya sabes, tal vez no te conozca, pero sí te quiero. Un gran abrazo y que estés muy bien. RECUERDA LO PODEROSA QUE ES LA IMAGINACION QUE PRODUCE UN ENCUENTRO QUE NUNCA SE DIÓ, PERO NO TE PIERDAS DE ESCUCHAR LOS VALSES DE EVA AYLLON, SU PODEROSA VOZ, SU FUERZA DE MUJER, !QUE CANTANTE!







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